Una telaraña o algo semejante

I

Mirando al techo respiro con algo de dificultad. No sé ya cuántos días llevo en esta cama, encerrada en mi departamento. El hecho de no saber qué es lo que me tiene así, a medio vivir, es lo que más me molesta: revisiones, estudios…nada. Los doctores son unos imbéciles que sólo saben recetar Paracetamol, dijeron que supuestamente fue estrés o falta la de nutrientes, que hay que ver. ¡Bah! Ni quejarse es bueno.
Todavía pienso sin entender qué chingados, cómo la semana pasada salí, caminé apenas una calle y me desperté escuchando voces lejanas que sonaban débiles, pero gritaban ¡Respira! ¡Respira! ¡Está consciente! ¡Se desmayó! Simplemente me quedé sin fuerzas y sin voz una semana entera. Aún sigo débil.
Los amigos te buscan cuando necesitan favores o cuando tienes tu mejor cara. Como si la tristeza se contagiara. Estás jodida y te dicen —¡Anímate! ¡todo va a estar mejor!— A continuación, desaparecen.
Mi madre, por su parte, me manda todos los días comida con Lety, pregunta si ya comí y tomé mis pastillas, como si eso fuera a resolver las cosas. El panorama no se ve muy bien, ya estoy fastidiada, tal vez ya me llegó la hora y qué se le va a hacer. La muerte en estos días no me parece tan desagradable.
Encontrar formas en ese estampado de flores irregulares que tiene mi cortina hace mucho dejó de ser entretenido. Repaso el techo, miro los elementos de mi cuarto, paso de una esquina a otra. Todo igual. Creo que de tanto que no salgo el ambiente ya está enrarecido, empolvado. Y entonces me imagino totalmente rígida, sobre mi cama, como Blancanieves en su cofre de cristal, sola en mi cuarto y rodeada de telarañas…una más de mis fantasías diurnas.

II

Intento pararme y me tambaleo, quiero inspeccionar un poco mi cuarto, abrir la ventana, tomar aire. Doy unos pasos inseguros, agarrándome de la silla, el escritorio, el librero. Avanzo, no va tan mal. Me acerco a la ventana y al mirar a la esquina, ¡Vaya que si se ensucia este lugar de prisa! ¡Tremenda telaraña toda llena de polvo!
Me acerco para observar, pero noto algo extraño. ¿Qué clase de tejido es ese? El hecho de que mi padre fuera biólogo, sin duda me hace pensar en las cosas que él me enseñaba, en el fondo, su voz hablando de ciencia aparece ocasionalmente. Observo, intento clasificar. Los delgados hilos de la telaraña tienen un color extraño, un poco rosa, un poco amarillo y parecen algo gruesos. Nunca había visto una cosa así. Los hilos se ven sumamente suaves, como terciopelo. Cada fibra tiene pelitos milimétricos y además el tejido es distinto, yo diría… llamativo: no es circular, sino que forma un extravagante fractal; tal vez parecen prismas… o estructuras con volumen. Los hilos se extienden hasta atrás de la cortina, la cual jalo con la intención destruir la hermosa figura. La telaraña no se altera en absoluto con el movimiento. Para mi desagrado, descubro algo que en ese momento me perturba demasiado.

Quisiera no haber visto esa forma que tan sólo de recordarla me produce escalofríos desde la nuca hasta la punta del pie. Había algo similar a una esfera colgando de aquel tejido, era casi transparente y ligera; sin embargo ¡parecía viva! De ella salían pequeñas pelusas. ¿Esporas? ¿Será más bien algún tipo de hongo? El cuarto está lleno de esas pelusillas, hasta entonces lo noto.
Suelto la cortina con cuidado y en silencio como quien aterrado por el miedo se mueve lento para no ser descubierto. Doy tres pasos hacia atrás, mi respiración está un poco agitada y mi corazón palpita con mayor fuerza, se hace presente. Siento un deseo incontenible de abandonar mi cuarto. Me cambio y salgo rápidamente. Por un momento he olvidado mi enfermedad.

III

Entro al metro, voy a casa de mi hermano, por inercia, como hago siempre que algo anda mal. Voy sumamente cansada, me muevo lento pero avanzo con seguridad.
Durante el trayecto no dejo de pensar en lo que vi, lo recuerdo y una sensación llega a mi mente, o más bien un sonido metálico, un tanto desagradable que se repite obsesivamente. ¿Y si fuera una de esas cosas que comparten en las redes? Seres extraterrestres invadiendo la tierra, cosas absurdas, fotos elaboradas, falsificadas. ¿O no? Detesto esa idea, amarillismo, sensacionalismo para distraernos de las noticias. Revueltas, disturbios… el problema del agua tiene a todos encabronados, es una situación insostenible. Para mí es claro que debe haber algún tipo de control. Si la gente no tuviera miedo de una invasión extraterrestre a lo mejor y hasta haría una revolución. Esos videos son todo fraude, me niego a creer tal pendejada de que llegaron los aliens o lo que sea.
El camino se me hace breve, el tiempo pasa rápido cuando piensas algo intensamente. Al entrar encuentro a mi hermano jugando con el visor: otra distracción para tenernos estúpidos y controlados. Se lo apago y me mira como niño berrinchudo.
—Pensé que te sentías mal y no podías salir. ¿Ves porqué luego nadie te la cree?
—¡No mames! ¿No oyes cómo me cuesta respirar? Además del puro trayecto ya estoy cansada. No sé qué tiene tu depa que me dan ganas de dormir —me acuesto en su sillón—. ¿Te cuento algo? Pero, no me vayas a decir que estoy loca. Necesito que escuches. ¿Ok?
—Eso lo puedo afirmar y no necesito que me cuentes nada —me dice con una sonrisa burlona.
—¡Ash, da igual! Encontré algo en mi cuarto muy, muy raro —me mira intrigado mientras le describo lo mejor posible aquello que vi un momento atrás.
—¡Es un alien! —dice y suelta una carcajada—. No, creo que deberías capturarlo y llevarlo con un biólogo, seguro a alguien le fascinan esos insectos raros. Aunque sería una lástima que destruyeras su pequeño capullo.
—Sí, mira, el problema es que no era un pequeño capullo ¡estaba rarísimo! Además esas cosas no se ven adentro de las casas, mi departamento estaba cerrado, ¡yo he estado allí!
Al pronunciar esa oración me doy cuenta de que en efecto: Yo he estado allí, enferma ya casi dos semanas, convaleciente ¡respirando esporas de no sé qué mierda! ¿No será que eso es lo que me tiene enferma? El cuarto parecía una nube de polvo flotante, no me atrevo a pensar siquiera en la posibilidad de que lo que vi fuera un alien que llegó en el asteroide de julio, porque si eso fuera así, entonces mi vida está realmente en peligro y ni yo ni los médicos sabríamos qué hacer. No tengo energías para preocuparme o llorar de temor.

IV

Al día siguiente, más en calma, decido volver a casa y convenzo a mi hermano de que venga conmigo para arreglar la situación. No puedo huir de ella por siempre.
Entramos y mis ojos miran anticipando, avanzo hacia mi cuarto, Alex va detrás. Tras abrir la puerta miro de inmediato al piso, una visión espléndida llama mi atención. Una estructura geométrica de un material suave yace en el centro de mi habitación: trazos de forma radial, anillos que giran, se elevan y descienden repetidamente. En el centro de la estructura veo una esfera que brilla y flota. Fascinada por tal espectáculo doy dos pasos hacia adelante, de forma irracional, quizás sólo para poder ver mejor. Con mi movimiento, la esfera se enciende más vivamente y empieza a girar, a hacer pequeños círculos. Me quedo pasmada. A pesar de mi profundo escepticismo sólo puedo pensar en una cosa, una asociación viene a mi mente: aquellas figuras geométricas gigantescas que aparecían en los campos de cultivo en los años noventas, supuestamente eran hechas por naves extraterrestres, una broma que cautivó a muchos crédulos. ¿Broma?
Tengo ante mis ojos una expresión matemática tan fascinante como desconcertante. Rápidamente Alex se acerca y se inclina queriendo tocar aquellas figuras que se movían frenéticamente.
—¡No lo toques! —le grito sin que me escuche. Como si la figura hubiera reaccionado al contacto, la esfera del centro se detiene y proyecta finísimas fibras que se agarran de la figura sobre el suelo, se contraen y se expanden como queriendo decir algo, se acercan, se alejan, esperan.
—Hay que tomar un video —dice Alex, quedito, con el poco aire que le queda para hablar.
La esfera se torna de un rojo vivo y desaparece ante nuestros ojos como colapsando en su interior. Alex y yo nos quedamos algunos segundos inmóviles, mirando fijamente el espacio vacío en el que aquella figura desapareció, tal vez esperando algo más, tal vez asustados, luego nos miramos.
—¡Qué chingados! —me dice Alex abriendo los ojos y recuperando el aire—. ¿Viste lo mismo que yo?
Me apresuro a la esquina de la ventana donde antes vi aquel tejido extraño y noto de inmediato que la telaraña ya no está, ni en el techo, ni detrás de la cortina.
—¡Es lo que vi! Alex, eso que vimos es lo mismo que vi antes. ¡Eso no es de aquí! Sueno como una chiflada, pero lo vimos los dos y además ¡tú lo tocaste!
Miles de ideas pasan por mi mente, me siento de pronto como alguien que no está en su sano juicio, tiemblo, paranoica, ansiosa, confundida y lo único que quiero es huir una vez más, no sé a dónde.
—Debemos ir al doctor, nos tienen que revisar.
—A ver ¡Cálmate! —dice Alex—. No sabemos lo que acabamos de ver, ¿por qué quieres ir al doctor? Además, no sé qué fue eso, pero estuvo de hue-vos.
Lo miro y no lo puedo creer, de pronto su abulia me parece ridícula. Respiro profundo y me empiezo a reír con una risa nerviosa y ahí, de pronto, nos entra a los dos un ataque de risa. Negamos con la cabeza y nos llevamos las manos a la cara. Ambos reímos hasta que nuestros cuerpos se relajan y la tensión se extingue en cada uno de nuestros órganos.

V

Siempre he sido una persona bastante escéptica, pero a partir de lo sucedido ya no sé qué pensar. Frecuentemente me siento abrumada por todas las preguntas que surgieron y que siguen hostigando mi mente desde entonces. ¿Qué fue lo que presenciamos tan vivamente, enfrente de nuestros ojos? ¿Podemos aún dudar de ello? Y si son seres de otro planeta u otra dimensión, ¿qué hacen aquí? ¿Fue acaso un intento de comunicación? ¿Fue un accidente? Tengo la sensación de que lo ocurrido tiene una finalidad ¡No puede ser sólo el azar!
Hay varios conflictos que aparecen al respecto, uno es que no puedo contar lo que vi y lo que pienso sin parecer una chiflada, no es sencillo que me crean mis amistades o mi familia y sin embargo, tengo la imperiosa necesidad de hacerlo. Antes que nada busco, leo. Llevo ya algunos días recolectando información. Algunos textos son claramente basura, es decir, intento hacer una distinción entre lo real y las noticias o reportes falsos, sin embargo he encontrado dos que coinciden con mi experiencia. Tengo que contactar a esas personas, quiero saber qué está pasando. El mundo está cambiando ante nuestros ojos y sin embargo, hacemos como que no vemos. La idea de una invasión me preocupa al grado de no poder estar ya tranquila. ¿Y si nos acercamos al fin? ¿Voy a pasar mis últimos días intentando averiguar qué tengo, qué vi y qué me va a pasar? Lo que sé es que vi algo real; mi malestar, mi cansancio y mi enfermedad es real. Encontrar la verdad me parece en este momento necesario para sobrevivir y no perecer ante lo desconocido, no morir en la ignorancia. Mi enfermedad y lo que sucedió, lo que vimos mi hermano y yo, le puede suceder a alguien más, podría ser el principio del fin, temo por mí, temo por todos. Temo ver el mundo caerse a pedazos.

Aura Elisa Paz Sánchez

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