La caída de Tenochtitlán: La visión de los vencidos, narrada por un Tlacuilo – 2 de 2

El Tlacuilo comienza su narración desde “El Cihuatecpan” o Palacio de las Mujeres en donde están todos los heridos del ya famoso sitio de Tenochtitlán y se hace la gran pregunta de cuánto tiempo podrán resistir. Posteriormente, en una secuencia muy detallada, comienza con su oficio de narradora gráfico primitivo y una pequeña al lado de nombre Huitzilli le comenta que ha terminado de moler el pigmento al narrador de nombre Atoctli y le dice que quiere ser la primer mujer Tlahcuila de la historia y le pide que reúna los materiales en donde no se mojen, pues la obra se sitúa en los diez días que no dejó de llover durante el sitio.
Sube a la muralla y le pregunta al vigía sobre novedades, aquel le comenta que están moviendo sus acallis y que la guerra pronto se reanudará, ahí le comienza a contar al guardia lo que fue su pasado e inicia el flash back.
Desde que era un niño, todos los días iba al tianquiztli de Tlatelolco, su familia se encargaba de la preparación del pulque y el aguamiel y lo llevaban, como es bien recordado, en canoas a la antigua Tenochtitlán que tan maravillosamente estaba conectada de forma fluvial, tal cual otra Venecia.
A la vez se mostraba cómo la urbe tenía también calzadas, tal cual lo que hoy se llamaría vías peatonales para la gente que caminaba. No por nada en su tiempo, dicha ciudad de Mesoamérica era la segunda más poblada en el mundo. Y el tianquiztli en específico era un reflejo de ello al hablarse cerca de cuatrocientas lenguas en dicho mercado. Y mencionó el incidente en que por culpa de un anciano ebrio le derramó el cacao a una docella y fue llevado ante la autoridad, por suerte la joven intercedió por él y no tuvo que declarar ante los jueces, lo curioso es que se menciona que en ese tiempo el narrador no era sino un macehual, la clasificación de casta más baja entre los náhuatl.
Por lo contrario, la joven era hija de un comerciante, de nombre Matlalihuilt y su dama de compañía Citlalli a la que al siguiente día llevó un cactus cuando había dicho a su padre y tío que iba por tamales. Ambos jóvenes comerciaban sentados frente a frente cuando apareció el primero de los presagios de la llegada de los españoles, el rayo que cayó en el Templo del Señor del Fuego, Xiuhtecuhtli.
Y al respecto el protagonista fue todo un valiente que corrió a apagarlo, durante dicha aventura fue que Atoctli tuvo sus primeras visiones en donde de forma similar a como ocurre en el tercer tomo de “La Danza de la Conquista” de Raúl Treviño, se puede decir que hay todo un viaje por lo ancestral de Mesoamérica con su fuerte misticismo que aún existe, además de que concluye con dos viñetas de una sola página muy fácil de reconocer para los tapatíos en donde se ve una notable referencia a los murales del pintor jalisciense José Clemente Orozco sobre la conquista, que forman parte del “Hospicio Cabañas”.
Volviendo a la narración, posteriormente el valiente macehual se ganó el respeto del padre de Matlalihuilt que comenta que sus trabajadores huyeron ante el fuego y él debe su riqueza a la mercancía que él ayudó a salvar, por lo que comenzó un romance. La secuencia cambia a las costas totonacas en donde por primera vez aparecieron las casas flotantes de los españoles causando al instante un espanto entre los lugareños, que al igual que la mencionada obra de “La Danza de la Conquista” el personaje indígena que vio por primera vez los barcos, lo único que hizo fue ir por cocos de palmeras de la actual costa de Veracruz.

Esto podría ser el prólogo de la novela que continua con un vistoso título: Mexihco-Tenochtitlán. Y de ahí aparece la pequeña Huitzilli dentro de lo que se podría llamar la biblioteca de códices que verdaderamente existió y que fue estúpidamente destruida de forma similar a como ocurrió en Europa y me menciona como caso concreto en la novela de “En Nombre de la Rosa” del italiano Umberto Eco. La joven abre uno de esos mágicos libros prehispánicos que se doblaban en varias secuencias de forma similar a la narración gráfica actual y de su boca se nota el signo náhuatl de la comunicación. Ahí comienza a leer de forma secuencial y gráfica la historia de los aztecas “el pueblo cuyo rostro nadie conocía”:

“Establecidos momentáneamente en Chapultepec, comenzaron pronto a ser hostilizados por la gente de Azcapotzalco. Se vieron forzados entonces a continuar su marcha, refugiándose en la región sur del lago, en las inmediaciones del señorío de Culhuacán. Llegados allí, hacia el año de 1299 d. c, suplicaron al señor Coxcoxtli, rey de los culhuacanos, les concediera algún sitio donde pudieran establecerse. Los culhuacanos accediendo, los enviaron a la región pedregosa de Tizapan, cerca de la actual Villa Obregón, al sur de la actual ciudad de México, con el propósito de que las víboras ponzoñosas que abundaban en esa región, acabaran pronto con ese pueblo de rostro desconocido, los indeseables aztecas. Pero dice el texto que al llegar a Tizapán, a “esa verdadera casa de serpientes”: los aztecas mucho se alegraron, cuando vieron las culebras, a todas las asaron, las asaron para comérselas, se las comieron los aztecas. En vez de morir picados por las víboras, los aztecas les dieron muerte y las convirtieron en su alimento. Así comenzaba a manifestarse el carácter del pueblo azteca, que un siglo y medio más tarde iba a cambiar radicalmente los destinos del México central. En contacto con la gente de Culhuacán, los aztecas empezaron a buscar mujeres entre las hijas de sus vecinos. Así fueron emparentando con aquella gente de origen tolteca”. LEÒN PORTILLA, Miguel (2002), “Los Antiguos Mexicanos”, México: Fondo de Cultura Económica. Página 39.).

Todo lo que arriba fue narrado en de puño y letra de Miguel León Portilla ahora es contado por medio de las viñetas de José Luis Pescador y con lujo de detalle, hasta antes lo más parecido había sido “México a Través de los Popolucos” de Rius, pero con un toque más fantástico y con el humor que siempre caracterizó al autor michoacano. Aquí todo es arduamente documentado. En específico se resalta como el azteca fue contra el Xochimilca fuera de la petición del Tlatoani de Colhuacan pidió que le trajeran la oreja de cada xochimilca muerto, los aztecas le llevaron mejor las narices. Aquí también se menciona a una mujer arduamente fogueada en la política y en la guerra de nombre Ilancueitl que aconsejó a dicho rey de nombre Cocoxtli que primero de eso los mandara con las culebras y posteriormente al ver la victoria sobre Xochimilco fue nombrada señora de los mencionados aztecas que ahora se llamaban Mexicas, pese a que aún no tenían una autonomía total para gobernarse. De ahí se menciona cómo se fueron extendiendo por el valle de México hasta fundar la famosa urbe luego de haber visto el águila que devoraba a la serpiente. Y cómo el Tlatuani Tenoch se esforzó para que los mexicanos ya no fueran más el pueblo chichimeca inculto que llegó del norte y promovió la enseñanza de la cultura Tolteca o Toltecayolt. Y este segundo capítulo termina con el primer “Ceremonia de Fuego Nuevo” que narrara otro importante estudioso de la cultura náhuatl como lo fue Alfonso Caso en su libro, “El Pueblo del Sol”.

El tercer capítulo está enfocado a presentar a un conocido personaje trascendental en la conquista de México: Motecuhzoma Xocoyotzin. Y de nuevo es interesante hacer la analogía con la versión de este personaje histórico que previamente nos regaló el regiomontano Raúl Treviño en su “Danza de la Conquista”. Pues mostró una versión totalmente diferente de la que popularmente se tiene de este “Joven Señor”. Al no caer en la superstición, al decir que no era tiempo de la llegada de Quetzalcoalt y confrontar al invasor perdiendo la vida y amenazando que sus Dioses lo aniquilarían como al final verdaderamente ocurrió en dicho universo fantástico. Eso en el momento en que Xolo el protagonista, por medio de una de esas deidades prehispánicas en secuencia gráfica que se parece mucho a la forma en que se presentan los presagios de esta nueva obra, despertó el espíritu de los antropomorfos. Aquí se nos presenta a un Motecuhzoma, si bien totalmente apegado a cuestiones históricas; pero a su vez totalmente diferente a otro que se haya representado tanto en viñetas como en cualquier otra versión de la Conquista de México. Aunque no hay que negar que en este caso sí está muy apegado y es una viva representación del personaje histórico arduamente supersticioso que encerró al macehual que fue testigo de la llegada de los Tecuhtlis de Castilla y consultó dicho acontecimiento con el consejo de ancianos o Tlatoque, no sin antes haber visto a la estrella fugaz que también se interpretó como otro gran presagio, además de que aquí se muestra una versión fuerte de lo que fue el ave que tenía en la nuca el espejo de Texcatlipoca, y que posteriormente desapareció, en esta versión de José Luis Pescador, en dicho espejo negro se pudo ver la imagen del conquistador español que habría de llegar y el cómo luego dicha ave desapareció de la nada al igual que los macehuales que Motecuhzoma había encerrado en los Maderones. Por lo que también lo tomó como un mal presagio, aquí es donde se ve la otra imagen no explotada de este controversial personaje, siendo tal cual un dictador de su tiempo. Que mandó masacrar a las mujeres y niños de dichos informantes, por lo que en crueles escenas donde la más radical quizás sea la de un soldado mexica azotando la cabeza de un bebé que antes de eso amamantaba su madre también asesinada. La pequeña Huitzilli fue testigo de dicho asesinato incluido el de su padre o abuelo dedicado a la curación chamánica. Todo eso en la zona de Tepoztlán. Y cómo el mencionado monarca comenzó a exigir mayor tributo a todos los trabajadores de su imperio, incluyendo a la familia del narrador que preparaba el pulque, sin darles ninguna reposición por ello y sí sobre amenaza de muerte al no cumplir dichas imposiciones. Toda la esencia de como ya se ha dicho un tirano de la antigüedad, pese a ser una visión propia de los vencidos y sin negar las atrocidades que pronto cometerán los europeos, tampoco puede omitirse, aspecto que muestra una perspectiva muy olvidada de Motecuhzoma que ha caído en el olvido. Y que no justifica en lo más mínimo la sanguinaria conquista, pues de hecho del otro lado del mar fueron muy arquetípicos estos comportamientos en otros monarcas como los emperadores grecolatinos.

De ahí luego de tomar un baño de Temazcal, viene un flash back del personaje recordando a Netzahualpilli, el hijo del famoso rey poeta de Tezcoco, el gran Netzahualcóyotl. Que en su encuentro con el señor de Tenoctitlán era ya un anciano rodeado en todo momento por sus nodrizas y era amante del pulque con chile que como característica era un jugador del Tachtli o juego de pelota prehispánico tan famoso ya que se jugaba usando las caderas, codos y rodillas. Ahí apostó y ganó todo su señorío de Tezcoco contra tres huaxolotes que le terminó pagando Motecuhzoma. Lo interesante es que le profetizó la caída de Tenochtitlá, pese a que Xocoyotzin decía que no había un imperio más poderoso en todo el Anáhuac. E incluso le advirtió de las señales que habría de ver. Los famosos presagios de los que tanto se han hablado. De ahí de nuevo el narrador vuelve a sus memorias y menciona cuando vio por primera vez a los Tlahcuilos, así como su deseo de pertenecer a ellos, pese a que en su tiempo eso no era posible por ser un simple macehual. Sin embargo, se topó con uno de los maestros del Calmecalt que confundió a su padre con un guerrero. Al respecto aquí hay una proyección indirecta con la vocación que muchos mexicanos contemporáneos y actuales han tenido por la narración gráfica, a tal grado que en la actualidad al dibujante de cómics de este país aún se le llama “Tlacuilo”. Y dicho capítulo concluyó con la noticia de que el macehual bebiendo agua de coco vio a los españoles llegar, desapareció de su cautiverio, se esfumó como tal y del sacrificio que el monarca mandó realizar para honrar a sus dioses.

De ahí vino el esperado encuentro entre los enviados del Tlatuani con los Teotles. Tal y cual siguiendo lo que ya había escrito Miguel León Portilla:

“Enterado por los informes de sus mensajeros de la llegada de esos forasteros que traían consigo animales y cosas tan extrañas, el ánimo de Motecuhzoma se turbó cada vez más. Los informantes de Sahagún refieren cómo envió toda clase de magos y brujos para causar algún maleficio a los españoles e impedir se acercaran a México-Tenochtitlán. En medio de sus dudas, pensando que posiblemente fueran dioses, Motecuhzoma envió también cautivos para que fueran sacrificados en su presencia. Los informantes nos describen vivamente cuál fue la reacción de los españoles al enterarse de esto”.

El Texto indica también porqué fueron llamados “dioses” los conquistadores. Antes de forjarse una imagen capaz de explicar la presencia de los forasteros, por una especie de proyección, se les aplica el viejo mito del retorno de Quetzalcóatl. Se pensó que eran los dioses venidos del cielo, los dioses que regresaban. (PORTILLA, Miguel León (2004), La Visión de los Vencidos, Relaciones Indígenas de la Conquista, México: Universidad Nacional Autónoma de México, pp. 40.)

Y el cómo vieron las casas flotantes y se dijo que los pueblos mayas habían tenido contacto con ellos, al respecto aquí viene la que quizás sea la mayor riqueza semiótica de esta novela gráfica, bien claro es la figura y la importancia de Malintze en la conquista al respecto de haber tenido toda comunicación con el pueblo azteca. En esta obra el único lenguaje como tal es el náhuatl. Ella como ya se sabe le traduce en maya al clérigo Jeronimo de Águilar y en los globos no aparecen sino glifos mayas. Que como ya se sabe tenían en común algunos aspectos, pero eran más figurativos y no tenían tanta similitud con la narración gráfica actual como los códices:

 “Una sección de los códices funciona como una unidad dentro de la cual cada una de las columnas, con sus escenas o figuras acompañadas de sus respectivos glifos, conforman viñetas, entendidas en su aceptación más general como una unidad dentro de una secuencia figurativa en la que elementos de escritura fonética se han integrado orgánicamente (Gubern, 1979:113).” (MORALES DAMIÁN, Manuel Alberto (2017), Ensayo “Instrumentos Para Ver, Pintura-Escritura y Sociedad en los Códices Mayas”, “Culturas Visuales en México, Reflexiones sobre Imagen”, México: Colofón, Ediciones Académicas, pp.122.)

Para después aparecer globos con tipografía de español antiguo que hacen referencia a la traducción al castellano. Y concluyendo, la única lengua hablada en este universo posible no es otra que la de los pueblos náhuatl. De ahí vienen las ya conocidas ofrendas que el Tlatuani envío a los hispanos, su fascinación y el reflejo de la ambición en sus ojos. Así como la figura del sanguinario Pedro de Alvarado al que llamaron Tonatiuh el ritual que el hicieron como “hombre sol” y el cómo Malintze lo descubrió para que en este universo fuera gracias a ella que Cortés infundiera el ya conocido miedo en lo mexica al atarles los pies y mostrarles lo que hacían los rifles, cañones, además de otros aspectos, como el asombro de la fiereza de los mastines que llevaron los conquistadores. Por lo que la figura del monarca volvió a ser la que ya es clásica, medito lo que le dijeron sus informantes y recordando la leyenda: ¡Quetzalcóatl había regresado! Se le representa al mencionado Dios, con una anatomía más de un hombre blanco que de mesoamericano, como siguiendo la teoría de que la ya tan famosa “Serpiente Emplumada” en realidad fue un europeo que llegó por la costa de Tampico mucho antes de la llegada de los españoles que aquí se narra. Finalmente, este primer tomo concluyó en el momento del inicio de la guerra, luego de la retrospectiva del narrador en el altar con las cabezas de caballos y españoles. ¡La guerra se había reanudado! Este fue el primer tomo de una versión nueva de uno de los periodos más representados en la narrativa gráfica europea, que al igual que como ocurrió con el difunto Miguel León Portilla, ya es la visión de los vencidos, no la de otro personaje que se intuye que apareció en este primer tomo y que no es otro que el cronista Bernal Díaz del Castillo que al arribar a México era un mancebo. Pese a que su obra lleva por título “Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España”. Ahora en los códices contemporáneos existe también una visión de los vencidos escrita y dibujada por José Luis Pescador, que en toda la extensión de la palabra no es sino un Tlahcuilo de los tiempos actuales. Y tal cual, quizás ya no sea por medio de cómic, sino debamos llamar a esta narración, así como muchas otras, “Los Nuevos Códices”.

Gerardo Martínez Acevedo.

“Efrén Bantú”.

Nota: Agradezco arduamente a José Luis Pescador, su apoyo en mi estadía en la ciudad de León, aclarando que este artículo coincide con la entrega de mi Tesis sobre Raúl Treviño (Otro Tlacuilo). Y mas por el hecho de que el año pasado el buen Pescador fue testigo del cómo también viví la destrucción de mis códices de manos de un ser arduamente ignorante, tal cual los conquistadores españoles.

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