Crisálida

Una noche, mientras preparaba la cena, me corté con el cuchillo. Unas góticas de sangre se resbalaron de mi mano y cayeron en el suelo. Entonces, un animalito salió debajo de la alacena y se las tomó.
Así supe que Dios me había bendecido, que no iba a estar más tiempo solo. Todas las noches corté mi mano y le dejé al animalito unas góticas de sangre, que se tomó sin falta.
Creció mucho, hasta convertirse en una crisálida. Cómo las mariposas antes de ser mariposas, amor.
Con mucho cuidado, tomé la crisálida entre mis brazos y la puse dentro de la alacena, muy abrigadita y cómoda, cómo estás tú ahora.
Nueve meses después, la crisálida se rompió y de ella salió una hermosa bebita. Esa eras tú, amor.
Te cuidé y protegí hasta que te convertiste en una hermosa niña.
Entonces, los vecinos del sexto, esos envidiosos hijos de puta, te vieron y te robaron. Te llenaron la cabeza de mentiras, te dijeron que eras su hija y que te amaban, pero son mentiras, amor. Son mentiras.
No llores, has vuelto a casa. Por eso debes quedarte aquí, calladita, quietecita, dentro de la alacena, en el lugar donde naciste, para que nadie te encuentre, para que nadie pueda volver a alejarte de mí.

 Carlos Alberto Mendoza Vélez

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s