Bitácora. Querida Nube.

Era 29

Aún no encuentro la forma de decirles las palabras, pues son sonidos que no caerán de mi boca para que los recojan sus oídos en frutos coloridos. Pero palabras… ¿para qué querrían ellos esos regalos que ignoran, que no comprenden, que desconocen son benditos?

Descanso ahora en claveles que se cortaron en la cosecha de ayer y huelo su aroma fresco, a tierra y lluvia ¿Será esta gota que cubre un átomo de pétalo, una palabra tuya? Sabe a golpe de sol y a los sonidos de las hojas cuando en verano el viento juega a llevárselas, a que dancen en su presencia y saluden su corriente.

Era 30

Las falsas esperanzas de hallar la escalera a los cielos o la presencia de su rastro y de su destino ¿Qué más puedo pedir ahora si el cielo se ha cubierto con un velo ocre? Creo que ahora vislumbran un poco lo que antaño les tenía sin cuidado. Si logro entregar mis cántaros, si los libero en sus jardines no habrá gritos y tampoco miedo. Creo que atienden mis movimientos porque saben que el sonido que emitiré se vuelve verdad y sentido.

Si la era 31 llega como lo hemos previsto, en las caras lúcidas de las estrellas y en las sombras de luna de los planetas, podré entonces trasmitir mis regalos y no caerán en vano, serán recibidos con los brazos abiertos, ávidos por sostenerlos, probarlos y captarlos, fusionarse a ellos.

Período 300 de la era 30

Sí, está pronta la fecha, querida nube, todavía puedo describirte con total seguridad, sin fallar, sin que los errores me desacrediten; te has apeado al cielo y yo me entierro en la tierra, siento que el frío comienza a trepar. Estoy cansado, creí que unos cuantos períodos más antes de la era 31 y mediríamos el pequeño espacio que nos queda para llegar.

Creí que con la suavidad y con la complacencia llegaríamos más rápido a la meta pero ha invadido nuestros sueños la luna errática y destruyó por completo los valles de sus mentes. Gritan en fanática devoción, se flagelan, piden a sus guardianes guía y nadie les responde, creo que el fracaso es inevitable.

¿La semilla podrá crecer aquí? ¿O tendré que rendirme y ponerme en pie, cargar conmigo las únicas flores que poseo y llevármelas a otro lugar?

Ellos no parecen estar listos. Fallaron los cálculos sobre la luna, creí que llegaría en el período 250 de la era siguiente. Pero es rebelde, es azarosa en su nadar, ha cubierto el cielo con su figura y las supersticiones se alzaron como gusanos de debajo de la tierra. Oigo que sacrifican al tiempo en busca de más tiempo, se han vuelto locos, al igual que ella. Sigo enterrado, apretado en unos cuantos metros y me es difícil respirar, si el siguiente período no mejora tendré que aceptar que el fracaso es lo conveniente.

Podré empezar de nuevo, tú y yo, querida nube, pero hemos fallado tres veces ya, tal vez ellos no fueron hechos para comprender. Estoy cansado, quiero dormir, si lo hago puede que sea incapaz de volver a ti, puede que olvide quién eres, quién soy, quiénes fuimos, llevo mucho tiempo separado de ti que me es imposible reconstruir tu aroma.

Has cruzado tres veces está tierra, al igual que mis esperanzas que se han dividido en tres: la de regresar, la de huir, la de morir. Son sabores extraños en mi cabeza, se aglutinan ahí como una montaña que crece por las lavas que de a poco se enfrían. No puedo asegurar si se hará montaña o un grano de arena insignificante.

La luna tapó mi claridad y mi centro, perdí la orientación más no el propósito.

 

Fines de la era 30

Desierto. Mis pisadas hicieron hoyos pero los hacen en arena infértil. Nada crece allí, he sentido tu vibración acuosa al otro lado del mundo y he pensado que yo también vibro, en mí vibran filamentos, escarcha y polvo, no sé si me desintegraré antes de que  se concrete lo que vinimos a hacer.

Ellos se han calmado, la luna errática se alzó y se esfumó, pero ahora veo en sus miradas un círculo negro, han envejecido y se les acabó el tiempo. Esta civilización no podrá cultivar mis palabras, me preparo para marcharme, la marcha será fácil, lo difícil será encontrar otro lugar, uno que permita plantarnos y florecer, que nos pueda recibir sin los aciagos en sus gestos y ambiente. Si ellos lo logran, nuestra misión estará completa.

Nube, noté tus colores pálidos otra vez, empiezas a languidecer. Esperaremos, sé que el viento te dará más vitalidad, apégate un poco a las dunas de sus límites, ahí podrás llenarte de nuevo, de valles diáfanos y olas en espiral, de las corrientes estelares que tanto se hacen falta.

 

Era 31

Querida nube, te llamo con fuerza, mis palabras ahora se desbordan a torrentes, son cascadas trepidantes que inundan todo a mi alrededor, se ve oscuro y a ratos los rayos se curvan dentro del agua, parecen peces de colores efímeros y sin sustancia.

No sé si al final la despedida sea una solución o la vergonzosa derrota de nuestro proyecto. Ellos están muriendo, no sé, puede que la enfermedad de la guerra sea lo último que sus descendientes vean aunque también tiene la enfermedad del fanatismo; sus dioses, sus leyendas son fronteras que ahora mismo no los dejan respirar, se han vuelto insuficientes para que se mantengan en pie, despiertos y  vivos.

Ellos se extinguirán, he notado desde el período 132 de esta era la aparición de un letargo mortal en su simiente. Evalué si esperar o partir, pero les di la oportunidad de recuperarse, hubo un pico ascendente en el período pasado pero veo otra vez una caída inminente, el letargo se fortalece. No estaban listos.

Me desenterré de la tierra, sentí que mis ojos palpitaban al ver su sol, parece más lejano que hace una era, ya no veo la estrella roja que orbitaba cerca, es la señal de que pronto no habrá calor en este lugar, veo lentitud y zozobra, saben que no podrán sobrevivir.

Despegaré hacia a ti en cualquier momento. Si hallamos a otros que tengan un dejo de luz en sus ojos, cual motas que naden en aguas negras y profundas, creo que habremos encontrado una civilización apropiada para nosotros, habrá que estudiar a mayor profundidad para no fracasar de nuevo, sabes que se nos acaba el tiempo.

Confío en que lograremos nuestro cometido, de solo pensarlo tiemblo como el agua sacudida por las ráfagas de una tormenta o las ondas de luz que chocan con el sonido, imagino las manos que recibirán las mías y celebrarán el regalo más grande que tú y yo podemos darles: la vida del último de nuestro pueblo.

 

Alicia Mejía Alba

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