Tus dos 28

Carla despertó de mal humor como siempre, preguntándose para qué tenía que ir al colegio tan temprano. Era junio, y ya no soportaba el frío de las seis de la mañana. Si no fuera porque su mamá le acercaba un mate, hubiera quedado libre. Pero era inevitable sonreír al ver a Draco ronroneando y caminando por el acolchado buscando seguir durmiendo en su cama. Y ahí su sonrisa se estiraba en una mueca de cariño hacia su madre que intentaba darle buenas noticias: el subte anda bien, no hay tanto viento como ayer, parece que van a agregar otro feriado puente.

Ella tomaba coraje y se levantaba. Salía de casa como para la guerra. Encaraba a los pibes que estaban de resaca todavía en la esquina y al panadero que le decía las mismas boludeces. La mujer del panadero salía a la puerta a vigilar a un vecino que tiraba del perro para que llegara al pasto del parque, sin mancharle la vereda.

Todas eran rutinas insignificantes que, por suerte, terminaban cuando encontraba un asiento vacío en el subte y lograba escuchar música. Y cuando conseguía sentarse, tenía cinco estaciones para relajarse y prepararse para las tres cuadras de caminata.

Llegaba al colegio muda, igual que todos. Nadie participaba en clase hasta que pasara el primer recreo. Salía a las corridas para estar primera en la fila de la cantina y poder disfrutar de las lunetas calientes con el café. Un lujo imprescindible para sobrevivir en el colegio. Y había Matemática, así que era inevitable mimarse un poco para poder soportar el siguiente módulo.

Aunque ese día el desayuno no sería suficiente: Dante entró al aula tarde, justificado por una visita al dentista que sonaba a chamullo. Desafiante y haciendo alarde de sus dos horas más de sueño, la hizo enojar con un estúpido comentario.
—Lo hizo a propósito —dijo ella—. Vos lo viste, Sandra, me miró a mí cuando lo dijo.
—Sí, Carla. Fue así. A mí no me iba a mirar… vos sos la de las tetas grandes.
—¡Qué graciosa que sos!
—Silencio —dijo la de Matemática.
—No le des importancia —murmuró Sandra haciéndose la que buscaba algo en la mochila—. Es tonto ese pibe.
—Sí. Pero tonto y todo, me lo demuestra siempre a mí.
—No vas a hacer lo que pienso, ¿no? —Sandra señaló con la vista a Dante—. ¿No lo vas a hacer, no?
—Sí, lo voy a hacer. Ya lo soporté bastante todo el año.
—Pensalo más, amiga. Por ahí te arrepentís. Dante no es malo. Y eran amigos. Vos en el fondo lo querés.

Carla no le hizo caso a Sandra, y cuando llegó a su casa estaba decidida. Ella sabía que él había dicho esa frase a las 12:21. Ella recordaba bien la hora: había mirado de reojo el celular y marcaba las 12:21. Ahí, al chequear que la aplicación estaba vigente y que todo había quedado registrado en la memoria, se había quedado tranquila. Así que ahora, podía estudiar cada palabra.

Descargó el archivo de voz de su conversación con Dante desde las 12:00, quería darle 21 minutos de ventaja. Intentar perdonarlo.

Era bastante raro que Dante se hubiera arriesgado tanto sabiendo que compartían la red y que se verían afectados al cambio si es que decidían usar la app Sensación. Era como si estuviera buscando el riesgo. Como si se dejara balancear al borde de un precipicio. En finas cuerdas, hilos rotos, como la relación que tenían. Una amistad destruida sin saber por qué. Carla daría el tirón. Cortaría de una vez por todas esa relación causando un solo y rápido dolor, igual que el latigazo de su frase, que la había lastimado.

Archivo Dante: 12 de junio.
Carla 12:00: No aguanto estas funciones, Sandra. Estoy podrida de trigonometría. Sólo pienso en llegar a casa y tirarme en la cama.
Sandra 12:02: Yo tengo un hambre…, Carla.
Carla 12:03: No aguanto más, y no toca el recreo. ¿Se olvidaron del timbre? Ya tiene que terminar la clase chota esta. ¿A quién le importa la curva del seno?
Dante 12:06: Hola, gorditas, ¿cómo andan?
Carla 12:08: Hola, fofo. Bien, ¿y vos? ¿Ya fuiste a desayunar gaseosa, Dante?
Dante 12:10: ¿Qué pasa, Carla? ¿Te fue mal en la prueba?
Carla 12:12: La prueba no es mi problema. Tengo sueño y ya no te soporto más.
Dante 12:13: ¿Qué bicho le picó a esta, Sandra?
Sandra 12:14: Dejala, Dante. Hoy no es un día para decirle gordita.
Dante 12:16: ¡Ah! ¿Estás en esos días, Carla?
Sandra 12:17: Vas de mal en peor, Dante.
Dante 12:19: Pero, Sandra, le dije gordita cariñosamente. Sabés que yo amo las curvas. Siempre digo lo mismo…
Sandra 12:20: ¡No lo digas!
Dante 12:21: “Una novia sin tetas, más que una novia es un amigo”.
Carla 12:22: ¡Idiota! ¡Sos un idiota, Dante!

Carla escuchó la conversación una vez más y no se animó a cambiar el archivo. Quizás había exagerado un poco. Dante no tenía maldad, pero…
Lo puso en la mira, y se prometió que la próxima vez que hiciera un comentario sobre sus tetas, lo iba a afectar con Sensación.

Desde ese día, cuidó más que nunca su amistad virtual con Dante. No quería perderlo como contacto en Sensación. Se descubrió obsesiva reviviendo cada momento que habían compartido con él y buscando formas de hacer los cambios sin que se diera cuenta. Para no dar pautas sobre su plan, no tenía que llamar su atención. No quería perder el efecto que estaba buscando. Incluso un día ella hasta podría despertar sin la bronca porque él había hecho uso del cambio primero. Y entonces ella se quedaría sin recursos para planear su venganza después.

Buscó tener a mano el celular en cada conversación con él. Intentó memorizar el pulso del ícono “Me enoja”, para activarlo de memoria, si Dante volvía con una de esas frasecitas. El ícono lo iba a hacer entender por la fuerza.

Sabía que los cambios tenían que hacerse vía mensaje privado. Para no levantar la sospecha, no podía alejarse. Entre medio de las palabras amables de los mensajes privados, ella intercalaría el ícono “Me encanta” con todos los “Me enoja” que venía acumulando en las conversaciones reales con él.

Tenía que ubicar los íconos con mucha inteligencia. Todos los usaban en las novedades de cada biografía, pero ella sabía que si los usaba en los mensajes privados lograría un efecto directo al inconsciente. Un estado de ánimo que lo alejaría de una vez por todas.

Dante llegó a su casa entusiasmado. Se preparó para escuchar la conversación con Carla. Ella no parecía tan enojada y sabiendo que era muy curiosa, se arriesgó.

Archivo Carla: 15 de junio.
Carla 09:12: ¡Dante, me tenés podrida! No soporto más tus chistes.
Dante 09.13: Carla, no es un chiste. Escribí un cuento que se llama “Tus 2-28”. O sea: “Tus dos tetas”. ¿Vos sabés que el número 28 significa las tetas, no?
Carla 09:14: ¡Me hartaste!
Dante 09:15: Cuando llegue a casa, te lo mando por mensaje privado. Quiero saber si te gusta.
Carla 09:16: Seguro que me va a encantar…

A pesar de esa ironía, Dante sabía que Carla abriría el archivo “Tus 2-28”. Y no bien apretara el enter, toda la fuerza de los “Me encanta”, que había ocultado en la trama del cuento, irían a parar a su inconsciente.

Ya había intentado acercarse a ella por todos los medios posibles. Estaba enamorado y se jugó la última carta.

 

Isabel Santos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s