El Gaucho: Erotismo, aventura y un drama histórico (1 de 2)

         Para muchos críticos y lectores en general, el italiano Milo Manara está considerado como el mejor dibujante de Cómic Erótico en el mundo, superando a su coterráneo Guido Crepax. Sin embargo, pese a que como tal la narrativa gráfica europea está considerada también como la mejor del mundo, en sus viñetas se ha presentado un fenómeno arduamente curioso y específicamente en autores de mucho prestigio como el ya mencionado Manara, en específico su entrega “Las Aventuras Africanas de Giuseppe Bergman”, carece por completo de coherencia y sentido narrativo, sale a relucir que pese a decepcionar en su calidad en el dibujo, en verdad que le hizo falta un guionista. No es el único caso, otra “vaca sagrada” de la historieta en Europa como lo es Enki Bilal, nacido en la capital de la ex Yugoslavia y nacionalizado francés, en su saga en solitario con frecuencia dio a notar una notable incongruencia en su narración, echando de menos las buenas historias que le escribió el guionista francófono Pierre Christin. Al respecto, una de las más recientes (relativamente hablando) mancuernas de Milo Manara fue con el también famoso y todavía más criticado Alejandro Jodorowsky en su versión de “Los Borgia”. Ambos creadores ya de edad avanzada demostraron en esa mancuerna llegar a una auténtica madurez y una auténtica calidad gráfica y literaria, sin por ello renunciar al notable estilo que los caracteriza a ambos. En el caso de Jodorowsky, no ha dejado de escribir los notables “disparates” a los que tiene acostumbrados a sus lectores, y eso relució en “Juan Solo”. No se niega que tiene cierto mérito narrativo al lograr que verosímilmente la locación pueda ser tanto la Ciudad de México, como Bogotá; pero sin entrar en detalles, el protagonista en ocasiones se asemeja a “El Topo”, sólo con la diferencia que aquí no trató de hacer un “Western”, sino una historia sobre el narcotráfico en los países de América Latina a su ya tan criticado estilo, basta decir que el mencionado antihéroe nació con una cola y fue criado por un enano travestí que lo amamantó con leche de perra callejera.

Volviendo a Milo Manara, no hay que olvidar que siempre ha considerado como su maestro al también italiano Hugo Pratt, que con frecuencia aparecía en su saga de “Las Aventuras de Giuseppe Bergman”, a todas luces el “alter ego” de Manara. Anteriormente ya se analizó la importancia de Pratt en su personaje más popular, “Corto Maltese” (también aquí en el Ojo de Uk), con todo y que no es lo único que este autor realizó en su larga trayectoria, es ya famoso su papel sólo como dibujante en su estadía en Argentina en mancuerna con el también legendario guionista Héctor Germán Oesterheald en la creación en conjunto del personaje “Ernie Pike”, que posteriormente el también escritor de “El Eternauta” continuó con otros artistas. De vuelta a Italia, Pratt también dejó a un lado sus emblemáticas acuarelas para dedicarse de lleno al guión, teniendo por dibujante precisamente a Milo Manara en donde sobresalen dos obras, “Verano Indio” y la que en esta ocasión se reseña, “El Gaucho”. Antes es necesario mencionar algunos aspectos de la independencia de “Río de Plata” (Argentina), que no se parece al de otras insurgencias hispanoamericanas tales como lo fueron las de Nueva Granada (Venezuela) o Nueva España (México). Sin embargo, hubo un factor en común para todo el continente, “Las Reformas Borbónicas” y en este caso hubo otro acontecimiento que provocó que la población rioplatense que como ya se sabe, está formada en su mayoría por criollos no sólo de origen ibérico, sino italiano, prescindiera de la corona española, dicho acontecimiento fueron las invasiones británicas.   

La historia comienza con un prólogo muy largo, al más mero estilo de la narración de Hugo Pratt. Es en una muy reconocible pampa argentina, dentro de un período que definitivamente no es el de la independencia, sino en el del exterminio indígena de finales del Siglo XIX, en el que cronológicamente se desarrolló el gauchismo.
Militares llegan a una toldería india, los nativos huyen y sólo quedan uno que dialoga con el jefe de los recién llegados luego de invitarlo a tomar un mate y presentarle a un anciano con más de cien años que resulta ser un hombre blanco; llega otro soldado más joven y toma nota de todo lo que el viejo cacique ha de contarle. Se presenta como “El Tambor” Tom Browne del “71 Cazadores Escoceses” al mando del General William Carr Beresford. Esta primera escena no es inverosímil, recordando el caso de Gonzalo Guerrero, español que al naufragar en la península de Yucatán se convirtió también en cacique, así como en el primero en contraer matrimonio formal con una indígena en el continente, que de hecho murió peleando contra los conquistadores, accediendo antes a que se le modificara el cráneo, tal cual los lineamientos estéticos de los mayas.
Volviendo a “El Gaucho”, después de la presentación del narrador y el recuerdo de una mujer llamada Molly Malone, comienza la analepsis: un ocho de junio de 1806, en el “Virreinato de Río de la Plata”, delante del puerto de Buenos Aires. Y dicha ciudad se nos presenta con el buen recurso gráfico de la perspectiva del telescopio, que poco a poco va aumentando el plano acercándose a la ciudad, adornada con las típicas gaviotas que están tan presentes en las aventuras de “Corto Maltese”. Es en la siguiente página en que vemos militares británicos sobre una fragata de la época y uno de los generales mira por el telescopio, hay dos tipos de uniformados, unos de rojo y otros de azul que por un momento se amotinaron entre ellos, hasta el momento en que venció un ideal en común: están ahí para vencer a los españoles. Al final se ve toda la flota en un plano general y hay un brindis en donde se habla de las logias masónicas que facilitaron la llegada de los ingleses y se mencionan a miembros fundamentales, como a los caraqueños Simón Bolívar y Francisco Miranda, pues no hay que olvidar que dichas sociedades fueron fundamentales en la independencia de Hispanoamérica. Y de forma interesante dicho tema concluye cuando unos de los ingleses propone algo de sexo comentando que en la cobertura del barco “Encounter” tienen a jóvenes prostitutas irlandesas que los esperan para complacerlos, por lo que se le ordena al contramaestre Dadle que les dé un baño a las chicas, ahí el lector conoce a un jorobado llamado Matthew que tendrá un papel fundamental en esta narración; éste, utilizando un lenguaje muy propio del doble sentido italiano, comenta que a uno de los jóvenes tambores le han roto “El Tabernáculo” (se ha comentado que el doble sentido itálico es de los pocos que está a la altura del mexicano), posteriormente vemos a las sexoservidoras distribuidas en la cabina al más mero estilo de Milo Manara. El contramaestre abofetea a una de ellas sólo por comentar que soñó con una “Banshe” (seres mitológicos celtas), escena que hoy se consideraría violencia de género pues logra hacer sangrar de la nariz a la joven. El jorobado al instante saca su cuchillo y confronta al marino, demostrando que pese a su deformidad física sabe defenderse, ahí postrado está el grumete al que le han roto el ano y es notable que las mujeres que ahí aparecen son de los mejores trabajos de su creador, en específico se pregunta por una de nombre Molly al mismo tiempo que otra muestra una de esas bellas vaginas que sólo Manara sabe dibujar. Molly por su parte está en cubierta con un tambor rubio y las típicas gaviotas que nos recuerdan a cierto marinero con arracada.
El jorobado llega a darle una cubetada a la prostituta y el lector se da cuenta en las pecas de su rostro, que excitan a todo aquel que la aprecie y luego también escarmienta al joven sangrándolo de la sien, corroborando su peligrosidad le hace entender al muchacho que Molly es la favorita del Pomodoro Popham, este adolescente anglosajón, es el viejo que está contando la historia.
De ahí la secuencia se dirige a los oficiales que siguen hablando del reparto del tesoro a los miembros de las logias de Buenos Aires y la estrategia de ataque hasta que entran las muchachas irlandesas en una notable escena erótica de burdel. En la cubierta observan con telescopio y aparece el que ahora sabemos es el narrador con una venda en la frente. Un Capitán de Marines llamado Gillespie le dice que lo acompañara al puerto a encontrarse con un inglés de nombre Russell, residente de la ciudad del que no hay que confiarse.
En cubierta Molly aparece, pues ha terminado de darle placer a sus clientes y alcanza a ver a Tom dejar la fragata. Desembarcan en San Isidro y es claro el diálogo de hacer de Argentina una colonia británica, lo que al final no provocó otra cosa que su independencia.
En una especie de pantanal, un mestizo-zambo llamado José Otalora espera con un grupo de negros que aspiran a obtener su libertad aliándose a los ingleses, cuenta algo de su basta genealogía, teniendo sangre negra, española y charrúa para poner al tanto a los invasores sobre el regimiento de “Dragones de Buenos Aires”. De ahí viene el hecho de que su población criolla, india y africana se pondrán de parte del más fuerte y dejó a Tom como rehén.
Al regreso del militar Gillespie, el de la joroba sospechó algo; pues no sólo era un tipo peligroso pese a su deformidad, sino también muy inteligente y deductivo. Ahí descubrió al teniente que violó al otro tambor y de forma letal, él y el contramaestre Dadle lo asesinan y lo echan de la cubierta al mar sin que el resto de los militares de rojo lo hayan notado. De ahí vemos de nuevo a dos de esas bellísimas vaginas que sólo Manara sabe dibujar, Molly junto con otra prostituta le dan placer a uno de los oficiales de nombre Sir Home.
El rostro pecoso de la irlandesa reforzado con sus esponjosas nalgas, comprueban porque muchos europeos han comentado que las mujeres más bellas del mundo son las que dibuja este autor.

Posteriormente dicho oficial se encuentra con Gillespie y le comenta que los negros e indígenas están con ellos en promesa de libertad, momentos antes eso fue lo mismo que pidió Molly, Home dice que sólo hay que utilizarlos de momento y ahora viene una notable crítica que Hugo Pratt hace del colonialismo británico, ya que este militar menciona a los compatriotas que los han de ayudar a tomar esa colonia, que en ese tiempo era tan importante para su imperio (pues conectaba a los dos océanos antes del canal de Panama), nombra a los reos que no lograron llegar a Australia, a los corsarios, piratas, contrabandistas, negreros, etc. ¡También en “Verano Indio” hubo una crítica parecida!
En cubierta, Molly pregunta al deforme por Tom, ella les pide ayuda para desembarcar y encontrarlo, corrobora que siente amor verdadero por él. El contramaestre le pide algo a cambio y ella le ofrece sus nalgas a lo que él responde que prefiere verla bailar. Por lo que ella hace un paso del ya famoso baile irlandés, pero sólo en una viñeta. Conspiran en escapar y adentrarse en el continente, pero para eso hay que encontrar a su amigo extraviado.
De ahí hay un salto a la comunidad negra que hace un “Candombe” (manifestación cultural afro-uruguaya en base al ritmo de los tambores) y de nuevo hay un fuerte cliché muy presenté en Hugo Pratt al representar a la mujer negra de una forma que no deja de ser muy similar al personaje de Eufrosina, la mamá de Memín Pingüín. La música es interrumpida por soldados españoles que asesinan a José Otalora al haber descubierto su afiliación con los invasores a cambio de la promesa de libertad, Tom se defiende y mata a uno de ellos, pero no logra escapar y es capturado. Al instante se le reconoce como uno de esos piratas ingleses, le muestran la cabeza de José con la amenaza de hacerle lo mismo.
Volviendo a la flota británica, hay aquí la que muchos críticos consideran una de las más bellas secuencias en la historia del cómic, en donde las prostitutas bailan al son irlandés paso por paso, sin onomatopeyas ni diálogos, ayudadas sólo por líneas cinéticas, sobre todo se enfoca a Molly, al final vemos esos bellos rostros y expresiones que caracterizan a las mujeres de Manara.
Luego de la danza, Clagg se la lleva a la cama con la promesa de fugarse a las cinco de la mañana, Matt se lamenta de tener su deformidad.
Cambio de escena y escenario a una típica hacienda española, ahí vemos a otra chica de esas que este autor hace ver tan hermosas cuyo nombre es Aureliana, una típica joven rica de las haciendas de Hispanoamérica que se confronta con el oficial que capturó a Tom, pues ella quiere verlo cautivo en su establo. Ahí cruza su mirada con el tambor. El esclavo negro del lugar le dice a la muchacha que sabe hablar inglés, ella quiere que lo suelten pues tiene su misma edad, Cipriano el mencionado hombre de color que habla su lengua, recoge la cabeza de José que era su sobrino y la entierra poniendo al tanto al rehén de lo que ocurre. La acción muestra a los militares hispanos acampando en las afueras del rancho y tomando mate. El que se confrontó con la chica es un tuerto que ha jurado violarla, pese a que otro le dice que ya que perdió un ojo por una acción similar, no tardará en quedarse ciego. Pese a todo, jura que se las pagará. Luego todos se retiran y sólo se queda ese guarro de nombre Reyes.
Viajando al pantanal vemos que sí hubo una fuga de parte del contramaestre, el jorobado, Molly y otras tres prostitutas que viajan en un velero. Desembarcan y ven la choza del “Candombe”, es Matt quien se acerca pues habla algo de español. Ahí se encuentra con Cipriano y se pone al tanto del cautiverio de Tom, haciéndose pasar por jardinero consigue trabajo en la hacienda española para liberarlo. Clagg y las chicas comentan que esperaran en Buenos Aires, en la casa del tal Russell.

Hasta aquí la primera parte de la reseña de esta obra maestra de la historieta europea que de forma muy irónica, nos pone al tanto de hechos muy propios de la historia de nuestra América Hispana.

                                                                                         

                                                                             Gerardo Martínez Acevedo.                                                                                           “Efrén Bantú” 

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