Cita con el dentista

Se encontraba sentado en la silla del consultorio dental. Esperaba que se le bajara un poco la hemorragia que le dejó la extracción de la muela que le estuvo torturando las últimas horas. La dentista mencionó que debería guardar reposo, lo cual no resultaba muy difícil. La cuarentena lo obligaba a trabajar desde casa y, en todo caso, era sábado, no había mucho qué hacer. Pero esto le recordó que debía elaborar un escrito pues en un pacto de amistad, acordó en cumplir con un cuento semanal para publicarse en Facebook. Pensó que era la manera perfecta para matar el tiempo ese fin de semana, pero se encontró con un problema: El cuento tenia que escribirse en base a una idea, y esa idea era “Nave acuática”. Los horrores Lovecraftianos que podían o no existir en el fondo del océano no eran particularmente aterradores para él, y la exploración del océano no le despertaba gran interés (con todo y el respeto que le tiene a Jaques Cousteau). Pensó en eso hasta que llegó la doctora nuevamente con una receta, la cual le entregó. Después de pagar sus honorarios, Javier Monzón abandonó el consultorio para acudir a la farmacia de al lado a surtir su receta.

Si no hubiese estado pensando en la nave acuática, quizá se hubiese percatado que la receta no llevaba su nombre.

Javier llegó a su casa con las medicinas recetadas y las acomodó junto a los antibióticos que le habían vendido para disminuir la infección de la muela que le aquejaba hasta hace unos cuarenta minutos. Acto seguido, tomó las pastillas junto con las nuevas medicinas. Se puso a pensar qué hacer para dejar fluir su imaginación y recordó que le recomendaron un show de antología, similar a Twilight Zone, llamado “Inside No. 9”. Decidió verlo y poner a funcionar su creatividad (o sea, aprovechar la relativa oscuridad del show y robarse una idea o dos). Después de que ninguna de las historias involucraba naves acuáticas, recordó que tenia un Hot Wheels, edición de los Beatles, con la forma del submarino amarillo. Decidió abrirlo para tomar algo de inspiración. Sin ningún esfuerzo, se imagino dentro del vehículo submarino, acompañado de John, Paul y Ringo. Por alguna razón George no estaba, y fue suplantado por el Capitán Nemo. Mientras viajaban por el océano, John le aviso al Capitán que mas adelante había una cueva, la cual decidieron explorar. La cueva, se iba haciendo cada vez mas pequeña, en relación a las dimensiones de la entrada, y no tardaron mucho en encallar. Javier le preguntó al capitán qué hacer, y este le dijo que la exploración siempre tenía sus riesgos. Solamente quedaba recostarse y aceptar su destino.

Tiempo después, la Doctora Jiménez tomaba un descanso en la morgue. Estaba pensando en cómo iba a redactar en su informe en que el sujeto de cuarenta y un años se había asfixiado con un Hot Wheels en forma del submarino amarillo de los Beatles. La causa de muerte oficial fue asfixia. No se procedió a analizar la sangre, que aún tenía rastros de Vicodin.

La nave acuática fue almacenada para mostrarla a sus familiares.

Javier Monzón

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