La herencia

30 de Agosto

Axel:

Esta es por mucho la carta más difícil que he debido redactar en toda mi vida. Sé que no te he contactado ni has sabido nada de mí desde hace casi medio año, por ello, comenzaré con una disculpa. Debo decirte lo mucho que has significado (junto con mi abuelo Aldo), eres lo mejor que la vida me ha dado, quiero que lo sepas y lo conserves siempre en tu corazón, porque esto es el adiós.

Supongo que debo empezar a dar explicaciones y para ello será necesario recapitular incluso desde mi infancia. Como ya sabes, la pérdida repentina de mis padres, y a tan temprana edad para mí, fue un golpe devastador. Durante el tiempo que fui criada por mi abuelo, derivado de la muerte de mis papás, desarrollé principios de esquizofrenia y conforme pasó el tiempo los murmullos que creía escuchar comenzaron a incrementarse de manera descomunal. Ni el tratamiento ni los mejores doctores que mi abuelo pudo pagar los acallaba, los abrazos y las palabras de aliento de Aldo fueron lo único que impidieron que enloqueciera completamente en ese entonces.

Al cumplir quince años y cambiar de ciudad para iniciar la preparatoria comencé a recuperarme de forma súbita, las hormonas o algo así ayudaron a superar este padecimiento. En aquella época, el doctor concluyó que lo único que me pudiera seguir afectando eran los cambios de bruscos de presión y temperatura, aunque Ontario es una ciudad más bien agradable comparada con Tampico. De igual forma, no ir a visitar a mi abuelo en verano y no acompañarlo en diciembre a la cabaña que tenía en la Marquesa, hubiera significado perder contacto con el único ser querido que me quedaba en esta vida.

Con el tiempo, y la universidad, llegaste. Pudiera decir que gracias a ti lo que parecía inagotable, terminó, pude vivir de forma más alegre y teniendo esperanza en que todo efectivamente puede cambiar para bien. En fin, han sido los mejores tres años de mi existencia. Justo en el momento en que me sentía más plena y feliz, sobrevino la muerte de mi abuelo Aldo, mi otro faro, la persona que quise y admiré por ser un mentor para mí, hizo cuanto pudo por sacarme adelante y que llevara una vida bastante cómoda, su partida ha significado un gran hueco en mi ser.

Al recibir la notificación de la herencia, algo que honestamente no me interesaba, dudé en regresar a Tampico porque si bien era el hogar de mi abuelo, también representaba volver a todo lo que había dejado atrás y que tanto dolor me había causado. Al final, mi amor por él fue mayor y por eso te pedí que me acompañaras, aunque estuviésemos tan cerca de iniciar clases.

Recuerdo perfectamente el día que acudimos a la audiencia y el licenciado comentó que la entrega de todo el patrimonio de mi abuelo estaba sujeto a una sola condición, pasar tres días en el rancho que tenía en las inmediaciones de Altamira, lugar que te confirmo nunca había visto antes. Sabiendo que era mi abuelo, sólo amor y bondad recibí de él, no tendría que ser diferente.

La mañana en que te despedí en el aeropuerto para que volvieras a casa, pensé que apenas unos días después estaríamos juntos nuevamente, te platicaría las sorpresas encontradas, reiríamos de ello y seguiríamos nuestras vidas…definitivamente, no ha sido el caso.

Ahora que plasmé toda la maraña de ideas e historias previamente expuestas, he de contarte lo que ocurrió posterior a tu partida. Al dejarte, me preparé para asistir al rancho, debo admitir que sentía una increíble curiosidad por conocer aquel lugar y saber que habría ahí. Gustavo (quien nos recibió en la llegada a Tampico) pasó por mí al hotel para llevarme a aquel paraje y siendo el chofer de toda la vida de mi abuelo, resultó ser el testigo elegido para certificar mi estancia en esos 3 días, según el documento entregado por el licenciado.

El trayecto en realidad no fue muy prolongado, apenas una hora después estábamos en las inmediaciones del terreno, mismo que estaba rodeado por una barda descomunal. Una vez que ingresamos a la gran casa que había en el interior, casi al centro de toda la instalación, tengo que reconocer que me dejó asombrada lo impecable y lujoso del lugar, ya dentro alcancé a ver como Gustavo me observaba con una sonrisa y un poco de impaciencia, volteé hacia él y de una pequeña mochila que cargaba, sacó un sobre, lo abrí y contenía dos llaves, cada una marcada con los números “1” y “2”, así como una carta, subí la mirada nuevamente y me dijo que no estaba sola en este viaje, que en ese instante comenzaba la última voluntad de mi abuelo y su deseo más ferviente.

Después de indicarme cual era mi habitación, se retiró a la suya y me hizo hincapié en que lo consultara cuando estuviera lista, una vez que leyera la carta.

Empecé a leer la misiva de mi abuelo luego de un rato, en realidad no era tan extensa como creía, en ella me decía lo que yo había significado para él, lo mucho que había disfrutado y aprendido de mí, los momentos que pasamos juntos, así como todo lo que me había extrañado al final de sus días. Al término, me comentaba que tenía un secreto que debía confesarme y esperaba hacerlo durante el fin de semana que pasara en su finca, “lo más importante es que sepas que lo hago con todo mi amor por ti”, citaba al concluir su carta. La leí un par de ocasiones más, y al anochecer, bajé a la estancia principal donde me esperaba Gustavo, quien me recibió con una sonrisa amable, ya tenía lista la cena.

Una vez que cenamos y estuvimos recordando gratas memorias, se levantó y fue a recoger otro pequeño sobre, donde el abuelo me indicaba a donde dirigirme y qué hacer con la primera de las llaves. Me sorprendió leer al final “no hay una forma sencilla de dar el primer paso, y por ello, te ofrezco una disculpa”. Me sentía un poco cansada, pero quería saber de qué trataba toda esta “condición”, además de sentirme intrigada y con un poco de nostalgia.

Luego de averiguar donde se ubicaba la habitación, me dispuse abrirla. El cuarto en si no era de dimensiones extraordinarias, más bien estaba acomodado de forma modesta. Una grabadora se ubicaba en una repisa al final, la activé y empezó diciendo: “Te amo, hermosa; perdón por hacerte pasar por esto, pero no tengo mejor forma de mostrarte lo que deseo”. Justo terminó de decir esto y comenzó nuevamente citando: “En Altamira hay una estación, nadie sabe a donde lleva, tal vez lo mejor es que nadie lo sepa, a veces el destino no es tan importante como el viaje”…. De la nada, emergieron aquellos murmullos infernales que tanto me hicieron sufrir en la infancia, todo empezó a darme vueltas, me paralicé del miedo, no podía respirar, caí al suelo llorando y tapando mis oídos tratando de silenciarlos, aunque parecía que gritaban dentro de mi cabeza…por un momento pensé que moría.

De donde pude, saqué fuerzas y me incorporé tratando de regresar a la puerta pero tenía seguro; gritaba auxilio a Gustavo, quien no aparecía por ningún lado, lanzaba y empujaba todo a mi alrededor. No sé en qué momento exactamente comencé a escuchar la voz de mi abuelo otra vez, quizás gritando, todo parecía tan surreal, diciendo algo para tranquilizarme, por mero reflejo enmudecí, y después citó de forma serena: “De dónde vengo, no importa, siempre que llegue a salvo al puerto”, reinando un absoluto silencio. Acto seguido continuó: “Ahora debo decirte, no era a ti a quien hablaban aquellas voces, cuya existencia acabas de confirmar…sino a mí. Recién te he mostrado cómo llamarlas y cómo acallarlas”.

Todavía aturdida me acosté en el suelo viendo a la nada, tratando de hilar todo lo que acababa de ocurrir, comencé a llorar en un primer momento, no podía creer que mi propio abuelo fuera el causante de mi más grande dolor, y peor aún, que no me dijera que en realidad sí existían aquellas terribles voces; la cabeza giraba en torno a tantas preguntas que no tenían ni principio ni fin. Después de un largo silencio se activó un timbre en la grabadora, ni siquiera recordaba que ahí seguía, escuché cómo retiraban el seguro de la puerta y se abrió, era Gustavo.

En cuanto me puse de pie lo agredí física y verbalmente sin control, intentaba abrazarme, pero no lo dejaba hasta que el llanto me venció, “me quiero largar”, le grité, respondiendo que el paso más difícil ya estaba dado, lo que seguía era “un poco más sencillo”, citó bajando la mirada. “Estamos en un lugar fuera de la ciudad, es muy tarde para que regrese a donde sea, además, nunca le harán daño aquellos entes, si es lo que le preocupa”, concluyó.

Cuando dijo esto, lo miré fijamente, “¿de qué se trata esto?”, pensé, “¿qué rayos acaba de pasar?”, le espeté sin más todavía con la mirada encendida, “¿Quién chingados era mi abuelo?, ¿por qué me hizo esto?, ¿por qué?”, volví a gritarle, sólo me respondió con un abrazo, después de un instante me comentó: “eso es lo que vienes a descubrir”.

Evidentemente, apenas estuve dormitando durante la noche (y ahora que lo pienso), ni siquiera supe a ciencia cierta porqué decidí quedarme y no salir huyendo de ahí. Tal vez el morbo, la curiosidad o el terror en sí me lo impidieron.

En fin, apenas amaneció, le pedí de mala gana las indicaciones a Gustavo para ocupar la segunda llave, de manera paciente me entregó otro pequeño sobre con lo correspondiente.

Francamente, estaba en un punto muerto, no sabía si continuar o no y, sobre todo, por qué. Desayuné a solas para pensarlo un poco mejor, poco a poco me di cuenta que en toda la noche no escuché ni sentí nada fuera de lo normal, ¿cómo sabía todo aquello Gustavo?, era un hecho que seguía con la cabeza hecha un nudo. Opté por concluir aquel debate y seguir con las instrucciones.

Ya con más tiento, ingresé a la habitación señalada en la carta, donde (para no variar) me esperaba una nueva grabadora, atravesé una pesada silla en la puerta, no pensaba incurrir dos veces en el mismo error. La activé, era mi abuelo nuevamente, en un tono más sereno explicando que aquella “habilidad” de escuchar a los entes en cuestión venía de generación en generación, “al menos tres generaciones, sin incluirte, ha sido partícipe de esto”, citó en un momento dado.

Y bueno, aquí viene la parte “difícil” de explicar, mi abuelo exponía en esa grabación que al invocar aquellas voces puedes obtener grandes beneficios en la vida; “tus mayores anhelos y deseos, basta decírselos a las voces y te dirán el cómo y el cuándo para obtenerlo. Sin embargo, a pesar de no poder leer los pensamientos, si saben escuchar perfectamente los tonos en que te comunicas, entre mayor sea tu ambición, más caro es el precio que hay que pagar, volverte avariciosa, puede llevarte a obtener el mundo, pero a un precio muy alto. En general, podrás amar y rodearte de muy pocas personas porque se pueden convertir en recompensa para ellos, pero sabiendo utilizar este don (así le llamo) serás inmensamente poderosa y podrás heredar todo lo que hayas obtenido, como yo lo he hecho contigo”.

“Debo señalar”, resaltó, “que debes asegurarte de tener a quién heredar además la utilización de esto; caso contrario maldecirás a todos los que tuvieran contacto contigo alguna vez en la vida, aunque tienes mucho tiempo para encontrar y decidir a quién transmitírselo. En consecuencia, es vital que sepas que de no aceptar estos favores, pones en riesgo a todas las personas que alguna vez he conocido yo mismo, incluyéndote, pero sé que podrás con esta carga, para eso te estuve preparando desde niña, por eso nunca te dije de su existencia, para que supieras en primera persona la razón de todo. Y no te preocupes, he dejado en mi archivo personal, una bitácora donde te indico y narro una serie de consejos y estrategias a seguir, para que siempre estés un paso delante de estos seres.”

Así fue como concluyó la grabación, y así también es como concluye esta confesión, como no tuve más remedio que acatar la voluntad de mi abuelo antes que ponerte en riesgo, simplemente no puedo permitirlo. No quiero que estés triste ni te sientas mal por mí, es algo extraño en realidad, en el fondo sigo siendo la misma Johanna, pero en estos meses he aprendido a dominar las voces y he obtenido beneficios de ello, constatando que era cierto lo que me prometió mi abuelo, como una especie de juego que me está gustando entender y domina mí atención.

Me despido finalmente pidiéndote que me olvides, pero sobre todo, que no me busques, ni me contactes, ni preguntes por mí, no quiero exponer tu vida de una forma innecesaria, guarda el recuerdo de lo que tuvimos y se muy feliz en lo que hagas.

 

EPÍLOGO

6 de septiembre

Nota de periódico local de Tampico.

A pesar de los extensivos esfuerzos de las autoridades por dar con el paradero de algún presunto criminal, continúa sin haber indicios de lo ocurrido al joven canadiense identificado como Axel Johnson, mismo que hace tres días fue encontrado en estado de descomposición por los vecinos en la zona conurbada, quienes declararon que no escucharon ni vieron nada en torno a lo ocurrido. La embajada de aquel país ya está al tanto de la situación, y en espera de avances en las indagatorias.

 

Miguel Ángel Borjas Polanco

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