El Guardián de lo grotesco

En vientos helados e inertes

donde la Tierra dejó su aspereza

y el agua se fundía con el cielo y las montañas

Ahí donde el calor muerto se convertía

en hoyos negros y pequeñas galaxias

se despertó de su sueño suspendido

de las mazmorras de lo lúcido

de eones mutados en somnolencia

Miles en perennes dos dimensiones

detrás de ella como hojas gruesas

en sólidos y contrarios dormían

esperando a que la materia volviera a gobernar

volviera de entre la blancura

para doblegar lo tangible

De ella nacía un enfoque arcano

distinto a las corrientes humanas

Una voluntad de almas

que a veces eran alquimias

otras ventanas de rincones alejados

Porque de ella crecía un deseo

que el hombre antiguo disfrutaba cotidiano

el sapiens alguna vez pavoneó

en los límites de su especie

perdiendo ante la física insidia

que si abriera la puerta al vacío fluctuante

erguida para soportar los embates del tiempo

y lo antimaterial

sus fibras caerían ante la tiranía de lo desintegrado

como polvo se esparcirían

en polen desconocido

en poros del vacío mismo

Un láser dibujó luces sobre su cuerpo

que alguna vez habrían de derretirse

como la savia que abandona lo terso de su plano

para hacer cohesión con el ello que no se mezcla

que sólo vuela en dispersas congruencias

que sólo admite lo que no se atreve a estar quieto

Afuera, en el mar de mares

los pisos tambaleantes se ondulaban

con metano y carbono

Un fuego frío de altas concentraciones

caminaba recordando lo que la Tierra fue

Un camino seguro, lleno de cosas garantizadas

Miraba el caos de unas nubes metalizadas

y los rayos esporádicos que daban forma a lo que antes era una montaña

De un edificio brotaban movimientos

Latidos inanimados

Respiraba tierra y escupía vida mitigada

El alzamiento de su locura

De su despertar

Estaba esperando con el pulso de una muerte

que jamás hubo de pronunciarse

La puerta se abrió con su alarido

escaparon espectros y alientos arcanos

de un espacio prístino del contacto

construido antes por los gritos del hombre

ahora por eras enclaustrado

hasta que su voluntad decidió

Ante todo decidió

Adentro, sin la experiencia es un holograma

En burbujas se manifestaban vidas

anteriores las unas a las otras

dispuestas en filas cuyo fin se generaba en un punto

Lejano

Se adivinaban reptiles de tamaño griego

eucariotas coqueteando con sus símiles complejos

bestias grandes minimizadas por su evolución

insectos del tamaño de una nave

Ecosistemas encerrados en el puño de un gigante

Sus ojos avispados en el retrato

Un mundo que burbujeaba coleópteros

Voladores y rastreros se difuminaban

Amalgamas de exosqueletos

Pues ahí en la levitación de cucarachas

en el volar estático de escarabajos

yacía el gen antiguo

prohibido

que alguna vez el hombre pregonaba

en acciones que lo ajaron

¡Qué grande le devuelve el único regalo del humano antiguo!

Gen extraído de la prisión de su insecto

Valor de lo invencible que se cree grotesco

Bestia que sobrevive al fin mismo

y que guarda un tesoro vetusto

El guardián terrible

El centinela asqueroso

La otorgadora se funde en su objetivo

En las arcas de su especie introducido

el gen

el dador de herramientas

el faltante del homo amelis

En las máquinas vivas

en el ínfimo código

crecían en sus semejantes

las hojas gruesas y flotantes

Aquello que ella ambicionó

Eso que unión daría

Lo que el tacto le negó a su especie

Crecían brazos

Crecían extremidades superiores

En monstruos humanoides sin tentáculos

crecían brazos

¡brazos!

Y con ello el despertar criogénico

de desalmados con vida propia

junto al nacimiento de esos flagelos

al vínculo que de eso se gesta

para amainar la lejanía del todo

con su todo

Junto al vórtice de acciones que la epifanía suponía

renacía otro vínculo

que el hombre arcano

el hombre con flagelos

olvidó también prohibir

Nacía de sus semejantes en vigilia

lo que ajó al antiguo

lo que vejó su estadía

Aquello que se concibe como Lo Antes

La flagrante posibilidad de violencia

Y entonces la muerte se fundó con su locura

con la postura del hombre que viola

que es darse filo

Dar fin a uno mismo

Sobre el Autor: Rafael Ochoa – Estudió Ciencias de la Comunicación con especialidad en periodismo. Se he desempeñado en periodismo de divulgación científica en publicaciones como National Geographic México, y actualmente se dedica al marketing digital y a la escritura. En su tiempo libre disfruto de la lectura, los videojuegos, el ajedrez y el idioma japonés.

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