Versus – Kong: Isla Calavera

Podemos descansar tranquilos y llenos de regocijo, Hollywood ha logrado, por primera vez en su historia, fabricar una película de kaijus no sólo competente, sino que entra directamente al top cinco de las mejores cintas del género. No exagero, Kong no sólo es un deleite visual, tiene también una historia que permite vislumbrar un futuro promisorio para el cine de monstruos gigantes.

Ya se ha criticado en esta página la necedad de Hollywood por alterar el modelo del kaiju: al convertirlo en dramas inútiles de personajes humanos se olvidan de mostrar el esplendor del monstruo. Kong entiende que si tienes una película nombrada a partir del monstruo, entonces él debe ser el personaje principal, dejando los dramas humanos como mera guarnición únicamente para que la historia (y la tragedia) de la criatura avance. Afortunadamente, tanto el director como los escritores hicieron caso omiso de esa idiota regla no escrita del cine gringo que reza que el monstruo no debe aparecer en pantalla hasta el mero final, y comprendieron que el engendro no sólo puede, sino debe aparecer desde un inicio si se desea narrar su historia. Y una historia sobre King Kong es lo que tenemos.

Las últimas entregas del Godzilla gringo fallaron en presentarnos al monstruo. Se centraron en dramas familiares que poca relación tenían con el hecho extraordinario de que un monstruo gigante estaba destruyendo ciudades. Se olvidaron también de mostrar dicha destrucción (razón principal por la que pagamos un boleto) y, sobre todo, de centrarse en las peleas entre criaturas.  En Kong, el personaje principal es sin duda el simio, y tras una breve y atropellada introducción de algunos personajes humanos y un esbozo de la historia general, la película se centra en descubrir el potencial de un primate gigante, que no sólo azora a los humanilllos, se convierte también en su protector y muestra la tragedia que vive dentro de ese universo.

Kong no es un espectáculo para los personajes, lo es para el espectador, y es ahí donde se agradece que la cinta sea un festín de acción, efectos especiales y una historia mínima necesaria para que no sea una película vacía. La película se preocupa por entretener, al mismo tiempo de cuidar su coherencia interna, y termina entregando una historia de monstruos gigantes con todos los elementos del género, sin aportar nada nuevo porque no lo necesita. Lo único que requería era poner a disposición de un director competente la millonada de dólares para por fin tener LA película de kaijus made in USA.

Es notorio que los escritores se preocuparon más por desarrollar al simio gigante como personaje que a cualquiera de los humanos, lo que explica por qué ya debería instaurarse un premio para la mejor actuación de un personaje digital. No digo que los actores reales no aporten nada, al contrario, con poco material hacen maravillas, pues nunca dejan caer la película, pero las interacciones con el gorila son de sus mejores momentos de la película. Se agradece que el humor venga dosificado y nunca se hagan chistes a costa del monstruo, pues eso rompería la sensación de asombro que la película construye de manera óptima. Los escritores entendieron que, si la idea del estudio es generar un universo donde los kaijus son una realidad, los humanos no pueden estar negando su presencia con un humor pedestre. Es preferible que se den cuenta del horror de convivir en un planeta infestado de criaturas gigantes, dispuestas a pasar por encima de quien sea necesario.

No olvidemos que, aunque Kong sea una película de corte fantástico, el comentario social se encuentra presente. De hecho, esa es la diferencia entre el buen cine fantástico y el mediocre. No es fortuito que la película ocurra durante la guerra de Vietnam, episodio donde los gringos perdieron la guerra contra los nativos y la selva. La película es una alegoría de eso, donde de nueva cuenta un comando de soldados estadounidense es derrotado por los mismos elementos. Kong recupera el espíritu de la Gojira original, creando un alegato contra la guerra, mucho más sutil pero no por ello menos efectivo, otorgándole un valor a la cinta superior al de Godzilla de 2014, cuyo supuesto mensaje pacifista fue burdo y pseudocientífico.

Esta nueva entrega de Kong no sólo refresca al personaje y su mitología, es también la prueba fehaciente de que estamos ya dentro de una nueva época dorada del cine fantástico. Una época en la que tal vez el género llegue a su madurez total y tengamos no sólo películas menores, aptas para alimentar la futura nostalgia de los infantes del presente, sino también películas definitorias, completas, que descubran el potencial de la fantasía para hablar sobre nuestra naturaleza. Otras latitudes ya lo han hecho, ojalá ahora Hollywood tenga el valor para entrar de lleno y brindarnos el material del que están hechos los sueños.

(Publicado originalmente en  REVISTA CINEFAGIA y reproducido con permiso escrito del autor)

Sobre el Autor: Rodrigo Vidal Tamayo Ramírez – (Distrito Federal, 1977)  Biólogo por la UNAM, se ha desempeñado en el campo de la socialización y comunicación de la ciencia y en su tiempo libre cofundó revistacinefagia.com. En 2013 fue guionista y conductor del programa Paracinemapara el canal de televisión por cable Pánico. También es guionista y conductor de los programas de radio por internet La Mala Cabeza y Puros Cuentos, producidos para circovolador.org, escribe sobre cómics en la revista Comikaze y es coautor del libro Mostrología del cine mexicano.

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