Loa para el auto sacramental del Divino Black Metal – Escenas V a IX

ESCENA V

Aparece Chuy Mictlán con su vestimenta habitual jugando ajedrez solo, está sentado en una mesa y no presta atención al público hasta que de buenas a primeras se pone de pie y comienza a recitar un monólogo.

Chuy Mictlán: Mucho se ha criticado al “Black Metal” como género musical e ideología, con justa razón. El blasfemar contra el cristianismo tomando por emblema a un ser mitológico creado por el mismo deja mucho que desear dentro de una lógica discursiva. Aunque el origen se le atribuye al grupo británico “Venom” fue en los países nórdicos donde tuvo su definición estilística y como un movimiento establecido, pues Escandinavia fue forzada a cristianizarse cuando poseían una cultura autónoma del Imperio Romano e incluso fueron capaces de cruzar el Océano Pacífico y llegar a América mucho antes que Cristóbal Colón. A la fecha su cultura tiene muchos elementos vikingos. Por lo que no deja de ser incoherente que ahora tengan por emblema a Satanás en lugar de a Odín. Otro factor es que por allá no hay muchos problemas y los jóvenes no teniendo que protestar por su gobierno protestan por la religión. Ahora hay que aclarar que el “Prehispanic Black Metal” es muy diferente pues rescata la tradición precolombina y sus letras, aunque también con voz gutural raspada, es una forma moderna de hacer “Flor y Canto”, resaltando la mitología náhuatl de antes de la llegada de los españoles. ¡Nosotros no le rezamos a Satán! ¡Recordamos a mi homónimo señor de la muerte, el Dios Mictlantecucli!

Entra Cuitláhuac.

Zombie Cuitláhuac: ¡Ese mi Chuy! Oye, buey, las fotos que tomé del convento están bien perras, es justo lo que necesitaba para el próximo álbum. ¿Vas a ir hoy a dar clase?

Chuy Mictlán: Te tengo una sorpresa.

Zombie Cuitláhuac: ¿Lo lograste?

Chuy Mictlán: Sí, buey, fue difícil convencer a la superiora pero podrás tomar fotos de su dormitorio.

Zombie Cuitláhuac: Lo que todavía no entiendo es porqué teniendo tanto pinche dinero las obligan a dormir juntas.

Chuy Mictlán: Es esa mierda de la vida de comunidad y en términos lógicos, es totalmente una falacia.

Zombie Cuitláhuac: ¡Vamos! ¿Hoy quién cocina? Porque si es esa tal Cecilia mejor vamos a la pizzería.

Chuy Mictlán: Es lo mejor, hoy cocina Clara.

Zombie Cuitláhuac: Pues lo que tenía de lana extra será para unas cervezas al terminar el ensayo.

ESCENA VI

Aparecen rápidamente los catres sobre el escenario y Cuitláhuac les toma fotos con un arduo profesionalismo, detrás de él está Sor Cristina que lo observa.

Zombie Cuitláhuac: ¡Excelente ángulo! Póngase también usted, así está bien.

La monja posa sin mucha experiencia.

Zombie Cuitláhuac: No sé si se pueda, ¿Puedo tomarle una foto sin su velo? Eso complementaría mucho el proyecto.

Sor Cristina: Pues sí, pero que quedé entre tú y yo (se quita el velo, suelta su cabello y sonríe).

Zombie Cuitláhuac: ¡Es usted muy bella! Si no fuera religiosa la invitaría a salir.

Entra el Padre Roque de forma precipitada, en cuanto ve la escena se molesta.

Padre Roque: ¿Qué es todo esto? ¡Hermana, póngase el velo y tú baja esa cámara!

Zombie Cuitláhuac: ¡Sonría, Padre!

Le toma una foto al Sacerdote que se acerca muy molesto hacía él.

Padre Roque: ¡Dame esa cámara!

Hay un mutis en que el Sacerdote trata de quitarle la cámara al fotógrafo y éste lo evita de forma casi arlequinesca. Hasta que entra Mictlán junto a la Madre Superiora y Cuitláhuac le lanza su cámara.

Chuy Mictlán: (Atrapando la cámara) ¿Qué pasa aquí?

Padre Roque: A usted lo conozco, es el Profesor de Lógica y Filosofía, ¿se puede saber qué hace en el dormitorio de las hermanas?

Chuy Mictlán: La Superiora me pidió que la acompañara al escuchar este desorden y por cierto, ¿por qué le quiere quitar la cámara a mi amigo? ¿Sabe usted lo que cuesta una es éstas?

Padre Roque: Así que usted trajo aquí a este pervertido, ¿qué hace tomando fotos a los aposentos de mujeres que se han casado con nuestro Señor Jesucristo?

Zombie Cuitláhuac: ¡Son para una exposición! Ya habíamos hablado con la Superiora, hasta le puede servir para esa madre…

Sor Leonor: ¡Promoción vocacional!

Zombie Cuitláhuac: ¡Ah, sí! ¡Esa chingadera!

Padre Roque: ¡Modera tu lenguaje! ¡Esta no es una pulquería!

Zombie Cuitláhuac: ¡Preferimos la cerveza de barril! Y más cuando ponen nuestras rolas.

Chuy Mictlán: Creo que Cuitláhuac ya terminó, así que lo mejor será que él me acompañé al salón de clases.

Padre Roque: ¿Por qué le estaba tomando una foto a la hermana sin su velo?

Sor Cristina: Él me lo pidió para complementar la exposición y no veo qué tenga de malo. ¡Así nos ve usted cuando jugamos voleibol!

Padre Roque: ¡Es diferente! Eso es parte de su formación y conoce las reglas, la que no juegue será expulsada.

Zombie Cuitláhuac: También el arte es parte de la formación de todo ser humano y quiero que sepa que soy fotógrafo profesional, no le pedí a la hermana que se quitara su trapo nada más porque sí.

Chuy Mictlán: Se supone que usted también tiene estudios de Filosofía en un Seminario, debería de entender los sentidos estéticos, pues forman parte de dicha preparación. Y con su permiso voy a terminar mi clase.

Padre Roque: ¡Usted será despedido!

Chuy Mictlán: No hay razón para ello y no lo va a hacer o nos vemos en Conciliación y Arbitraje, este es el mejor lugar en el que he trabajado y no lo va a rebajar así.

Sor Leonor: ¡Padre, no meta en problemas legales a nuestro convento! El Profesor Jesús nos ha funcionado muy bien y las hermanas están conformes, yo soy la superiora y digo que se queda.

Finalmente el Sacerdote se resigna y sale muy molesto de escena.

Sor Leonor: (A Mictlán y Cuitláhuac) ¡Dispensen a nuestro confesor! Ya terminó la clase así que lo mínimo que puedo hacer es invitarlos a pasar al comedor.

ESCENA VII

Aparece de nuevo una mesa y ahora es Cecilia quien juega ajedrez con Clara, el resto de las monjas observa.

Sor Clara: ¡Vas a perder la torre y será jaque mate!

Sor Cecilia tira el tablero con ira.

Sor Cecilia: ¡Tramposa!

Sor Cristina: ¡Tú eres la que no te adaptas, pinche ranchera!

Sor Cristina y Sor Cecilia se prensan en un combate femenil, entran Mictlán y Cuitláhuac que al instante se van sobre ellas separándolas con maestría sin causarles daño o dolor alguno.

Sor Clara: ¿Dónde aprendieron a hacer eso?

Zombie Cuitláhuac: Cosas que uno ha aprendido como Profesor de Bachillerato.

Chuy Mictlán: Y lo increíble es que este buey y los de nuestro grupo de metal hemos jugado ajedrez durante años y nunca hemos ni siquiera discutido.

Sor Adriana: Consecuencias de vivir en comunidad y tenernos menos tolerancia.

Chuy Mictlán: A lo largo del tiempo esto es lo que he aprendido: Lógica. Y la vida que ustedes llaman de comunidad no está dentro de ella.

Sor Adriana: Se supone que somos hermanas por gracia de Dios y que vivimos en comunidad por haber renunciado a todo.

Chuy Mictlán: ¡Menos a la discordia! Eso es lo que provoca vivir de la forma en que lo pretenden hacer con fines de carácter religioso.

Sor Cecilia: Mejor callense y lárguense, todo empezó a ir mal desde que tú llegaste a hacernos pensar.

Sor Cristina: ¡Se nota que le pusiste atención! ¡Dijiste una falacia argumentativa! Y gracias a éste… ¡No has dejado de jugar ajedrez!

Sor Clara: Y de hecho ya era hora que alguien nos separara, siempre que nos agarrábamos era lo mismo, amanecer bien golpeadas. Este hombre trajo paz al convento y acepto su proposición, por gracia de nuestro Señor Jesucristo he de cantar con él y su grupo.

Se comienza a escuchar música prehispánica.

Sor Cristina: (Sorprendida) ¿Lo dices en serio?

Sor Clara: Por supuesto que sí, nunca he estado tan segura, somos religiosas de vida activa y últimamente hemos estado viviendo casi en contemplación. ¿Cuándo puedo ir a ensayar con ustedes?

Zombie Cuitláhuac: ¿Puedes tomar cerveza con nosotros? Siempre lo hacemos después de los ensayos.

Sor Clara: ¡Claro que sí! ¿Alguna de ustedes me quiere acompañar hermanas?

Sor Cristina: ¡Yo mera! ¡Y espero también alcanzar a tomarme una!

ESCENA VIII

Aparece Clara cantando con su bella voz de Soprano, en un ritmo que gira en relación al Metal Gótico, aparece Mictlán, no con la vestimenta de “Caballero Águila”, pero sí con maquillaje prehispánico en su rostro, cantando en voz gutural raspada con ardua fuerza y agresividad. El dúo musical se acopla a la perfección y seguirá hasta que terminé toda la canción en la que ambos se abrazan.

Sor Clara: Estuvo genial, nunca pensé que me pudieran llevar a sus toquines, me dices que…

Chuy Mictlán: ¡Todos pensaron que tu vestimenta religiosa era un disfraz! ¡Más de uno que te vio cantar me pidió tu teléfono!

Sor Clara: (Sonriendo) ¿Y se los diste?

Chuy Mictlán: ¡Les dije que eras mi esposa!

Ambos ríen, al mismo tiempo entran Cristina y Cuitláhuac cada uno con un cartón de cervezas, las colocan en el piso, les dan un a sus respectivos compañeros, brindan y beben.

Sor Cristina: ¡Pues ya qué! (Se quita el velo y bebe) ¿A que no te lo quitas, Clara?

Sor Clara: ¿Quieres apostar? (Se quita también el velo, suelta su pelo y bebe) Y por cierto, ¿por qué no nos llevan hoy a ese antro donde nos presentamos?

Zombie Cuitláhuac: Hoy no hay tocada, sólo es un simple bar.

Sor Cristina: ¡Por eso! Tenemos permiso hasta tarde y no queremos regresar pronto a dormir con esas pinches viejas.

Zombie Cuitláhuac: Pero sus ropas son un tanto inadecuadas.

Sor Cristina: Esta morra y yo, compramos un cambio en nuestra última salida, esperen a vernos.

Ambas salen del escenario.

Chuy Mictlán: Pues ya se armó un cotorreo para hoy. Y sí yo dije que Clara es mi novia, puedes decir tú lo mismo de Cristina.

Zombie Cuitláhuac: ¡Estamos rompiendo el código de ética al salir con alumnas!

Chuy Mictlán: Ese código se aplica con adolescentes de preparatoria, no con dos viejas de nuestra edad que saben a lo que le tiran.

Entran Clara y Cristina vestidas como auténticas chicas rockeras, sacando a relucir una belleza que no se mostraba al vestir sus hábitos, ambas llegan haciendo la señal de los cuernos.

Clara y Cristina a la vez: ¡A treparle!

ESCENA IX

Aparecen los cuatro y se nota muy claramente quien es pareja de quien, están sentados en una mesa propia de un bar o que lo asemeja, hay cervezas en ella y al fondo se escucha buen rock pesado. Es notorio que las religiosas ya están pasadas de copas y que ellos mucho más acostumbrados a tomar aún no lo están.

Sor Cristina: No sé porque no había nunca venido a estos lugares, el ambiente y la música es fenomenal.

Sor Clara: Lo mismo opino, alguna vez me invitaron mis compañeros de la Facultad de Música, pero cuidando mis votos no asistí y menos con un acompañante hombre. (Se le acurruca en su hombro).

Chuy Mictlán: ¡Clara! ¡Por favor!

Sor Cristina: (Abrazando también a Cuitláhuac) ¿Qué los Black Metaleros muy del Diablo? ¡Haber si es cierto! (Se besan con pasión).

Sor Clara: (Abrazando a Mictlán) ¡Y chingue a su madre el que dijo que Sor Juana era una lesbiana! (También se besan con pasión).

Zombie Cuitláhuac: Creo que ya es hora de llevarlas de regreso al convento, antes que Sor Leonor noté su ausencia y las crucifique.

Sor Cristina: ¡No vamos a dormir ahí hoy!

Sor Clara: Recuerden que esta vieja y yo somos locales, pedimos permiso para dormir con nuestras familias; pero la neta yo no quiero hacerlo.

Sor Cristina: Ni yo tampoco. ¿O no es cierto que viven solos?

Chuy Mictlán: ¡Pues eso que ni qué! (Besa a Clara en los labios) Sólo que dentro de mi casa no existen los votos de castidad.

Sor Clara: Ésos ya los dejamos en el convento.

Zombie Cuitláhuac: Pues yo me voy con Cristina, hasta luego. (La besa sin preocupación alguna y ambos salen de escena tomados de la mano)

Sor Clara: ¡Siempre soñé con este momento! (Besa a Mictlán y se apagan las luces).

Al encenderlas aparece Roque sobre su pentagrama en acción de invocar al Diablo, porta su sotana y alzacuello. En cada pico hay una vela negra y el religioso tiene un recipiente similar a los que utilizan para rosear agua bendita, sólo que ahora contiene sangre que le lanza al público.

Padre Roque: ¡Satanás! ¡Lucifer! ¡Alguien está liberando a mis esclavas! En nombre de la única religión he de castigarlos y devolverte a tus ciervas, pues Clara sólo ha de cantar para ti, lo mismo que Cristina y sus Letras en pro de tu reinado. ¡Denme su fuerza para castigar a nuestros enemigos!

Como ya se ha especificado, esta obra no tiene actos formales, pero ahora se interrumpirá por completo la escena con un descanso más extensivo de dos canciones de rock pesado en el fondo musical y si hay telón caerá o simplemente la luz se mantendrá apagada en su transcurso.

 

Gerardo Martínez Acevedo “Efrén Bantú”

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