Corazón roto

Aquella tarde sólo se encontraba una pareja en la orilla de la playa, estos estaban tomados de la mano y disfrutaban ver cómo el sol se ocultaba en el mar. Cada año, en esta misma fecha, la pareja visitaba este lugar para ver la puesta del sol y con ello celebrar un aniversario más de estar juntos. Descalzos en la orilla disfrutaban abrazados de la sensación de la llegada de las olas a tierra, sus pies estaban cubiertos por el agua salada, escuchaban el viento y gozaban de la brisa marina. En su abrazo denotaban el gran amor que se tenían. Ambos comenzaron a llorar poco a poco, esta escena era casi una despedida.

Ella realmente lo amaba, desde la primera vez que lo vio, toda su vida era completamente para él y aunque como en cualquier relación había discusiones y malentendidos, ellos habían podido superarlo juntos con mucho empeño y mucho amor.

El hombre se encontraba muy débil, ella sabía que este aniversario sería el último, pero no quería aceptarlo, Steven era su mundo.

Él la abrazaba con todas las fuerzas que tenia y le susurra al oído lo completamente feliz que lo había hecho todos estos años.

Cuando Steven presentó a Magda en su casa, fue toda una conmoción para su familia, su padre dejó de hablarle, recalcándole el desperdicio de tiempo que pasaba con esa mujer que era de otra clase, ¿Cómo has podido dejar a tu esposa por ella? —le reclamo su padre cuando la conoció.

Su madre, aunque decía que lo apoyaba, nunca llegó a tratar a Magda con el aprecio que se les da a las parejas de los hijos, sin embargo, Steven siempre fue firme y veló todo el tiempo primero por su amada. Por quince años, Steven y Magda han estado juntos, en una relación donde la llama del amor nunca ha bajado su intensidad.

Las estrellas ya llenaban el cielo y la pareja continuaba junto al mar, Magda seguía aferrada a Steven, en un abrazo que no querían que acabara nunca, ella tenía mucho miedo por lo que venía, la respiración de su pareja cada vez es más lenta y él ya casi no podía mantenerse de pie.

—No me dejes sola —le rogó con su voz cortada por el llanto—, no sé qué voy a hacer sin ti.
—No pasa nada, bonita —contestó Steven, seguido por un ataque de tos, a él le hubiera gustado traer puesta su máscara de oxígeno, pero arruinaría este momento.
—Siempre voy a estar contigo y aunque ya no esté presente, te cuidaré desde el cielo.

Los amantes continuaron en la playa recordando todos esos bellos momentos que habían pasado juntos hasta que el frío de la noche los hizo retirarse.

En las siguientes semanas la degeneración de Steven se había salido de control hasta llevarlo a la pérdida de conocimiento. Cuando lo internaron en el hospital les rogó a los médicos que le trajeran a Magda, tenía que despedirse de ella, decirle las últimas palabras, los médicos se negaban rotundamente, recordándole que las visitas eran sólo para familiares cercanos, no fue hasta que una de las enfermeras se apiadó de su condición, cuando dejaron entrar a Magda a la habitación, pero ya era tarde, Steven ya se encontraba inconsciente y así terminó su vida, sin el adiós para su amada.

Después de un mes de la muerte de Steven, Magda seguía inconsolable, todo el tiempo en llanto y apenas se alimentaba. La familia de Steven le había dado dos meses para que desalojara el departamento del difunto, el plan original era echarla el primer día, pero no imaginaron lo mucho que estaría afectada por la muerte de su amado.

¿Por qué? se pregunta Magda. Me duele tanto, no es justo, ya no quiero vivir, no puedo sin mi Steven, ya nada tiene sentido, no quiero seguir, ¿por qué me duele tanto?

El firmware de Magda tenía un error que Steven nunca quiso reparar, aunque en la compañía insistieran en hacer recall de todas las unidades del modelo que pertenecía su pareja. Si bien, le garantizaban a Steven que no había ningún problema durante la actualización del código de Magda, la empresa se deslindaba completamente en caso de pérdida de información. ¿Y si falla la actualización y ella me olvida? Llevamos cinco años juntos, ¿cómo podría volver a empezar desde cero? No podría soportarlo, ya no sería mi Magda —le dijo Steven al representante que había acudido a su casa para hacer la recolección de la unidad.

Magda continuaba llorando desconsoladamente la pérdida de su pareja.
—¡Mátenme por favor! Ya no quiero vivir, me duele tanto —sollozaba con sus unidades ópticas ya sin fluidos lagrimales.

El modelo de Magda, en su versión de realese no tenía bien estructurado la programación para procesar la pérdida de su dueño, este error dejaba a la unidad con el sistema alterado de manera perpetua. La empresa de robots de compañía había resulto el error de código con una simple actualización, la cual le daba la posibilidad a la unidad de poder apagarse o borrar ciertos sectores de información para dejar de sentir sufrimiento.

Magda llevó el duelo todo el tiempo sin poder cerrar la herida de su corazón, hasta que, en un punto, su unidad se apagó a falta de energía y al fin pudo descansar.

Se podría decir, que murió de amor.

 

Eduardo Nápoles

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