Con V de venganza: Ciencia ficción y anarquía (4 de 4)

Las acciones del tomo VIII comienzan en “La Oreja”, Dominic y un hombre llamado Etheride hablan sobre Finch, que lee todo el tiempo y ha estado actuando de forma muy rara desde su regreso de la costa. Ya se echan de menos las acciones del terrorista, “En la Galería de las Sombras” Evey saca algunas cosas de su habitación como el oso de peluche que originalmente estaba en su departamento, le pregunta a “V” si planea algo y él responde que todo estará listo para navidad. Posteriormente el protagonista de nuevo está sobre una azotea listo para dar un concierto como el de las “Torres del Parlamento”, el lector ya adivina lo que pasará. Ahora es “La Torre de Comunicaciones” y “La Torre Jordan” las que vuelan en mil pedazos dejando al “Ojo” y a “La Oreja” fuera de combate, es “V” quien se comunica por la voz de “Destino” y comenta que durante tres días no serán vigilados ni escuchados, por lo que los invita a hacer lo que quieran. De nuevo se quita su sombrero y agradece en una pose muy teatral. Hay una interesante escena posterior en donde una niña en bicicleta hace lo que para muchos es vandalismo, escribe con aerosol la palabra “huevos” en el piso, mientras que en la barda pone el símbolo de “V”. Mientras tanto, el líder se da cuenta que no tiene voz ni oídos, ya comienza a delirar y toma una medida muy usual en Latinoamérica, duplicar la vigilancia y disparar a los saqueadores, en automático los mexicanos nos remontamos al 2 de Octubre de 1968. De hecho, la secuencia del saqueo de una abarrotera es magistral: los gendarmes marchan armados frente al local, unos hombres los ven pasar, se van y gritan con altavoz que hay que permanecer en sus casas, al final la abarrotera está vacía y saqueada. Rosmary por su parte quiere comprar un arma para defenderse, mientras las chicas en el escenario hacen un show fetichista con la máscara de “V” y otras como policías que le flagelan las nalgas a la enmascarada con sus garrotes. Las siguientes escenas son muy familiares para un lector en Hispanoamérica, ciudadanos reprimidos por la policía que ya comienzan a protestar, las revueltas de los civiles aumentan “V” escucha todo con una grabadora de finales de los setentas que puede sintonizar la radio policiaca, por su parte Evey a la que ya le ha comenzado a crecer el pelo, se ejercita en gimnasia olímpica. El terrorista le corrige al decir que la anarquía es lo que ocurre, y no es así lo que en ese momento ocurre sólo es el caos. A tal grado que el líder comienza a delirar palabras como “te amo”, en la historia este tipo de delirios fue muy común en varios dictadores. Al mismo tiempo Rosmary obtiene su revólver y Creedy el sucesor de su esposo contrata al escocés que se la vendió, pues “El Dedo” está débil y necesitan más fuerza. Al enterarse una mujer que aparece completamente desnuda llamada Helen le comenta al segundo de Creedy que eso es sólo parte de un futuro golpe de estado para derrocar a Susan que ya no está en sus cinco sentidos. Tal cuál todo el régimen se está desmoronando en su hablar metafórico “V” le pide a una Evey cada vez más torneada y sensual que baje con él al sótano a conocer a su amante, luego de uno de sus discursos llegan a una cabina de pantallas como las del líder fascista. Comienzan a aparecer cartas de amor por todos lados y aumentan cada vez más los disturbios, la conspiración aumenta, Ally se entrevista con Helen que también compra sus servicios pues Creedy quiere ser el nuevo líder y a ella le conviene que lo sea Conrad el que aparentemente es su esposo, pero que en realidad es su títere. Ella le promete al escocés convertirlo que el nuevo líder de “El Dedo” luego del golpe de estado que viene. En el burlesque no es difícil identificar a Rosmary que a diferencia de sus compañeras no sonríe, medita lo que fue su vida con Derek mientras literalmente encorva su trasero, tiene miedo. Fincho por su parte piensa en Delia y se mueve a las ruinas de Larkhill. En su refugio “V” acomoda una gran cantidad de fichas de domino, el joven de la nariz ha descubierto algo y corre con Susan pues es evidente que todas las cartas y disturbios fueron parte del plan del terrorista que evidentemente tiene acceso a “Destino”, éste susodicho suelta la piezas en su guarida mientras que el líder gimotea al ver una imagen en sus pantallas, misma que se forman con las fichas del domino: una V. Aquí termina el más denso de los capítulos de esta segunda parte de la novela.
El noveno comienza con un Finch que está en Larkhill y por primera vez consume LSD (droga que al menos durante su juventud Alan Moore consumió arduamente), poco a poco comienza a viajar y lo primero que ve son los torsos desnudos de una mujer y un hombre, sin cabeza ni extremidades. Luego se ve con un traje a rayas típico de los campos de concentración nazis y ve a personas de raza negra, homosexuales, junto al resto de la supuesta escoria que metían en ese lugar. Delia está cocinando huevos con tocino, el Obispo Lilliam lo quiere confesar; pero es Prothero como Comandante del lugar el que lo mete precisamente a la habitación cinco en la que ve todo lo que estaba preparado para la explosión de fuga. El también corre completamente desnudo hasta las famosas ruinas de Stone Head. Al mismo tiempo, pero en “La Galería de las Sombras” Evey le pregunta a su protector cuál es su voluntad, ella ha estado leyendo y entrenándose físicamente, ahora entiende sus referencias al hablar, por lo que él le muestra la computadora conectada a “Destino” y la pantallas que a diferencia de las de Susan aún funcionan. Le muestra también un laboratorio para hacer explosivos, la habitación de las rosas y el sótano del edifico que ella no conocía en donde hay un tren lleno de explosivos y flores muy bellamente rotulado. La joven no entendía en ese momento, pero el terrorista preparaba su propia muerte. Al instante se aprecia a un Conrad besándole los pies a una Helen que lo rechaza y golpea cuando él trata de hacerle sexo oral, le dice que quizás cuando sea líder. Mientras Creedy y Aly el escocés hacen planes, el líder va a salir a la multitud y ya planean un golpe de estado, Rosmary por su parte se pone el sostén, se viste y toma su revólver. Luego de eso, Helen hace el amor con Aly, muestra sus enormes tetas ante la cámara pues se supone que en ese momento no los están grabando, se burla de su esposo Conrad, no sabe que “V” sí los observa y los graba en la típica VHS. Hay un interesante comentario en que la mujer dice que será como Eva Perón, no hay que olvidar que en ese tiempo en que se editaba este cómic por primera vez, estaba en vigor la guerra de las Malvinas. Mientras tanto, el líder sale a encontrarse con su gente y aún delira. Las siguientes escenas se pueden definir como el clímax de esta novela, Finch deduce que el terrorista se debe esconder en la estación del metro clausurada que conecta los lugares que ha volado, ahí lo encuentra. Al mismo tiempo Rosmary se abre paso entre la multitud la dejan ver a Susan por su cercanía a “Los Dedos”, frente a él saca su revólver y lo asesina. Esto no es nada nuevo en la vida real, de hecho los mexicanos no podemos comparar esta escena con el caso de Luis Donaldo Colosio que al igual que en esta novela fue baleado por un asesino solitario y a la fecha no se ha podido comprobar lo contrario pese a las múltiples teorías. Al mismo tiempo “V” lanza uno de sus cuchillos a Finch que sólo lo hiere, él por su parte logra dispararle y al parecer, herirlo de muerte, el enmascarado se va de ahí sangrando. Esta es para muchos la parte más criticada de la novela que hasta degrada al personaje, pues literalmente se dejó matar. En la adaptación cinematográfica tan odiada por Alan Moore, cambiaron esto por una escena de acción en donde el protagonista vence a los hombres de Creedy, pero por su diferencia en número y el uso de armas de fuego logran herirlo de muerte, pese a que utilizó una especie de armadura pectoral. Al menos en esa escena, la ya mencionada película tan despreciada por este guionista le devuelve dignidad a su personaje y lejos de ser un suicida, el celuloide lo convirtió en mártir.
El décimo y último capítulo de esta saga comienza reiterando los hechos, Susan está muerto, “V” lanzó un comunicado de aparecer a medianoche, en eso aparece Eric Finch clamando que ha matado al terrorista, se ven sus litros de sangre por el camino del metro, el inspector lo corrobora que él fue muy lento al sacar su pistola mientras que el enmascarado hubiese podido matarlo en segundos, por lo que es evidente que se dejó matar. Luego Conrad ve un VHS que sin duda envío el susodicho en donde se da cuenta de la infidelidad de Helen, Creedy anuncia que el mencionado héroe ha sido herido de muerte, Aly el escocés lo traiciona y asesina con una navaja de afeitar pues le es fiel al plan de Helen, en ese mismo momento “V” llega totalmente moribundo ante Evey. Ella lo abraza y llora, le pide un funeral vikingo por fin le dice que la ama (aquí se corrobora que no era un homosexual), la muchacha camina por toda la galería, escucha la voz de Creedy por radio, recuerda que su amado también le dijo que debe saber quién era, aunque nunca vea su rostro. Intenta quitarle la máscara y ve a Gordon, a su padre y a ella misma el día que quiso prostituirse, ya sabe para que la había estado preparando, se sienta en el tocador que él usaba y sonríe como si ya usara la máscara que ahora le corresponde portar. Finch decide irse de Londres y le sugiere a Dominic que haga los mismo. Luego Aly llega a casa de Helen, presume que mató a Creedy con navaja y que como tal, ya es el nuevo líder de “El Dedo”, está oscuro y ve el video en el que tienen relaciones, Conrad lo golpea por la espalda con una llave de tuercas, lo hace sangrar pero no noquea, saca su navaja y ambos se baten, la sorpresa fue su ventaja y aunque malherido por la navaja logró matar al escocés, la mujer regresa y esperaba a su amante fue una sorpresa verlo muerto, a la par ve a su esposo sangrando de la garganta y pidiéndole ayuda, ella sólo le pone la cámara que lo observará, ese fue su regalo de despedida. En la plaza pública hay una multitud que espera la aparición del terrorista, aquí es notorio el enfoque de un hombre joven que parece ser “Un Dedo”, el Big Ben fue volado así que son los altavoces los que marcan la medianoche, aparece el nuevo “V”. Se presenta e invita al pueblo a la anarquía y dice que los rumores de su muerto fueron exagerados, a su vez anuncia la destrucción de Downing Street que reducirá la cabeza a ruinas. De forma automática los civiles se lanzan contra los uniformados y hay una revuelta que en México automáticamente relacionamos con el 68. El joven que parece ser “Dedo”, huye y le cae una piedra en la cabeza dejándolo inconsciente, sólo ve a la nueva versión enmascarada de la anarquía que lo auxilia. Posteriormente se aprecia al cadáver del primer “V” que es cargado en brazos por su amada para otorgarle su funeral vikingo, lo llama amor mío. Bien acomodado entre flores y explosivos el tren parte para dar su última vendetta. Ella sube, se quita la máscara y observa como el choque debajo de Downing Street destruye a “La Cabeza”. Luego ella desciende a reclamar su herencia se pone de nuevo el emblema sonriente que cubrirá su rostro y despierta al joven, le da la bienvenida a “La Galería de las Sombras”, su hogar. Con eso da a entender que algo trama y que continuará el legado de su mentor. Irónicamente esta novela concluye con un Finch que camina hacia lo desconocido pues ha renunciado al régimen fascista que se desmorona. Sólo voltea para ver la destrucción de “La Cabeza”, se encuentra con una Helen refugiada entre vagabundos, pues dice que una multitud le quitó su auto y todo lo que tenía, ella lo abraza con ternura, sin duda desea que la proteja a cambia de sexo. Él la aleja de sí mismo, y se va de ahí, enciende su pipa mientras camina por una carretera con rumbo a lo desconocido. Aquí termina “V de Vendetta” de Alan Moore y David Lloyd.
Finalmente, se dirá algo sobre lo mucho que dice cierto guionista de largas barbas. Actualmente se ha retirado del guionismo de cómics y no está de acuerdo con la actual parafernalia. Al respecto algo que se puede concluir de sus críticas es que no se pueden aplicar en un país como México. Esto en base a una herencia historietística que se ha olvidado, pero de la que queda un interesante sustrato. Al decir que actualmente la historieta se alejó de la clase pobre, al menos en nuestro país eso será imposible, pues todo albañil que se le respete siempre seguirá leyendo “El Libro Vaquero”, de hecho, la tradición de narrativa gráfica mexicana siempre ha sido más enfocada a un público adulto. El que ahora haya títulos tan caros de hecho, ayuda a extinguir el dogma de literatura barata tan popular en su tiempo. Sin mencionar los actuales estudios académicos al respecto. Sobre la crítica que hace los que van a ver películas de Marvel, en una nación de no lectores serán escasos un 20% los que conocen a los personajes en papel. Además de que los adolescentes en sus escasas lecturas prefieren el estilo japonés que sigue siendo aún más criticado que el estadounidense. Por lo que al menos en México el malinterpretar los comentarios de este hombre es más por ignorancia que por cualquier otra cosa. Recientemente incursionó de manera independiente en el celuloide que tanto dice odiar, la película de nombre “The Show” tiene todos los defectos que tanto denuncia, de hecho, hubiese funcionado magistralmente en cómic. Pese a que el filme tiene escenas bien logradas y muy teatrales, termina siendo un disparate. Por eso y más, ojalá que este ya considerado genio toque fondo. En definitiva, sería genial que dicha película ahora sea lo contrario, una adaptación del cine a la novela gráfica que se convierta de una mala versión a una genialidad. Y al respecto, para interpretar sus comentarios y el de muchos otros, antes que nada, hay que asimilar el contexto de cada lugar. Y muy en específico en un país en donde la censura de la historieta fue a causa de un gobierno que la veía como una forma de liberación del pueblo, tal como “V” en esta historia fue la libertad de una nación fascista. Ante esa analogía, la historieta en México siempre será una forma de ser libre.

                                                                                                Gerardo Martínez Acevedo.
                                                                                                           “Efrén Bantú” 

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