Ecos del Desierto: No podrás dormir

Dentro de lo más reciente de la narrativa fantástica regiomontona podemos encontrar un ejemplo claro de que las antologías de cuento corto están vivas y gozan de buena salud, el eco de nuestro desierto del que hablaré hoy se titula “No podrás dormir: Antología de cuentos de terror”.

La Universidad Autónoma de Nuevo León, a través de su Editorial Universitaria (dirigida por Antonio Ramos Revillas) lanzó en 2017 esta antología en la que encontraremos a nueve autores norestenses que desarrollarán cada uno un cuento en el que se abordan tanto el terror como la fantasía oscura. Es interesante hacer notar que esta obra está dirigida al público infantil pero que independientemente de ello puede ser disfrutada por adultos.

La antología inicia con “Lentes” de Raúl Silva Mauricio, en donde nos encontraremos que el citado objeto se convierte en la herencia de una abuela a su nieta, pero que al igual que en las historias de Bloch (“Las lentes engañosas”) y de James O’Brian (“Lentes de diamante”) le permitirán a su usuaria ver lo que otros no pueden, renovando así la idea que en muchas ocasiones la ignorancia es una bendición.

En “La lectora transparente” de Alba Nora Martínez, tenemos a una joven lectora que acompaña a su abuela, empleada de limpieza de una Editorial, y que pasa su verano leyendo. Ahí conoce una niña peculiar, lo que nos llevará a una historia de fantasmas que si bien no acaba siendo de terror, es efectiva al generar una atmósfera inquietante.

“Por una podadora” de Gabriela Riveros me pareció influenciada de forma interesante por Bradbury y King, dos autores harto conocidos por sus horrores urbanos. Narrado a través de los ojos de una niña quien pareciera ser la única en atestiguar extraños fenómenos relacionados con el aparato; deja un final abierto que se intuye claramente. Un relato que podría no ser para todos los gustos, llevando su ágil narrativa a los terrenos del Weird.

Jorge Alberto Silva entrega “Cómo desaparecer completamente”, un recuento de las angustias de secundaria que raya en una visión existencialista de la identidad. De prosa poética y visual el cierre del cuento es uno de los mejor logrados de toda la antología, y que más de uno asociará con el “Día de ruptura” de Harlan Ellison.

Uno de los relatos más breves de la antología es “No estoy sola…” de Ana Luisa Anza, que recupera la narrativa oral de la conseja en donde los espíritus chocarreros forman parte del tejido de la comunidad, cosa que de algún modo también tiene una dosis de realismo mágico.

De nueva cuenta volveremos a las leyendas urbanas que plagan las secundarias en México, siendo este el tema de “La maldición de las dos de la tarde” de Yarezi Salazar.

Otro de los cuentos que me sorprendió fue “Se llamaba María” de Vicky del Río, una historia de brujería en la que poco a poco se va tejiendo un misterio que a modo de jalón de hebra, utiliza hábilmente el lenguaje para incrementar la tensión hacia el final, manteniéndonos fijos a la lectura, expectantes, y que una vez descubierto el horror, nos entrega una conclusión precisa, en la que deja ver también un poco de lo que significa ser escritor.

“Televisión en vivo” de Paulino Ordóñez es también un relato que creo gustará mucho a los niños, sobre todo a quienes empiezan a ir a la escuela: breve y ameno, la premisa es acerca un niño que despierta, convertido en un televisor, esto presuntamente debido a las horas dedicadas a estar frente a la pantalla.

Cierra con gran fuerza “Ofrendas a la noche” tal vez el relato más oscuro e intenso de la antología, de Víctor Olguín Loza. Ruy, quien tuvo una infancia traumática junto a su madre enferma, desarrolla un extraño vínculo emocional con el fuego. Sentí la influencia de Patricia Highsmith en su narrativa, que como dije al inicio, cierra de forma brillante la antología, acaso atisbando las posibilidades de la literatura de terror, a los ojos de los lectores más jóvenes.

Complementan la edición las ilustraciones, sencillas pero bien hechas de Ahuizótl Gutiérrez.

La literatura fantástica está viva y lista para seguirnos asustando, este libro es una prueba de ello, y queda aquí mi recomendación, sobre todo para los lectores nóveles.

 

Abraham Martínez Azuara

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