De la boca del loco: John Langan

Hoy vamos a echar un vistazo a la vida de un lunático, que también es un escritor de horror y profesor de escritura creativa. ¿No suena esto como una novela de miedo por sí misma?
El Sr. John Langan divide su tiempo entre; sus estudiantes en la Academia Militar de Nueva York (donde imparte la materia de inglés medio y avanzado a estudiantes universitarios, así como clases de literatura y cine gótico), escribir sus propias historias y la publicación de éstas, ayudando a otros escritores con sus trabajos… Y lidiando con un montón de gatos (cada escritor necesita un gato…o tres).
¡Pero hay más en la trama! John Langan ayudó a fundar la organización que entrega el Premio Shirley Jackson, donde ahora es uno de los directores. El Premio Shirley Jackson ha ayudado a consolidar las carreras de muchos nuevos escritores que, de lo contrario, podrían haber pasado inadvertidos.
La obra de Langan ha aparecido en antologías como “The Magazine of Fantasy and Science Fiction”, “The Living Dead”, “Poe”, “By Blood We Live”, “Blood and Other Cravings”, entre muchas otras. Además ha publicado sus propias colecciones: “Mr. Gaunt and Other Uneasy Encounters” (2008) y “The Wide Carnivorous Sky and Other Monstrous Geographies” (2013). Y dos novelas a la fecha “House of Windows” (2009) y la aclamada por la crítica “The Fisherman”, que ganó el Premio Bram Stoker en 2016. John conoce de primera mano los retos que debe superar un escritor en busca de un hogar para sus historias, tal vez, esa es la razón por la que ayuda a otros escritores a hacerse notar… o ¿será acaso que existe un grupo secreto global que posee oscuros secretos olvidados y que intenta apoderarse del mundo? ¡Estamos a punto de averiguarlo en esta edición de De Boca del Loco!
Círculo Lovecraftiano & Horror: Profesor Langan, nos sentimos honrados de tener un hombre de tan alta categoría entre los escritores que dedican algo de su tiempo a nuestro círculo literario. ¿Cómo fue su vida antes de empezar a escribir? Quiero decir, cuando era un niño, ¿qué lo llevó hacia el horror?
John Langan: ¡Gracias por la invitación! Me siento honrado de estar entre una compañía tan distinguida. (Aunque, ¿por qué ninguno de los otros escritores se mueve? ¿Será que quedaron muy cansados, después de que los entrevistaste? Sí, eso debe ser –guiño guiño-).
La respuesta rápida a tu pregunta es que leer la novela de Stephen King “Christine”, durante el otoño de mi decimocuarto año de vida, tuvo un efecto inmediato y profundo. Si hubo un solo trabajo que me transformó, no solo en un escritor, sino en un escritor de horror, fue ese libro. Por supuesto, la respuesta rápida no es necesariamente la respuesta completa, ¿verdad? ¿Qué fue lo que despertó la novela de King dentro de mí? No estoy seguro de tener una respuesta completa, pero sé que mi vida temprana estuvo marcada por ciertos momentos de miedo.
Cuando tenía dos años y medio, tuve que someterme a una cirugía en el ojo derecho para extraer una pequeña pieza de metal que se había incrustado en mi córnea. Es un procedimiento relativamente simple, pero cuando se realiza en un niño, se debe poner al niño bajo anestesia y, después de que se despierta, debes inmovilizarle los brazos para evitar que se rasgue el parche del ojo que se sujeta a su cara. Entonces, aunque la eliminación real de la pieza de metal no fue complicada, todo lo relacionado con la experiencia fue abrumador, aterrador.
Más tarde, cuando tenía trece años, mi padre sufrió un par de ataques cardíacos masivos, el primero de los cuales lo mandó al hospital, el segundo fue mientras aún estaba en el hospital. Después de que lo dieron de alta, mi madre me dijo que tenía que tener cuidado de no molestarlo, o podría sufrir otro ataque al corazón y esta vez podría ser fatal. No hace falta decir que mi vida y la de mi familia se vieron alteradas. A lo largo de este tiempo, me criaron como católico romano, saturado de historias sobre milagros y martirio. Hasta que descubrí a Stephen King (quien me condujo a Peter Straub, TED Klein y muchos otros escritores), mi lectura tendía a la fantasía, a Tolkien y especialmente a Robert E. Howard, en cuyas obras lo sobrenatural aparece con frecuencia en su máxima expresión. Manifestaciones espantosas. Cuanto más reviso mi vida, menos me sorprende que yo terminara siendo un escritor de terror.
CL & H: ¿Fue usted un niño impresionable? Y ¿qué le asustaba más?
J L: Si lo fui, para mí la máxima encarnación de los miedos de mi infancia fue el monstruo de Frankenstein, a quien conocí en una película que mi padre estaba viendo en la televisión, y dijo que podía ver con él si quería (tal vez tenía ¿siete? ¿Ocho?). Vi lo suficiente de la película para imprimir al monstruo en mi psique por el resto de mi vida, convirtiéndolo en el receptáculo de todas mis ansiedades. En términos más generales, temía mucho el disgusto de mi padre, la burla de otros niños en la escuela y el castigo eterno del infierno.
CL & H: Uno de tus primeros trabajos, el cuento “En la isla de Skua” se va al ejemplo más clásico del género: una reunión de personas para contar historias de terror. Esto es fundamental en muchas tramas, desde los “eventos de la vida real” de esa famosa noche de escritura entre Mary Shelley y sus compañeros, hasta las noches de acampada alrededor de una fogata para decir historias. Parece una reminiscencia de “Otra vuelta de tuerca” de Henry James, a quien citas a menudo en otros relatos. ¿Qué importancia tienen “las historias de miedo” o “cuentos de terror de las abuelas” cuando enseñas a tus alumnos la escritura creativa? Y ¿cuánta influencia tuvo James en ti para convertirte en erudito y escritor?
J L: La primera vez que leí a Henry James, fue su novela corta ‘Otra vuelta de tuerca’ durante mi último año de escuela secundaria. Al principio la odié. Me fue difícil seguir sus largas oraciones laberínticas y decidí que era un escritor terrible. Afortunadamente, unos años después, volví a su trabajo en una clase universitaria en la que tuve que leer varios de sus cuentos, incluida su última historia completa ‘The Jolly Corner’, que trata sobre un hombre que está siendo perseguido por el fantasma del hombre que ÉL pudo haber sido. Es una historia aún más densa que ‘Otra vuelta de tuerca’, pero por alguna razón me encantó de inmediato, y esto me convenció de que sería mejor darle otra mirada a los demás trabajos de James. Ahora que estaba listo para apreciarlo, lo hice, en gran medida porque podía reconocer los fundamentos góticos y melodramáticos de la mayor parte de su ficción. Me encantó su atención al proceso de percepción, que parecía ser importante para la escritura de historias sobrenaturales.
En cuanto a lo que podría llamarse “cuentos de abuelas”, yo vengo de una familia de narradores. Tanto mi padre como mi madre estaban llenos de historias acerca de sus infancias en Escocia durante los años 1940 y 1950, algunas de las cuales eran divertidas, otras eran mucho más oscuras. Esta tradición familiar coincidió con gran parte de mi lectura, que presentaba los mismos tipos de escenarios, es decir, lo que el crítico literario John Clute ha llamado “historias de clubes”, esas en las que un grupo de amigos se sientan juntos y uno de ellos involucra en su historia a los demás.
CL & H: ¿Empezaste a escribir después de los treinta años? He visto que varios de los escritores, que ahora son maestros de la pluma, no empezaron desde muy pequeños como sus predecesores. Tal vez las nuevas generaciones prefieren reunir el conocimiento antes de arriesgarse a ingresar al negocio sin una base profesional…
J L: No publiqué mi primera historia hasta que tenía treinta y dos años, pero había estado escribiendo desde la edad de seis años (una historia sobre King Kong luchando contra Godzilla contada desde el punto de vista de King Kong). Muchas de los cuentos que escribí en la escuela primaria eran imitaciones de los escritores de fantasía que estaba leyendo. También estaba leyendo muchos libros de cómics, y mientras estaba en la escuela primaria, mi principal ambición era trabajar en cómics, preferiblemente como artista / escritor.
En la adolescencia, después de descubrir a Stephen King, comencé a escribir relatos imitándolo; aunque no estaba pensando en publicar nada más allá de la revista literaria anual de la escuela. Durante la universidad y la finalización de mi maestría, me volví tímido y ansioso por escribir horror, preocupándome de no ser lo suficientemente bueno, y aunque seguí escribiendo en mis veintes -completando una novela larga, una novela corta y varias historias largas- no eran completamente horror; tampoco intenté publicarlas. Fue hasta que conocí a mi esposa y me ayudó a entender que no había nada de malo en escribir horror, que regresé al género que amaba y eventualmente comencé a enviar cosas para publicar.
Pienso en el consejo de Ray Bradbury a los jóvenes escritores (parafraseando): escribe un millón de palabras, luego tira esas palabras y estás listo para ser un escritor. No estoy seguro de que escribí un millón de palabras, pero ciertamente trabajé durante mucho tiempo en mi oficio. Para ser honesto, todavía estoy trabajando en ello.
CL & H: Este es un tema obligado debido a la naturaleza de nuestro círculo de lectura. ¿Qué tan grande es la influencia de H.P. Lovecraft en tu trabajo? Y ¿animas a tus alumnos a leerlo o discutirlo?
J L: No leí Lovecraft cuando era joven, supongo que mi primera exposición a algunas de sus ideas llegó a través de la ficción de Robert E. Howard y de algunos de los cómics que leí. Cuando comencé a leer Lovecraft en mi adolescencia media (lo cual fue motivado por la mención que hizo Stephen King acerca de él en ‘Danza Macabra’ y en varias entrevistas), lo primero que leí fue ‘La búsqueda onírica de la ignota Kadath’, que me pareció extraño y algo opaco. Fue hasta que terminé con mis estudios universitarios que realmente leí cualquiera de las historias clásicas de Lovecraft, cosas como ‘La llamada de Cthulhu’ y ‘El horror de Dunwich’ y lo aprecié mucho más. Para ese momento, había leído suficiente a “los hijos de Lovecraft” -si les podemos llamar así-, personas como King y Klein, para tener una idea de los temas que su trabajo involucraba y los monstruos que abundaban en sus historias.
A medida que crecía, más leía a Lovecraft, y comencé a enseñar y escribir sobre su trabajo. De hecho, mi primer artículo publicado de crítica literaria fue un ensayo ‘La gramatología de Lovecraft’, que apareció en ‘Lovecraft Studies’ en el periódico universitario de SUNY New Paltz, donde completé mi licenciatura y maestría. Uno de mis profesores fue Bob Waugh, un brillante erudito de Lovecraft y cuyos dos libros sobre Lovecraft ‘El monstruo en el espejo’ y ‘Un monstruo de voces’, se encuentran entre las mejores cosas que alguien haya escrito acerca de H. P. Lovecraft. Cada año, alrededor de Halloween, Bob organizaba un Foro acerca de Lovecraft, al que invitaba a académicos locales a venir y hablar. De esta manera, tuve la oportunidad de escuchar una buena parte del trabajo de Bob, así como el trabajo de Peter Cannon, Norman Gayford, Judith Johnson, S.T. Joshi, y Steven Mariconda.
Uno de los aspectos más destacados de mi vida académica fue ofrecer una breve presentación sobre Lovecraft en el Foro, y durante varios años, el evento me impulsó a completar un nuevo ensayo sobre Lovecraft y su relación con un escritor diferente cada otoño. Publiqué algunos de ellos, uno sobre la influencia de Lovecraft en la novela de Fritz Leiber ‘The Wanderer’, otro sobre la influencia de Lovecraft en la historia de Thomas Ligotti ‘The Last Feast of Harlequin’, y un tercero sobre la influencia de Lovecraft en el ‘Graveyard Shift’ de Stephen King. En algún momento me gustaría dedicarme a publicar algunos de los otros (hay uno sobre la influencia de Lovecraft en ‘The Darkest Part of the Woods’ de Ramsey Campbell, otro sobre su influencia sobre ‘The Ceremonies’ de TED Klein, y un tercero sobre la influencia de Lovecraft en el ‘Mr. X’ de Peter Straub) y luego ponerlos juntos en un libro corto. Entre mi trabajo y el trabajo de esos otros eruditos, obtuve una apreciación extensa y ecléctica por la ficción de Lovecraft, así como por la influencia que Lovecraft había ejercido en el género de terror.
Y sí, animo a mis alumnos a leer el trabajo de Lovecraft. Lo veo demasiado central para el desarrollo del campo del horror como para ignorarlo.
CL & H: Muchos escritores comparten una cantidad considerable de experiencias personales o experiencias de terceras personas (que ellos conocen) en sus obras; un conflicto constante en las historias que escribes, es el desacuerdo entre padre e hijo. Por ejemplo; en ‘La Casa de las ventanas’, el profesor Roger está enfurecido por el desdén de su hijo Ted hacia la literatura, pues Ted prefiere ir a la guerra en Irak (lo que acaba matándolo) o en ‘Mr. Gaunt’, donde George no parece querer a su hijo Peter por no cumplir con sus expectativas de convertirse en un místico (lo que de alguna manera también resulta en la muerte de Peter). No quiero sonar psicoanalítico, pero ¿de dónde viene este choque? Los conflictos familiares a veces pueden ser más aterradores que los eventos paranormales, ¿no es así?
J L: ¡Sí que pueden! Y esa lucha padre-hijo pasa por muchas de mis primeras historias y mi primera novela. Está muy arraigado en la autobiografía: mi padre y yo tuvimos lo que, en el mejor de los casos, podría describirse como una relación complicada. Lo quería mucho, pero temía su temperamento, que era voluble y que, cuando algo lo encolerizaba, a menudo llevaba consigo la amenaza de la violencia física. Para ser justos, no puedo recordar que realmente me haya golpeado, tendía a sacar su enojo y frustración conmigo verbalmente. Creo que no entendía muchas de las cosas que yo amaba y quería hacer en mi vida, especialmente escribir, y creo que eso lo hizo sentir miedo por mi futuro, por el desastre que temía que yo hiciera de mi vida, y por eso no podía dejar de tratar de arreglar todo lo que yo estaba haciendo. Por supuesto, a medida que crecía, menos me interesaban sus esfuerzos por corregirme. Lamentablemente, murió poco antes de que yo cumpliera 24 años, cuando nuestra relación apenas estaba comenzando a mejorar, así que me he quedado con una gran cantidad de sentimientos no resueltos y, en muchos aspectos, contradictorios. Es una de las fuentes de mi ficción, una fuente que continúa alimentándola, ya sea que él esté al tanto o no.
CL & H: Acerca del libro ‘La Casa de las ventanas’, tu primera novela, una obra que nos recuerda las clásicas… llamémosle “historias de fantasmas” de Shirley Jackson, o los fenómenos de la era gótica, pero situados en los tiempos modernos, con sustos modernos, como la guerra en el Golfo Pérsico, el divorcio… -que puede ser una situación muy aterradora, con mucha culpa-. Mirando hacia atrás, ¿qué le viene a la mente casi una década después de haberlo publicado? Y ¿cuál ha sido su aporte al género?
J L: Cuando estaba escribiendo ‘La Casa de las ventanas’, especialmente una vez que entendí que iba a ser una novela (una realización a la que me había resistido durante mucho tiempo, para que no me intimidara y dejara de escribir), decidí que intentaría escribir un libro que, si muriera al día siguiente de que lo terminara, podría estar satisfecho de haberlo hecho. En la persona de Verónica Croydon, quien narra la mayor parte de la acción del libro, me complació mucho haber empleado una perspectiva que era difícil, obstinada, de la misma manera, me complacieron los nudos y los enredos de la personalidad y las acciones de su esposo. Nick Mamatas me dijo una vez que a mi libro le había “colgado hasta el molcajete” que tienen muchas de las primeras novelas que escribe un escritor, lo que me parece una descripción bastante correcta. En él, encontrarán referencias explícitas e implícitas a Henry James, Herman Melville, Charles Dickens, Wilkie Collins, H.P. Lovecraft, Shirley Jackson y Fritz Leiber, entre otros. Supongo que estaba tratando de emular las grandes novelas de terror de los años ochenta, libros como ‘Ghost Story’ de Straub y ‘The Ceremonies’ de Klein. Solo más tarde se me ocurrió que, con ‘La Casa de las ventanas’, había escrito primero lo que debería haber sido mi segunda (o tercera o cuarta) novela, es decir, una novela en la que un escritor extiende sus alas, muestra que puede escribir personajes que sean menos comprensivos, retratar situaciones que sean complicadas, ambiguas. Como novelista por primera vez, presentaba a los lectores que no sabían nada de mí una novela que no era particularmente acogedora para ellos, lo cual tal vez no era el curso de acción más inteligente. Esto quiere decir que la novela no fue el éxito rotundo que esperaba, aunque ha continuado atrayendo algunas reseñas encantadoras y perceptivas a lo largo de los años, y aunque me siento muy orgulloso de ello, no sé si de verdad haya tenido un impacto real en el género.
CL & H: Cuando los autores mencionan -libros dentro de sus libros-, ya sean de ficción (el Necronomicon de Lovecraft) o reales, ¿qué intentan hacer? Tal vez una referencia para el lector cultivado o una sugerencia para la audiencia para que puedan hacer su propia investigación sobre el tema. Tiendes a hacer esto en algunos de tus trabajos; por ejemplo en ‘Mr. Gaunt’, el libro es “Les Mystères du Ver” y en ‘La Casa de las ventanas’ hay fragmentos de los libros de Dickens y James. En tu última novela, ‘El pescador’ (The Fisherman), una de las principales contradicciones proviene de la información contenida en el libro de la vida real ‘The Catskills’, escrito por el fallecido historiador Alf Evers.
J L: No estoy seguro de poder hablar por todos los escritores que han empleado este artilugio narrativo, pero creo que tiene algo que ver con querer dar a la historia que se está escribiendo un aire de autenticidad adicional. (Vale la pena señalar que encuentras tales referencias en las historias de MR James, que era un erudito en literatura bíblica y antigua, y que sabía cómo emplear dichas referencias con gran eficacia). En el caso de algo como el Necronomicón, creo también existe el deseo de conectar lo que estás escribiendo con lo que Lovecraft y su círculo escribieron, para poner tu ficción en contacto con ese contexto más amplio. Cada vez que alguien agrega un nuevo volumen a la biblioteca que Lovecraft, Howard y Smith reunieron (o como en mi caso, una nueva traducción de uno de esos libros), ese amplio contexto crece aún más.
CL & H: El villano en ‘El Pescador’, ese hombre extraño que viene a vivir con la familia más rica del condado desencadenando fenómenos extraños, como luces inexplicables, ruidos de fiesta que vienen de la casa, personas de aspecto extraño que salen de las instalaciones, quienes NUNCA fueron vistos llegando. ¿De dónde sacó la inspiración para este extranjero? Hay similitudes con el aterrador ex sacerdote “John Jackson” de ‘Mr. Gaunt’, pero uno de los lectores de nuestro círculo sugirió que podría haberse inspirado en el dios Odín, o en el folklore bávaro, tal vez incluso alguna relación con la balada de Goethe “Der Fischer”.
J L: La figura del Pescador surgió de una imagen mental poco clara de un hombre que luchaba por atrapar al leviatán que tenía enganchado a su anzuelo. Soy un gran fan de la mitología nórdica, y puede que me haya influenciado la historia de la época en que el dios del trueno Thor, enganchó a la serpiente Midgard, Jormagund. Hasta cierto punto, la figura que surgió de esa imagen fue dictada por los requisitos de la narrativa que estaba escribiendo: necesitaba a alguien que pudiera ser responsable de los fenómenos extraños que experimentaban mis personajes, lo que significaba que tendría que ser algún tipo de brujo. Cuando apareció por primera vez durante la larga segunda sección de la novela, no tenía idea de la historia de este hombre, todo lo que sabía era que su título era alemán. Solo durante el curso del libro me di cuenta de que él también había sufrido una terrible pérdida, lo que lo había llevado a buscar el conocimiento que podría ayudar a remediarlo. La búsqueda de ese conocimiento, sin embargo, lo había corrompido. Para invocar al escritor estadounidense Robert Penn Warren, sus medios habían contaminado sus fines. Me gustó la idea de que su motivación estaba arraigada en el mismo tipo de tragedia que mi narrador y su amigo habían sufrido. Esto, entendí, le permitiría presentar un caso más convincente al personaje de Dan justo antes del clímax del libro.
CL & H: Hace un par de meses, discutimos en nuestra reunión mensual, ‘Meridiano de Sangre’ de McCarthy. Al final, las opiniones se dividieron, entre aquellos que lo amaban (yo y la mitad de los asistentes) y otros que no lo encontraban atractivo en absoluto. La razón principal de esto último fue el hecho de que “no era horror”, e incluso si consideramos que el Juez Holden era una figura siniestra, Cormac nunca aclara si Holden es una entidad sobrenatural. ¿Cuál es tu posición con respecto a esta novela? Y ¿qué opina sobre el Gótico Sureño como parte del género del “horror”?
J L: ‘Meridiano de Sangre’ puede que sea mi favorita de las novelas de McCarthy (aunque todavía no las he leído todas). No estoy seguro de si el Juez es sobrenatural (aunque hace ese truco con la moneda cuando todos están sentados alrededor del fuego, arrojando hacia la oscuridad y haciendo que regrese…), pero ciertamente parece super normal… hay algo de Acab en él, y quizás también de Fausto. Él quiere tener máximo control, quiere forzar la mano de Dios poniéndose deliberadamente en situaciones de vida o muerte, haciendo que Dios decida si vive o muere. Es por esa razón que la decisión del Niño de no matarlo cuando lo tiene tan claramente a su merced enfurece al Juez, ya que deja a Dios libre de responsabilidad, robándole al Juez su momento de certeza. El libro ciertamente me parece una novela de terror, o si no lo es, entonces está tan estrechamente relacionado como para ser para todos los efectos la misma cosa. Como lo veo, el campo del Gótico Sureño se cruza y da forma en gran parte al género de terror. Este es particularmente el caso de un escritor como Flannery O’Connor, cuyos grotescos relatos tienen sus descendientes en las obras de escritores que van desde Joe Lansdale hasta Nathan Ballingrud o Alden Bell.
CL & H: ¿Qué los llevó a usted y a los otros miembros de la organización que otorga el Premio Shirley Jackson a crear esta plataforma? ¿Imaginaron que crecería tanto en tan poco tiempo? Y ¿por qué la escogieron a ella como el ícono para tal reconocimiento? ¿Podría haber sido el “Premio Daphne Du Maurier” o el “Premio Gertrude Barrows Bennett”?
J L: Los Premios Jackson surgieron de un reconocimiento compartido por parte de Paul Tremblay, F. Brett Cox, JoAnnn Cox, Sarah Langan y yo de que los géneros (superpuestos entre sí) del horror, la fantasía oscura y suspenso psicológico eran lo suficientemente saludables, importantes y crecientes como para tener otros premio en el gremio de escritores. Brett Cox fue quien tuvo la idea de ponerse en contacto con los herederos de la propiedad intelectual de Shirley Jackson y preguntarles si su familia nos permitiría otorgar el premio a su nombre, lo cual, para nuestro deleite, aceptaron. Al asociar nuestro premio con Shirley Jackson, nos sentimos inspirados por nuestra admiración por la excelencia de su escritura, la profundidad de su caracterización y la resonancia de sus narraciones. Si bien hay otros buenos escritores que podríamos haber elegido para nombrar el premio después, no estoy seguro de que alguno hubiera ofrecido el mismo ajuste que Jackson.
CL & H: A veces, nuestros escritores entrevistados nos brindan unas cuantas líneas de micro historia, te daré el comienzo: “John Langan se despertó dentro de una cárcel mexicana oscura y maloliente, sus compañeros de celda, un hombre joven, yaciendo inmóvil y sangrando profusamente. Y un viejo charro, que mira a John de una manera escalofriante … -Gringo, estás despierto… Dame diez pesos.”
J L: Qué te parece esto:
‘El charro’
Se despertó en la oscuridad y el olor a amoníaco del desinfectante, no pudo disimular la pestilencia de la orina, mierda y sangre. El lado derecho de su mandíbula palpitaba, cuando dirigió su lengua hacia los dientes, los fuegos artificiales del dolor le indicaron que varios, tal vez todos, estaban rotos. Tenía un recuerdo confuso de algo que se balanceaba hacia su cara: ¿una silla? ¿Cómo? Había estado cenando con Phoenix y los demás miembros del círculo en la pequeña fondita, discutiendo sobre Carlos Fuentes y luego…
Langan se dio la vuelta, el movimiento llenó su mandíbula de dolor. Exhaló bruscamente, su aliento torturaba sus molares destrozados. Las lágrimas que mojaron sus mejillas, empañaron la tenue escena frente a él. Se secó los ojos con el dorso de la mano. En el suelo, junto a su catre, yacía una figura cuya camisa blanca parecía brillar en la oscuridad. Un charco negro se extendía alrededor de su cabeza en un halo líquido. ¿Phoenix? Aunque hacerlo hizo que todo el lado derecho de su cabeza ardiera de dolor y su visión se tornara blanca, se obligó a sentarse, aferrándose al borde del catre con ambas manos para evitar que se volcara.
Dos de las cuatro paredes que lo rodeaban eran hileras de barras de metal. Estaba en una celda de la cárcel, su primera vez en la cárcel en este país o en cualquier otro. Darse cuenta de ello fue tan impactante como la lesión en su rostro, tal vez más. Basándose en la falta de luz a la que sus ojos aún se estaban adaptando, la llegada del amanecer estaba aún muy lejos. ¿Qué había pasado? Con la excepción de una pareja de ancianos sentados en una mesa cercana, él, Phoenix y el resto del grupo de lectura habían tenido el restaurante para ellos solos. La charla había sido animada, mezclada con risas y comida deliciosa. Aunque en algún momento, habían oído algo en la cocina, un solo sonido a medio camino entre una risa y un sollozo. Su conversación (¿qué pasa con Vlad, de todos modos?) se había detenido, entonces, cuando el sonido no se repitió, la conversación se reanudó. Y eso fue lo único que había precedido a la silla precipitándose hacia su cabeza. Desde el suelo, la figura de la camisa blanca gimió, la queja extrañamente apagada, como si su boca estuviera llena de comida medio masticada. Entrecerrando los ojos, Langan se inclinó hacia delante. La oscuridad parecía granular, como si fueran partículas suspendidas en el aire. Era un hombre, era Phoenix. Con el reconocimiento llegó la conciencia de que había algo mal en la parte inferior de su cara, algo terriblemente mal. Su boca y su mandíbula parecían deformes, como si hubieran sido aplastados en un fuerte agarre. Líquido negro, la sangre brillaba sobre sus dientes. Esta fue la razón por la que su gemido sonó sofocado, tenía que salir a través de los restos de su paladar, dientes, lengua y labios.
El miedo claro, puro y agudo se extendió a través de Langan. “Oh, mierda, oh, mierda, oh, mierda”. Lo que fuera que los había atacado a él y a Phoenix (¿dónde estaban los demás?), era malo. ¿Por qué habían traído a Phoenix aquí y lo habían dejado en esta condición? Otro gemido húmedo se le escapó al hombre en el suelo. ¿Debería Langan pedir ayuda? Los pasillos fuera de la celda parecían vacíos.
A su izquierda, las dos paredes sólidas de la celda se encontraban en un rincón cuya oscuridad parecía más densa, como si las partículas de oscuridad estuvieran concentradas allí. La forma que emergió de ella se arrastró hacia Phoenix con las manos y los pies en el piso, en una caminata de insecto que era silenciosa y extrañamente grácil. Su cabeza era enorme, con forma de platillo, muy fuera de proporción con el resto de su cuerpo delgado. Langan comenzó a moverse al otro lado de su litera, golpeando la pared a la que estaba anclada con la cabeza destellando de dolor. Se presionó contra el yeso, tratando de forzarse a sí mismo, lejos de la cosa que rodeaba por el otro lado a Phoenix y bajaba la cabeza de gran tamaño hacia la cara del desdichado. Hubo un sonido como un chasquido húmedo, como un perro bebiendo en su plato de agua. Phoenix gimió, su quejido subió varias octavas a un grito cuando el chasquido fue reemplazado por una serie de crujidos. Los pies de Langan se apretaron contra la manta de la litera, empujándola contra el suelo con un golpe sordo. El crujir se detuvo. Los gritos de Phoenix cayeron en un gemido. “Oh, mierda, oh mierda”. La gran cabeza en forma de platillo se volvió hacia arriba para mirar a Langan, cuyos ojos sobresalían de las cuencas y cuyo corazón latía tan rápido que su pulso se había convertido en un retumbar de pánico.
La criatura tosió, un sonido como un anciano aclarando su garganta. “Gringo,” dijo en voz alta, fuerte, “estás despierto… Dame diez pesos”.
“¿Qué?”
Una risa delgada y anémica brotó de la criatura y, mientras se sacudía su broma, Langan vio que era un hombre, aunque uno muy flaco, un costal de piel y huesos con énfasis en los huesos. Lo que había tomado por su cabeza aplanada era un enorme sombrero, un sombrero negro. El hombre iba vestido con una chaqueta negra y jeans negros, la chaqueta bordada en diseños plateados; traje de charro, aunque estaba descalzo. El borde del sombrero oscureció la mitad superior de su cara. Su boca estaba cubierta por un largo y denso bigote que brillaba húmedo con la sangre de Phoenix, Langan se dio cuenta, el horror que había disminuido al ver que se enfrentaba a un hombre que estaba en alza nuevamente. “¿Qué es esto?”
“Me dijeron que estaban hablando acerca del Conde”, dijo el charro.
“Acerca de…? Lo siento: mi español no es muy bueno.”
“El Conde”, repitió el Charro.
“Quién…?”
“El hijo del dragón”, dijo el hombre, “Vlad Tepes”.
La novela de Fuentes. “Oh”, dijo Langan. “Sí, estábamos. Quiero decir, estábamos discutiendo un libro. Por un escritor mexicano, Carlos Fuentes. ¿Tal vez lo conozcas… su trabajo?”
“No leo”, dijo el hombre.
“Oh.”
“¿Qué estaban diciendo sobre este libro?”
“Es… una secuela de Drácula, de Bram Stoker. Sobre el vampiro. Fue el último libro que escribió Fuentes, antes de su muerte. En ella, Drácula… Vlad se muda a México.”
“Ah”. Con el pulgar y el índice de su mano derecha, el hombre alcanzó la boca de Phoenix, quien se atragantó un intento de grito. Hubo otro chasquido. Cuando reaparecieron los dedos del hombre, sostenían algo pequeño y blanco: un molar. Se lo metió en la boca. El diente chocó contra sus dientes mientras lo chupaba, y dijo: “¿Y qué dice el libro que hace después de mudarse a México?”
Con los labios temblorosos, Langan dijo: “Se lleva a la familia del narrador. Excepto, que el narrador ya los había perdido. Estaba demasiado absorto, demasiado ciego para ver lo que estaba sucediendo frente a él…”
“Ciego”. Algo en la forma en que el hombre dijo que la palabra hizo que los cabellos en la parte posterior del cuello de Langan se alzaran, su carne punteaba con la piel de gallina. Sin saber la razón, comprendió que acababa de caminar sobre un hielo tan delgado que su próximo aliento podría dejarlo caer a las aguas oscuras debajo de él. Pero no podía dejar de hablar, en el extremo de su miedo había entrado en lo que su esposa llamaba -la modalidad de profesor-. “Sí”, dijo. “La ceguera es uno de los motivos centrales del libro. No estoy seguro si Fuentes tenía en mente a los murciélagos, debido a su asociación con los vampiros. Obviamente. El narrador omite todo tipo de detalles importantes. El mismo Drácula lleva gafas oscuras, detrás de las cuales le faltan los ojos”.
“¿Le faltan?” dijo el hombre, y Langan oyó crujir el hielo bajo sus pies.
“Sí.”
“¿Cómo crees que el escritor, este… Fuentes, llegó a tal detalle?”
Antes de que pudiera abrir la boca para responder, el hombre había saltado la distancia que los separaba. Langan gritó, levantó las manos delante de él. La cara del hombre presionaba contra las palmas de Langan, su bigote era un cepillo de alambre. El olor a cobre de la sangre le llenó las fosas nasales, bajo éste olor había uno peor, el de la carne podrida y plagada de gusanos. A través de los dedos de sus manos, Langan vio las cuencas huecas donde habían estado los ojos del charro. “Oh…” pensó, “oh, no”.
Con un crujido, el hombre mordió el molar de Phoenix. “Cuando era joven, participé en la charreada. ¿Conoces esta palabra? El rodeo, creo que lo llaman ustedes los gringos. Mi especialidad era el Jineteo de Toro, montar el toro. No fui muy bueno, el toro me tiró, y luego bailó sobre mí. Mis huesos…” El hombre chasqueó los dedos uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, una sucesión de pops de fuego rápido. “Lamentablemente, he vivido. Pero ya no podía caminar. No tenía educación, ni familia para acogerme. Entonces, me convertí en un mendigo. Me senté afuera de las iglesias y pedí dinero” el hombre levantó su mano derecha mostrando la palma de su mano “¿Puedes darme dinero por favor? Podría haber muerto de hambre”. El hombre apretó el puño. “Mi suerte fue mejor con los turistas, gringo, yo les decía -dame diez pesos- y lo hacían, a veces incluso me daban más. Yo no lo podía creer. En un buen día solía hacer bastante dinero, elegía un lugar cerca de los mejores hoteles y estaba allí antes de que saliera el sol. Así fue como el Conde me encontró. Estaba de camino a su habitación después de una noche fuera. Pensé que se veía borracho. Los turistas borrachos pueden ser muy generosos. Le pedí diez pesos, pasó junto a mí, luego se detuvo, se dio la vuelta y vino hacia mí. ‘¿Te gustaría obtener algo mejor que diez pesos?’ me dijo, ‘¿Mejor que cien, que mil pesos?’ ¿Qué más iba a decir yo? ‘Sí, por supuesto’. Pensé que podría tener que chuparle la polla, tal vez dejar que me follara, había hecho cosas peores por mucho menos. Estaba equivocado. Con una mano, agarró mi chaqueta y me levantó en el aire. Con los dedos de su otra mano,” el hombre levantó sus dedos índice y medio “me sacó el ojo derecho de mi cabeza y lo lamió en sus dedos. Grité, oh cómo grité. Tomó mi ojo izquierdo, y luego, en la oscuridad… me convirtió en esto”.
Absurdamente, Langan dijo: “Lo siento. Lo siento mucho.”
El hombre inclinó la cabeza. “Gracias. Incluso alguien como yo puede tener buenos modales, ¿eh?” Saltó de la litera y volvió a la esquina de la que había salido. Aunque su visión se había adaptado a la falta de luz, Langan ya no podía ver al charro. Era como si hubiera sido absorbido por la oscuridad. “Con el tiempo”, continuó su voz, “encontré mi camino aquí, ésta cárcel no se ha utilizado en muchos años. Se ha hablado de reemplazarla, derribarla y construir algo más en su lugar, pero no han hecho nada. Por el momento, pertenece a los mendigos… Perteneció a los mendigos, pero ahora me pertenece.”
“El conde no ha pasado por aquí desde la noche en que nos conocimos. Lo he vigilado… No con los ojos, por supuesto, sino de otras maneras. Hay mucho que los dos tenemos que… discutir. Cuando llegaron noticias de un grupo de comensales que discutían sobre Vlad Tepes, pensé que había regresado. Al parecer, lo entendí mal.”
“Solo estábamos hablando de un libro.”
“Sí.”
“¿Dejarás que mi amigo y yo nos vayamos?”
“¿La araña libera las moscas de su red? Después de todo, la comida es comida.”
“Pero esto fue un error, tú mismo lo dijiste.”
“He cometido muchos errores.”
“Tal vez hay algo que pueda darte.”
“Claro que lo harás.”
“Eso es…” Antes de que pudiera pensarlo mejor, Langan se metió los dedos en la boca. Los dientes en las encías superiores e inferiores eran una línea astillada cuyos miembros se movían cuando sus dedos los empujaban, llenando su cabeza con un dolor brillante como el amanecer. En la parte posterior de su mandíbula inferior, encontró un molar razonablemente entero y bastante flojo. Lo pellizcó en la encía y tiró. El dolor era como un horno caliente. Con un jalón que sintió en la garganta, el diente se arrancó de la mandíbula. Dejó caer el molar en la otra mano, escupió la sangre que salió de la encía al suelo y se metió los dedos en la boca. El siguiente diente ya estaba roto y resbaladizo con la sangre fresca, pero fue capaz de liberarlo. Las lágrimas corrían por su rostro, mocos fluyeron sobre el labio. Podía sentir los sonidos que hacían vibrar su garganta, pero no podía escucharlos sobre el rugido de la sangre en los oídos. Intentó obtener un tercer diente, pero sus dedos siguieron deslizándose en la superficie del sangriento esmalte. Finalmente, dijo: “Aquí”, y arrojó los dientes al suelo.
El charro silbó, el silbido corrió por el suelo como un tren, trepó por las paredes hacia el techo. Langan se estremeció. Por un momento, el sonido lo rodeó. Cuando por fin habló el charro, fue con tal ira, que parecía ahogarse: “¿Me los das libremente?”
“¿Y tú qué crees?” Langan escupió sangre.
“¿Me los das libremente?”
“Sí,” dijo Langan, “sí, te los doy por voluntad propia.”
Entonces con un ruido sordo, una sección de las barras se abrió hacia el pasillo, una puerta, cuyo perfil Langan no había notado. “¿Qué es esto?” dijo. “¿Qué está pasando?”
No hubo respuesta.
“¿Me puedo ir?”
Silencio.
Miró al suelo, donde habían caído sus dientes. No había objeto alguno. Con la cabeza como una herida cruda y palpitante, Langan se levantó del catre y apoyó sus piernas que estaban tan débiles que amenazaron con dejarlo caer junto a Phoenix. Se inclinó hacia el otro hombre, agarrando sus manos. Mientras lo levantaba, Phoenix gimió. Aún vivo. Dando un paso atrás, Langan arrastró al hombre a través del charco de su sangre, fuera de la celda. Se suponía que no debías mover a alguien tan gravemente herido, pero ¿cuál era la alternativa? Lo arrastró por el pasillo, hacia lo que esperaba al fondo, una salida.
Detrás de ellos, en el rincón más oscuro de la celda, estaba el chasquido y el repiqueteo de los dientes rodando contra otros dientes, un profundo suspiro de lo que podría haber sido placer.
Para Fiona”
CL & H: WOW! Increíble relato Profesor, muchas gracias por la mención de nuestro círculo. ¿Tiene algunas últimas palabras para sus lectores mexicanos de Círculo Lovecraftiano & Horror?
J L: Gracias a ti y a tus lectores por su interés y apoyo a mi trabajo. Significa más para mí de lo que puedo decir, y estoy agradecido por ello.
Santiago Pérez “El Dumpstero”
(Reproducida con autorización escrita del autor
y el Círculo Lovecraftiano & Horror
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