La batalla de Jutlandia

Diciembre de 1916, Puerto de Stavanger, Noruega

Me esperaba un viaje bastante sinuoso por mar de regreso a Inglaterra, estaban muy arrebatadas las olas en el muelle, me incorporé como pude a la fragata que me transportaría. Seguía aturdido por todo lo que acababa de ocurrir; el viaje, el testimonio, los hechos. Una vez acomodado en el camarote, me dispuse a leer el expediente (del cual seguía sin dar el menor crédito), debía entregar un informe de la inspección y en aquel momento no sabía cómo hacerlo sin que me consideraran loco.

Ser parte del Servicio Secreto ha tenido sus recompensas, pero esta misión vaya que ha sido de lo más rara, cinco sobrevivientes de diferentes buques hundidos durante la batalla de Jutlandia argumentando exactamente los mismos hechos incoherentes como parte de guerra de la misma, todo un caso.

Al abrir el legajo intento recapitular toda la experiencia, por un momento me detengo ante el pensamiento de si efectivamente existen “eventos” en los que no vale la pena indagar demasiado, me tranquilizo y comienzo a releer la transcripción de lo declarado: “David Fisher, de 21 años, contramaestre del HMS Queen Mary, hundido inevitablemente en la batalla naval del mar del norte, a la altura de la península de Jutlandia el 31 de mayo de 1916, a las 21:00 horas conforme lo asentado en la bitácora del HMS Howe (buque insignia), único sobreviviente de la embarcación y cautivo con delirios mentales desde el 01 de junio, una vez llegado al puerto de Stavanger, Noruega, medicado de forma permanente y considerado peligroso para sí mismo y/o cualquier persona.
No obstante lo antes citado, el Sr. Fisher se ha mostrado pasivo y calmo al momento de explicarle la razón de la entrevista, apenas ha emitido unos sollozos cuando escuchó el tema, concertando la cita para el 14 de diciembre de 1916, a las 11:00 horas dentro del pabellón de recluidos del hospital psiquiátrico Queen Maud.

Una vez hechas las presentaciones correspondientes, y estando presente su médico de cabecera por cualquier eventualidad, el contramaestre David Fisher narra y da fe de los siguientes eventos acontecidos:

“El 31 de mayo de 1916, estando la gran flota inglesa al mando del almirante David R. Beatty, zarpó del puerto de Edinburgh con motivo del mensaje cifrado interceptado por la inteligencia inglesa donde indicaba que la flota alemana intentaría dominar y controlar el mar del norte desde la península de Jutlandia, Dinamarca. Siendo las 17:00 horas del mismo día, la flota al mando del almirante John R. Jellicoe se reportó en posición y lista para la batalla, se dio la orden para alinearse y rodear al enemigo en cuanto se tuviera su posición.

Para las 17:40 horas se habían ubicado las posiciones respectivas de los almirantes Scheer y Von Hipper, líderes de la flota alemana, por lo que se elaboró una estrategia para cerrarles el paso en el avance y forzar su regreso al puerto de Esbjerg, Dinamarca para encerrarlos y cortarles cualquier opción de contra ofensiva.

A las 18:10 horas el total de la flota alemana se encontraba ya en posición defensiva y nosotros perfilados para el combate.

A los 18:39 horas el HMS Turbulent empezó el ataque lanzando un obús para calar la distancia entre los participantes, que para ese momento era de aproximadamente 9 a 11 millas, según la información que proporcionaron los artilleros, recibiendo de respuesta las primeras andanadas de los SMS Seydlitz y Pommern, apenas iniciaba el intercambio de fuego cuando justo terminó el atardecer.

Por alguna razón, me llamó la atención la forma en que se veía el horizonte al iniciar la noche, y sin embargo, no llegó (en este momento detuvo su plática y empezó a sollozar el contramaestre, noté también que sus piernas temblaban sin mayor motivo aparente, suspiró, tomó aire y re inició su relato)… juro por Dios que lo que voy a contar es tan cierto como lo que ya declaré, el cielo, todo lo que nos rodeaba, incluyendo el mar, se deformaron en una serie de colores que nunca antes había apreciado, volteé a mi alrededor pensando que era una ensoñación, pero todos en cubierta estaban con la misma expresión de incredulidad, algunos incluso con la mirada de éxtasis contemplando el “espectáculo”. Volví en mí después de un momento, no recuerdo exactamente qué tiempo me perdí en aquello”.

Observé los controles del mando y daban lecturas completamente irracionales, miré hacia fuera y era como si el tiempo se hubiera detenido, el mar parecía congelado, la brisa paró de tajo, fue como si la tierra dejara de moverse. No había radiocomunicaciones, comencé a escuchar el telégrafo, el HMS Invincible y el HMS Indefatigable preguntaban si veíamos lo mismo. Ante el silencio de la cabina, viré y pude constatar que todos en ella estaban en una especie de shock, sin moverse, algunos si acaso con la mirada perdida, otros con una especie de locura en sus ojos, sin poder sacarlos de su estado por más que los sacudía.

Bajé a los niveles inferiores para saber las condiciones imperantes, apenas encontré a un puñado de personas racionales, el resto se encontraba en las mismas condiciones. Regresamos al puente tratando de analizar qué opciones teníamos, el reloj principal seguía marcando las 18:39 horas, sin embargo, hacía rato que eso había ocurrido. Traté de girar el timón para retirarnos de la zona, pero el barco estaba muerto, aunque las lecturas siguieran sin control, nada respondía.

De forma súbita, se sintió una pequeña brisa y el brillo de los colores se intensificó por todos lados, el capitán del buque, John H. Harris comenzó a reír muy débil, se encontraba de espaldas, me acerqué para hablar con él pensando que ya había vuelto en sí, pero cuando lo tomé del brazo para que girara, en un tono serio y sonriendo nos dijo a todos: “aguarden su llamado”.

Acto seguido el mar se embraveció con una furia nunca antes vista, salpicaba esos colores bizarros imposibles de existir (en este punto, el contramaestre ha tenido el inicio de una crisis nerviosa, se levantó de su lugar llorando y entre dos guardias tuvieron que sujetarlo, aplicándole un sedante de baja intensidad para que se relajara, lo sentaron en su lugar de nueva cuenta, a pesar del llanto, golpeó la mesa, me miró en tono severo y espetó: “si no termino el relato hoy, no lo haré jamás”, por lo que trata de componerse un poco y prosigue su narración).

El buque se cimbró por un impacto en la parte inferior, por un momento pensamos que era un torpedo, pero al ver nuevamente por estribor, lo mismo les ocurría a todas las embarcaciones a nuestro alrededor. Todos nos quedamos atónitos ante aquel ariete, pero eso apenas fue el principio.

Escuché el grito de uno de los tripulantes, maquinista Edward Taylor, que había subido de los niveles inferiores por el lado de babor, corrí a ver por la ventana con el resto y aquello fue increíble, una especie de tentáculos recorrían completamente al HMS Invincible y HMS Warrior, el primero explotó apenas unos segundos después y el segundo se hundió por el daño recibido.

Al caer ambos buques, los tentáculos desaparecieron por un momento en aquel mar desfigurado de colores, al pasar esto, tratamos de salir del puente para abandonar el barco, intenté sujetar al capitán para llevarlo conmigo pero me lanzó y regresó a su lugar, me incorporé para seguir adelante pero era demasiado tarde, se escuchó un crujido enorme dentro de la embarcación, los tentáculos aparecían por todos lados y en el movimiento volví a caer ya cerca de la puerta, antes de seguir miré al capitán por última vez y juro por Dios que no estoy loco, un tentáculo lo absorbió mientras lo envolvía, no explotó ni se deshizo, simplemente fue succionado dentro de este sin emitir mayor sonido, lo mismo le ocurrió a todos los que aún permanecían en la cabina. Como pude, salí corriendo tratando de no ser alcanzado por aquel engendro.

Miré sólo hacia el frente y como pude, entre el tronar del barco, llegué a la proa, lanzándome hacia aquel mar de colores repugnantes, a mis costados vi que otros alcanzaron a saltar también. Al salir, vi al HMS Queen Mary hundirse sin remedio envuelto en aquel montón de tentáculos que seguía absorbiendo personas…. ¡¡Dios mío!!, éramos mil trecientos tripulantes en ese barco y apenas conté doce personas a mi alrededor en la superficie. Hasta ese instante pude atestiguar que el HMS Defence estaba en la parte de popa del nuestro y también enfrentaba el mismo destino.

Comenzamos a nadar todos los que estábamos en la cercanía, en realidad tratando de alejarnos de toda aquella masacre porque no teníamos ni idea de nuestra ubicación, pero tuvimos que presenciar como otros nueve buques, entre ellos los HMS Ardent, Fortune y Shark, que son los que alcancé a distinguir, sufrieron el mismo desenlace.

En plena desesperación, nadé lo más rápido y fuerte que pude para salir de ahí, pero cuando el demonio hubo saciado su apetito con los buques, comenzó a perseguir a los que estábamos en el agua, por lo que la locura y el frenesí cundieron por todos lados, escuchaba gritos por doquier pero no me atrevía a ver. Unos de los últimos marinos que vi, me tendió la mano para que lo ayudara a seguir, cosa que hice, pero no me di cuenta que sus extremidades ya habían sido consumidas por el ente. Al darme cuenta, traté de soltarme pero no me dejó, se acercó a mí y me dijo algo al oído pero no entendí lo que me susurró.

Como pude, me solté y seguí mi escapatoria en el mar, sentí algo moviéndose debajo de mí, apreté los ojos y nadé lo más rápido que pude. No sé exactamente cuánto tiempo pasó, pero cuando volví abrir los ojos, la noche había llegado finalmente, el HMS Trust, uno de los buques de retaguardia se encontraba buscando sobrevivientes.

Confundido del todo, me subieron al buque y me dieron la noticia de que la Real Armada Naval Inglesa había ganado la batalla y que Alemania había perdido catorce buques, siendo una victoria definitiva y aplastante para la corona y el imperio. Evidentemente, no entendía lo que pasaba. Traté de hilar las ideas y analizar lo ocurrido, pero la evidencia más sólida era el barco hundido y mis compañeros desaparecidos, “se hundieron con el barco, por eso no hay sobrevivientes en la superficie”.

Me llevaron al comedor para tratar de ingerir algo de comida, no estaba mal del todo. Disfruté en silencio el manjar que me sirvieron y casi al terminar llevaron a otra persona a la mesa donde estaba. Aquel pobre hombre estaba muy maltrecho y con la mirada perdida, le sirvieron una ración y lo dejaron para que nos hiciéramos compañía.

Después de un breve rato, comenzó a comer y a observar a su alrededor, llegando su mirada en un momento dado a mí. También lo contemplaba en silencio como mera distracción, me sonrió y se acercó a mí, deteniéndose justo delante, dejé el postre para ponerle atención y me dijo: “ahora ya sabes su nombre”, gritándolo a todo pulmón… en ese momento comprendí que todo era verdad y no una pesadilla y que ÉL vendría por mí, por favor, no me hagan decir su nombre, ¡no me hagan decir su nombre!, ¡¡¡¡¡NO ME HAGAN DECIR SU NOMBRE!!!….

(El paciente y contramaestre tuvo que ser retirado de la sala dado que fue imposible someterlo, fue cuanto al testimonio y quedando concluido de esta manera).”

 

Miguel Borjas

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