Los años metálicos: Una perspectiva en viñetas del Heavy Metal en Argentina (2 de 2)

El Black Metal, pese a que se ha identificado arduamente con los países nórdicos, tuvo su génesis en Inglaterra. Con el grupo “Venom” que lo dio a conocer precisamente con el álbum del mismo nombre: “Black Metal”. Es ya redundante hablar de su estética e ideología, fundamentada en el satanismo que cada vez es más evidente de que se trata de una farsa.
Como ejemplo fue el famoso caso del vocalista del grupo “Silencer”, que ya recientemente se acaba de descubrir que nunca se cortó sus manos para coserse patas de puerco, todo fue una estrategia para que se vendieran mucho más sus discos. También ya se mencionó la otra parte del metal que cada vez toma más fuerza y es totalmente de carácter cristiano. Máxima representación en México e Hispanoamérica es la organización de “Alcance Subterráneo” con sede en Tlalnepantla, Estado de México.

De igual forma el segundo libro de “Los Años Metálicos” de forma muy irónica comienza citando pasajes de la biblia, no se identifica si es cristiana o católica, en específico del “Eclesiastés”, pasajes quizás un poco fuertes e inadecuados al criterio de Vicky, Noirin aclaró que los pasajes fueron escogidos por Ariel. Era Mariano el que leía y el resto de “Barbarian” estaba presente y escuchaba. De ahí se ve cómo Ariel está en la playa, se quita la mascarilla y pide cinco minutos para despedirse, corre completamente desnudo. Vuelve a ser joven como cuando vivía en Mallorca, besa a su amada y le hace el amor. Para agradecer a “Barbarian” y correr a la mar, no sin antes de dar las gracias por todo.
Luego de eso, se podría decir que hay un intermedio en la narración al mostrar las tiras de “Judas Riff”, también de creación de Juan Carlos Quattorio. De forma un tanto sorprendente este estilo es muy intermedio entre los dos que se citaron en un principio, tanto que algún lector ibérico podría mostrar fascinación con el parecido a “Pedro Pico y Pico Vena”, como cualquier lector de las colonias populares de la Ciudad de México se sentiría identificado en la notable similitud con “Simón Simonazo” y “Chiss”. Aunque hay algunos aspectos demasiado propios, al igual que en la España del Post Franquismo y en una juventud mexicana que nunca volvió a ser la misma luego de la matanza del 2 de Octubre de 1968.
El hecho de lo que las madres que vieron a sus hijos morir con la dictadura no veían nada bien que sus hijos formaran parte de una subcultura como lo fue el “Heavy Metal”.

De ahí siguieron una ardua recopilación de las tiras del autor, que aunque no dejan de ser arduamente divertidas, sí desvían por completo la lectura y el hilo conductor de “Los Años Metálicos”. Es hasta la página 33 que vuelve la noción de lo que se estaba contando. Como crítica constructiva, esta recopilación debió ser un anexo que apareciera después de terminada la trama.
La historia muestra la habitación de Juan Carlos cuando era un adolescente que convivía en dos mundos, el Metal y el Cómic. Ahí para muchos es imposible que no exista esa nostalgia del cuarto que se tuvo cuando se vivió en familia, antes de quizás estar errante de una departamento a otro y en el peor de los casos, cuando hubo una mala mujer de concubina que haya destruido todo. Y de ahí viene un repaso de sus influencias en la música, de los Beatles y Charly García, hasta que abrazó el Heavy Metal, además de ser testigo de otros importantes movimientos como lo fue el Grunge.
Narrando además cómo a mediados de los ochentas trabajaba ya profesionalmente como historietista y se convirtió al metal al incursionar como cantante además de dibujar la ya mencionada tira de “Judas Riff” menciona que fue “Queensayche” la banda que lo sedujo por encima de “Iron Maiden” y todas las demás agrupaciones clásicas de la época. Al grabar el disco, que tanto le agradó, a casete y escucharlo en su típico walkman parece que se convirtió en un himno de lo que tenía qué hacer con su vida. Regresó a su casa caminando y no dejaba de repetirlo: “Un lugar esperando a que alguien lo iluminase. Dicen que la juventud está para que sea heroica. Pues bien, esta canción era un himno de batalla espiritual”. Aquí el hecho de que Juan Carlos Quattorio regresara caminando a su casa coincide bastante con los que en el 2005 colaboraban en el programa de radio, “El Despeñadero” de Guadalajara, cuando la estación aún estaba en el centro de la ciudad. Como anécdota que coincide con la narración de “Los Años Metálicos”, en una ocasión una joven soprano se le declaró por teléfono a uno de los miembros del ya mencionado programa radiofónico que era diez años mayor que ella.
A sus 25 años, el colaborador regresó a su casa por las zonas más peligrosas posibles, pues sentía que lo que había hecho fue lo peor: aceptar una relación con una jovencita de 15 años. Sobre la marcha se dio cuenta que fue lo mejor que le pudo pasar a esa joven.
Yon pasó por lo mismo al conocer a una muchacha que le gustaba “Queensayche” y conseguir un póster de dicha banda que en ese tiempo era difícil adquirir en la Argentina, pero le encantó la unión con esa chica y al poco tiempo estaban los dos desnudos y protegidos por el vocalista de dicha banda. De igual forma se comentó que el joven que comenzó a andar con la que ya a sus 15 años era toda una vocalista soprano y que podía imitar sin problema y en un perfecto inglés la forma de cantar de Tarja Turunen, ex vocalista del Nightwish.
Todos los sábados le hacía el amor bajo la protección de una notable imagen del grupo riojano de Power Metal, “Tierra Santa” y que irónicamente también tenía la fuerte intención de convertirse en guionista profesional de cómics, por lo que de forma también muy poco usual y difícil de conseguir en ese tiempo, tenía un póster del guionista británico Alan Moore. Una muy notable coincidencia con los hechos que Juan Carlos Quattorio narra al estilo de la escuela historietística argentina.

A continuación el autor da una reseña de lo que siguió sucediendo con su banda favorita hasta emigrar a Suecia a probar suerte, ahí perfeccionó su inglés y supo todo lo que decían sus bandas, pese a que extrañaba a su novia. Y como suele suceder entre los metaleros, le dedicó una canción a su relación. Y de ahí vinieron los tiempos de crisis tan típicos en los noventas en toda América Latina, sin embargo, él volvió a Suecia para vivir desde allí la muerte de su padre, el rompimiento con su novia, la llegada de una nueva pareja sueca, los típicos problemas de migración, etc.

Periodo de crisis como los que muchos hemos pasado y que lo obligaron poco a poco a volver a Argentina. Ahí cumplió un sueño que también tiene todo metalero decente, ver a su banda favorita en vivo. Y en base a otro aspecto muy recurrente como lo son los medios, cumplió otro sueño que también tiene todo amante del metal, conocer en persona a su banda. Como aspecto complementario, la mencionada pareja mexicana conoció también en persona a Nightwish en la Ciudad de México, pese a que él no era tan fanático de dicha banda finlandesa. Y de forma muy similar esa pareja que en su tiempo fue de las más famosas de la comunidad del Metal tapatío, poco a poco tuvo que separarse y se dice que fue algo necesario para que los dos pudieran cumplir con sus sueños.

De igual forma Quattorio cuenta poco a poco su experiencia al conocer a “Queensayche”, hasta aparecer una imagen de cómo es actualmente. Siguió narrando su experiencia y de ahí pasó a seguir conociendo a sus ídolos no sólo del Metal, sino del cómic, entre los que sobresale Solano López, dibujante del “Eternauta”. De forma similar el joven mexicano al separarse de la soprano poco a poco cumplió también sus sueños en relación a la historieta, mientras ella también comenzó a trascender, en palabras del difunto locutor del “Despeñadero”, Antonio Muñoz Castellanos, “luego de esa separación ella sólo supo andar con retrasados mentales”. Y finalmente hay fotos de una muy notable aclaración del autor sobre lo que fue la novela gráfica de “Los Años Metálicos”. Su banda en realidad se llamó “Conan”, no “Barbarian” (Y es muy evidente la relación), no fue algo totalmente autobiográfico, tal cual como una obra de no ficción, sino un 50% y otro 50%, en base a testimonios de personas que él conoció en el medio y vivencias que le comentaron, de hecho, específica que el personaje de Ariel fue totalmente ficticio en su existencia. Es lo que popularmente en la literatura mexicana se ha denominado como otredad en estos tiempos que sobre todo en los medios historietísticos está tan en boga, mostrar la historia de personajes más relacionados con la vida real, ante el hecho de que los lectores ya están cansados de los personajes sobre humanos del Manga y los Súper Héroes. A su vez comenta que no pudo entrar a la legendaria revista argentina “Fierro” tan fácilmente hasta la creación de su ya mencionado personaje “Judas Riff”. A la vez menciona cómo primero que nada la historieta llegó a su vida y comenzó a publicar a una edad muy temprana a la que muchos mexicanos hubiesen deseado comenzar, pero lamentablemente la brecha generacional en la que la generación paralela de nacidos a finales de los setentas y principios de los ochentas, en que ya no había una industria como tal, provocó que se nos cerraran bastante las puertas para que la mayoría pudiera comenzar a una edad posterior. Además de que en Argentina publicaciones como la ya mencionada y maestros como Breccia, Altuna o Jiménez que mantuvieron viva la tradición, facilitaron bastante que en el sur del continente, fuera más fácil incursionar desde temprano en las viñetas. Pero lo interesante, como él mismo lo expresa es que su emblema fue el de ser un historietista metalero y también incursionar como vocalista en el ya mencionado y en otros grupos de su tiempo, algunas de estas participaciones se pueden apreciar en las fotos que incluye al final. Junto con citas de entrevistas en video y otro material adicional.

Para concluir con su cronología, la de un Juan Carlos Quattorio Prontuario, nacido no en Mar de Plata, sino en Buenos Aires, como los muchos mexicanos que nacen en México, D.F. y se educan en otros lugares como pueden ser Guadalajara o Monterrey. Ahí vienen sus participaciones como autor de cómics tanto dentro como fuera de su país, además de su participación en animaciones. Para concluir con la publicidad de su otra novela gráfica, “Argentina Potencia”.

Finalmente los Años Metálicos es una fusión muy interesante de lo que ha sido el Heavy Metal con el cómic en los países hispánicos. Ha sido una subcultura que se ha mantenido pese a los años, a la persecución tanto por el estado en varios países, como de la iglesia conservadora que los tacha de satánicos e incluso de aquellos que no tienen tolerancia de entender a un género musical tan rico que proviene más de la música clásica que incluso del Rock And Roll, sobre todo en un país como México en donde el 80% de la población escucha música sin sentido como lo es la banda o los narcocorridos que sólo han provocado daños en la juventud al fomentar el crimen organizado y el narcotráfico.

Gran logró es que no han tenido una representación en viñetas ni la tendrán, al menos no como incluso en este país la ha tenido “Simón Simonazo”, en España “Pedro Pico y Pico Vena” y en la Argentina “Judas Riff”. En el 2019 dejó de existir Antonio Muñoz Castellanos, locutor durante más de 30 años del programa de radio “El Despeñadero”, de Red Radio Universidad de Guadalajara. Y en sus palabras, “Me hacía mucha falta haber tenido a un colaborador que también fuera capaz de hacer cómics”. Las viñetas y los senderos oscuros del metal están muy ligados y ya era hora que hubiera una fusión propiamente dicha. ¡Ojalá que más dibujantes levanten los cuernos mientras trabajan en sus páginas! ¡Ojalá que más guionistas escriban sus historiar al ritmo de Iron Maiden, Judas Priest u otras bandas clásicas! ¡Ojalá que estás dos formas de vida se sigan fusionando! ¡Ojalá que haya más autores metaleros de historietas! ¡Ojalá que haya más músicos de Heavy Metal que también se dediquen al respetable arte de las viñetas! ¡Larga vida al cómic y al metal!”.

Gerardo Martínez Acevedo “Afrén Bantú”

In Memorian: Antonio Muñoz Castellanos, pues la radio en Guadalajara ya nunca será la misma sin la voz de esa “momia”. ¡Gracias Toño en donde quiera que estés!

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