Servicio express

Vemos a IAN en un restaurante de verano, en plena calle, degustando una copa de
vino. Frente a él tiene una tablet; su teléfono está sobre la mesa. IAN lleva puesto
un traje azul de lino, y una camisa gris; sus mocasines son color café; va bien
peinado, perfumado y elegante. Suena una notificación en su celular.


MENSAJE:Usted tiene un par de zapatos nuevos en su carrito de regalos.
IAN:¿Más zapatos?
MENSAJE:El paquete ya salió del almacén. Tiempo aproximado de entrega: 2 horas.
IAN:Es tan molesto… Bueno, a veces no. (Pausa) Si no fuera porque Petra siempre está al pendiente de mis cosas no podría con esta vida.

Da un trago a su bebida y después saca su celular y se toma una foto, escribe algo
en su tablet.

IAN: (Escribiendo) Quienes no me conocen y no saben lo apasionado que soy con mi trabajo, no pueden imaginarse el estrés emocional que me causa recibir tantos… sí, lo diré, recibir tantos premios, tantos premios por lo que hago, aunque no lo crean, es cansado, es demandante, es… voy a escribir un artículo sobre la, sobre el mito de ser famoso. Pero el no poder cumplir con tantos compromisos y no poder regresar todo el cariño y sus muestras de
amor a veces me estresa. Ustedes me ven aqui, en apariencia feliz, pero por dentro estoy agotado, física y mentalmente. Necesito tomarme un descanso de todo esto.

Deja de grabar o escribir. Se acerca ALBERTO el mesero.

ALBERTO: ¿Algo más, señor?
IAN: Nada, Alberto. (Pausa) O sí, mejor sí. Algo. Algo de comer para que se me pase la tristeza, ¿qué será bueno contra la tristeza, Alberto?
ALBERTO: Yo creo, bueno, en mi caso funciona escuchar música.
IAN: ¿Música?
ALBERTO: Música. Yo siempre llevo mis audífonos puestos y así evito la tristeza.
IAN: Claro, música, pero yo me refiero a comida, qué será bueno comer para combatir la tristeza.
ALBERTO: Nunca había pensado que la comida pudiera aliviar la tristeza y menos que hubiera platillos para eso.
IAN: Deberías estar preparado para responder a preguntas como esa, sobre todo en un lugar como este. Estoy profundamente cansado, Alberto, esta vida que llevo es muy ajetreada. Tú me ves aquí, en apariencia tranquilo, pero no te imaginas la cantidad de invitaciones que recibo para asistir a eventos públicos, dar conferencias, recibir reconocimientos. Mi vida es demandante, pero es la única que tengo y aunque es duro tengo que aceptar mis talentos y aprovecharlos. ¿No crees?
ALBERTO: Yo a duras penas tengo tiempo para comer.
IAN: Es normal, Alberto, no fuiste a la escuela, pero no te preocupes, te la voy a poner muy fácil. Tráeme el mejor platillo que tengan. Estoy seguro que me hará feliz. Sorpréndeme.
ALBERTO: Enseguida, señor.

Alberto sale. Suena una notificación.

MENSAJE: Se han añadido nuevos productos a tu carrito de compra. Si estás de acuerdo en recibirlos por favor haz caso omiso a este mensaje y los productos te llegarán en una hora.
IAN: Yo no compré nada. ¿Acaso tengo un clon comprando cosas en Amazon todo el tiempo?

Saca su tablet y escribe.

IAN: (Escribiendo) Me siguen llegando cosas que no he comprado. Favor de enviarme aclaración de pagos. (Pausa. Saca su teléfono y textea.) Recibo regalos todo el tiempo, esto NO ES NORMAL. En serio. Me acaban de informar de Amazon que me van a mandar un
reloj y dos camisas a mi casa y no, yo no los compré. He revisado mis cuentas y no hay ningún cargo. ¿Entonces, quién me está mandando cosas?

Suena una notificación.

MENSAJE: En Amazon estamos para servirte. Te informamos que nuestro aviso de privacidad está al final de la página. Por otra parte, el equipo de Amazon, te informa que los artículos que se han enviado a tu dirección son totalmente gratuitos y corresponden a los puntos que has acumulado durante años. Están basados en tus gustos y creemos que serán de tu agrado, de no ser así, puedes devolverlos y te reembolsaremos tu dinero.
IAN: ¿Mi dinero? Pero yo no pagué nada. En fin. Ha de ser un día de suerte. Qué sé yo. (Saca su teléfono y marca) Petra, soy yo. Sigo en el trabajo. No llegaré hasta muy noche, estoy muy ocupado, pero necesito que me hagas un favor. Quiero que vayas al buzón y revises el contenedor, si ve al buzón y revisa si me llegaron cosas, ve, aquí te espero…

Agota su copa de vino. Aparece Alberto con una botella y le sirve más.

IAN: Justo a tiempo… ¿Petra? ¿Qué encontraste? Zapatos, claro, pero ¿qué más? Abre las cajas por favor, te lo estoy pidiendo, no me voy a enojar contigo, abre las cajas. (Pausa)Dos camisas, ¿qué más? ¿Qué hay en la otra caja? Un reloj, claro, lo que me temía.
Petra, un último favor, ¿podrías tomarles unas fotos a esos artículos y mandarmelas por whats? Gracias Petra, te adoro.

(Cuelga. Bebe un poco de vino. Recibe una notificación. Ve su teléfono. Textea algo. Recibe una notificación en su tablet. Va a la tablet y redacta un correo).

Estimado Amazon, o quizá debería decir, estimado algoritmo, en efecto, he recibido los artículos que me han enviado de manera gratuita a mi domicilio, pero en vista de que yo no los pedí, quiero cancelarlos. en el entendido que no se atreverán a reembolsar el dinero que hubiera gastado en ellos de haberlos comprado yo. (Termina de escribir) No se atreverán a
tanto. (Suena una notificación en su celular. Revisa) ¿Qué? ¿Una tarjeta de regalo por el valor de los productos cancelados? Pero yo… (Pausa) Basta, está bien. Acepto la tarjeta de regalo. ¿Qué más me queda? A decir verdad no me encantan las tarjetas de regalo porque no son aceptadas en restaurantes y yo me paso la vida en restaurantes. Es más cómodo trabajar en un lugar donde te atienden bien, la comida siempre está caliente y los platos limpios.
Aunque en mi casa está Petra y siempre está al pendiente de mí, pero no es lo mismo. Los fines de semana, por ejemplo la extraño mucho, si por mí fuera no la dejaría irse, pero ella insiste en que además de mi, tiene una vida; habla de un marido y de tres hijos a quienes nunca he visto en diez años, y hasta dudo que existan, son una excusa de Petra para salirse de mi casa los fines de semana y no se lo voy a prohibir. Tiene derecho a irse cuando quiera, no la puedo retener. (Pausa) Estoy tranquilo porque sé que no se irá. Nadie, una vez que me conoce bien, puede irse de mi vida. Quienes me conocen me siguen buscando, me leen, me saludan en la calle, me atienden en los lugares a los que voy, aunque últimamente no voy más que a restaurantes. (Pausa. Se da cuenta que ha vaciado otra vez su copa).

Entra Alberto con la botella de vino.

IAN: No ya no. Se me está subiendo. Mejor tráeme agua mineral para acompañar la comida.
ALBERTO: Señor. El tiempo.
IAN: ¿Qué tiene el tiempo?
ALBERTO: Ya casi es hora. Y se tiene que ir.
IAN: No Alberto, te equivocas, yo no llevo prisa, pero entiendo que puedas estar cansado, seguramente llevas todo el día aquí, pero te dejaré una buena propina. ¿No querrás que me vaya a otro restaurante, o sí? Además no me has traído la comida. Mira, ve por el agua mineral y mi comida. Luego ya podrás irte a donde quieras. ¿Cómo ves?
ALBERTO: Sí, señor. Como usted guste, sólo que…
IAN: ¿Qué, Alberto?
ALBERTO: La hora es la hora, yo no puedo cambiarla.
IAN: Claro, Alberto no te preocupes por eso.

Alberto sale.

IAN: Y hablando de hora. ¿Qué hora es? Casi las 3 de la tarde. Es hora de la transmisión.

Vuelve a su tablet. Transmite en vivo.

IAN: Las noticias corren. El tiempo sigue su marcha. ¿Quién me lo ha recordado? Un mesero. Sí, aunque no lo crean. Un mesero que atiende aquí en Mariscos EME. Pero no es del tiempo de lo que quiero hablarles, sino de que estoy metido en un verdadero dilema y necesito su ayuda, no sé qué comprar con una tarjeta de regalo que me ha mandado Amazon. Sí, como lo oyen, Amazon ha premiado mi fidelidad a su marca, diez años comprando con ellos me respaldan y hoy enviaron a mi casa tres regalos que rechacé.
Para mi sorpresa, me los cambiaron por una tarjeta de regalo por el valor de los artículos, por cierto muy caros, y una nota de disculpa: “En Amazon no hay manera de rechazar un regalo,
siempre tendremos lo que tú quieras” Pero estoy en un dilema, no sé qué hacer con la tarjeta de regalo. ¿Qué opinan? recomienden cosas. Los leo.

Entra Alberto con una fuente de comida abundante.

ALBERTO: Langosta ahumada, ostiones con salsa de vainilla y brochetas de camarón con salsa de chipotle; guarniciones: coles de bruselas con tocino, papas hasselback y risotto al horno.

Suena una notificación en su teléfono.

IAN: (Atiende su notificación). Qué chistoso, me están sugiriendo que te de la tarjeta de regalo, Alberto. Dicen que podrías necesitarla. ¿Qué piensas?
ALBERTO: La hora, señor.
IAN: Estoy transmitiendo en vivo. ¿Lo ves? Te estoy ofreciendo una tarjeta de regalo con más de veinte mil pesos y sólo te preocupas por la hora. Alberto, mírame, mira a la cámara y dinos, ¿qué te comprarías con veinte mil pesos? Si yo te diera la tarjeta que sería lo primero que te irías a comprar? de tu respuesta dependerá tu recompensa.
ALBERTO: Señor, ya casi es hora de cerrar.
IAN: ¿Hora de cerrar? Pero si apenas van a ser las tres de la tarde. Ya te pusiste nervioso, pero no te preocupes. Mira te voy a dar chance de que lo pienses. Ve a traerme agua mineral para pasarme esto y ve pensando en tu respuesta, son veinte mil pesos y la tarjeta es aceptada en todos lados, es de Amazon, obvio. Oye, sabes qué, y trae más vino. (Suena una notificación en su teléfono) Sí, ya sé que en su sano juicio nadie rechazaría un regalo, los regalos no se
rechazan, pero esta gente es curiosa. ¿Escucharon eso? Dijo que van a cerrar y apenas son las tres… un momento… ¿Las tres?

Suena una notificación.

IAN: ¿Ir a dónde? Trabajar. Pero si estoy trabajando. Este es mi trabajo.

Suena otra notificación.

IAN: No, yo no quiero salir. Apenas van a ser las tres y todavía no como.

Entra Alberto arrastrando un contenedor. tira la comida que hay en la mesa al contenedor.

IAN: ¿Qué haces?

Alberto sigue en lo suyo. Le arrebata la tablet y lo tira al contenedor, lo mismo con el teléfono.

IAN: ¿Te volviste loco?

ALBERTO lo toma del cuello, lo sacude y le extrae una tarjeta. Pausa.

ALBERTO: Es hora de volver al trabajo, ya pasaron tus quince minutos de descanso, IAN.
IAN: He trabajado cuatro horas seguidas, déjame descansar otros diez minutos más.
ALBERTO: No es cosa mía. Se te acabó el crédito. Tu tarjeta está en ceros. (Le entrega la tarjeta) Recárgala y podrás volver a la realidad virtual. Por lo pronto a meserear que el lugar está lleno, ya sabes que a las tres se atasca esto. A darle, mi rey. ¿Qué esperas?
IAN: ¿Puedo usar los audífonos?
ALBERTO: Ya sabes que está prohibido. Mejor espérate a la hora de la salida.
IAN: Es que faltan otras cuatro horas para eso.
ALBERTO: No es tanto. Tú eres joven y puedes con eso y más. Por cierto, Petra avisó que no viene porque se le enfermó un hijo. Te vas a quedar a cubrir su turno. Mejor para ti, ¿no? Doble turno, doble paga. ¿Qué me ves? ¿Necesitas o no el dinero? (Silencio) ¿Entonces? Órale, cabroncito, a jalar que hay que darle de comer a la gente. No te quedes parado…
IAN: No he comido.
ALBERTO: Yo te di la opción y decidiste usar tu descanso metiéndote en esa madre. Ni modo, cabrón, espérate a que los clientes acaben de comer y pepenas algo de las sobras; claro, sobras gourmet, no cualquiera.

ALBERTO Le avienta un mandil a IAN y sale. IAN se pone su mandil y toma una charola.

Oscuro final.

Vidal Medina

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