El destierro

Como un caminante de rescates para múltiples fuerzas, encamino el cerebroregistro de vías y remplazos, datos guardados que van tomando los sentimientos, y anestesian a los mismos, de algún modo pude desarrollar esto cuando comenzaron a remplazar partes de mi cerebro para poder sobrevivir. Me dedico a rescatar a otros seres humanos y convertirlos al lado vencedor, en la última ciudad donde se resguardan, la cual está por caer.

La última imagen registrada: baja una silueta femenina, ella se deshace de huesos y de aceite negro que parecía sangre.

Me tuve que detener a pensar en su decisión, se suicidó, quiso llegar a morir a manos de un ser humano y se adentró, contrario a lo que resultaba hacerse.

La conocía. Caminó kilómetros y no pareció encontrar nada entre los suyos, eso último quizá le pareció un amante o alguien quien la compadeció.

Nosotros estábamos lejos hace tiempo, en la periferia. Los heridos llegaban a nosotros, sólo remplazábamos partes dañadas, para eso fuimos hechos en un principio. Si un ojo no veía bien, simplemente se ponía un injerto y ya estábamos perfectos; así tejidos débiles pasaban a ser una aleación perfectamente fabricada. Una pierna, un brazo, un hígado; los hígados eran los más requeridos pues al querer evadirse en alcohol, los seres humanos mataban eso primero, consecuencia de la incertidumbre y otras sensaciones caóticas que existían dentro de ellos. Así fuimos quitando eso para ir mecanizando por supervivencia.

Pero ella decidió ir a buscar algo que no encontró aquí con nosotros, un corazón, y no el muscular, sino otro que los demás no entendían. Con mi antecedente humano sabía a lo que se refería, traté de explicarle que no lo podía encontrar pues era de esas cosas que no se veían en un espacio físico y táctil, es como el aire o los microbios. No puedo explicar cómo surgió en ella el sentimiento, si fue un fallo o el contacto con los proscritos que ella y yo rescatábamos y convertíamos en robots.

Ese corazón en el ser humano quedó tan débil y frágil que se cerró literalmente al conocimiento de los otros, incluyéndome. Ellos no entienden y siguen buscando inútilmente. Los humanos alguna vez lo tuvieron sin saberlo, y para nosotros fue ajeno.

Ella murió al encontrarlo, quizá por defender los latidos de la humanidad. Fue demasiado para un sistema aparentemente fuerte, y yo sé que pude habérselo mostrado con paciencia si mi conversión no me hubiera ensombrecido, sin explicarle con grandes métodos y los procesos que eso conllevaba, quizá intentaría explicar alguna nueva función dentro de su nuevo cerebro que nos hubiera ayudado a encontrar una cura al desencanto y la cerrazón del sentir.

La señal estaba ahí en mi sistema de localización, como un punto rojo, vi cuando se adentraba a la ciudad, bajo la lluvia, perdiéndose en convulsiones, algo dentro de ella falló cuando se encontró con un ser humano, lo cual la llevó a autodestruirse y a reaccionar como lo hizo.

Mientras tanto, aquí seguimos los demás, del resto de la humanidad que se va extinguiendo conforme más la salvamos y la unimos a nuestro destierro temporal.

 

Laura Elena Sosa Cáceres. 

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