Valentine´s Day.

Ciudad de México, febrero 2056.

Parecía un año normal, faltaban escasos trece días para el día de San Valentín. La televisión mexicana había hecho un esfuerzo sobrehumano para promocionar unos extraños ositos de peluche (que ya no estaban de moda y habían dejado de fabricarse décadas atrás), de los cuales decían era el regalo retro perfecto para el 14 de febrero. Desconocía la gente el propósito real de tal mercadotecnia.

El gobierno norteamericano junto con el presidente de nuestro país, habían hecho un pacto: tenían que deshacerse de la mayoría de los habitantes de dicha ciudad ya que planeaban reconstruirla totalmente para formar lo que sería llamado: “La nueva ciudad de México”. La manera de actuar sería muy simple: fabricarían millones de osos de peluche con un diseño lo suficientemente “tierno” para que fuera “el objeto de moda” para este día de San Valentín. Pero se había injertado en el cuerpo de cada oso una bomba programada para explotar el 14 de febrero a las 8:00 p.m., la cual podía destruir lo que estuviera en un radio de cien metros a la redonda.
Dicho acto se atribuiría a los terroristas y ambos gobiernos quedarían como héroes al tratar de salvar lo que quedara bajo los escombros. Y además, ganarían millones porque, aunque los osos bomba sólo se distribuirían en la Ciudad de México, en el interior de la República se venderían osos sin bombas en cada cadena comercial.

Desde el comienzo del mes de febrero se podían ver cantidades desorbitantes de estos osos por las calles. Incluso en algunas tiendas había cientos de osos apartados para ese día, ya que algunos habían aprovechado para incluir flores o chocolates en sus pedidos.

El día 14 de febrero (que ese año cayó precisamente en sábado), la ciudad estaba repleta de globos, corazones y esos tiernos osos de peluche. Era una celebración ambientada a la antigua, ya que nadie estaba acostumbrado en esa época a regalar esas “cursilerías”, porque la gente había dejado de demostrarse afecto de esa manera y preferían regalar artículos tecnológicos de moda.

Dieron las 8 p.m. y los osos hicieron explosión en la mayoría de las tiendas de conveniencia donde se encontraban y, en muy pequeñas proporciones, en las viviendas de algunos incautos “enamorados”.

Se tomó la situación como un acto de terrorismo, pero no tuvo el alcance que las mentes siniestras habían ideado, ya que no contaban con que las versiones “pirata” del osito serían las mejores vendidas ese año, y ésas no incluían bombas. Ni pilas.

 

Claudia Aguilar Herrera.

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