Delirio

Qué bueno que regresaste. ¿Me escuchas? Quiero pedirte que me lleves contigo. Sí, sácame de este mundo falso y absurdo. Me gustaría ser un ente mágico o un átomo inexistente… Lejos de todo este caos me transformaré en los pasos elegantes de una tormenta dulce o en el trinar desafinado de un ruiseñor violeta. Deseo vivir una vida corta y larga, quizás. ¡No puedes negarme el pasaje a otra dimensión, con perlas de seda y aureolas, tan rápidas como la luz! Tú me contaste todo eso. ¿No lo recuerdas? Un mundo lleno de alegría y fulgurantes amaneceres. Sabes que mi realidad es una mentira y serás muy cruel si me abandonas. ¡Date prisa, se nos acaba el tiempo; pronto volveré a dormirme y soñaré con un banal infinito! En estos parajes me desangro. Mis glóbulos rojos se escaparán velozmente por las órbitas si la maldad me alcanza. ¿Me pides razones? ¿Más, de las que te he dado? ¿Acaso eres iluso? ¿No ves que ya no pertenezco aquí? Mi piel inconstante no encaja entre el polvo, y la podredumbre. Espero que estés consciente de que aquí no puedo brillar. Las estrellas me susurran nombres, y hasta las deidades me han hablado de ti… Sí, tú puedes ayudarme… Cómo quisiera huir. ¡Sé que allá todo es inexplicable y divino, y el silencio hace vibrar los tímpanos! No existe agua ni sed. También me has dicho que el mar con su oleaje crea una espuma esmeralda que baña los pies y lo hace a una flotar en medio de una paz cálida que se convierte en felicidad embriagadora. ¡Todo eso me los has contado tú. ¿Quieres compartirlo conmigo? Allá podré tomarte de la mano, y sumergirme en ti, sin que me juzguen los ángeles… Aquí vivo en una pesadilla gris donde ni siquiera hay blanco o negro. Estamos obligados a renunciar completamente al amor. Y yo, ser benévolo, no puedo vivir sin amar; lo sabes bien. Quizás contigo consiga dormir en una perfumada nube y mandar al infierno, las horas de oscuridad… ¡Estoy harta, de sonidos sordos! Vienen y me atormentan; me hacen agonizar. ¡Son gritos, regaños, insultos! Mi mente se ha vuelto perversa con tanto odio. Hay días, en que todos usan máscaras, pero siempre en mi búsqueda logro reconocerte… Esto te parecerá muy diferente a tu mundo. ¡Sí, lo llaman Tierra! Pero sólo se dilata a un término. ¡No quieres creer en mí, pero aquí las paredes tiemblan sobre una! No hay más que guerra… ¡Si en serio me amas no me abandonarías y tendríamos la suerte de ser nadie! Pero si me dejas en esta incertidumbre las bacterias ridículas y turbias, interesadas en la carne, envenenarán hasta mis uñas… ¡Basta! ¡Si no piensas ayudarme, márchate! Así mi tormento no acabará contagiándote… Aunque siempre estoy cayendo, nunca llego al suelo. Tal vez ya estoy rota y no me he dado cuenta… ¡Ahora no quieres irte, pero tampoco me llevarías contigo! ¡No sé qué más pensar de ti! Me has decepcionado… ¡Ah, tomaste la decisión de permanecer a mi lado! Pues sólo puedo decirte que no tengo mas que un juego de cartas, y estoy aburrida de jugar sola y ser siempre la que gane. Al menos tendré tu compañía… ¿Sabes? Ya no recuerdo las veces que te he visto ir y venir, y te he soñado en cada espera… Es muy tarde, hoy no me ayudes, sólo sé mi amante, herido y glorioso. A las sábanas hostiles e intoxicadas, las profana la añoranza… Estoy perdida. Tú disfrutas con mi lengua, pero nunca entiendes mi idioma. Qué más da. Sólo ven, compartiremos todo lo malo… Mi ingenuidad me golpea de nuevo, ¿es que aprenderé algún día? Pensé que eras diferente… ¡No! También llevas un magnífico y embustero disfraz… El mejor que he visto… ¿Cómo puedes ser tan cruel? Recorres mi carne y no te importa dejarme, morir aquí… ¡Mientes! Tus palabras son vanas. Sé que algún día llegará alguien más, que vuelva a despertarme. ¡Jamás me agoto de abrazar la esperanza, es lo único que me queda! No oses equivocarte, puedes perder. Qué te aburres a mi lado. ¡Pues déjame, lo has hecho tantas veces! Es mejor así, tú en tu orbe y yo en el mío. A fin de cuentas nunca has intentado llevarme contigo. Qué te vayas de una vez. ¡Regresa a tu mundo de gozos y alegrías! ¡Tal vez en mi delirio recuerde, cómo sonreír! Sí, es cierto lo de mi desequilibrio. Por eso no paro de preguntarme porqué sigo aferrándome a tus labios. ¿Acaso existes? ¿O sólo yo puedo salir de este mundo y visitarte? Estoy muriendo… más no me importa. Mis mejillas sonrojadas y ebrias de amor le sonríen al frío. No le busques sentido a mis incongruencias. Sólo ámame, ámame siempre, ente de otro mundo, y no olvides mi nombre. Sencillamente soy una loca. ¿Disfrutas con mis delirios?

Maura Massiel Rodríguez Segredo

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