El México antiguo y la conquista en viñetas contemporáneas: Entrevista a Ricardo Peláez (2 de 2)

  1. “El Complot Mongol” del michoacano Rafael Bernal está considerada como la primera novela del género neopoliciaco mexicano junto con “Ensayo de Un Crimen” de Rodolfo Usigli. Es bien sabido que el primer tomo se publicó en el año 2000 con dibujos tuyos y guión de Luis Humberto Crosthwaite, no pudo continuar en su proceso a causa de la viuda de Rafael Bernal hasta el año antepasado. ¿Qué representó para ti un trabajo de este tipo que tardó más de 20 años en concretarse? ¿Y cómo percibes la historieta policiaca en México ante una tradición tan grande en su novela en prosa con autores como Paco Ignacio Taibo II y su Belascoarán Shayne?

El Complot -ya decía también- que significó el proyecto más complejo y exigente de mi carrera. Además, un honor por la trascendencia que tiene la novela de Bernal en la historia de las letras mexicanas. Es una novela que no sólo no envejece, sino que se agiganta con los años.

La historieta policiaca, como toda la historieta de autor en México, apenas inicia el recorrido de su madurez. Mi generación tuvo que hacerse prácticamente sin magisterio de nuestros predecesores porque el periodo que llamo de “chatarrización” de la cultura que significaron los años de hegemonía del concubinato nefasto PRI-Televisa, retrasaron el desarrollo de todas las manifestaciones culturales en al menos tres décadas: 50’s, 60’s y 70’s. Y no fue sino precisamente debido al agotamiento de las fórmulas de hacer entretenimiento económicamente redituable, pero de calidad infame que hubo un indispensable renacimiento de la cultura en todas las áreas. Cine, música, narrativa… y por supuesto historieta.

  1. En la actualidad hay muchos buenos autores de novela policiaca publicando y que a su vez también han creado a su propio detective, como Bernardo Fernández “Bef” y su “Andrea Migangos”, Francisco Haguenbeck con “Sunny Pacal”,  Élmer Mendoza con “El Zurdo Mendieta” e Hilario Peña con su personaje tan singular de nombre “Malasuerte”. ¿Al respecto no has pensado en seguir con la saga de historieta policiaca e ilustrar las aventuras de alguno de dichos personajes?

No, ninguno de esos personajes se me ha ocurrido llevarlos a la historieta. Pero tengo publicado Informe Negro, adaptación a comic del cuento homónimo de Francisco Hinojosa, con su “autonombrado” detective Tomás Sanabria, del que sí me gustaría hacer unas secuelas.

  1. El orador y filósofo romano Marco Tulio Cicerón comentó alguna vez que un pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla. Al respecto es curioso que el mexicano tiene una fuerte desinformación de su pasado y eso repercute en muchos aspectos negativos de nuestra sociedad. Es un hecho también que el cómic ofrece nuevas capacidades para el entendimiento histórico. Las preguntas serían las siguientes: ¿Por qué esta predilección por la divulgación histórica por medio del cómic? ¿La historieta es una nueva oportunidad educativa para el mejor conocimiento de esta ciencia?

La historieta es un lenguaje de una nobleza y unos alcances enormes y creo firmemente en que están por venir los mejores tiempos para los libros con imágenes en general, no solamente para la historieta. Porque, una vez derribado el prejuicio absurdo de que leer con imágenes es cosa de niños, cualquier libro puede enriquecerse con imágenes. (que tienen que ser de calidad, por supuesto, no solamente por tener “dibujitos” un libro es mejor. La calidad de su discurso y su técnica tienen que demostrarlo)

  1. Actualmente hay una fuerte combinación de las cuestiones verídicas con la fantasía como fue el proyecto en el que participó tu servidor, “Monstruos de Vapor” o la misma obra que ahora estoy analizando para esta tesis, “La Danza de la Conquista” de Raúl Treviño. ¿A tu criterio estas versiones fantásticas de etapas históricas pueden provocar el interés de conocer como fueron los hechos en realidad después de lanzar una visión fantástica?

Considero que la maravilla de la capacidad creativa del ser humano radica en que los ecos y las resonancias que provoca la creación en los receptores del mensaje siempre es insospechada y múltiple. Puede ser, desde un impulso para la creación de nuevas obras hasta el simple disfrute de la obra misma. Y por supuesto lo que puede provocar efectos profundos a una persona, puede resultarle absolutamente indiferente a otra. Y creo que mientras más rica en contenido, más profunda en significados y de mejor calidad y cuidado es la factura de una obra, mayores y más ricas son también las repercusiones que tiene. De modo que versiones fantásticas de hechos históricos no creo que sean en sí mismas ni mejores ni peores maneras de provocar interés por la historia en el lector. Yo lo que deseo -como lector- de cualquier obra, es que sea honesta (o sea que surja de motivaciones creativas profundas del creador y no de su ego o una simple necesidad económica carente de necesidad expresiva) y esté realizada con exigencia y rigor en su forma y contenido. Lo que provoque en mí, ya es otra cosa y es siempre una fabulosa incógnita.

  1. Y dentro de tus gustos personales, ¿Cuál sería la etapa de la historia de México que más te gusta dibujar?, ¿Cuál sería lo próximo que harías por puro gusto personal dentro de este tema?

Historias del siglo XX de nuestra historia.

  1. Y para concluir esta entrevista. Son pocas las investigaciones académicas mexicanas que se hacen sobre historieta y esto se debe a que con frecuencia se le sigue considerando un arte menor. ¿Por qué crees que aún se le denigre de forma tan radical y la mayoría de las veces a causa de una total ignorancia por su estética y contenido?

 Existe una falta de conciencia respecto de la importancia de la lectura de imágenes y sus posibilidades discursivas y artísticas. Históricamente se ha pensado que las imágenes en los libros y acompañando palabras es cosa de niños y solamente sirven para facilitar la comprensión del discurso escrito. Eso, afortunadamente ha ido cambiando poco a poco.

Al respecto dicha entrega que de igual manera rinde mayor homenaje al historiador que originalmente escribió el texto original y que en este caso da por llamarse Bernardo García Martínez, sólo al abrirse es evidente que el guión fue escrito por Francisco de la Mora y Rodrigo Santos, al igual que los ilustradores que sobre la ilustración está a cargo de Ricardo Peláez, pero también hay algunas páginas de José Luis Pescador. De igual forma la historia que ahora está un tanto mejor estructurada para el lenguaje de la historieta comienza con una página sin texto en donde vemos de nuevo al abuelo Pascasio en un autobús para después encontrarse con su nieto Pascual por medio de un epistolario entre ambos que ahora evidentemente es por medio del correo electrónico. Comentan que se verán en lo que a todas luces es el Puerto de Veracruz y continuarán con su plática ahora sobre el periodo denominado conquista. Y en aspectos muy rescatable de esta novela gráfica se rompe el cliché de que la conquista de México se limitó a la caída de Tenochtitlán en 1521. Bien sabido es lo difícil que fue dominar a las tribus chihimecas del norte, en específico tampoco comenta que haya sido un período fundamentado en la sangre, pues de hecho se hace énfasis en los señoríos que no siempre combatían a los hispanos y por el contrario se aliaban con ellos, a su vez entendiendo y asimilando que en estos territorios había una organización indígena bastante compleja en la que muchos tenían un arduo resentimiento con los aztecas por el tributo que les imponían por lo que incluso se hace el comentario que muchos pueblos tuvieron pocos cambios con la llegada de los extranjeros. A su vez dentro de la narración misma se menciona a un conquistador como cualquiera, Juan Gallego. Y su comentario de dejar Cuba para acompañar a Cortés a la Conquista de la Nueva España. Bien sabido es que el tan famoso conquistador de México marchó a dicha expedición sin el consentimiento de Diego Velázquez, Gobernador de Cuba y que trató de hacerlo legalmente por medio de las famosas Cartas de Relación con el Rey de España. A su vez el hecho de fundar villas estaba en búsqueda de justificar su empresa, en donde una de las primeras fue Veracruz. Juan Gallegos era de los pocos que tenían caballo y en las ya famosas crónicas indígenas de la Conquista, dichos “Ciervos” como los llamaron los mexicanos al principio sirvieron para causar miedo, aunque es bien sabido que la macana azteca o macuahuitl, era capaz de decapitar a un equino de un solo tajo. Aunque este cómic no emite las barbaridades cometidas por los conquistadores en la que quizás la más extrema pudo haber sido la matanza de Cholula. Así como en definitiva no negar la tan negativa forma de hospedar y someterse a los recién llegado del entonces Emperador Moctezuma, cuando tuvo la posibilidad de literalmente matarlos a todos y ofrecerlos a sus Dioses. De hecho, tal como José Luis Pescador Huerta lo comentó en una plática que impartió en la Biblioteca Wigberto Jiménez Moreno de León, Guanajuato (una de pocas en el país que tiene una sección exclusiva de narrativa gráfica), sus aportaciones a este tomo fueron para mostrar gráficamente el punto de vista de los indígenas, en este caso reflejados en un niño de la edad de Pascual que vivía en una aldea aledaña a Tenochtitlán. Aunque en un lenguaje que permite ser apreciado por jóvenes, no deja de ser una meditación fuerte. Y a su vez comenta la suerte que tuvo Hernán Cortés al vencer a Pánfilo de Narváez que fue enviado por el ya mencionado Gobernador de Cuba para llevarlo ante él y que gracias a su capacidad logró que más españoles se sumaran a su conquista. Es de mención que como protagonista del periodo histórico y dentro de la visión conquistadora Juan Gallegos siempre mostró fe en lo que su capitán buscaba por ello se mantuvo firme, el dibujo de Ricardo Peláez Goycochea de hecho está reflejando el punto de vista de estos aventureros europeos que llegaron a imponer su forma de vida en este continente. Aspecto muy rescatable en este tomo es el uso de mapas con las rutas de los conquistadores a la par de la distribución de señoríos independientes y del imperio mexica, aspecto negativo en el control del lenguaje propio de la narración gráfica es el uso de globos con diálogos extremadamente largos y no saber distinguir por su distribución que personaje habló, sólo un lector de cómic experimentado podría deducirlo por lo que este elemento afecta bastante su intención inicial de dar a conocer dicho período histórico a todo público, esté o no familiarizado con el cómic. El diálogo entre abuelo y nieto no deja de ser ameno sin interferir en lo que se pretende divulgar y como autores gráficos no dejan de lanzar un punto de vista propio de los hechos, como la secuencia en que un azteca lanza una pedrada al ya mencionado Moctezuma, cuando bien sabido es que a la fecha no se ha comprobado si dicho Emperador murió a causa de las mencionadas pedradas de su pueblo o por la espada española. Asimilando que la “Noche Triste” bajo otras circunstancias fue la peor derrota de los mencionados conquistadores, muy reflejada en la ya famosa leyenda que habla del llanto de Hernán Cortés, que dicho de paso tuvo suerte de salir con vida. A su vez se hace arduo énfasis en la viruela que fue traída a México por los soldados de Narváez y el como fue un factor trascendental en la victoria hispana al producir una cantidad enorme de muertos, entre ellos al nuevo Tlatoani Azteca, Cuitláhuac. Y pese a ser una historieta divulgativa que pretende ser apta para todo pública las ilustraciones de los indígenas contagiados por esta enfermedad no dejan de ser extremas, tanto en el dibujo de Peláez como de Pescador. De ahí la narración de lo que es el ya conocido sitio de Tenochtitlán, tampoco deja de ser fuerte al mencionar como hasta ratas se comían dentro de la ciudad sitiada, pero explicando de forma más concreta su vulnerabilidad al estar en medio de un lago y el como cortaron el acueducto, así como la construcción de bergantines, pero haciendo también una ardua mención de la inminente participación militar de los Tlaxcaltecas que hospedaron a Cortés, además de las varias campañas militares que debió de realizar por los alrededores, con frecuencia esta parte se centra más en el sufrimiento indígena y en resaltar las atrocidades de los conquistadores, pero no se menciona lo difícil que fue para estos últimos concretar la caída del imperio azteca. Y del como hicieron prisionero a Cuauhtémoc viajando en una canoa. Pero es necesario asimilar que ahí no terminó la era Prehispánica y mucho menos se concretó la conquista de México. Hay un interesante diálogo entre Cortés y su amigo Sandoval en donde se expresan los problemas que habrían de seguir, la importancia de mantener a los caciques de su parte y tener españoles viviendo en la nueva tierra conquistada, así como de mandar traer a los famosos Frailes Franciscanos para comenzar con imposición espiritual, de ahí vino la necesidad de crear a los encomendados españoles y los siguientes conflictos con los caciques así como las tierras no conquistadas en las que muchas veces nunca habían visto a un europeo. Dicha escena es arduamente narrada en las viñetas de José Luis Pescador, en donde unos niños indígenas descubren por primera vez una armadura española. De ahí la necesidad de reconstruir la ciudad destruida que fue capital de un imperio para volver a serlo en el periodo colonial y posteriormente convertirse en la urbe más grande del mundo (Que antes de la llegada de los conquistadores era superada en tamaño sólo por Pekín, China). Y como crítica constructiva, pudo haberse narrado de forma más ardua lo que fue el resto de la conquista en específico la del norte en donde las tribus chichimecas resultaron ser un arduo problema en su pacificación que de hecho no se concretó en este periodo y no ha sido explotado arduamente en la literatura en comparación a como se narra en la clásica lectura de la “Araucana” de Alonso de Ercilla y habla del conflicto con tribus indígenas similares en cuestiones de salvajismo. Por el contrario, se menciona lo fácil que fue establecerse en el señorío de Michoacán, que bien sabido es que era el único que había podido repeler militarmente a los aztecas. En esta obra hasta se nombra de forma errónea al rey Tarasco que de hecho tuvo la mala suerte de contemplar a Tenochtitlán recién destruida y masacrada por la viruela, factor fundamental para su cautela. No se mencionan otros detalles ni la participación de Nuño Beltrán de Guzmán que posteriormente quemó vivo al segundo rey michoacano, de nombre Tangáxoan.

Y en lo relativo al personaje testigo, Juan Gallego. No se niega que estuvo bien diseñado al mostrar aspectos cotidianos de la época, como cuando recibió a un pariente que criaba ganado que se empezó a introducir en América y el como recibió a los Franciscanos que resultaron ser una necesidad para educar a los más jóvenes, pues con los mayores no tuvieron el mismo éxito pese a lo que se ha especulado. Todo para terminar el viaje que habían comenzado Abuelo y Nieto de Veracruz a Cholula y causar expectativa en el lector sobre lo que Pascasio le contará a su nieto en la siguiente entrega, dedicada a las reformas borbónicas.

A manera de conclusión, esta colección ha sido la mejor forma de reivindicar la tradición de historieta histórica que en su tiempo intentó tan arduamente difundir el pasado de un pueblo y que se tuvo que enfrentar a la censura del gobierno de la que también ya se ha comentado bastante. En esta colección irónicamente hay un elemento poco usual, “El Colegio de México”, como institución le da una mayor prioridad a mencionar el trabajo de los historiadores que en un momento también editaron una colección homónima de “Historia Mínima de México”. Sin embargo, el verdadero merito dentro de esta colección en particular ha corrido a cargo de guionistas e ilustradores que la han sabido adaptar a un lenguaje de historieta, pese a notables errores que ya se han comentado como los diálogos demasiado largos y la dificultad para identificar la dirección de los globos. En comentario del ya entrevistado Sergio Vicencio, que también colaboró en esta colección ilustrando el tomo dedicado a la “Reforma”. El guión le llegó con una exigencia de tenerlo terminado en poco tiempo y de forma muy exigente. Ante todo esto y hay que darle su lugar a los ilustradores que en este caso, han sabido imponer su estilo gráfica dentro de la divulgación histórica como lo son Ricardo Peláez, José Luis Pescador, el mencionado Sergio Vicencio y el resto de autores que en estos tiempos en que la novela gráfica se consigue más en librerías que en puestos de revistas, no decepcionaran ni a un especialista en cómic que a su vez podrá detectar que los errores en el lenguaje del mismo fueron impuestos, ni al más exigente amante del pasado mexicano, además de que en estos nuevos tiempos en que la educación es por competencias, más de algún Profesor de Bachillerato que lo más probable es que sea egresado de la Licenciatura en Historia, tomará en cuenta los volúmenes de esta colección entendiendo el poder que la narración secuencial está teniendo para desarrollar eso que se pretende, una competencia genérica enfocada al conocimiento de lo que anteriormente aconteció. Pues como bien lo decía el orador griego Cicerón: “El pueblo que olvida su historia está condenada a repetirla”. Por lo mismo, ahora la musa Clío tiene una nueva y bella compañera a la que se le puede nombrar historieta de entre otros muchos nombres, pero con una capacidad inimaginable de la que el mismo Dios Apolo estaría sorprendido.

                                                                             

Gerardo Martínez Acevedo “Efrén Bantú”    

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