Microviaje

—¿Y si te lanzas ahora? —preguntó Undam cuando se encontraba al borde de aquel hoyo negro.
—¿Otra vez? —le contestó Ray, que se cansaba de seguir el consejo de su compañero.
—No lo has hecho, vamos  —insistía Undam—, hazlo. Supongo que has de salir al otro lado sin ningún daño. Además, no creo que te pase nada y, finalmente, si te da miedo siempre puedes regresar, ¿no crees?

Al fin Raymundo, mejor conocido como Ray, se decidió, de nueva cuenta, y dejó que la gravedad de aquel pequeño hoyo negro lo succionara como si fuera un embudo. En los primeros momentos se arrepintió y quiso regresar, pero se sintió muy, muy pesado y desistió de su esfuerzo. Se dejó llevar. Todo se puso, obviamente, negro.

Para Undam fueron eones. Para Ray fue sólo un instante pero ya se encontraba de nuevo al lado de su compañero. Era una rara manera de divertirse la que tenían los rayos de luz.

Así que Undam insistió  —¿Y si te lanzas ahora?

Mario Alberto Vargas

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