Mis novelas lunáticas favoritas

Me atrae la idea de estas listas tan especializadas que sólo a un psicótico interesarían. Los mismos caveats de la semana pasada aplican. Es decir, van a encontrar ausencias notorias. No van a ver libros como De la terre a la lune de Verne, o The first men in the moon de Wells, pilares históricos sobre los que se apoyan todos los demás pero ligeramente aburridos (en mi opinión). No es una lista de las “Mejores Novelas en la Luna”, sino mis favoritas. Perdón por explicar lo obvio otra vez, pero si vieran cuántas veces tuve que explicarlo la semana pasada… Con eso fuera del camino, comencemos:

4) A fall of moondust de Arthur C. Clarke. Todos parecen preferir la de Earthlight, que es muy buena, pero a en lo personal ésta siempre me gustó más. Quizá es porque la leí de niño y le sigo teniendo cariño. La historia en sí no es muy complicada. Una de las atracciones turísticas más populares en la Luna es un “crucero” a lo largo de una enorme área alfombrada por un polvo más fino que el regolito lunar común, casi como talco, que permite deslizarse sobre su superficie como si fuera un mar de verdad. En uno de estos cruceros un sismo provoca que una caverna subterránea se colapse lo que hace que el barco se hunda bajo la superficie y quede enterrado bajo el polvo. A Clarke siempre se le acusó de escritor frío, casi clínico (igual que a su amigo Kubrick) pero la verdad era capaz de inspirar ese elusivo sense of wonder como pocos otros escritores. La imagen de un barquito navegando a lo largo de la superficie lunar (y además explicado con la ciencia más rigurosa) es una que nunca he olvidado. A duras penas llega a las doscientas páginas pero no requiere ni una más. Es un librito que no pretende otra cosa mas que entretener y vaya que lo logra. He visto esta novela traducida al español con diferentes títulos pero supongo que mi favorito sigue siendo el de la primera edición que pasó por mis manos de niño que fue Naufragio en el mar selenita de la colección Edhasa Nebulae.

3) Software de Rudy Rucker. Amo las novelas de Rucker, pero hasta yo admito que es un placer adquirido y no para todos. Demasiado fumado y excéntrico dirá la mayoría. Quizá, pero es precisamente por eso que me encanta. Ésta en particular ganó el primer premio Philip K. Dick y me queda la impresión que al maestro Dick le habría fascinado. Cobb Anderson es de hecho el típico protagonista de un libro de PKD. Con sus mejores años detrás de él, mata el tiempo que le queda (y el poco dinero que tiene) emborrachándose todos los días y sin esperar nada de la vida. Su corazón de segunda mano está a punto de fallar y Anderson no tiene el capital para comprar uno nuevo. Y entonces aparece en la puerta de su casa un doble perfecto suyo que le ofrece la inmortalidad a cambio de que viaje a la Luna a visitar a la sociedad libre de robots. Verán, en su juventud Anderson fue el responsable de que los robots encontraran la manera para saltarse las leyes de Asimov y adquirieran libre albedrío (razón por la que el resto de la Humanidad lo odia y lo considera un traidor). Ahora los robots viven en la luna donde las bajas temperaturas del espacio exterior son benéficas para sus circuitos superconductores. La estratificada sociedad de los robots es uno de los elementos más atractivos del libro. Fascinante y compleja… y al borde de la guerra civil. La edición en inglés que tengo es la que incluye las cuatro novelas de la serie, todas muy recomendadas, pero como estoy hablando sólo de esta, mejor usé esta imagen, de mi copia viejita de Martínez Roca. Como dice la contraportada: esta es una novela desquiciada. ¿Qué más le piden ustedes a un libro?

2) The moon is a harsh mistress de Robert Heinlein. En años recientes se ha puesto de moda hablar mal de Heinlein y su obra debido a sus ideas políticas de ultra derecha. No está bien visto defenderlo. Esto es injusto, si me preguntan a mí, porque en realidad estas ideas jamás afectaron o se reflejaron en sus historias… salvo por un puñado de notables excepciones. Curiosamente esta novela es una de esas excepciones, pero mientras que en Starship troopers y, sobre todo, en Farnham´s freehold, los argumentos políticos se vuelven chocantes, aquí cumplen un propósito muy específico ya que la novela cuenta de la lucha por independencia política de la Luna. Como de costumbre, la trama es muy entretenida. Nadie le ganaba al viejo Heinlein a la hora de contar una historia. Hasta sus peores enemigos conceden ese punto. Es además quizá el retrato más real de una sociedad lunar en toda la historia de la CF, cada detalle meticulosamente pensado. En la Luna del próximo siglo sus habitantes no son científicos y exploradores sino los criminales y los exiliados políticos de la Tierra. Hay el doble de hombres que mujeres y por eso es común que una mujer tenga más de un esposo legal. El divorcio casi no existe ya que cuando un hombre se quiere ir o ya no es deseado, es la costumbre aceptar a otro miembro dentro de la unidad familiar. (La versión opuesta a los mormones, digamos). La sociedad lunar es como la de pioneros en la frontera con leyes muy básicas. Nuestro protagonista trabaja con Mycroft, la computadora central que administra todo y que ha desarrollado autoconsciencia en secreto. Es un joven sin muchas ambiciones pero, motivado por su viejo maestro, un “anarquista racional” que opina que los conceptos de estado, sociedad y gobierno no existen sin los actos de individuos (otra versión del Jubal Harshaw de Stranger in a stranger land que obviamente Heinlein adoraba) y una bella mujer (por supuesto), se convertirá en el líder de una revolución de clases que cambiara la historia. Un detalle curioso del libro es la jerga que maneja, con coloquialismos extranjeros y gramática rusa, como en la clásica Clocwork orange de Burgess. La última de las novelas de Heinlein que ganó un Hugo, es quizá su mejor.

1) Steel beach de John Varley. A mitad de la década de los 70s Varley apareció y de la noche a la mañana se convirtió en el mejor escritor de CF con tan solo un manojo de cuentos y una novela. Por varias razones, Varley desapareció casi por completo en los 80s pero después de casi diez años de silencio regresó con esta extraordinaria novela. Steel beach ocurre en el mismo universo de los Ocho Mundos donde la mayoría de sus historias están situadas. En este futuro la humanidad ha sido expulsada de la Tierra por misteriosos invasores (que nunca vemos) y ahora ocupa las lunas y mundos del sistema solar, en particular la Luna. La primera parte de la novela, donde Varley se deleita dejando correr su imaginación para describir las maravillas de la luna es muy divertida (las cabezas de celebridades en botellas, más de diez años antes que Futurama me sacaron la risa). Hildy Johnson es un reportero de un tabloide amarillista, el Nipple (el pezón), que no logra encontrar mucho de interés qué escribir en esta sociedad utópica. A pesar que la humanidad parece tener todo lo que necesita, Hildy está deprimido. Ha intentado suicidarse en un par de ocasiones. Hildy cambia de sexo (algo muy común en los cuentos de Varley) en busca de algún significado en la vida mientras la Computadora Central (uno de los muchos guiños de la novela a Heinlein) lo/la intenta ayudar. Pero en esta sociedad perfecta hasta la Computadora Central tiene su propia crisis de identidad lo que acarreara funestas consecuencias para todos. Este es el tipo de libro de ideas descarriadas que se escribe hoy en día pero allá por la friolera de principios de los 90s, cuando el cyberpunk todavía reinaba supremo, esta novela fue como una cubetada de agua fría para todos.

Antes de irme me gustaría hacer una muy breve mención honorifica a Growing up weightless de John M. Ford (al maestro Ford se le recuerda sobre todo por su maravillosa The dragon waiting, que es una verdadera obra maestra, pero también era un buenazo para la CF) y a la emocionante Lunar descent de Allen Steele.

Armando Saldaña Salinas

(Publicado originalmente en https://postcardsfromtheedge-armando.blogspot.com/2015/03/mis-cinco-novelas-lunaticas-favoritas.html y reproducido con permiso del autor )

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