La paradoja de la mariposa

El caos es evidente e inevitable, al menos eso es lo que creo. He estudiado con detalle el multiverso porque tengo la certeza de que existe, no es ningún secreto. Existen infinitas posibilidades al tomar una decisión, infinitas posibilidades en un día, infinitas posibilidades en una vida, y por lo tanto infinitos universos donde suceden cosas infinitamente diferentes. Todos chocan y se enredan casi todo el tiempo, cada uno depende de los otros, cada diferencia se relaciona con cada similitud, pero nunca pueden ocupar el mismo plano por mucho tiempo, pues esto podría conllevar a un desequilibrio o incluso a la destrucción de este plano.

No obstante, después de una larga y extenuante investigación en diferentes revistas y foros científicos he encontrado diversos casos que me sirven como base para creer que es posible que lo que ha estado pasando no son simples choques, son diversos universos tratando de ocupar el mismo lugar al mismo tiempo.

Permítanme citar algunos:

• En París, una mujer se encontraba caminando por Avenue Montaigne, es cierto que esa es una calle concurrida y de haber chocado con una persona no le habría sorprendido, sin embargo, la chica francesa se encontró chocando con lo que parecía ser una mesita vintage que salió de la nada, un dolor punzante se extendió por todo el muslo de la pierna derecha, soltó una retahíla de palabras no muy apropiadas, pero instantes después se dio cuenta de que la mesa ya no se encontraba ahí.
• En Ámsterdam, un joven holandés mantuvo una interesante conversación con su hermana, al voltearse tan solo unos segundos para recoger un bolígrafo que se le había resbalado de las manos se topó con que ella ya no estaba ahí, su hermana solía ser muy bromista y supuso que quizás quería asustarlo, pero por mucho que le habló diciéndole que no estaba de humor, de igual forma no parecía interesada en salir de su “escondite”, desconcertado la buscó por toda la casa donde por fin la encontró profundamente dormida en su habitación. Al día siguiente le preguntó que fue lo que había pasado y ella afirmó que no recordar haber tenido dicha conversación.
• En Lima, una mujer se disponía a preparar la cena cuando al abrir la alacena se encontró con que nada de lo que había ahí era suyo, no sólo eso, al darse la vuelta se dio cuenta de que esa en absoluto era su cocina, pensó que quizás se lo estaría imaginando pues no había descansado muy bien en los últimos días, sin embargo, con el paso del tiempo y el repentino cambio de ambiente que trajo de vuelta consigo su verdadera cocina ya no estuvo tan segura de ello.

Cualquier persona creería que son disparatadas teorías, pero yo no, después de tantos años de estudio sé que todo es posible, pues no hay aún una ciencia cierta de que es lo que realmente puede pasar.
Me paso las manos por el cabello, estresado. Se que quizás no soy la única persona que llegó a esta conclusión, no obstante, los estudiosos de este tema suelen ser bastante reservados y recelosos, lo cual vuelve casi imposible poder contactar con ellos y conseguir hacer una cita, pero pues manos a la obra, no tengo muchas opciones.

Me encamino decidido hacia mi oficina para hacer llamadas y enviar mensajes, sin embargo algo llama mi atención. Una espalda ancha, el cuerpo esbelto, el cabello negro descuidado y despeinado que llega un poco debajo de la nuca. No muchas veces he visto a esa persona de espaldas, sólo unas cuantas, en fotos; a pesar de ello esa postura tensa pero de suficiencia, sé a quién pertenece sin duda.
—¡Jonathan! —grita.
Escuchar mi nombre pronunciado por una versión de mí es algo que nunca creí tener que experimentar, incluso aun sabiendo la grandeza de este universo.

Salgo a toda velocidad procurando no tener que toparme conmigo, generalmente esa teoría se utiliza para la posibilidad de un viaje en el tiempo, pero de cualquier forma podría ser peligroso toparme con una versión mía de otro plano pues como ya dije, nada puede ocupar el mismo lugar en el espacio.
Estoy tan nervioso que no me doy cuenta de que no me dirigí a la oficina, sino a la estancia, me doy la vuelta para regresar y ahí está (o estoy) mirándome fijamente. Parpadeo, esperando alguna especie de colapso, pero no pasa nada.
Me lanza una sonrisa cómplice y me dice “Te encontré”.
—¿Qué demonios…? —digo con la voz seca.
—Estaba buscándote, tenemos que resolver lo que está pasando. Tenemos que impedirlo.
—¿Buscándome? No tenías idea de qué podía pasar, pudiste ocasionar un colapso espacio-tiempo. ¡Pudiste matarnos a todos! —le digo con brusquedad.
—Ey, tranquilo, esa no es manera de tratarte —dice con una sonrisa de medio lado—. Además el universo ya está colapsando, ¿no? ¿Qué diferencia habría hecho?
Sonrío, quizás él pueda agradarme, luego me doy cuenta de que él soy yo así que en realidad eso no tiene mucho sentido.
—¿Por qué se te ocurrió hacer esto?
—Bueno, dos mentes brillantes trabajan mejor que una.
-Pensé que nadie podía viajar entre universos por cuenta propia.
—Oh, créeme es posible, puedes ocupar un choque común e interceptarlo, no habrías tardado mucho en darte cuenta.
—Estaba casi seguro de que algo muy malo pasaría si me topaba contigo — digo honestamente.
—Bueno, supongo que hemos desmentido una teoría.

Después de una semana de investigación aún estamos tan perdidos como antes, sabemos que se puede intervenir en el cruce entre realidades, pero evitar un choque masivo entre quien sabe cuántos universos paralelos parece imposible tan sólo de pensarlo. Estamos estresados y sin más ideas, hemos probado de todo pero nada a dado resultados y hemos comenzado a darnos por vencidos, pues las fallas son cada vez más grandes.
—Jonathan… —murmura mi otro yo mientras señala mi brazo, volteo y veo como parte de mi brazo ha empezado a desaparecer tras una estela naranja, dejando una sensación de inexistencia.
—¿Q-Qué acaba de pasar?
—Creo que lo que temíamos está pasando finamente —dice con cautela.
—Pe… pero tú estás bien, a ti no está pasándote nada —nos acercamos a la ventana y vemos gente desaparecer, al igual que objetos, animales, casas, pero no todo, sólo una parte.
—Eso es —decimos al tiempo—, impactaron y como con el aleteo de una mariposa todo lo que lo rodaba cambió de dirección. Se creó un cambio de realidades.
Me mira.
—Pero tú no deberías irte. Este es tu universo, no el mío —dice con desesperación.
—Ya no más
A veces hay que aceptar cuando no queda nada más por hacer, incluso yo que he estudiado esta rama de la ciencia por tanto tiempo lo sé. A veces el universo sabe lo que hace. Con ese último pensamiento desaparezco.

Me observo desaparecer. Tengo una extraña sensación, como de perdida y de no encajar del todo, me volteo confundido y observo por la ventana, me encojo de hombros cuando un extraño pensamiento de que las cosas son diferentes ingresa en mi mente. Siento que he olvidado algo, pero no lo creo, una vocecita me dice inquietamente que no pertenezco aquí, pero por supuesto que sí, siempre he estado aquí, ¿cierto?

Enid Yamile Varela Arciniega

(Cuento ganador de la categoría de 15 a 17 años del 7mo Concurso de Cuento y Poesía de Ciencia Ficción “José María Mendiola” 2020)

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