Ecos del desierto: Canto del fin del mundo.

Vivo en un mundo violento.

Hay muertos, sicarios, sicarios muertos, asaltos, secuestros, levantados, levantados muertos, topetones, tableteados, camionetas negras. Ese puede ser el presente. Agrégale una dosis de robots, una pizca de distopía y unos cuantos gramos de apocalipsis mundial y tienes una obra enmarcada en una ciencia ficción de dos días en el futuro. Todo eso, y mucho más, es Canto al fin del mundo, de Vanessa Garza.

Un libro intrigante que empecé a leer sin ideas preconcebidas y con un sabroso desconocimiento de qué va la obra. Inicio la lectura y veo mi mundo, ese violento mundo que te describí al inicio de esta reseña. La autora te da el texto como la acción: cruda, fuerte para que te ubiques en ese, este, mundo y dejes tu cómoda vidita de espectador y huelas la sangre, te duelan los golpes, soportes las moscas en tu cabello lleno de tierra, o sientas brotar colmillos de tu boca trocada en hocico, así de inmersiva la prosa de Vanessa.

La presentación de los personajes es lenta, leve, sutil como quien va desgranando una granada para alimentar a los cuervos. El manejo de los capítulos como quién va juntando diagramas que en un inicio parecen inconexos pero conforma avanza la obra te das cuenta que vas armando los circuitos de un cerebro positrónico.

El tratamiento de temas sociales, tecnológicos, incluso oníricos, crean la filigrana de este hermoso tejido con la que la autora te sumerge, cual tortura de secuestrado, en un balde lleno de sorpresas, de imágenes e ideas que no le piden nada a la ciencia ficción concebida como tal.

Su prosa cargada de recursos literarios me escupe para alcanzar la redención. El capítulo llamado “El escape de Juan y Carolina” hace alarde de ese saber hacer su oficio, la belleza en medio de cadáveres, enfermos terminales, sangre y huesos es un logro agradablemente sorpresivo.

Como el libro no cuenta en su contraportada ni en las solapas con un texto que te avise, o te advierta, qué clase de boleto has comprado, el descubrimiento de ese mundo apocalíptico te sopla su marea roja, sus descerebrados, sus viviendas colmenares, su violencia, para que descubras, o ubiques, un mundo de ciencia ficción sin necesidad de alardearlo.

Si quieres conocer el género cultivado en estos lares te recomiendo que lo compres y lo leas.
Árboles, hojas, aves, cantos, jabalíes.
Es un libro que te convertirá en un disociado de la realidad.
Y eso, hay que agradecerlo.


Samuel Carvajal Rangel.

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