El distante pixel azul

Desde este lejano punto de vista, la Tierra puede no parecer muy interesante.                                         Pero para nosotros es diferente. Considera de nuevo ese punto.
Eso es aquí. Eso es nuestra casa. Eso somos nosotros.

                                                                                                                                             Carl Sagan.

Hoy es el inicio de una nueva etapa en la humanidad. En la inmensidad del espacio, a 40 años luz, el equivalente a 189 billones de kilómetros de la Tierra, avanzamos en la nave ARCA-2 directo al nuevo edén de la humanidad. Se nos encomendó la misión de poblar un planeta fuera del sistema solar en la constelación de Acuario. La tripulación está compuesta por 40 personas, entre hombres y mujeres, todos bajo mi mando.

El copiloto y yo ajustamos los últimos detalles para el descenso. El reloj marca un tiempo propio de 40.8 años, equivalente a 205 años en la Tierra. Nuestro destino se materializa ante nuestros ojos, el planeta llamado TRAPPIST-1g, orbitando una estrella enana roja. Este es un exoplaneta que tiene gran parecido con la Tierra. Es de un color verdoso, treinta por ciento más grande y con un período alrededor de su estrella de sólo 12.35 días, pero alberga todas las condiciones que requerimos para crear una comunidad en él.

Ante la gran demanda de espacio de la humanidad, los gobiernos buscaron nuevas opciones donde habitar. El descubrimiento de planetas con condiciones similares a la Tierra desencadenó una gran euforia en la comunidad. Se había encontrado que nuestro planeta no es privilegiado en el universo, que se puede expandir el dominio de los hombres a otros mundos y es urgente realizar tal misión. Se lanzó una gran campaña llamada “Porque la Tierra no es el único lugar” para presionar a los gobiernos a colaborar. Así, se formaron dos misiones para llegar a planetas fuera del sistema solar. La nave ARCA-1 fue enviada a a un planeta llamado GLIESE-581g en la constelación de Libra, a 20 años luz de la Tierra. Contamos con todo lo necesario para nuestra misión: la información genética de todos los animales y plantas de la Tierra, los laboratorios y las máquinas para controlar esa información, además, hicimos hibernar a grandes animales y tenemos una gran piscina congelada, en ella se albergan moluscos y seres que pueden sobrevivir el viaje. Todos los detalles fueron meticulosamente cuidados.

En un inicio, el problema para llegar a cualquier exoplaneta era la tecnología, pero por el avance descomunal en los últimos dos siglos, se ha llegado a emplear la energía de forma más eficiente y se han desarrollado naves que pueden acelerar a velocidades muy cercanas a la de la luz. Nos sentimos orgullosos de nuestra época y de los avances conseguidos. Podemos llevar la semilla del hombre a todos los confines del universo.

Durante este periodo hemos hibernado en cámaras, conservando nuestros cuerpos en perfecto estado. Es como si ayer hubiésemos iniciado el viaje y con la nave a punto de entrar en la influencia del planetas TREPPIST-1G, nuestros corazones vibran de alegría. Hablo a la tripulación por el altavoz,      – Capitán Álvarez dirigiéndose a todos los tripulantes. Estamos a 20 minutos de llegar a nuestro destino, la misión para la que fuimos entrenados empieza ahora mismo, así que todos vayan a sus puestos y prepárense para el impacto–. Me dirijo al copiloto, un joven muy serio y comprometido con su trabajo, –hay que prepararnos para empezar a acelerar en cuanto entremos a la zona gravitacional del planeta–. Asienta y se pone a trabajar de inmediato.

Pido el primer reporte de la nave, pero todo se encuentra en perfecto estado, nos hemos conducido por el espacio y todo marcha como se había planeado. Sólo encuentro que la piscina se descongeló en el camino hace ya mucho. Los animales que venían ya no podrán expandirse por el nuevo planeta.

Observo por la ventana un planeta tal como nos fue descrito, se ve un gran océano y tierra firme, además de una cadena montañosa. Recuerdo esas palabras de Carl Sagan, refieriéndose a la imagen captada por la sonda Voyager, y ahora me emociona que aquí será donde todas las personas que existirán, que llorarán, reirán, todos a quienes amaremos surgirán en este distante lugar entre la inmensidad del cosmos. Es seguro que podremos empezar una nueva etapa de la humanidad, si no es que el ARCA-1 ya tiene una población en su destino. Busco en la pantalla del ordenador el punto del cual salimos, pero la Tierra no es más que un pixel azul. – Capitán Álvarez avisando que abrochen sus cinturones de seguridad, estamos a punto de entrar en la influencia del campo gravitacional del planeta. Es necesario encender los motores para redirigir la trayectoria–. Observo a mi copiloto preocupado, revisa una y otra vez los controles, me dice:

– No responde la  nave.

– Revisa que todo funcione correctamente.

– Estoy trabajando en ello.

Busco cualquier falla. Los niveles de combustible son los adecuados, la electricidad funciona perfectamente, todo es correcto, ¿dónde puede estar la falla? Visualizo todas las cámaras para asegurarme que cada quien esté en su puesto por cualquier contingencia, pero todos están listos y dispuestos para este último momento. Mi copiloto me saca de mis pensamientos:

– No encuentro falla alguna, todo funciona de manera correcta. Pero no podremos acelerar, tal parece que algo obstruye la salida del chorro de combustible para crear el empuje.

– Hay que revisar todas las cámaras internas de los ductos para encontrar la falla y poder arreglarlo.

– Trabajo en ello.

A unos minutos de tomar tierra nos encontramos en una situación crítica. Me dirijo a los técnicos, -es necesario que se revisen todos los ductos de salida del combustible-. La situación es apremiante y no hay tiempo que perder, si no logramos el empuje adecuado, no podremos llegar a nuestro destino.

Cuando se planeaba la misión, se encontraron tres planetas que podrían ser habitados, eran el TRAPIST-1 e, f y g. El primero era más pequeño que la Tierra, de un color azul y con grandes océanos, por lo que se especuló que podría haber poca tierra firme; el segundo era casi del tamaño de la Tierra, pero su masa era casi la mitad de la de la Tierra, por lo que podría ser hueco. Así que se descartó el descenso en los dos primeros y se optó por el TRAPPIST-1g.

Ahora estamos alejado de los planetas TRAPPIST-1e y f. Si pudiéramos desviarnos, se podría llegar a uno de estos, pero analizo la situación y no tenemos tampoco el combustible necesario para impulsarnos y llegar. Y, si lo hubiera, tampoco podría garantizar un aterrizaje con seguridad.

Uno de los técnicos envía una notificación, –el problema se ha encontrado, los tubos de agua están obstruidos por organismos que se superpusieron y de ahí se expandieron a los ductos de combustible. No se sabe cuánto sea el tramo obstruido ni tampoco cuánto tardemos en repararlo–.

El tiempo pasa y no se nota el avance. Pido un reporte de lo avanzado. El problema se debe a un organismo llamado mejillón quagga. Al momento de descongelarse la piscina se movió por la tuberías de agua y crecieron rápidamente obstruyendo así gran parte de los ductos de la nave.

Pasamos de lado el planeta donde nos esperaba un nuevo futuro. Por un error insignificante que se salió de nuestras manos, observamos como las esperanzas de toda la humanidad se diluyen instantáneamente. El trabajo de nuestros amigos, las incontables horas de miles de millones invertidas, las horas en vela, el sufrimiento y esperanza de nuestra especie que habita ese distante pixel azul, que tal vez sea el único hogar que conozca la humanidad.

Víctor Daniel Trujillo García

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