Versus – Territorio Lovecraft (2016)

“El estante de debajo de todo era territorio Lovecraft: Algernon Blackwood, Robert Bloch, August Derleth, William Hope Hodgson, Frank Belknap Long, Clark Ashton Smith y, por supuesto, Lovecraft”

Es 1954 Atticus Turner, soldado de infantería recién regresado de Corea, viaja desde Charlotte hasta Chicago, donde piensa encontrarse con su familia. En medio del sur norteamericano se le poncha una llanta y la única ayuda que recibe es de un servicio de grúa ubicado a ochenta kilómetros de ahí. ¿Por qué? Porque Atticus es negro y las políticas de segregación son tan vigentes en Estados Unidos como lo fueron desde el siglo XIX: Sería hasta el año siguiente que Rosa Park se enfrentaría al sistema de transporte público de Alabama, iniciando así el Movimiento por los Derechos Civiles.

En este mundo hostil Atticus ha encontrado desde niño un escape en la literatura fantástica de la etapa pulp, por lo que lleva el maletero lleno de libros que piensa compartir con su tío George Berry, quien edita en Chicago la “Guía para viajes seguros para negros”, una suerte de Guía Turística que indica los hoteles, paraderos, estaciones de servicio y restaurantes que no aplican políticas segregacionistas en el país. Aquí descubrimos que el motivo del viaje de Atticus es una carta enviada por su padre, en la que le indicaba que lo fuera a buscar a “Arkham”en el condado de Devon para reclamar su legado… en realidad el pueblo se llama Ardham, cosas de la caligrafía de Montrose, lo cual le recuerda al Tío George un desagradable incidente: “Pues mira —le dijo el sheriff—, estás en Devon, que es un condado de noche blanca. Así que, como te pille aquí después de que oscurezca, mi obligación será colgarte de uno de estos árboles”. Y Víctor, que me dijo que tenía tanto miedo que estaba tranquilo, ¿conoces esa sensación?, miró el cielo y no pudo ver el sol por encima de los árboles, pero todavía había luz,de forma que dijo: “Todavía no se ha puesto el sol”. Y me contó que a punto estuvo de desmayarse al oír cómo le habían salido de la boca aquellas palabras, como si le estuviera vacilando al comisario… Pero el sheriff se limitó a soltar una risilla. “No, todavía no —declaró—. Hoy la puesta del sol es a las siete y nueve minutos. Tienes siete minutos”.

Tras descubrir que el padre de Atticus salió de su departamento acompañado de un hombre blanco y se internó en el condado de Devon, él y George se lanzan a buscarlo, acompañados por Laetita Dandridge (amiga de la infancia, quien se quedará con su hermano de camino, en Massachusets) y dejando a su hijo adolescente Horace al cuidado de Ruby Dandridge, hermana de Laetita; ya que la tía Hipólita se encuentra de viaje recabando información para la Guía.

Tras un desafortunado incidente en Auburn, N. Y. que expone claramente los peligros que esperan a los protagonistas, del que son salvados por la intervención de un veloz automóvil plateado; llegan con el hermano de Laetitia, quien les da más información sobre el condado de Devon y Ardham. Al llegar ahí se encontrarán con el Sheriff Hunt, el de la anécdota de George, quien no está nada contento de encontrar fuereños (y menos si son de color) en su pueblo. Será de nuevo la intervención providencial de lo que en la oscuridad parece ser un oso, y de Laetitia, la que resuelva la situación para Atticus y George, hasta llegar a la propiedad de Samuel Braithwhite (se me antoja que esto sea un juego de palabras: “wraith-white” –algo así como “espectro maligno blanco– pero igual y son figuraciones mías) y ahí son recibidos por William, quien les relata algo de la historia del pueblo, fundado por Titus (pero no Crow) Braithwhite, quien desapareció en un incendio en 1795 y quien a la sazón fue dueño de la trastatarabuela de la madre de Atticus. También explica que el señor Samuel Braithwhite y Montrose están de viaje en Boston y los invitan a quedarse. Sospechando que Montrose es prisionero en la mansión, los tres empiezan a investigar los alrededores, y esa noche aparecen varios automóviles de lujo cuyos pasajeros son todos hombres caucásicos de mediana edad, miembros de la Orden Adamita del Alba Antigua, una especie de sociedad mística secreta.

Invitados a la reunión de la logia y tras haber leído los estatutos de la orden, Atticus se arriesga a declarar que él es descendiente directo de Titus Braithwhite por lado materno, lo cual le confiere el título de “Hijo entre hijos” y por ello, potestad sobre la orden. Para demostrarlo, ordena que todos se retiren, y obedientes al precepto; los asistentes (no sin estar fúricos) se ponen de pie y se retiran. Todos, excepto Caleb Braithwhite, hijo de Samuel y por lo tanto, igual que Atticus en rango. Ambos ascienden a las habitaciones superiores de la casa para entrevistarse con Samuel, y tras ello, se rebela que Montrose es efectivamente prisionero, y tras un fallido intento de escape, descubriremos que Caleb es más de lo que aparenta, y que Atticus será el instrumento a través del cual Caleb dará su propia versión de un Golpe de Estado en la Orden.

Tratando de no echarle a perder la lectura a quienes deseen acercarse a la novela, diré que hasta aquí hemos recorrido la tercera parte de la historia. Si desean saber que sigue, a groso modo, los invito a que sigan leyendo.

Las siguientes dos terceras partes de la historia se conforman por una especie de cuentos cortos: Laetitia compra Casa Winthrop, una mansión embrujada dentro de la que hayan una estatua de la diosa Hécate, y un misterioso planetario mecánico y el inquietante retrato de Hiram Winthrop, además de fotografías que lo vinculan con Samuel Braithwhite. George, Atticus y Montrose se toparán con el Capitán Lancaster y sus gamberros  Burke y Noble, rival de Caleb al ser líder de la logia de Chicago y deberán robarle a Lancaster un grimorio, custodiado en un museo por un cadáver flotante (literal) para intercambiarlo por el Libro de los Días, donde se detallaba la contabilidad del adeudo económico a su familia desde los días de la esclavitud. Después acompañaremos a la Tía Polita a un portal dimensional en el Observatorio Winthrop que la llevará a otro planeta, donde aquel enviaba a sus enemigos. Ella conocerá a Ida, la última sobreviviente de aquellos reclusos, en un mundo de mares oscuros en un remoto brazo de la galaxia, llamada “El pulpo que se ahoga”, donde acecha una criatura a la cual el que los humanos le causen diarrea no es impedimento para que se los coma. Por su parte, Ruby descubrirá las ventajas de hacerse amiga de Caleb Braith White, quien a cambio de espiar a su rival Lancaster le otorgará el disfraz perfecto: una poción que la convierte en una atractiva mujer blanca, mientras se oculta en Hyde Park. Es ahí donde Caleb explica a sus invitados de las logias, su plan de utilizar el Libro de los Nombres robado a Lancaster para unificar las logias bajo un pensamiento científico, y no la superstición, dirigidas evidentemente por él, al modo de un “Al Capone de los brujos” (parafraseando a Ruby). Y a Ruby, el secreto de su invulnerabilidad, una marca de Caín. Caleb se entrevista con Montrose y le ofrece liquidar el adeudo económico registrado en el Libro de los Días, a cambio de que encuentre a Henry Winthrop, quien huyó con varios libros de hechizos de su padre, Hiram. Montrose lo encontrará en una burbuja temporal hecha de magia, encerrada en una casa vandalizada por blancos ya que Henry tenía por pareja a una mujer de color,  y obtendrá lo que busca, además de una forma de enfrentar a Caleb usando la magia para revertir los efectos de la marca de Caín. Finalmente, Lancaster y sus esbirros arrestan al joven Horace, tras encontrarse uno de los cómics que dibujaba en el observatorio de Winthrop, donde dos oficiales asesinados apuntaron a la pista de la tía Polita. Lancaster pone un maleficio a Horace y este es perseguido por una especie de fetiche salido de “Trilogía del terror” de Matheson, hasta que una vez más Caleb interviene. El cierre de la novela incluirá a todos los protagonistas haciendo un resumen de las pasadas 160 páginas y un plan para deshacerse de Caleb… si bien sus vidas dentro de un país que los discrimina, no cambiará ni con toda la magia de todas las logias de América combinadas.

Y ahora, mi conclusión.

Matt Ruff, un neoyorkino cincuentón blanco, logró reflejar ese ambiente de constante miedo que las personas de color sufren bajo un sistema racista (llámeseles afrodescendientes, latinoamericanos, nativos americanos o asiáticos de oriente medio), donde no es paranoia sino un temor justificado a la hostilidad constante de quienes creen que son superiores y cuyas vidas valen mucho más que las de aquellos. En ese sentido la novela es brillante.

Sin embargo, y ya que hablamos de una novela de horror, o tal vez de fantasía oscura; creo que en cierto modo un título más apropiado debía ser “Pulp Country” o “Amazing Fantasy Land”. Desde sus referencias a Una Princesa de Marte de Burroughs, a Ray Bradbury o a las publicaciones resctadas por Arkham House, pasando por ciertas resoluciones de pronto salidas de la manga; me hizo recordar precisamente porqué muchos relatos de aquella época no aguantaron el paso de casi un siglo. En varias ocasiones las conclusiones son anticlimáticas, resueltas “por arte de magia” para utilizar la frase en el más desafortunado de los sentidos.

De verdad quería que esta novela fuera de mis favoritas de este año, el arranque es muy fuerte, pero el ímpetu se va perdiendo, hasta llegar a un final que se convierte en un chiste de sí mismo. Y no me malinterpreten, jamás esperé ver “monstruos con cabeza de pulpo”, para mencionar a aquellos que erróneamente creen que “Lovecraft” es sinónimo de esto.

Si gustan leer una reseña más indulgente, pero de la adaptación de HBO, los invito a que lo hagan de pluma de mi estimado Rodrigo Vidal, aquí mismo. Y si quieren conocer más del autor, también pueden hacerlo en la sección “De la boca del loco” de El Dumpstero Santiago Pérez.

P.D: Si quieren leer obras que reflejan la larga lucha por los derechos civiles de los afrodescendientes en Estados Unidos, ahí están “El color púrpura” de Alice Walker, “Raíces” de Alex Haley, “Otro país” de James Baldwin y “El odio que das” de Angie Thomas.

Abraham Martínez Azuara

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