Promesa de amor: un drama steampunk

En palabras del filósofo español, José Ortega y Gasset, el pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla. Aspecto que se ha comprobado mucho en América Latina, en específico en México ha sido muy notoria la ignorancia de su propio pasado. Sin embargo, ya se ha hablado anteriormente de la enorme tradición de narrativa gráfica histórica que existió en un momento fundamental de censura en el que las viñetas lograban lo que nunca pudo la reforma de José Vasconcelos; alfabetizar a una nación. En tiempos actuales, luego de un mal momento en la literatura mexicana en que estuvo de moda “La Perversión Sexual”, rigen de momento “Géneros Modernos” como la Ciencia Ficción en donde curiosamente la historia se ha fusionado a través del “Steampunk”. No hace mucho que la editorial regiomontana “Fantasías para Noctámbulos” publicó dos antologías de cómic con dicha temática: “Dictadura de Vapor” y “Monstruos de Vapor”. Ambientadas en el Porfiriato y la Revolución Mexicana. Y en lo relativo a países hermanos del sur del continente, es muy notorio como su pasado no deja de ser arduamente rico como para poder explotar una “Paradoja Histórica” por medio del vapor, sobre todo en eventos tan controversiales como “La Guerra del Pacífico” que se vivió en 1879 entre Perú y Chile.

   Tal cual, la aventura titulada “Promesa de Amor” realizada por los peruanos Roger Galvan y Brenda Román, comienza dando importantes datos que ocurrieron antes de 1879. La publicación de la obra fundamental de Charles Darwin, “La Reclamación de los Vulnerados Derechos de los Hacendados de las Provincias Litorales de Lima” que sostiene que la esclavitud es universal y los negros no pueden vivir sin un amo.

Luego es necesario identificar a los tres protagonistas, John, Rebeca y Sebastián. Todos se presentan en primera persona, el primero es un mestizo de una poderosa familia, la segunda es una doncella también de la clase alta que lee bastante y el último un pescador que se ha convertido en marino y combatirá a los chilenos en el Monitor Huáscar.

  Ahí comienza la historia presentando a Sebastián y su hermano como pescadores para luego actualizar el momento y mostrar a un adulto en uniforme de marinero, pese a ser de la clase baja que se fue a la guerra no deja de ser un joven apuesto. De ahí se da un salto a una hacienda de la costa con imágenes del mar, la secuencia no se pierde gracias a la “Voz en Off”, de hecho hay una muy notable referencia a la “Ola de Hokusai” en la última viñeta de la página 7. Para mostrar la parte exterior de dicha hacienda y de ahí saltar a su interior con los dos personajes que han estado dialogando. Hombre y mujer de la época discuten, sale a relucir que están comprometidos y que son de la alta sociedad: Rebeca y John. Él sale del lugar en carruaje al ser rechazado por la joven en una muy usual escena propia de la telenovela sudamericana, pues se dirige a Lima a una junta de hacendados. De ahí la secuencia vuelve con Sebastián en alta mar, en este cómic son usuales los diferentes epígrafes que aparecen en los tres tomos, en este primero se cita a León Tolstoi y Hermann Hesse. Y de hecho en la página 15 es muy importante poner atención a las viñetas pues aparece el elemento “Steampunk” de manera amorfa para que después le sea revelado al lector. El personaje baja por las redes del mástil y ve que está cerca de la bahía, disipa el ya mencionado elemento retro futurista que hasta podría interpretarse primeramente como algún monstruo marino. La siguiente página muestra a los chilenos y el bloqueo en la antigua costa peruana de Iquique para volver a Lima al “Palacio de los Virreyes” en donde John tacha de cobardes al resto de los asistentes reclamando como envían a los hijos de los poderosos fuera del país mientras los hijos de los pobres son los que van a la guerra, ante un discurso de prepotencia por parte de otro miembro de la junta, el personaje toma del cuello a dicho burgués. De ahí hay una figura de barco con el rostro de Rebeca que da pie a un segundo capítulo de la historia que en cierta forma fue inadecuado pues la secuencia vuelve a la susodicha junta en donde un moderador reclama que ambos personajes se calmen y expresa que el consejo venderá la idea de enlistarse en la guerra. Y posteriormente se ve un símbolo femenino con los lábaros patrios del Perú (parecida a la imagen mexicana de la Madre Patria que aparece en los libros de Primaria de la SEP de México en la década de los sesentas del siglo pasado). El siguiente salto espacial regresa al lector a la hacienda costeña y nos muestra a Rebeca a caballo que se topa con un típico mendigo sin pierna que expresa que la perdió en el combate del 2 de mayo. Ella le da una moneda y llora pensando en su amado, ahora queda claro que se trata de Sebastián. Aquí termina la primera entrega de esta saga.

La segunda entrega comienza de nuevo con sucesos ocurridos antes de 1879, de ellos sobresalen los siguientes: El primer motor de combustión interna en Francia en 1860 y el panorama político de 1877 que era convulso en el Perú con el General Ignacio Prado en el poder y el ya latente conflicto marítimo en el que también tuvo que intervenir Inglaterra. Los personajes de nuevo se presentan y en nada cambia lo que ya sabe el lector, pero ahora hay otros dos que probablemente sí hayan existido: Moore, hijo del comerciante escoses John Moore y de la dama ayacuchana Dolores Ruíz, capitán del navío peruano-británico que participó en la guerra del pacífico y ahora de la Fragata “La Independencia”. Condell, hijo del también comerciante escoses Frederick Condell y de la peruana Manuela de la Haza, capitán chileno de “La Coleta Covadonga”. De ahí comienza esta segunda entrega, la primera viñeta es Lima con una clásica escena de la doncella en su balcón, en este caso de Rebeca junto a una cita de Napoleón Bonaparte. De ahí es el salto a Iquique en un 21 de Mayo de 1879 con marinos peruanos en el interior de un buque movilizándose para el combate. La páginas 8 y 9 son un buen juego secuencial, en sí son dos viñetas grandes una en la parte superior y otra en la inferior de las dos páginas. Siguiendo la lectura occidental hay pequeñas viñetas dentro de dicho fondo, dos en la de arriba y tres en la de abajo, logrando una buena batalla naval que no deja de atrapar al lector. En la gráfica sobresale el efecto de utilizar fotografías de un auténtico mar en el fondo marítimo que para los ojos de un lector azteca, no dejan de recordar la publicación de “Ramson 4”, de lo mejor de historieta independiente mexicana que se publicó en los años noventa. La Fragata chilena “Covadonga” retrocede y es notoria la prepotencia de Moore que los persigue, aquí se maneja que chocan con un pequeño iceberg, por lo que el chileno Condell inicia el cañoneo y ahí aparecen unas ametralladoras llamadas Gatlings, primer elemento “steampunk” mostrado en toda su extensión, tanto en su avanzada tecnología como en su diseño. En una buena secuencia bélica, Moore responde al fuego con ametralladoras en buena sincronía con las onomatopeyas propias de un combate naval. Pese al incendio de las calderas es notable la acción heroica de un marino peruano que sube al mástil a utilizar la ametralladora “steampunk” y contrarrestar el fuego; pero la suerte del navío ya estaba echada, por lo que sólo queda ir a salvar a los sobrevivientes en botes salvavidas que parten de la costa. De ahí viene una escena onírica que desde un principio el lector experimentado puede deducir que existe sólo en el inconsciente de Rebeca, al encontrarse con Sebastián bajo el mar, para ser despertada por la que parece ser su nana y avisarle que el Monitor Huáscar ha llegado al Callao. Esta segunda entrega concluye con Sebastián bajando del barco.

El tercer y último tomo publicado de “Promesa de Amor” de nuevo comienza con acontecimientos ocurridos antes de 1879, de los cuales sólo se nombrarán dos. En 1835, Charles Darwin inicia un viaje por tierra a lo largo de la costa del Perú. En 1865, Solomo Andrews organizó a Aerial Navigation Company con el fin de construir dirigibles de uso comercial y establecer una línea regular entre Nueva York y Filadelfia. De nuevo se presentan los tres personajes sin cambio alguno en el texto y otros dos nuevos: Grau, hijo de un teniente coronel de ascendencia catalana y de una descendiente de algunas familias peruanas de la región Piura. Durante la guerra del pacífico y dentro de la marina peruana, aceptó dirigir la primera división naval. Prat hijo de una renombrada familia chilena que se traslada a Santiago en donde ingresa a la Escuela Naval, durante la mencionada guerra comandó la Esmeralda y sometió el bloqueo del puerto de Iquique que pertenecía entonces al Perú, con la idea de atraer la flota peruana a mar abierto.

La narración gráfica precisamente inicia con el combate de Iquique el 21 de Mayo de 1879 entre los buques “Esmeralda” de Chile y “Huáscar” del Perú. Ahí comienza un monologo en voz en off que el lector que ha seguido esta saga, puede identificar fácilmente que se trata de Sebastián. Hay al mismo tiempo una buena secuencia de cañoneo propia del tipo de combate que se está librando. Las páginas 6 y 7 quizás son la aportación secuencial más importante de esta saga, no hay diálogo ni en sentido estricto de la palabra hay tampoco voz en off, sólo citas de Parménides, Quevedo y Heredoto en la página 6 y de Valery, Waldo Emerson y Wilde en al 7. Junto con escenas de soldados caídos delante del humo de las explosiones para que en el centro de las dos páginas aparezca Grau a la izquierda y Prat a la derecha, con navíos al fondo y arriba de sus cañones. Quizás esta sea la mejor aportación gráfica de este contexto sudamericano en cuestiones de semiótica. La siguiente página presenta una vez más el título y muestra como ambas embarcaciones literalmente chocan a los costados, de ahí la narración vuelve a Lima en un coche que transporta a John comentando el éxito sobre la escuadra chilena y como esta guerra los ha alcanzado. A continuación viene un diálogo muy “steampunk” sobre todas las marcas de rifles que poseen y como esa variedad hará muy difícil recargarlos pues cada marca requiere de municiones diferentes. Este personaje se distingue por tener los pies en la tierra, no por ser el típico personaje hispanoamericano romántico. Pues ahora es inevitable la invasión terrestre y tal cual pretenden usar indígenas como carne de cañón, todo esto en un diálogo dentro de un carruaje. De ahí brinca a la fecha del 9 de Junio de 1879 aún en la ciudad de Lima en donde en secuencias paralelas que recuerdan el inicio de “V de Vendeta”. Sebastián y Rebeca se preparan para verse en una cita. La página concluye en el Balneario de Chorrillos esa misma tarde con los dos jóvenes frente a frente. Una escena muy propia del romanticismo latinoamericano: Sebastián llega con una rosa y le pregunta si luce como los héroes de sus novelas, ella bromea para luego abrazarlo y agradecer que hay regresado con vida. Las secuencias continúan con la típica pareja de novios tomados de la mano que pasean por el malecón y hablan de lo ocurrido, ella tiene una postura muy burlesca propia de su clase social. Hasta el rompimiento de este cliché que también es una aportación trascendental de esta saga. Sebastián le cuenta algo que ya no tiene que ver con la guerra. En primer lugar se menciona el gran gesto de los peruanos al rescatar a los náufragos de sus enemigos cuando ellos no actuaron igual y atacaron la otra fragata; por lo que fueron a rescatar a sus propios hermanos, no se mencionó en palabras del joven, pero estando a merced del tiroteo de sus enemigos debajo de ellos pasó el gigantesco ser que en realidad es un submarino “steampunk”. La joven se burla de su novio y le arrebata el gorro de marinero para que después él continué contando como se hundió su fragata y de ahí comienza un diálogo que proviene del interior del submarino, no se ven sus tripulantes salvo los labios  de una mujer que es la capitana de dicho vehículo. De ahí el Monitor continuara su rumbo y luego de dicha narración Sebastián comenta que sí regresará a la milicia; pero su no sin antes ir a casa y averiguar cómo está su hermano. Esta saga concluye con la clásica confrontación del porqué ir a la guerra, pese a que verse en dicha cita fue la promesa de amor que le da título a esta historia. Ambos se despiden y en tiempos actuales esta separación sería muy parca; pero no hay que olvidar de que se trata de una referencia al romanticismo latinoamericano y hay un fuerte rompimiento de dicho cliché en la última página. Al principio parece que la narración terminará con la típica joven frente al mar que espera el regreso de su amado, pero ella comenta con su rostro picaresco que no ve la razón por la que él deba embarcarse solo a la guerra con un rostro arduamente malicioso. Aquí termina esta saga y deja al lector con notables expectativas. ¿Rebeca seguirá a Sebastián al combate? ¿Cuál sería la participación de John en el conflicto y cómo interactuará con los otros dos protagonistas? ¿Quiénes tripulan el submarino y qué intenciones tienen?

Por lo que a manera de crítica constructiva, sin importar cuál haya sido la razón, es una lástima que esta saga haya concluido en el número tres. Los dibujos no dejaron de tener un muy buen nivel tanto estético como en sus secuencias, por lo que en específico se le hace la invitación a Brenda Lis Román González a seguir adelante en su desempeño como historietista y romper las fronteras, pues su arte puede ser un excelente complemento de algún guionista mexicano, sobre todo en esta nueva ola de la Ciencia Ficción Azteca que explora un punto de vista diferente al que por lo normal se ha mostrado en este género y que está muy latente en publicaciones como las ya mencionadas “Monstruos de Vapor” y “Dictadura de Vapor”. Pues presentan una narración gráfica muy azteca que se puede complementar fácilmente con “Promesa de Amor” pues a todas luces es una Ciencia Ficción muy Inca.

Gerardo Martínez Acevedo.

                                                                                       “Efrén Bantú”

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