Versus – ¡King Kong Vive!

King Kong, el simio gigantesco creado por Edgar Wallace y Merian C. Cooper, irrumpió en el cine por primera vez en 1933 causando gran expectación e introduciendo novedosas herramientas para contar historias. El filme acabó convirtiéndose en un éxito de taquilla y dio pie a un subgénero que ganaría terreno con los años: el cine de monstruos gigantes. Kong tuvo algunas apariciones más en el cine, incluyendo una nueva versión de la cinta clásica estrenada en 1976, producido por el ahora legendario Dino de Laurentis, quien siguió la tradición de la primera incorporando nuevas técnicas en los efectos especiales, haciéndola merecedora a un premio Óscar. Esta película llegó a ser un éxito en taquilla, pero no de crítica.

Diez años más tarde, en 1986, De Laurentis y John Guillermin estrenaron la secuela de su versión del rey Kong titulada “King Kong Lives”, cuyo resultado no fue para nada el esperado pues fracasó rotundamente en la taquilla y en la crítica le fue mucho peor. Se desconoce la razón por la que esta secuela se tardó una década en salir, pero está claro que dicho espacio de tiempo repercutió en el interés que alguna vez tuvieron los espectadores en la película: quienes vieron la película de 1976 eran ya diez años más viejos y difícilmente tuvieran la misma capacidad de asombro a una cinta del rey Kong.

Seré claro desde el principio, la película en cuestión es muy mala por no decir que es un completo desastre. Un análisis cinematográfico sobre la misma no requiere mucho espacio e incluso muchos evitarían hacerla por no encontrar gran cosa qué decir. ¿Hay siquiera algo de valor de lo que podamos hablar? Por supuesto que sí, pero primero vamos al contexto.

La historia respeta el transcurso de años pasados entre películas, mostrando una secuencia inicial tomada de la película de 1976, donde Kong aparentemente cae abatido al pie de las torres gemelas en Nueva York. Diez años más tarde, médicos especialistas habían logrado mantenerlo vivo, pero en un profundo estado de coma y hacían lo posible para reanimarlo. La doctora Amy Franklin (Linda Hamilton) era la encargada de la salud de Kong y junto a su equipo desarrollaron un corazón artificial que podría despertarlo, pero requería una transfusión de sangre para que el gigante aguantara la cirugía y en ese momento resultaba imposible realizarla debido al carácter único de su especie. Aquí Hamilton suelta una de las líneas más gastadas del cine –y la literatura-, al decir que “sólo una cosa puede salvar a Kong: un milagro”.

Dicho milagro ocurre en la selva de Borneo, donde el explorador Hank Mitchell (Brian Kerwin) encuentra accidentalmente a un simio hembra de las mismas proporciones de Kong y con esto se puede inferir el resto de la trama que es la reanimación del gigante, su cortejo con la hembra a la que llaman “Lady Kong” y la consecuente persecución que deriva en un desenlace propio de las películas de King Kong.

En la película vemos secuencias donde ambos simios interactúan de manera demasiado humana, lo cual inevitablemente hará sonreír a cualquiera, no por lo gracioso sino por lo ridículo. Kong y su hembra por momentos parecen un par de niños entrando en la pubertad, restando naturalidad a su caracterización y eso crea la sensación de estar más en un espectáculo de títeres que en una película de monstruos.

En sintonía con los simios, las interpretaciones de los personajes humanos también carecen de credibilidad. Linda Hamilton, quien dos años antes saltó a la fama con “Terminator”, está totalmente desperdiciada y no hace gran esfuerzo en su papel. Brian Kerwin nunca convence como la contraparte masculina, haciendo que su personaje se vea plano y estereotipado como el resto del reparto. Aunado a lo anterior, la edición no fluye con buen ritmo y da mucho peso a escenas destructivas lentas que terminan cansando. Un adulto no tardará en aburrirse.

Con todo lo anterior ¿dónde está entonces el valor de la película? Considero dos en particular: en primer lugar, aun cuando la película difícilmente será disfrutable para un adulto, sí termina siéndolo para un niño. Recuerdo que esta película la vi en el cine cuando tenía aproximadamente diez años y me dejó boquiabierto. Hice la prueba con mis hijos de la misma edad, y aunque no quedaron boquiabiertos, la representación de King Kong les pareció llamativa, se enternecieron con los flirteos de los simios y se conmocionaron con el final. Puedo concluir de este punto que la película es apta para niños, con todo y el despliegue de violencia.

En segundo lugar, y considero que es lo más relevante, “King Kong Lives” no escapa de formar parte de la tradición cinematográfica del cine de monstruos y aporta al mito del simio gigante algunos aspectos que lo enriquecen, como la premisa de no ser el único en su especie, la posibilidad de formar una familia y perpetuar su legado; además, la cinta sutilmente plantea que en nuestro planeta aún permanecen muchas cosas exóticas por descubrir. El rey Kong surgió mucho antes de los kaijus japoneses y su principal exponente Godzilla, pero no tiene tantas películas como el monstruo japonés por lo que, si deseamos adentrarnos con mayor profundidad a la historia de King Kong, la presente película es una referencia obligada.

“King Kong Lives” es posiblemente una de las peores películas de monstruos y tal vez la peor de este personaje. Es una película que los niños disfrutarán pero los adultos tal vez no; sin embargo, eso no quita su valor referencial pudiendo servir para consolidar el mito del rey de la Isla Calavera, quien regresó este año y con paso atronador en su más reciente película.

Sobre el Autor: Isidro Flota Encalada – Tiene 39 años y vive en Izamal, Yucatán. Ha sido desde siempre un apasionado del cine y a través de la literatura descubrió nuevas posibilidades de evasión. Su formación literaria es principalmente autodidacta y también ha formado parte de talleres de Creación Literaria en el Centro Regional de Bellas Artes de Izamal, donde actualmente también es instructor de escritura creativa.
Escribe cuentos y textos como necesidad y ejercicio, ha ganado dos menciones honoríficas en concursos nacionales y le apasionan los géneros pulp (fantasía, horror, ciencia ficción).

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