Réplicas

Estoy grabando mi propia historia en un video. Me encanta crear historias pero esta vez es la vida real, es el resumen de mis experiencias como investigador de fenómenos paranormales. Sé que pronto vendrán por mí y deseo que el mundo conozca de esta gran farsa que llaman vida pues la humanidad ha sido manipulada por siglos y nunca hemos sido dueños de nuestro destino. Ellos nunca perdonarán mi intromisión en su gobierno. Me queda poco tiempo para contarles la escalofriante verdad. Yo pasé la mayoría de los años deambulando de pueblo en pueblo, de ciudad en ciudad, poseído por una incontrolable fobia a la rutina, dudando de lo existente y odiando a los espejos, sí, a los espejos: puentes de las almas oscuras. Algunos espíritus malignos no quieren esperar su momento y se quedan en nuestro mundo acechando a que alguien triste llegue ante un espejo, y ellos sencillamente lo poseen y viven otra vida que no debieron vivir, llena de actos malignos y despiadados.

Viví estos años con la sensación de que sabían que yo sabía, pues siempre me vigilaron, hasta en los momentos más cotidianos, mientras me bañaba o dormía. Ellos siempre observaron mis pasos, día y noche, desde el mismo instante en que los descubrí amontados dentro de un espejo.

No tengo hogar, ni familia, y mucho menos amigos. La agitación con que he vivido no me ha dado tiempo de echar raíces en ningún sitio. Siempre he sentido una amargura que me ahoga y una desconfianza que me hace miran al suelo la mayor parte del tiempo. Las cosas sólo me apasionan por segundos y lo único deseable es lo diferente. Apenas comencé a pensar y noté que somos parte de algo prediseñado, frágiles piezas de un rompecabezas universal, un modelo de tipos humanos que se repite en cada conglomerado social; un experimento del comportamiento realizado por un ser superior llamado dios o extraterrestre.

De niño creyeron que era retrasado, pues comparaba física y espiritualmente a quienes conocía y tomaba notas en una agenda que acostumbré a llevar colgada del cuello. La misma mirada, el mismo andar, la misma cicatriz, a veces eran pequeños detalles repetitivos, otras veces eran grandes semejanzas que se extrapolaban a nombres, profesiones, hábitos y hasta deseos. Cuando me hice mayor de edad decidí probar al mundo mi teoría y partí a recoger evidencias en decenas de países. Por espacio de veinte años evalué las semejanzas morfológicas hasta corroborar un noventa y nueve por ciento de coincidencia en cada zona geográfica.
Lo que más me entristeció del proceso de fabricación humana fueron las almas buenas ubicadas en cuerpos dañados por culpa de la superproducción. Muchos de los envases son sacados rápidamente del horno vital y las almas tienen que gastar su tiempo en la tierra luchando contra el mundo y contra sus propios cuerpos deficientes.

Sé que es algo impactante saberte solo una replica, reconocer que eres un frío número, un fragmento de un todo que se repite combinando las piezas: Si nacimos en Alaska volveremos a reencarnar en el caluroso Sahara o en una isla del trópico, bien lejos de nuestro anterior hogar y aunque el alma viene muchas veces, sólo un escaso número recuerda sus visitas anteriores.

Por favor, te pido que me escuches y no apagues el video. Sé lo decepcionante que resulta para ti saber que no somos tan especiales, sino seres ordinarios que nos renovamos siglo tras siglo. Parece fantasioso, pero en un mundo paralelo esperan millones de entes por su momento terrenal, pues necesitan de una carcaza donde introducir la esencia vital.

Debo apurarme, ya falta poco para que estén aquí. Fuimos creados para evolucionar el espíritu (lo único irrepetible) en un cuerpo desechable y biodegradable, depósitos destinados a desaparecer. La mayoría no da importancia al alma como lo esencial del universo, pero el alma es energía pura, real y poderosa.

Desde que nos erguimos por primera vez se han vivido miles de millones de vidas. Esas existencias se repiten infinitamente. Creo que su base está en la misma tierra, entre nosotros, coincidiendo en tiempo y espacio pero en otra dimensión que nuestros sentidos no pueden captar. Yo les he visto. Sí, les he visto, cara a cara, en dos ocasiones, una fue cuando era pequeño y la última vez fue sólo hace tres días. Son seres un poco más altos que nosotros, sin pelos, con cuerpos alargados como una mantis religiosa, grandes ojos, sin boca ni nariz. Te preguntarás para qué están aquí, qué quieren de la humanidad. Pues creo que se alimentan de la energía vital de nuestras almas, como baterías que se descargan y necesitan de nosotros para volverse a recargar.

Después de mi segunda visión rompí los espejos de mi hogar. Mis ojos se quedaron fijos en el reflejo de mi imagen y una sensación de frío me invadió, seguido de un miedo atroz e inexplicable. En pocos segundos unos ojos inmensos aparecieron en el espejo, abiertos de forma descomunal y dentro de ellos se abrieron bocas que me hablaron en una lengua extraña. Lancé los espejos contra el piso haciéndolos añicos.

Ahora estoy aquí con los ojos vendados para no verles, creo que la única solución será sacarme los ojos pues al final algún día los veré reflejados en algún cristal y se apoderaran de mi alma. Ellos caminan con total libertad delante de nuestros ojos y se paran delante con sus cuerpos traslucidos y ni siquiera les vemos.

Entrena tus sentidos y podrás escucharlos en las noches cuando ellos creen que duermes. Al principio creerás que es la rama que roza el techo balanceada por el viento o el ratón que cruza por entre los libros, pero poco a poco esos ruidos con justificación aparente se irán aclarando y comprenderás que el ruido de la rama en realidad son sus garras y el chirrido de las hojas su locomoción de reptil. No te dejes engañar. No duermas. Desconfía. Observa con detenimiento y verás en cada pueblo y ciudad los mismos tipos humanos creados por ellos: el alcohólico ambulante, el loco, la chismosa, el falso religioso, el cornudo aguantón, el homosexual de carroza, la puta barata, la amargada ama de casa, al deportista sin éxito, al poeta, una serie de patrones repetibles generación tras generación.

Somos su manada de almas, ese es su secreto, el misterio que descubrí y ahora me costará la vida o mejor dicho el alma.  Ellos ya vienen por mí para eliminarme y destruir además mis moldes para siempre. Si eres igual a mí no importa dónde vivas, debes huir de inmediato, escóndete, corre y no vuelvas la cabeza, ellos también irán por ti. Lo siento mucho. Escucho pasos. Veo sombras detrás de la puerta. Batas blancas. Camisa de fuerza. Pinchazo.

 

Pedro Rafael Fonseca Tamayo

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