Querubines en el infierno – El lado moreno y guadalupano de la Segunda Guerra Mundial (I)

Al hablar del movimiento chicano, lo más adecuado es partir de 1848, año en que Estados Unidos arrebató a México más de la mitad de su territorio (Y es lo más adecuado históricamente pues hay autores que comentan que inició con los naufragios del conquistador español Alvar Núñez Cabeza de Vaca), pese a ser una minoría en relación con los norteamericanos que se habían establecido en dichos territorios, muchos de los mexicanos que ahí vivían procuraron mantener su cultura. Irónicamente la migración aumentó poco a poco y ahora en cuestiones de cifras, la población morena y guadalupana ya no debería de llamarse minoría.
Dos acontecimientos marcaron a los mexicoamericanos en el siglo XX, uno fue la “Gran Represión”, en la que muchos chicanos fueron expulsados a México aun siendo ciudadanos estadounidenses y luego de manera muy radical, “La Segunda Guerra Mundial”. Es de mención que ya había aumentado arduamente la población mexicana, se había consolidado el narcotráfico como un negocio fundamental para salir del anterior acontecimiento mencionado, mucha población deportada regresó, eso sin contar que propició la migración ilegal.
Como rasgo de protesta surgió el movimiento “Pachuco” o “Zoot Suit”. Caracterizado por un traje muy específico en los caballeros que no dejaba de manifestar una ardua elegancia, por lo que muchos marinos blancos constantemente los agredían con la intención de destruirles sus trajes; desde entonces se les consideraba como enemigos de Norteamérica.
Un acontecimiento trascendental fue “El Asesinato de Sleepy Lagoon” en donde el cuerpo de José Gallardo Díaz fue encontrado inconsciente y moribundo cerca de un agujero de natación popularmente llamado así. A partir de ahí la tensión racial se volcó contra los mexicanos de California, e incluso fue llevada al teatro por medio de la pluma de Luis Valdez, autor que para muchos es el máximo exponente de la Literatura Chicana como tal, en un género tan menospreciado como lo es el teatro. A partir de dicho evento, muchos jóvenes pachucos fueron detenidos a diestra y siniestra teniendo como única posibilidad de indulto ir a la guerra. De forma paralela, a muchos jóvenes ilegales mexicanos que cruzaban la frontera se les hizo la oferta de también ir a combatir con la promesa de obtener la nacionalidad en dado caso de que regresaran con vida.

En este tiempo y espacio, parte la novela “Querubines en el Infierno” del mexicano Francisco Haguenbeck. Este autor, aunque nacido en la México, D.F. creció en Tehuacán, Puebla y tuvo una leve estadía en Puerto Vallarta, Jalisco. Después de trabajar como Arquitecto en museos y como creativo en Televisa, se lanzó al reto ganado de ser escritor. Primero como guionista de cómics y posteriormente encontró en la novela en prosa, su género predilecto. Sin embargo, es necesario comentar que no fue un autor empírico como tal, tomó importantes cursos de guionismo en su preetapa de creativo y durante la misma. Por lo que ya tenía fuertes bases en el momento de escribir “Trago Amargo”, su primera novela. Partiendo de esta información comenzamos con la de por sí extensa novela, “Querubines en el Infierno”.

Mucho se ha comentado sobre el primer capítulo, la primera página e incluso el primer enunciado que debe contener una novela en prosa. Y en la narrativa de Francisco Haguenbeck este aspecto fue muy recurrente, en casi todas sus novelas el lector quedaba enganchado en el primer capítulo, en este caso no sólo logra que quien lee tenga el fuerte deseo por conocer lo que sigue en la novela. Comienza con una fuerte escena de acción con el desembarco aliado en Salermo, Italia en Septiembre de 1943. Toda una escena bélica de la Segunda Guerra Mundial que cuidando su verosimilitud narra el mar de muertos durante el ataque y el cómo las olas de la playa se tornaban rojas por tanta sangre. Aquí conocemos al que será el protagonista, Luis Moreno que durante toda la historia será llamado, “Dumbo” o Dumbo Moreno. A la larga se específica que dicho apodo era en honor al clásico personaje de Walt Disney por sus grandes orejas. Como dato curioso, vemos que durante el desembarco en la balsa hay un integrante que no porta el traje militar y que de hecho, porta el mismísimo Zoot Suit. No será difícil adivinar que se trata de un fantasma que sólo existe en la mente del protagonista, su primo Moody Alvarado. Y sin embargo, en este caso es una motivación para no morir, atacar contra los alemanes y hacer que otro mexicano de nombre Ceferino no perdiera la cordura. Dumbo logra encallar y burlar las bombas a tal grado que acaba con el cañón que se encargaba de tratar de matar a todos los aliados y alcanza a ver de frente a su antagonista, un comandante alemán de nombre Von Hagen. En este primer capítulo Dumbo se convierte en todo un “Rambo Mexicano”, como los muchos que verdaderamente lucharon en esa guerra. Todo lector decente deseará seguir leyendo.

El segundo capítulo se ambienta en El Paso, Texas en Abril de 1943. Dentro de una sala de cine en la que Dumbo y su hermana Elsie disfrutaban de las típicas caricaturas antinazis que la Walt Disney distribuía como parte de su ya típica labor ideológica y de convencimiento a través de los medios. Haguenbeck aquí menciona la más famosa de ellas, en que el Pato Donald sueña estar en la Alemania de Hitler; pero de hecho hay otra en que el anti patriotismo estadounidense precisamente está representado en un pachuco.
Ya era evidente el racismo que recibían los mexicoamericanos, primero en dicha sala de cine y posteriormente en una fuente de sodas. Dumbo es agredido sin llegar a la extrema violencia que posteriormente se narrará por un marinero rubio. Desde este capítulo el lector descubre el sueño del joven texano: ser animador de los Estudios de Disney. Deseo un tanto difícil para a quien se denominaba como un estadounidense de segunda. Elsie, su hermana, es descrita como una joven no tan morena, bajita, con un trasero abundante, muy hermosa y sensual. Como es muy recurrente en las novelas de este autor, se narra el origen de los hermanos Moreno como hijos de emigrantes del estado de Tamaulipas que tuvieron que desplazarse fuera de su país a causa de la Revolución Mexicana. En la típica cena familiar, es su padre quien le hace la petición a su hijo de enrolarse en el ejército de Estados Unidos para defender la que ahora es su patria de los posibles ataques de los nipones y germanos. Su hermana se opone, es tal la discusión con su progenitor que éste por primera vez le propicia un fuerte golpe. El primero de los muchos que recibirá a lo largo de esta novela. Es curioso como nunca hubo censura en la narrativa de este novelista, con todo y que esta obra es del 2015, fecha en que no estaba tan en boga la cuestión de violencia de género. Hoy en día hubiera sigo quizás un tanto cuestionados los constantes actos de violencia que recibió este personaje a lo largo de toda esta narración. Ese fue el primero de muchos golpes e incluso una violación de la que fue víctima. Sin embargo, este capítulo termina incluso de forma romántica, con los dos hermanos consolándose sobre el automóvil de su casa y comentando que lo mejor será ir a visitar a sus primos Moody y Betty que viven en Los Angeles, California. 

El tercer capítulo nos lleva a L.A., capital del movimiento pachuco, a tal grado que todo inicia con una letra de Lalo Guerrero. Es muy evidente que como investigación para escribir esta novela Francisco Haguenbeck leyó la obra de teatro Zoot Suit de Luis Valdez e investigó sobre los acontecimientos ocurridos en Sleepy Lagoon.
Elsie y Dumbo son recibidos en el aeropuerto por Moody y Betty Alvarado, sus primos hijos de su tía Guadalupe, hermana de su madre. El racismo en dicha ciudad para los de origen mexicano no era menor, eso se pudo dar a entender con un taxista que no los transportó, con la diferencia de que los Alvarado como buenos citadinos eran menos inocentes que sus primos los Moreno. Ambos eran pachuchos y esto se definió en la figura de Juan Alvarado “Moody”, el favorito y consentido de su madre, por lo que se podría decir que lo malcrió y como muchos malos mexicanos, ya estaba metido en el negocio de la distribución de droga. Aspecto que es de mención dentro de esta historia, pues se ha criticado arduamente al cine chicano de exponer la temática de la droga a tal grado de haberla convertido en un cliché, en este caso sólo fue un detonante representado en dicho personaje, de hecho, se convirtió en el fantasma que no deja en paz a su primo en la guerra, elemento tomado de la ya mencionada obra de teatro chicana, en donde es un pachuco que no tiene otro nombre como personaje, el que siempre guía Henry Leyvas.
Betty por su parte es la Pachuca que se juntaba con las hynas de la calle 38, no dejó de pervertir a su prima Elsa María o Elsie. La descripción de la casa de los Alvarado en el Este de los Angeles es todo un emblema de espacios mexicanos de la época. Betty tenía por novio a Sal, un mexicoamericano que ganaba bien pues se dedicaba a la construcción y ya estaba convencido en enrolarse, sólo que a él lo mandaron a combatir japoneses en el pacífico.
Como es bien sabido, el movimiento de protesta en donde se utilizaban esos vistosos trajes provocaba que con frecuencia los marineros blancos atacaran a los mexas que los portaban, no soportaban verlos tan bien vestidos. Sin embargo, Moody compró y lució todo un traje de ese tipo, arduamente criticado por el exceso de tela. Este capítulo no podía terminar narrando otra cosa dentro del verdadero planteamiento narrativo que un ataque dentro de un baile de pachucos, sin embargo, quedó muy bien planteado; el llamado planteamiento que en este caso como han hecho los mejores novelistas hispanoamericanos como Juan Rulfo o Julio Cortázar, no fue de forma lineal sino elíptico. Un grupo de marineros sobre taxis hicieron su aparición armados con bates para agredir a los mexicoamericanos a quemarropa. Minutos antes hubo una confrontación entre Dumbo y su primo, pues descubrió que evidentemente estaba distribuyendo droga. Problema que fue olvidado por el ataque de los militares blancos, aquí Elsie recibió su segunda paliza, pues con mucha valentía y en equidad de género salió en defensa de una pachucha que estaba a punto de ser violada por un marinero pelirrojo al clavarle las uñas en sus genitales descubiertos, pese a que eso le valió varios golpes en el rostro y un brazo roto. La escena es muy fuerte y brutal, en los actuales criterios feministas sería arduamente censurada.
Y como ocurrió históricamente, los encarcelados fueron los agredidos y no los atacantes. En una situación así, Dumbo Moreno tenía sólo dos alternativas, enlistarse en el frente o ir a la cárcel, su primo desapareció en la trifulca y no apareció su cuerpo. Elsie su hermana, con el brazo enyesado comentó que ella se quedaría en California para esclarecer el caso, ella estaba segura de la inocencia de su hermano. A partir de este momento Moody se convirtió en el fantasma que siempre acompaña a Dumbo, tal cual la referencia del pachuco que siempre guía a Henry Leyvas en la ya mencionada obra de teatro de Luis Valdez y que en la versión cinematográfica fue interpretado por Edward James Olmos. En toda la extensión de la palabra, este fue el planteamiento de la novela, que evidentemente hubiese sido más pobre si hubiera aparecido al inicio para que fuera una narración lineal y no elíptica. Además de que aquí parten dos hilos narrativos ya identificados, Dumbo en la guerra en Italia y Elsie en California. Una de las definiciones modernas de novela que la diferencia genéricamente del cuento, es que en dicho género sólo hay un hilo narrativo, mientras que la novela tiene varios, aquí además de los dos mencionados que conforman los protagonistas, está el de Moody y posteriormente en la figura del villano. Pues otro aspecto que define como tal a la novela es, que lo más importante son los personajes, mientras que en el cuento lo es la narración como tal, junto con su fugacidad.

El capítulo número tres nos vuelve a llevar a Italia y nos da un panorama general de lo que fue el desembarco aliado en Palermo, junto al hecho de que no podían cantar victoria, los alemanes aún estaban muy fuertes en lo que fue el imperio del Duce, sobre todo en la parte norte, por lo que necesitaban refuerzos tanto británicos como norteamericanos. Dumbo, por su parte fue condecorado y se convirtió en el dibujante del regimiento, puso un dibujo en su casco de una burra jalada por un soldado al más mero estilo de Walt Disney. Se le pidió que trasladara municiones junto a Ceferino sobre el cabo Perla, una burrita que fue adoptada por su comando a tal grado que la nombraron cabo honorario, no sin antes ponerle las letras U.S. en su lomo al rojo vivo. Por lo que Dumbo, Ceferino y Perla se lanzaron a transportar la mercancía. En el camino llegaron a un campamento británico en donde el superior de ellos con notables “Bigotes Crepe”, los invitó a tomar té, una infusión diferente a la de manzanilla que tomamos los mexicanos para el dolor de estómago, sus simpáticos anfitriones fueron muy directos, o esa noche recibían refuerzos o no la contaban. Todo se interrumpió por la llegada de un tanque alemán rodeado por un comando de ataque, de forma increíble se salvaron pues dicho batallón huía y no tardó en recibir el disparó de otro tipo de tanque, un “Sherman” que le dio en su Talón de Aquiles para dejarlo sin poder avanzar, además de que un francotirador increíble acabó con casi todos los soldados nazis, tanto que trataban de salir del tanque como los de infantería que propició el contrataque de Dumbo y los ingleses, no sin recibir también algunas bajas. Dicho gatillero resultó ser Tony Alonso, un maestro de Los Angeles, nieto de un periodista de Guanajuato que se exilió a Estados Unidos en consecuencia del régimen de Porfirio Díaz y desde pequeño le enseño a tirar con un rifle mexicano Mondragón, mismo que ahora utilizaba en versión remodelada y modernizada para la guerra. Al menos por esa noche el comando mexicano se volvió a imponer ante los arios, esto se corroboró con la llegada de bombarderos tanto británicos como norteamericanos que les dieron a los nazis una derrota que no esperaban y los obligó a retroceder al norte de esa península mediterránea que alguna vez albergó al Imperio Romano.

Francisco Haguenbeck tuvo un pasado como guionista de cómics, por lo mismo siempre estuvo consciente de la importancia que juega el villano en la narración cuando esta lo requiere. En la novela es más fácil su existencia que en el cuento. En este caso era indispensable y por muchas razones no podría ser otro que el típico militar nazi de rango elevado, se llama Franz Von Hagen, que para muchos fue el mejor antagonista de la prosa de Haguenbeck. No es raro que tenga muchos clichés que ya se han explotado sobre los líderes del Tercer Reich, nos recuerda un poco al similar personaje que apareció en la película “Bastardos Sin Gloria” de Quentin Tarantino. También tiene una ardua deducción, es políglota, intuitivo y sin corazón al matar, en su biografía fue capaz de denunciar a su propia madre por tener de pareja a un judío. He aquí la gran diferencia entres los dos personajes, de forma muy inverosímil Hans Landa el personaje cinematográfico de Tarantino se volvió hasta ridículo al final al vender la victoria de Hitler que estaba en sus manos para volverse un ciudadano estadounidense. Von Hagen por su parte está convencido que la lucha de la que ahora es parte es la única forma de salvar al mundo y que Alemania será la elegida para rehacer a la raza humana. Aparece en un París ocupado en donde según él salva a un joven soldado de tener relaciones con una prostituta francesa que mata a quemarropa cuando intenta escapar. ¡Está convencido de la supremacía de la raza aria! Con un pequeño elemento que vuelve al personaje original y único, su fetichismo. En este caso no se menciona nada sobre el holocausto judío ni los experimentos que los nazis hicieron en seres humanos, pues la narración no lo requiere. Lo más cercano fue la creación de su compañera Helga, literalmente una muñeca de tamaño natural para tener relaciones sexuales con ella creada por la ingeniería alemana. Ideal para los militares que viajaban solteros, una hembra con todas las cualidades de una valquiria que evitaba el degenere de tener sexo con prostitutas que hasta podrían ser gitanas o judías. Pero como suele ocurrir con los que las utilizan en la vida real, Von Hagen desarrolló una relación de fetichismo con la muñeca, a tal grado de que la escuchaba hablar y gemir cuando le hacía el amor, era el prototipo que no pudo distribuirse en masa, por lo que se sentía dichoso de poseerla. Ella, como buena y leal esposa, lo acompañaría a su nuevo destino pues recibió la noticia de ser trasladado a Italia con la intención de evitar el avance aliado.

La primera parte de esta novela concluye con el que será el otro hilo narrativo protagónico de esta novela, en la ciudad de Los Angeles, California. Elsie decide quedarse ahí a investigar la muerte de su primo Moody con el apoyo del personaje de Alice Greenfield que también fue inmortalizada como personaje teatral en la ya mencionada obra de Luis Valdez, sobre el caso verídico de Sleepy Lagoon. Aquí hay una reconciliación con su padre, que le entrega algo de dinero para que pueda sobrevivir, no tardó en encontrar un cuarto con la típica casera de mierda y posteriormente veremos cómo se pone a trabajar como remachadora. Antes no dejó de establecer lazos con la policía y pelearse con su neurótica tía Guadalupe que sí culpa a Dumbo del asesinato de su hijo. ¡Ya no podía seguir siendo la típica Pachuca! Hasta aquí la primera parte de la novela “Querubines en el Infierno” de Francisco Gerardo Haghenbeck.

Gerardo Martínez Acevedo.

                                                                                                   “Efrén Bantú”.   

In Memorian del escritor Francisco G. Haghenbeck (1965-2021). Quizás el escritor que reivindicó a la actual narrativa mexicana, luego de un momento de crisis como lo fueron los noventas y la mediocre tendencia a la perversión sexual que la caracterizó.  Este autor primero fue guionista de cómics y adaptó ese estilo propio del guionista a la narración en prosa, ahí encontró en ese género tan entonces menospreciado la forma de cambiar el rumbo de las letras de un país que siempre ha sido privilegiado en ellas y que también lo fue en la industria de su historieta o “Pepín”.
Mi relación con él fue bastante compleja, lo conocimos en un congreso al mismo tiempo en que distribuía la revista P.U.T.A. No nos cayó bien la vez que lo conocimos, por lo que recibí la consigna de analizar su obra, pues yo era el guionista de mi grupo. Ahí encontré una narrativa en prosa excelente y se convirtió en el autor a seguir para posteriormente reflejar su influencia en mis guiones. ¡Hoy ya no podrá seguir produciendo! Y aunque nunca me cayó bien. ¡Gracias Haghenbeck en donde quiera que estés!

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