Viaje familiar

La familia Domingo se encontraba realizando su típica travesía familiar por carretera que hacían todos los veranos y que esta vez consistía en atravesar la región montañosa para después bajar y disfrutar de las playas del pacífico. Enrique se encontraba muy emocionado ya que estaba estrenando el sistema GPS de su nuevo coche y ya no dependía de que Sofía le estuviera dando las rebuscadas indicaciones con el mapa o tener que pedir ayuda a los de la región; ahora sólo tenía que ingresar el destino en la consola y esta lo guiaría todo el tiempo.
—¡Excelente! —dijo cuando vio que el tiempo de la ruta en pantalla bajaba a dos hora de camino—. Estaremos llegando a la playa antes del atardecer y no en la noche como pensábamos.

Con cuatro horas de camino el GPS les marcó una desviación, con ganancia de tiempo considerable, que atravesaba la montaña por un túnel. La familia votó y con tres a favor ganó el desvío, sólo la pequeña Brenda votó en contra debido a las historias de fantasmas que le había contado Mary durante el viaje.

El camino estaba muy despejado y se podría decir que eran los únicos en aquella carretera y mientras admiraban las montañas y de lo frondoso del bosque, el GPS indicaba que el túnel estaba a menos de cinco kilómetros. Cuando llegaron al túnel Mary pausó la reproducción de su música portátil y se retiró los audífonos observando cómo el boscoso panorama fue sustituido rápidamente por oscuros bloques de concreto y luminarias blancas que apenas emitían algo de luz comparadas por la intensidad el sol de mediodía que acababan de dejar atrás.
En el instante en que entraron al túnel la pantalla del GPS indicó que se había perdido la señal. El túnel aunque se veía moderno era un tanto estrecho para recorrerlo a la velocidad a la que viajaban por lo que Enrique desaceleró un poco mientras la familia seguía observando la construcción.
Brenda se levantó de su asiento, agarrándose del respaldo de su madre veía cómo las luminarias frente a ellos parecían cada vez más pequeñas hasta desaparecer a lo lejos.
—¿Qué tan largo es? —preguntó a su padre mientras seguía con la vista perdida en el fondo del túnel.
—Es corto, menos de dos kilómetros cuando mucho, pero no se alcanza a ver la salida porque curvea un poco.
Después de diez minutos el ambiente se estaba poniendo un poco tenso, el túnel no terminaba por más que avanzaban.
—Vaya, debe ser mucho más largo de lo que indicó el GPS —dijo nerviosamente Enrique.
Brenda estaba muy inquieta y no paraba de estar preguntando que si realmente había fantasmas en los túneles, que cuánto faltaba o que si le podían pasar el agua.

Conforme recorrían el encerrado camino daba la impresión de que la iluminación iba menguando su intensidad. La primera en notarlo fue Brenda quien fue desmentida por su hermana.
—No digas mentiras, está igual de brillante que hace unos momentos —contestó Mary ya fastidiada.
Sofía se asomó por el retrovisor y vio que la entrada del túnel ya se había perdido de vista por lo que ya llevaban buen trecho recorrido. veía cómo Enrique estaba completamente concentrado en el camino por lo que decidió guardarse el comentario sarcástico del GPS hasta que salieran del túnel.
—Mami, hay unos niños afuera —interrumpió el silencio la pequeña Brenda—. Quieren que les abra la puerta.
—¡Ya basta, Brenda! No es gracioso —dijo su madre—. ¿No estás viendo que tu papá está tensionado y tú sales con esas cosas?
—Ma.. má.. —dijo Mary con la voz quebrada apuntando a la ventana del lado de su hermana donde se apreciaban manchas en el vidrio—. Bre.. Brenda no está mintiendo, hay algo afuera.
Sofía se llevó la mano a la boca al girar y mirar el vidrio que apuntaba Mary, este estaba lleno de pequeñas manchas de manos pequeñas.
—¡Amor! —gritó asustada Sofía— Algo está pasando —sacudió a su esposo pero este seguía sin quitar la vista al frente.
El tablero del coche indicaba que iban a una velocidad de veinte kilómetros por hora, Enrique estaba bajando cada vez más la velocidad debido a que apenas podía ver el camino a causa de la tenue a luz que emitía los faros del coche “me debe estar fallando la batería” pensó sin prestar atención alguna a los gritos de su esposa e hijas.
Las niñas se abrazaron cuando escucharon como las puertas del coche estaban intentando ser abiertas por fuera.
—¡El seguro! —gritó la madre— ¡Pongan los seguros!
Mary se soltó rápidamente de su hermanita y echó un vistazo hacia ambos lados verificando que las puertas estaban cerradas, con esto se aseguraba que nadie iba a poder entrar.
El auto cada vez iba más despacio, Sofía desesperaba soltaba manotazos a su marido —¡Reacciona! No me hagas esto, ¡hay algo afuera! —imploraba ella mientras él seguía sin prestarle atención alguna.
Sofia dió un grito por la desesperación e impotencia que tenía en ese momento, eso le fue seguido de un silencio donde sólo se escuchaba el motor del coche y los sollozos de las niñas; eso duró algunos segundos ya que algo comenzó a tocar insistentemente las puertas del coche acompañado de risitas de niños que venían de todas partes.

Mientras dentro del coche reinaba el pánico, la tenue luz que quedaba proveniente de las farolas del auto se esfumó por completo lo que ocasionó que el padre frenara hasta haber detenido el automóvil.

—¡Hemos llegamos! —fue lo último que dijo Enrique previo a que reinara el silencio y la completa oscuridad.

Eduardo Nápoles

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