El ruido del tren

Al rededor de las veintidós horas se recibió el reporte de la detención de un indigente el cual corría en medio de una de las avenidas principales de la ciudad mientras gritaba incoherencias intentando detener a los vehículos que circulaban.

—¡Me quieren llevar! —gritaba el hombre— ¡Se están llevando a todos!

El sujeto fue sometido a una evaluación médica en la cual no se detectó presencia de aliento alcohólico ni de sustancias toxicas, fue necesario aplicarle un sedantes para tranquilizarlo.
El periódico donde trabajo había recibido ya diferentes reportes similares, gente sin hogar desaparecida, sin embargo, no lo vimos relevante comparado a las noticias que pasaban en la ciudad. Esa noche no había suficiente contenido para cumplir la cuotas que nos establecen y decidieron mandarme a investigar este caso en compañía del camarógrafo.

En la comisaría interrogamos al desamparado sobre quién lo que quería raptar, este reaccionó tapándose el rostro y temblando
—Esos seres, los que salen cuando pasa el tren. Se llevaron a José, venían por mí, ese ruido, ese asqueroso ruido, venían por mí—. Al decir eso el hombre comenzó a llorar y ya no contestó ninguna de nuestras preguntas.

En base a la información obtenida y la ubicación donde fue detenido el sujeto, localizamos las vías del tren en la zona industrial de la ciudad, de noche toda esta región estaba completamente vacía y sólo se escuchaban los sonidos de las fábricas. Al llegar, localizamos un edificio abandonado el cual presentaba los típicos botes donde prende fuego para cubrirse del frío de la noche y algunas carpas desechas que adornaban el pórtico de la construcción.

Entrando al recinto Jorge encendió la cámara e inició con la grabación lo cual nos dio iluminación; por mi parte se me nubló la vista por el fétido olor que había en el lugar, entre podredumbre, orines, restos de comida y algo que apestaba a azufre. Nos fuimos adentrando al deplorable edificio el cual se dividía en extensos pasillos con muchos cuartos cerrados, esto daba la impresión de estar en un laberinto.

Mientras explorábamos, íbamos encontrando montones de ropa por todos lados, todas ellas se veían con mucho uso y emanaban un fuerte olor a humedad. Un intenso sonido me hizo dar un brinco, asustado no entendía qué pasaba hasta cuando logré hacerme de la idea: era el silbato del tren que recorría las vías justo afuera de donde nos encontrábamos. Siguiendo nuestra exploración se mantuvo el sonido de los vagones pasando por las vías, fue cuando comenzamos a escuchar sonidos de algo que se arrastraba en alguno de los pasillos del edificio. Decidimos ir en dirección de donde provenía el sonido, pensábamos que podría ser algún vagabundo arrastrándose y podría necesitar ayuda. La búsqueda nos llevó a unas escaleras hacia el sótano, Jorge con cámara en mano comenzó a bajar haciendo un llamado sin tener respuesta.

El tren había dejado de escucharse y con él se había detenido de pronto el sonido que estábamos siguiendo.

Dentro del sótano el hedor era insoportable, encontré de nuevo montones de ropa, pero estos eran diferentes. Al acercarme me armé de valor y tomé una de las playeras la cual estaba desgarrada, como si algo la hubiera arrancado mientras aún era usada, las demás prendas estaban en las mismas condiciones, algunas con manchas de sangre y completamente húmedas.

En ese momento por alguna razón me sentí observado, había algo en este lugar. Jorge recorría el sótano sin haberse detenido para mirar mi descubrimiento, iluminaba los grafitis de las paredes por donde pasaba. Por un segundo, se escuchó de nuevo el sonido que nos había hecho internarnos hasta este lugar, Jorge se detuvo en seco para identificar de dónde venía, estaba muy cerca de nosotros.

En ese momento sintió cómo le caía liquido en el hombro, al tocarlo con su mano libre, detectó que la consistencia no era como la del agua, esta era muy espesa y pegajosa. Levantó la cámara para iluminar el techo y sobre él, vio un bulto blanco del tamaño de una persona, veía como esta cosa se movía como si estuviera respirando. De pronto la luz de la cámara comenzó a temblar debido al terror que estaba sintiendo Jorge y sin aviso alguno el bulto cayó sobre él haciendo un sonido viscoso al tumbarlo al suelo.

Sentí pánico, mi cuerpo se paralizó y no podía moverme, quería huir lo más rápido posible pero mis piernas no reaccionaban, no podía dejar de ver esa asquerosa escena. Jorge seguía pataleando con todas sus fuerzas mientras la cosa esa seguía encima de él, sus gritos estaban siendo ahogados por el peso de ese ser blancuzco el cual iba extendiéndose sobre todo su cuerpo.

Logré girar un poco mi cabeza cuando escuché otro de esos asquerosos sonidos detrás de mí, ese ser no estaba solo y ahora venían por mí.

Con todas mis fuerzas logré al fin que mis piernas reaccionaran, lamenté mucho no poder hacer nada por Jorge, primero era mi vida. Aunque tal vez debí haberme acercado a él para recuperar la cámara, todo estaba tan oscuro que apenas podía ver el camino hacia las escaleras.

Mientras corría, me tropecé y caí sobre algo metálico que se incrustó en mi pierna, como pude, me solté e intenté apoyarme sin éxito, en el suelo comencé a gritar por ayuda, a lo lejos comenzó a escucharse de nuevo el sonido del silbato del tren que se aproximaba opacando cualquier sonido al exterior y con él, comenzaron a escucharse sonidos viscosos que se acercaban a mí en la oscuridad.

Eduardo Nápoles

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