El dilema

“¡Mierda!”, es lo primero que se me viene a la mente cuando llego a mi casa y veo a mi familia con su nuevo horroroso aspecto.

Mi mamá, mi papá y mi hermana pequeña se han convertido en asquerosos zombies hambrientos de carne humana (lo que más me duele es ver a mi hermana; apenas tiene nueve años). Están en el piso de arriba; no sé si me han visto u olido mientras subo las escaleras. Imagino que habrá sido culpa de papá; la última vez que salimos él y yo un zombie lo mordió en el brazo; lo traje rápidamente a casa para que mamá y mi hermana lo trataran; no había pasado mucho tiempo desde que había sido mordido; decidimos que lo más prudente era cortarle el brazo, pero no teníamos una sierra o un machete para realizar la tarea; no podíamos perder tiempo, así que salí a buscar una ferretería para conseguir una sierra. El trayecto no fue fácil debido a la gran cantidad de muertos vivientes que deambulaban por las calles; no me quedó otra que matar a uno, sacarle las entrañas y echármelas encima para que no percibieran mi olor a no-muerto. En fin, llegué a una ferretería que estaba relativamente cerca; allí todo se fue al carajo.

Adentro estaba muy oscuro y había muchos de ellos. El putrefacto olor los delataba. No conseguí una sierra, pero sí una segueta. Salir sin hacer ruido fue casi imposible; mi pistola tenía un silenciador, pero no podía arriesgarme. Para sobrevivir tuve que acribillar a unos cuantos muertos vivientes. Así que ahora, en casa, no sé si el arma está cargada. Estoy tratando de no hacer ruido, aunque lloro a mares. Sabía que algún día vería a mis padres muertos, pero nunca imaginé que sería así. No pensé que el efecto de la zombificación sería tan rápido. Quizás tardé demasiado afuera. Justo ahora me siento una bazofia.

Un ataque de risa interrumpe mi llanto, al ver a mi familia zombificada rodar por las escaleras porque, en su nueva forma, son incapaces de bajarlas correctamente. Parece una escena sacada de una vieja película cómica. Mi nueva madre me ve, mientras trata de levantarse. Le siguen las miradas de mi “padre” y mi “hermanita”. “Mierda”, pienso otra vez. Me sorprende la increíble rapidez con la que se levantan y avanzan hacia mí. Pensé que el tripero que llevaba encima me haría indetectable; quizás funcionó afuera porque el olor a muerte saturaba el ambiente.

Mi familia empieza a perseguirme. Supuse que serían  más lentos. De todos modos, consigo escapar. Tengo la segueta y la pistola para defenderme. Pero… ¿De verdad debo matarlos? Y con ese pensamiento subo las escaleras, de dos en dos, escapando de ellos. Ya arriba me atormentan los ruidos guturales que emiten, especialmente papá. No me dejan pensar con claridad. Ellos eran mi familia hasta hace no muchas horas. ¿Lo siguen siendo? Si los mato… ¿tendría que vivir con el remordimiento de haber asesinado a mi familia? Pero… ¿ya están muertos, no? Así que no estaría matando a mi familia… eso creo. Tengo este gran dilema. Esta gran duda. Cualquier otro los mataría sin más. No pensaría que alguna vez fueron personas de verdad que tuvieron su propia historia; otra persona sólo los vería como una amenaza y huiría de ellos o trataría de matarlos…pero… ¿No es así como yo veo a los demás zombies? Hace apenas un rato maté a unos cuantos allá fuera y no me importó un comino hacerlo. ¿Qué haría mi familia si yo fuera el zombie? Lo más seguro es que me matarían para protegerse. Para sobrevivir. Ahora, si decido no matarlos no podría salir por la puerta. Tendría que saltar por la ventana de alguna de las habitaciones. Sería una caída de 3 metros de altura. Echo un vistazo rápido hacia abajo. Papá, mamá y mi hermanita se arrastran para subir las escaleras, en un esfuerzo por alcanzarme. Por lo visto les está funcionando. Tengo que buscar una solución rápidamente. Hubiera podido escapar si no hubiera cerrado con llave la puerta principal.  No imaginé que tendría esta macabra sorpresa esperándome. Persiste mi dilema: si no acabo con ellos, ellos acabarán conmigo; si los mato, sobreviviré un poco más. Y reduciré, aunque mínimamente, el número de zombies de este infestado mundo. Lo tengo decidido: voy a matarlos. Vuelvo a mirar en dirección a las escaleras; no les falta mucho para llegar hasta acá. Me armo de valor y pienso que debo hacer esto lo más rápido posible. Me acerco hasta ellos.  Pateo la cabeza de lo que alguna vez fue mi padre, pero tropiezo. Ruedo por las escaleras. Siento cómo ponen sus manos encima de mí. Apunto con la pistola y jalo el gatillo: descubro que no tengo balas.

 

 

Juan Rodrigo Urso

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