La única realidad

Un hombre en su auto azul con dirección a su hogar. De la nada lo embiste otro auto. Tras reponerse del susto, no le ha pasado nada gracias a los sistemas de seguridad del vehículo, desciende furioso a reclamarle al conductor responsable del encontronazo. Se queda pasmado al darse cuenta de que quien baja del otro auto es él mismo, porta un arma le dispara directamente al pecho. Se ha cometido un homicidio/suicidio. El autor de los disparos le dice al primer conductor: lo siento, yo la merezco más que tú.

Pone el cuerpo en su auto, después de todo no quedó tan dañado, y maneja a su casa. Una vez ahí baja el cuerpo y lo arrastra por toda la sala hasta llegar al estudio donde papeles con diagramas, cálculos, fórmulas, dibujos y extraños croquis colgaban de las paredes. En el pintarrón de la derecha estaban escritas en rojo las siguientes palabras “Universo para…” y el resto estaba obstruido por un papel con un esquema electrónico. Se quitó el reloj y se lo colocó al cadáver. Tras hacer eso oprime unos botones y una serie de luces que aparecieron de la nada desaparecen el cuerpo del conductor original.

Se coloca una sonrisa leve al mismo tiempo que un hombre con su mismo rostro salta contra su espalda con un afilado cuchillo cortándole el cuello. En sus últimos momentos de conciencia logró escuchar de su agresor las palabras “Lo siento pero ella debe sufrir otra vez por lo que me hizo”.

La sonrisa maquiavélica del nuevo personaje no duró mucho, sólo lo suficiente para que un hombre de idéntica figura y proporciones saliera del cuarto contiguo. Una explosión silente de su arma de fuego mató al hombre del cuchillo, “Lo siento pero ella es mía y de nadie más”, tras ello guarda el arma con su silenciador incluido y coloca en la pared un artefacto del tamaño de su puño. Inmediatamente un portal de un metro de diámetro se abre y arroja el cadáver del hombre del cuello cortado hacia ahí. El portal desparece instantes después. Al sujeto de la bala en la cabeza le buscó entre sus ropas y notó que debajo de estas había un material maquinado. Al oprimir un botón que estaba en el pecho, este cadáver desaparece dejando una bella estela azul.

Sonrió al fin y respiró hondo y aliviado sentado en el sillón reclinable de la habitación. De esa manera, inmóvil, fue presa fácil para el francotirador apostado a medio kilómetro de ahí. Minutos más tarde un hombre llega a la ya enrojecida habitación donde se encuentra el más nuevo cadáver, en el espejo tras el sillón ve su rostro que es igual a lo que queda de su víctima. Lo siento pero yo la amo más. Mientras, saca una esfera de unos cinco centímetros de diámetro que cabía perfecto en la palma de su mano; después de un instante la esfera flotó y se ensanchó hasta alcanzar unas seis veces su diámetro original. Después de oprimir un botón en una especie de control remoto la esfera se volvió traslúcida dejando ver su interior oscuro. Levantó el cuerpo de su antecesor y cuando este tocó la esfera, esta se lo tragó. Apagó el dispositivo y depositó la esfera en su bolsillo una vez que esta recuperó su tamaño original. De una maleta sacó un dron que se puso a limpiar todo el desastre de forma tan rápida como eficiente. También sacó un traje elegante, se bañó, vistió y, una vez con la habitación limpia y arreglada, procedió a pedir un transporte para dirigirse a una iglesia cercana.

Se apeó del taxi un par de calles antes de llegar al templo, al acercarse vio que una mujer vestida de novia descendía también de un auto negro. Se quedó perplejo ante esa imagen. Su corazón se saltó un palpitar, su respiración se volvió difícil y obligada. Una lágrima corrió por sus ojos y sonrió tiernamente. Admiró el bello rostro de la novia y el dulce contraste entre su albo vestido y su cabello negro. Ella sonrió amorosamente hacia el novio que ya la esperaba en la puerta de la iglesia. Un hombre idéntico en todos los aspectos al hombre que se acababa de bajar del taxi. Entonces, ambos caballeros cruzaron sus miradas. El tipo vestido de frac listo para la ceremonia cambió su semblante por un breve instante pero enseguida recuperó su sonrisa, una sonrisa que recordaba la de un jugador de poker cuando acaba de descubrir que tiene una mano ganadora.

El hombre afuera de la iglesia no pudo esconder su enojo y se desquitó golpeando el tronco de un poste que le quedaba muy a la mano, esto hizo que no se percatara que otro hombre, con su misma apariencia, se acercara por su lado izquierdo prodigándole una sonrisa que reflejaba la confianza en sí mismo mientras le dice “Ese bastardo es listo, llegó primero que yo. Después me encargaré de él y será como si nada hubiera pasado. Deberías tenerme miedo, ya llevo tres eliminados”.
El otro hombre, el del taxi, dejó el embeleso de contemplar a la novia que entraba poco a poco al recinto y se dignó a ver al nuevo recién llegado. Su rostro era serio como si le hubieran arrancado una parte de su alma, entonces se dirige a su compañero diciéndole: entonces yo llevo siete y estoy motivado… ¿Pero acaso esta es la única realidad donde soy feliz?

Nuevo disparo con silenciador.

Eliezer Garza. 

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