Akira, la obra de culto cyberpunk – 1 de 2

Al hablar del género de Ciencia Ficción denominado Cyberpunk en la narrativa gráfica, todo auténtico lector y coleccionista piensa automáticamente en dos variantes, una es la escuela francófona con autores de culto como el francés Jean Giraud “Moebius”, el belga Francois Schuiten o el balcánico residente en París Enki Bilal. Por otra rama y con todo que se trata del estilo de cómic más criticado del mundo, se piensa también en la escuela japonesa.

Desde su génesis “el manga” siempre ha tenido elementos muy propios de dicho género futurista, incluso en el conocido personaje “Astroboy” del “Sultán del Manga” Ozamu Tezuka, pese a la conocida apariencia infantil y con una fuerte influencia de Disney ya se manejaba un futuro en ocasiones distópico en el que las máquinas tenían una participación muy imponente, pese a su convivencia con los humanos. Posteriormente Go Nagai corroboró dicha estilística en su anécdota de trabajar en la Mitsubishi e imaginar que de igual forma podría ser tripulado también un robot, tal cual ocurría con la gran demanda de automóviles japoneses, eso le dio vida a “Mazinger Z”.
Estos elementos fueron más allá del oriente y un claro ejemplo fue la película “The Matrix” de finales de los años noventa, que a todas luces fue un homenaje a la narrativa gráfica secuencial japonesa, en específico del género cyberpunk, pero para llegar ahí hubo un claro antecedente: “Akira” de Katsushiro Otomo, un manga de más de dos mil páginas escrito y dibujado entre 1982 y 1990. También hubo un anime que se separa de la línea argumental del manga, por el hecho de que fue estrenado dos años antes dela conclusión del mismo, su estilo es un tanto cansado pese a haberse convertido en una referencia para muchos aspectos cinematográficos y de animación que siguieron posteriormente. En específico la película norteamericana mencionada arriba que fue protagonizada por el actor Keanu Reeves, nunca hubiera podido existir sin contar con la influencia y el antecedente del anime de “Akira”.

Ya entrando propiamente en la reseña del manga, es curioso que pese a toda la crítica latente en torno a la historieta japonesa, ésta como tal comienza con una clara referencia al holocausto nuclear del Hiroshima y Nagasaki; pero ahora en Tokio y otras ciudades como Leningrado, Moscú, Kazán, San Francisco, Los Ángeles, Nueva Orleans, etc. un seis de diciembre de 1982 y nueve horas después comenzó la Tercera Guerra Mundial, que una vez terminada dio paso a la reconstrucción del mundo, por ello toda esta saga se desarrolla en un cronotopo tan interesante como lo es el Nuevo Tokio alrededor del 2019 DC.
Y lo primero que el lector conoce son las grandes carreteras de esta gran urbe y como una pandilla de adolescentes amantes de la velocidad en motocicletas, pasan cerca de un cráter sin duda herencia de la mencionada guerra y se comenta de forma arduamente profética en ese año conmemorativo con el actual, serán las Olimpiadas en Japón convirtiendo dicho recuerdo del holocausto que de hecho fue la zona cero (de mayor impacto) en un parque para los ya mencionados Juegos Olímpicos del 2020, toda una profecía cumplida. No es difícil identificar en estas primeras secuencias al que será el protagonista de esta historia, un joven pandillero de unos 15 años llamado Kaneda, su moto se ha convertido en lo más icónico de esta aventura, tanto en el manga como en el anime. En ambas variantes es difícil identificar al que será el fundamento de la trama narrativa, un joven de apariencia graciosa llamado Tetsuo.
En la versión animada todo comienza con un ataque a la pandilla rival de “Los Payasos”, aquí dicho grupo tendrá una participación mucho más ardua y lo que detona los hechos es la aparición en la carretera de un raro niño que viéndolo bien está arduamente avejentado. El cuerpo de un infante con las arrugas de un anciano que de modo inexplicado desapareció de la carretera, pero lo curioso es el accidente, es que le provocó al mencionado Tetsuo, veremos más adelante que le detonó los poderes que no se le habían manifestado antes gracias al consumo de drogas que en este universo posible es una actividad común entre los adolescentes, en específico los del bajo mundo al que pertenecen Kaneda y sus amigos.

De ahí el lector se adentra más a fondo en el universo en que viven los personajes, todos los miembros de la pandilla estudian en una especie de Preparatoria con Carrera Técnica Industrial para jóvenes problemáticos con malos antecedentes, muchos de los cuáles ya estuvieron en la cárcel juvenil. ¡Una última oportunidad de redimirse! Y en efecto hay que darle su mérito a Otomo como ilustrador para mostrar el escenario arduamente creíble y verosímil con todos los elementos de una escuela marginal. Sus compañeros se preguntaban por la salud de Tetsuo, pues ni su madre sabía en qué hospital se encontraba, hasta que el intuitivo Kaneda se topó con el extraño ser niño-anciano que ante sus ojos rompió cristales de un aparador sin siquiera tocarlos. Ahí fue cuando el elemento femenino de esta serie hizo su aparición: Key, una activista del ejército revolucionario de este tiempo, ahí comienza una persecución y es notoria la acción que se maneja entreteniendo arduamente al lector en todo momento, muy a diferencia del anime que en realidad fue bastante cansado.

El pequeño ser desaparece de la nada y lo que parece ser la policía o un grupo de choque aparece, Key huye con ayuda de Kaneda y ahí sale a relucir su capacidad para hacerlo como un personaje educado en la calle y capaz de hacer cosas en pro de su supervivencia, pero no sin cualidades arduamente desarrolladas. Poco antes aparece también otro personaje importante, Ryo hermano de la joven revolucionaria y muy querido por ella que huyen de la pandilla de motociclistas por creerlos enemigos mostrando mayor experiencia, la razón fue muy simple, Kaneda se acercó para cortejar a la joven, pues en ningún momento de esta serie y pese a sus arduas cualidades deja de ser un adolescente.
Posteriormente el mencionado hermano de Key incluso toma al niño-anciano y trata de protegerlo ante el peligro inminente de la persecución, ahí se encuentra de nuevo al protagonista que a diferencia de él no iba armado, lo mismo que la muchacha que tanto lo quiere mientras le da en el cráneo a uno de los policías salvando al mencionad pandillero. Ryu carga con el raro ser y poco después el lector conoce al Coronel, algo parecido al villano de la serie quien conoce todos los secretos que quien lee esta obra desconoce y como tal es el jefe del “Proyecto Akira”, todo lo ve desde un punto de vista militar, su aspecto gráfico es imponente.

Luego de que Kaneda roba una camioneta en una notable escena de acción para atacar a los soldados de una especie de helicóptero futurista baja un ser parecido al que está protegiendo Ryu, bien vestido sobre una especie de silla anti gravitacional. Frente a frente, el extraño niño-anciano que ha bajado del vehículo expone que ha venido a recoger al otro y lo llama por su nombre: Takashi. Ahí por primera vez se el hermano de la joven hace el siguiente cuestionamiento ¿Eres Akira?, a lo que el Coronel pregunta qué sabe sobre dicho proyecto. El primer infante avejentado en aparecer expone que necesita una cápsula y se la pide al nuevo personaje similar a él llamado Masaru.
Ahí Kaneda en su afán de supervivencia le pide su arma a Key, patea al niño-anciano y le apunta con la pistola para tomarlo por rehén y así los dejen ir pues están rodeados por policías. Lo que no esperaba es que ambos seres provocan una especie de movimiento sísmico en la zona en la que están, que de hecho colinda con aguas negras o alcantarillado de la cual logra salir, no sin haber tragado algo de ese líquido asqueroso.
Masaru le tira la capsula a Takashi y es el protagonista quien la toma. Huye con ella, mientras los dos hermanos se han ayudado para salvarse y salir de ahí a duras penas junto con él, mientras tanto los militares han recuperado al ser que por lo visto había escapado.

Luego de esas escenas de acción tan complejas el escenario vuelve a ser la escuela de los muchachos en donde por fin Tetsuo vuelve, Kaneda le pide a la chica del laboratorio que identifique el contenido de la capsula que robó y ella menciona que cree estar embarazada, aunque no específica de quién, como típico elemento de situación adolescente, tan importantes dentro del estilo del manga, pero aquí desde una perspectiva mucho más adulta y seria.
Como elemento de crítica de la forma de ser en Japón actual fue muy evidente la falta de respeto al maestro y el comportamiento de los jóvenes en el aula de clase, cuando en la realidad dicho país es conocido por todo lo contrario, aspecto que es también arduamente recurrente en la narrativa gráfica japonesa a manera de alejar al estudiante de tanta rigidez, esto último se ha malinterpretado en otros países que no cuentan con un nivel educativo tan perfecto como el nipón ni con una voluntad tan ardua de trascendencia como aquel estudiante de Oriente que no ve otra forma de asegurar su vida, sino por medio de arduas horas de aprendizaje.

Volviendo a la narración, los muchachos han decidido salir a festejar el regreso de su amigo, Kaneda recoge las drogas que usaran antes de encender las motos y la joven laboratorista le dice que la cápsula que obtuvo es mil veces más potente que una normal y puede matar al que la tome. Mientras tanto el Coronel y un nuevo personaje de edad avanzada y apariencia de científico meditan sobre quién es Tetsuo. De ahí se comunican los patrulleros que tienen la consigna de traerlo de vuelta pues también presenta ciertas anormalidades en su cerebro que les llama la atención, mientras los persiguen los motociclistas se separan y el perseguido cae por error en el territorio de “La Pandilla de los Payasos” que tal como siempre ocurre entre los pandilleros, lo atacan entre tres; pero es salvado por Kaneda, esto desata su irá y casi mata a golpes a uno de los rivales, lo que logra que se confronte frente a frente con el protagonista que siempre le ha tenido una estima muy especial.
En la siguiente escena vemos de manera sorpresiva al imponente General que sube las escaleras de la escuela en donde estudian o en este caso tratan de rehabilitar a los muchachos, es de mención como Otomo cuida detalles muy específicos como un vago que siempre está tomando cervezas en las escaleras que llevan a la institución y que en este caso no se sorprende por la llegada de las autoridades, así como la del también arduamente imponente Profesor de Educación Física que es el encargado de aplicar bofetadas para corregir a los estudiantes y que tiene un copete que siempre está moviendo de un lado a otro. Mientras todos los jóvenes de esta escuela exclusiva para hombres comen al estilo de los almuerzos escolares de las Preparatorias de los Estados Unidos, dicho castigador pide a Tetsuo que lo acompañe. Luego de forma voluntaria acompaña al militar y al par de buenos para nada que usa como guardaespaldas hasta que se cruzan precisamente con Kaneda y al instante lo reconocen por lo que de nuevo comienza una escena de acción de esas que tan bien maneja Katsuhiro Otomo. Sólo que aquí manejó una secuencia inverosímil al mostrar que el protagonista salta de una ventana para escapar a una distancia del piso que bien no le hubiese provocado la muerte; pero sí una hospitalización segura, luego corre a su moto. Quizás sea un error que sólo notan los expertos en narración secuencial, sin embargo, ahí está muy presente. Pese a todo, la escena es una aceleración típica de este mangaka y hasta muestra al mencionado indigente de las cervezas asustarse al momento que la moto de Kaneda pasa junto a él.

 

(Continuará)

Gerardo Martínez Acevedo

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