Espejo traidor

Los espejos son mentira, la verdad está fuera de ellos. ¿Los espejos tienen dentro?… no, en realidad los espejos no son cuerpos voluminosos, son planos, no tienen tres dimensiones, sólo dos, largo y ancho, no tienen profundidad… no tienen adentro… son mentirosos, ellos hacen mirar un espacio profundo que está dentro de ellos, pero que no existe.

Mi espejo no me revela una imagen glamorosa sino la efigie de una joven esmirriada y pobretona.

Miro ese espacio, miro ese adentro sabiendo que el espejo engaña y es tan perfecta la visión que me quiero meter en ella; quiero caminar por la habitación que no existe y que el espejo me hace mirar; esa habitación es un mundo paralelo, es esta recámara repetida, finamente copiada; perfectamente reproducida; es esta misma habitación, la que ni el más hábil pintor puede reproducir con exactitud y tampoco una fotografía puede imitarla perfectamente. Sólo el espejo es fiel, tan fiel como mentiroso.

Según el espejo, tengo dos gatos, los dos están durmiendo en sendas camas, pero sólo uno ronronea imitando el sonido de la tranquilidad feliz. Por más que pego el oído al espejo, no logro captar el ronroneo del gato que está en la cama del mundo paralelo; quiero adentrarme en los sonidos del mundo especular… ¿será mañana?

Desde la cama contemplo el espejo y las imágenes que me regala. Refleja mi cabecera y la pared en donde no hay nada, sólo el azul plumbago con el cual se la pintó. ¿Qué hay ahí? El espejo me dice que mi pared tiene un hoyo, es como un serpentín ¿se mueve? En realidad realiza un círculo concéntrico en azul que se comienza a poner ¿lila? ¿morado? ese color es ¿rojo? el espejo… el espejo… ¿el espejo tiene una vorágine o es la pared en la que se recarga la cabecera de mi cama la que se mueve turbulenta…? Siento un jalón, siento que me chupa, que me jala hacia una zona que en realidad, no existe.

¿Dónde estoy?

Quizá me encuentro dentro del espejo o quizás estoy dentro de la pared, ¿estoy en los dos mundos? Si oigo el ronroneo del gato estoy dentro del mundo real de mi pared pero, si ese runrún no está, será que me chupó el espejo. ¿Dónde está mi gato? Cuando todo comenzó a ocurrir mi gatito estaba en mi cama, sobre mis pies, dándoles su calor y cantándome esa canción tranquila que me hace dormir todas las noches: “Ru u, ru u, rururú”

—Ven, Marramiau, ven aquí, ven a mis brazos, vamos a mirar este mundo raro, vamos a recorrer este ámbito que la vida nos regala, ven. ¡Síííí, oigo tu maullido, oigo tu palpitar! ¡Estamos en el mundo real! ¿El mundo real es el que tiene un túnel con vorágine en la pared?
—Huuummm, eso yo no puedo creerlo —me contestó Marramiau.
—¿Desde cuándo sabes hablar?
—Desde siempre, sólo que tú, no me habías escuchado.
—Gatos que hablan, espejos que transmiten imágenes de vorágines en la pared…
—Es la vida paralela —contestó Marramiau—, la que siempre está a nuestro lado y la ignoramos; la que nos ofrece felicidad o…
—¡Soy feliz!
—Recorriendo el ámbito de los mundos raros llega la felicidad pero…
—Este mundo está lleno de maravillas; mira, allá hay un conjunto de árboles cristalinos, vamos, corre conmigo, lleguemos a ellos.
—No sabemos si son de maldad —dijo mi gato.
—Nada transparente puede ser maligno, es lo oculto, lo que está empañado lo que es maldad…
—Huuummm…miau…
—Mira, Marramiau, estos árboles dan frutos relucientes, transparentes.
—Se llaman diamantes y no son tuyos; debes dejarlos donde están.
—Aquí no hay nadie. Nadie me mira tomarlos; nadie sabrá que yo los tomé y me los guardé. Por acá hay otros frutos, unos rojos…
—Se llaman rubíes…
—Unos verdes…
—Son esmeraldas…
—Mira estos, son totalmente transparentes, no tienen color.
—Son los diamantes ya pulidos y facetados, se llaman brillantes.
—Todos me los llevaré. Los guardaré bien. Regresaremos. Nos meteremos en contra de la vorágine, lucharemos contra la corriente y lograremos llegar a la cama, a descansar.
—Huuummm… miau…
—Vamos, ven, métete dentro de mi chaqueta…
—¿Junto a tu robo?
—No es un robo, sólo estoy tomando lo que la vida no me da. Tengo derecho al esplendor que otros tienen desde que nacieron…
—Miau… huuummm…
—Tengo el mercado para vender todas estas piedras; no es un mercado local; me llenaré de dólares y euros para procurarme una vida espectacular. Será mi misma vida, pero llena de lujos, me meteré en el mundo paralelo del espejo, en la tierra de la abundancia y el derroche, eso haré. La vida me debe el esplendor.

Fue el espejo el que me traicionó.

Nadie podía saber que yo, una joven pálida y débil, podría abrir un boquete en una joyería; nadie podría saberlo porque sólo tenía un mes viviendo en ese cuarto alquilado y derruido al que llegué sólo con una muda de ropa, un gran espejo de pie y un gato.

Cuando me di cuenta de que había una joyería pared con pared, supe que podría robarla y noche a noche me dediqué a horadar esa barda de ladrillo, vieja y fácil de derrumbar. Me metí a la joyería y con toda calma pude escoger todo lo que se me antojó y ¡que ya tenía vendido en el mercado negro! También, ya tenía otro cuarto alquilado en el otro extremo de la cuidad, a él llevé a mi gato y a mi espejo, única antigüedad salvada del desastre que sufrí porque la fábrica donde trabajaba entró en crack económico.

Vendí unas joyas por aquí, otras por allá; me dejé las más hermosas para mí, mientras las autoridades buscaban a una ladrona pálida y esmirriada, esa que había alquilado un cuarto con el fin de robar. Esa mujer ya no existía, sólo tuvo vida durante efímeros días. Yo soy una mujer primorosa, llena de curvas y encantos mil.

No me encontrarían porque estaba lejos, en otra ciudad, en una casa linda habitada por mi espejo, mi gato y yo… y llegó el detective con su ayudante y me comenzó a preguntar sobre las joyas y mi gato corrió, se metió tras el espejo y lo derribó.

Atrás del espejo, bien escondidas, tenía la joyas que dejé para mí, para vivir en el mundo espectacular de la riqueza.

El espejo se estrelló, se rompió en cachitos; para traicionarme, él solito se destruyó.

MORALEJA: Las fantasías innobles llevan a la cárcel.

 

 

Hugolina G. Finck y Pastrana

 

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