Libre para ser lo que quiera

-1-

When Nietzsche proclaimed “God is Dead!”
he forgot to add that Satan is also dead
and we are free from all that antique tat.

Grant Morrison

Todos tenemos un primo como Mauricio. El que vive en otro país y sólo lo ves en vacaciones. Que es mayor que tú y es el hermano que nunca tuviste. Que es magistralmente chido, siempre se hospeda en tu casa durante el verano y aunque tus padres lo odian, tú lo admiras porque enseña cosas geniales y quieres ser como él. El vago. La mala influencia. La única diferencia con cualquiera de ustedes es que Mauricio parece un personaje de cómic de la línea Vertigo de DC. Vive en Londres, usa gabardina gris, tiene el cabello rubio y largo; es cocainómano, usa sombrero fedora, pantalón de vestir negro, tenis Converse rojos y una playera con el logo del movimiento mod. Escucha a Oasis, Blur, Sting y Eric Clapton y lee a Martin Amis. Le fascinan los cómics de Grant Morrison, Alan Moore y Neil Gaiman. ¿Ya mencioné que se dedica a porpinar golpizas a seres sobrenaturales? ¿Ya dije que su novia es un súcubo? ¿No? Para que vean lo cool que es mi primo.

El primo Mauricio llegó a nuestra casa en la ciudad de Guanajuato cuando empezaron sus vacaciones. Cargaba su maleta en una mano y un ejemplar de “El Necronomicon” en la otra. Mis padres, como siempre, lo saludaron de mala gana. Supongo que mamá lo aceptaba sólo porque era el único hijo de su hermana recientemente fallecida. “Sólo por eso soporto a ese vago borracho y drogadicto. No sé ni a qué se dedica allá en Londres, ha de vender droga o será prostituto o algo peor, como ministro anglicano. Si no fuera porque es hijo de Rosa lo mandaría a un hotel”. Lo que la familia ignoraban era que a lo que la oveja negra se dedicaba era a estudiar ocultismo con un mago.
Mauricio sacó una lata de cerveza Guinness de su mochila y se bebió la mitad. Al mirar su mano nos percatamos que tenía dos tatuajes de sigilos y qlifots. Mi padre le preguntó qué significaban y él dijo, en tono de alumno víctima de bullying, que era el logotipo de los Constantines, un conjunto musical que le gustaba mucho a la muchachada inglesa. Satisfecho por la respuesta mi padre se quedó callado ignorando que eran en realidad símbolos mágicos que Mauricio usaba para golpear demonios, fantasmas y otros seres sobrenaturales. “¿Viste “El Exorcista”? Yo le hubiera metido a Pazuzu una madriza por andar poseyendo chavitas” me dijo una vez estando, para variar, ebrio.

Mauricio se instaló en mi cuarto y en cuanto estuvo seguro que nadie lo veía sacó de su mochila un paquetito con cocaína, la esparció sobre “El Necronomicón” y la inhaló de golpe. Desde la tumba, pensé, Lovecraft debería estar revolcándose al percatarse que su libro maldito servía como base para drogadictos, con lo conservador que era el pobre creador de Cthulhu.
—¡Ya puedes salir, Agnes! —susurró Mauricio.
De su mochila emergió un vapor de color rosa neón. Cada vez más y más, hasta cubrir toda mi habitación. El vapor se concentró frente a Mauricio mientras tomaba, lentamente, la forma de una mujer hasta que se solidificó. Era una muchacha guapísima y de un cuerpo que volvería heterosexual a cualquier gay. Su cabello era largo y azul y llegaba hasta el suelo. Su piel del mismo color que el vapor. Ojos verdes miraban a Mauricio. Sería la fémina perfecta salvo por un detalle: un par de cuernos de macho cabrío emergían de su frente. Era Agnes, la novia de mi primo. Me saludó con un beso en la mejilla hablando en un pésimo castellano y con un marcado acento de cockney. He de señalar que Agnes es un súcubo, esto es: un demonio femenino que seduce a los hombres. Mi primo convive con todas esas entidades y se la pasa haciendo exorcismos de seres sobrenaturales. Decidió tomar ese camino cuando mi tía fue asesinada por un nahual. Conoció a un gremio de ocultistas en un foro de discusión sobre cómics de la línea Vértigo y con el dinero de la herencia viajó a Londres. El primer año que vivió allá se enamoró de Agnes y se convirtió en su pareja (Jura que el sexo es sensacional. Le creo: los súcubos surgieron en el medieoevo y fueron entrenados en el infierno para seducir hombres) y soy el único de la familia que la conoce, tanto a ella como a sus secretos… y es que soy su primo consentido, Mauricio siempre me lo ha dejado claro.

Mauricio desempacó sus cosas y se cambió su playera con los círculos azul, blanco y rojo y se puso una roja con la leyenda en letras blancas: “KEEP CLAIM AND FUCK SUPERNATURAL BEINGS”. Definitivamente, ya era más inglés que los fish & chips, por eso decidí darle un tour por la ciudad de Guanajuato.

 

-2-

People populate the darkness;
with ghosts, with gods,
with electrons, with tales.

-Neil Gaiman

Eran las once de la noche y Mauricio se movía por los bares de Guanajuato como lo haría en Picadilly Circus. No sé si era un cazador de demonios profesional, pero un drogadicto y un borracho sí que lo era.

Primero nos tomamos unas cervezas en un karaoke, donde Mauricio se subió a cantar “Every little thing she does is magic”. Después seguimos al Bar Bajan y a la Dama de Las Camelias, dos de los bares más conocidos de Guanajuato. La gente se sorprendía al vernos caminar con una neblina rosa siguiéndonos a todos lados. Era la una de la madrugada y yo apenas me había tomado unas cuantas cervezas pero mi primo estaba asombrosamente borracho, de modo que antes de cantar a todo pulmón “Cocaine” por los callejones de Guanajuato, inhaló un poco más de ese polvo al que Eric Clapton hacía alusión para que, en palabras de Mauricio, se le bajara la peda porque I’m fuckin’ drunken.
Nos sentamos en las escaleras del Teatro Juárez a descansar un rato mirando la arquitectura colonial: los estrechísimos callejones, los edificios que databan de hace cinco siglos, las calles empedradas y las farolas iluminando a media luz. Mauricio me contó sobre los cómics de la línea Vertigo, que se trataba de una prima hermana de DC, la editorial que publica a Batman y Superman. Me explicó que durante los ochenta, escritores británicos como Grant Morrison, Neil Gaiman y Alan Moore invadieron las editoriales gringas, para ofrecer una perspectiva más madura y seria a los cómics, incluyendo elementos de magia, ocultismo, literatura, contracultura, drogas, pintura, ópera…. no fue sino hasta inicios de los noventa que Vertigo se consolidó ofreciendo personajes como Los Invisibles, Sandman, de Gaiman y Hellblazer, que tenía como protagonista a John Constantine, un ocultista que vivía en Northhampton.

—Te platico esto porque todos esos personajes existen. Viven en Inglaterra y yo soy su aprendiz. El problema es que la gente no los ve por algo muy sencillo: Neil Gaiman dice que tienes que creer en las historias. Que todas esas historias están entre nosotros, son tan tangibles como tú y yo, el problema es que los humanos nos cegamos. Si creemos en las historias podemos ver a Edmond Dantes, a Macbeth, al Señor Spock, a Luke Skywalker y a Batman… o al menos esa es la teoría de Gaiman.

Agnes regresó a casa alegando “odio que te pongas borracho, Morris”. Bajamos rumbo a las calles subterráneas buscando leyendas… Guanajuato está repleto de ellas, aunque muchos jóvenes (incluido yo a mis dieciséis años), no nos las sabemos ni nos importan. Creo que por eso mi primo se puso furioso cuando descubrió que no conocía la leyenda de los Monjes de la Calle Subterránea. Él, que tenía veinticinco años y llevaba seis viviendo en Londres y a mi edad había emigrado de México, la conocía mejor: a mediados del siglo XIX se ordenó la demolición del convento de San Pedro Alcántara para construir un hotel. La población guanajuatense, profundamente católica, maldijo la idea pero a los empresarios les valió madres. Se dice que durante la construcción murieron seis albañiles y una vez terminado el hotel, los huéspedes enfermaban de gravedad. El hotel quebró y el gobernador Florencio Antillón ordenó construir el Teatro Juárez. A partir de ese momento dos monjes que murieron antes de que el convento fuera demolido se aparecen en las calles subterráneas pidiendo a alaridos que les devuelvan su hogar, esa es la historia.

Bajamos a las calles subterráneas y esperamos a que la gente se retirara. Entonces aparecieron dos figuras encapuchadas y con túnicas. Brillaban como si su ropa, en vez de tratarse de un sayal, fuera de luz neón de algún prostíbulo y flotaban gritando: “Nuestro convento… ustedes lo demolieron… ¡malditos! ¡Malditos!” Mientras yo quedé paralizado, con las piernas temblando. Mauricio caminó hasta donde estaban los monjes y agarró a uno de su hábito agitándolo con la mano izquierda mientras que con la derecha empujaba al otro, tirándolo al suelo.
—A ver, a ver. Ya, güey. No mames —le dio un puñetazo en la cara, quitándole la capucha y dejando al descubierto un esqueleto viviente—. Hace dos siglos que tu puto convento fue demolido. ¿Sabes qué es lo que no entiendo de los fantasmas? ¡Que viven estancados en el pasado! ¡Que se quedan con viejos resentimientos, con rencores! ¡Por eso nunca pasan al otro lado! Carajo, si con los pinches humanos la gente resentida que vive en el pasado da pena ajena, ustedes, que tienen tooooda la eternidad dan más.
El otro monje intentó acercarse a mi primo pero él le dio un puñetazo.
—¿Ves los tatuajes en mis manos, pendejete? Son círculos mágicos para golpear fantasmas. Dice la leyenda que ustedes atraviesan las calles subterráneas y suben hasta el Teatro, pero a mi me la pelan —cogió a un monje de la capucha del lado izquierdo y al otro del lado derecho y golpeó sus cabezas mientras les aconsejaba, con cada golpe: “Ya. Superen. El. Pasado. La gente no tiene la culpa de sus traumas. ¿Por qué se desquitan asustando turistas y niños? Neta, pinches monjes católicos. Yo por eso ya me hice anglicano”.
Sin gritar un alarido más los monjes atravesaron el muro y desaparecieron. A partir de ese momento nadie volvió a escuchar una leyenda sobre los monjes fantasma de la calle subterránea.

Camino a casa, Mauricio me contó que siempre elegía venir a Guanajuato en vacaciones para golpear entidades sobrenaturales, y como la ciudad está repleta de leyendas, todas y cada una de ellas verídicas, dedicaba sus vacaciones de verano a entrenarse.
—Hago lo que quiero, hago lo que me apasiona. ¿Sabes algo, Álex? En todas las familias hay una oveja negra, a la que odian por una sencilla razón: porque hizo lo que quería, porque fue lo que quiso. Seré un borracho, un vago y un drogadicto, pero también trabajo haciendo lo que me gusta y vivo en la ciudad que siempre soñé. No soy un empresario panista como mi pendejo tío, o sea tu papá, ya sabes –sonrisa incómoda-. Para no acabar como un alma en pena, como un patético espectro vagando eternamente, debes hacer lo que quieres. Ser libre para ser lo que sea. Como dice la canción de Oasis. ¿Sí te conté que una vez vi en un café a Noel Gallagher?

Nos emborrachamos durante toda la noche. Era de madrugada cuando caminábamos por las calles cantando: “Free to be whatever you, whatever you like, if it’s wrong or right it’s alright…”

Mauricio regresó a Londres una semana después, pero antes le rompió un brazo a una momia y le dijo a La Llorona que no fuera pendeja y dejara de llorar por sus hijos. Cuando tomó el taxi rumbo al aeropuerto me dio un abrazó y dijo: Ven a visitarme cuando quieras. Conocerás a mis amigos y cantaremos “Summertime in England” y “Caminos de Guanajuato”.

 

-3-

Don’t leave home without
your sword: your intellect.

-Alan Moore

Un año después caminaba por los pasillos de Heathrow International Airport buscando a Mauricio y sus amigos. No me costó trabajo identificarlos, y no lo digo porque sostenían una cartulina con mi nombre, sino porque uno de ellos medía más de dos metros, vestía totalmente de negro, tenía la piel blanca como el papel y el cabello alborotado, sosteniendo un puñado de arena. Otro era calvo, vestía traje  y usaba lentes oscuros. El último era rubio, fumaba un cigarrillo tras otro y llevaba gabardina café. Agnes los acompañaba y Mauricio me saludó y sin dudarlo me dio un abrazo. Me presentó a sus amigos y su maestro, quien era el rubio de la gabardina.

—Bienvenido —dijo, mientras Agnes me besaba en la mejilla—. No te molestes por el jetlag, el tipo de negro te hará soñar. Ah, y no necesitamos coche, nosotros podemos volar.

En todas las familias hay un primo como Mauricio: la oveja negra, a quien todos critican. El borracho, el vago, (el cazador de demonios), el drogadicto, el cínico… pero es quien siempre enseña las lecciones más valiosas.

 

 

Bernardo Monroy

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