Shokaku y Zuikaku

1942, Puerto Moresby.

Aquella noche del 10 de mayo al terminar la guardia en la estación de vigilancia no pensaba en nada mas que visitar la hostelería del puerto, habían sido días muy tensos, por al menos un mes hubo amenaza nipona de invasión a la capital, prácticamente media isla ya estaba en su posesión, sin embargo, y por increíble que sonara, tal noticia fue desvanecida, por lo que el ambiente estaba enrarecido con una “paz angustiosa”.

En fin, desde el momento que ingresé al bar me sentí un poco más relajado, pedí la bebida de siempre, la cual degusté particularmente rápido. Mientras esperaba la segunda ronda, alcancé a observar cómo ingresaba al recinto un piloto naval estadounidense portando todavía el uniforme, mismo que lucía incluso descuidado. Estando el lugar repleto, como de costumbre, comenzó a buscar un lugar entre la muchedumbre, por mera curiosidad (y un poco de cortesía) alcé la mano para invitarlo a la mesa, con un gesto de extraño agradecimiento se acercó y sentó frente a mí. Una vez que se ubicó en su puesto, pude ver en su rostro una mirada ausente y cansada.

“Amigo, sé que estos no son los días más felices, pero al menos hay que disfrutar un poco el momento”, le afirmé.

Al decirle esto, su mirada regresó al presente, intentó sonreír y alzó la vista hacia mí.

“Vengo del mar de Coral, estuve en combate por casi tres días, logramos salvar la invasión del puerto —dijo bajando la voz—, nadie aquí sabe lo que estuvo a punto de ocurrir, perdí un gran amigo y muchos compañeros de mi buque no volverán a ver el día. Justo acabo de rendir declaración, la cual se supone que no debo divulgar, sin embargo, aunque te la contara no lo creerías —dijo esbozando una sonrisa espontánea—, yo mismo estoy tratando de convencerme que fue cierto lo que ocurrió”.

Al comentar esto me miró fijamente y al ver mi gesto de escepticismo dio un trago a la cerveza que le acaban de servir, aguantó un poco y después de analizar a su alrededor comenzó a contarme su historia.

“No es un secreto que desde el inicio de la guerra los japoneses han tenido el deseo de invadir Australia y apoderarse de sus enormes provisiones de petróleo, lo cual les garantizaría operar hacia cualquier punto del pacífico sin mayor dificultad. Como bien sabrás las Islas Salomón cayeron en marzo de este año, ya con media isla capturada…excepto el sureste (Nueva Guinea), misma que era el blanco inminente. Para finales de abril no había certeza de una invasión directa a Australia o Nueva Guinea para justamente aislar el objetivo. Por azares del destino, se consiguió decodificar a inicios de este mes un mensaje nipón que detallaba el ataque hacia Puerto Moresby, lo que concentró el esfuerzo de los aliados hacia este punto. Justo el cuatro de Mayo, en el mar de coral, se detectó sin dar alcance a los portaviones japoneses mediante radares y la batalla inició”.

En medio de aquel relato, efectuó una pausa y al darse cuenta que su botella estaba vacía, levantó la mano y acto seguido le entregaron un par más, de la cual me compartió una. Al terminar un largo trago, afiló el rostro y prosiguió con su narración.

“El primer día, si he de ser honesto, recibimos un enjambre de aviones zero atacando por sorpresa, cuando reaccionamos e iniciamos el despegue masivo desde el USS Lexington, este ya estaba muy maltrecho —suspiró un momento— nos dieron una paliza, al caer el sol el portaviones se había ido a pique. Fue toda una odisea sobrevivir esa noche, en virtud que estábamos en medio del mar y los aviones aliados no tenían a dónde llegar. Afortunadamente, el USS Yorktown nos contactó y apenas logramos aterrizar. Al día siguiente, regresamos a salvar la tripulación remanente del barco, apenas pudimos recuperar la mitad”.

“Durante el segundo día, continuamos buscándonos mutuamente, nipones y aliados, sin darnos alcance. Después de mediodía nos topamos al USS Chicago informando que el USS Sims había sido abatido por los portaviones Shokaku y Zuikaku en un ataque nocturno. El dato curioso fue que la tripulación sobreviviente a bordo del Sims contaba que en medio de la oscuridad se escuchó un enorme y grave rugido, y apenas dos o tres minutos después el portaviones recibió un impacto que lo hundió de tajo”.

 Durante un momento quedó en silencio y reflexivo, volvió a beber un par de tragos de su bebida y continuó: “Cerca de las 16:00 horas, uno de los pilotos del USS Yorktown detectó visualmente a Zuikaku con dos destructores de escolta, reportando inmediatamente a nuestras embarcaciones para iniciar el ataque. Pidieron confirmar la información, ya que los radares no lo detectaron”.

“Al iniciar el ataque aéreo, un caza Douglas perteneciente al USS Minneapolis notificó que por el lado ciego de popa del USS Yorktown y USS Chicago (alineados para la embestida contra el Zuikaku) se acercaba el Shokaku sin ser avistado, lo cual estuvo a punto de crear un caos durante el despegue de los aviones ya que no tenían certeza de hacia que barco dirigirse”.

Su mirada empezaba a mostrar cómo revivía aquellos momentos con angustia, recapacitó un instante y antes de reiniciar el monólogo me miró tratando de confirmar si no pensaría que estaba loco, traté de responder con gesto de confianza para que terminara su relato: “Al poco tiempo de iniciar la batalla llegó por el oeste el portaviones Shoho tratando de apoyar al Zuikaku, pero no tardamos ni diez minutos en bombardearlo y hundirlo. Entonces, el Zuikaku, tratando de evitar ser acribillado por los dos portaviones y el ataque aéreo trató de encontrar al Shokaku, mismo que también se movía en su dirección. Hay que resaltar que ambos barcos tenían una ligereza espectacular en sus movimientos. De alguna manera trataron de evadirnos a las tres embarcaciones: USS Yorktown, USS Chicago y USS Minneapolis, huyendo hacia el horizonte. Supusimos que pretendían contraatacar en la noche, por lo que los perseguimos de forma desesperada, tratando de hundirlos con torpedos y el ataque con cazas Douglas, pero entre la suerte y las buenas maniobras parecían agua escabulléndose entre los dedos”.

“El atardecer comenzaba a caer y estando casi a punto de darnos por vencido, el USS Nueva Orleans se hizo presente cerrándoles el escape a la oscuridad. Empezó a cruzarse demasiado el fuego en todos los frentes, los zero luchaban salvajemente por sobrevivir”.

“Doblábamos en cantidad a los japoneses pero no parecían percatarse de ello, en un momento dado, ante el agobio de nuestro ataque, el Shokaku y Zuikaku se emparejaron lado a lado y ocurrió algo que no hubiera creído si no lo hubiera visto —me miró un poco avergonzado por lo que dijo a continuación—, ambas embarcaciones comenzaron a fusionarse en un primer momento, al hacer esto, empezó a sonar un rugido grave, como una especie de trombón gigante. Ante ello, quedé atónito ya que recordé la narración de los tripulantes del SIMS, obviamente, reinó la confusión, pero la mayor de las sorpresas fue que una vez fusionados los barcos, comenzaron a tomar una forma diferente, como una especie de silueta mecánica que comenzaba a levantarse del mar”.

Al explicar lo anterior, su mirada volvía al campo de batalla, su angustia comenzaba a crecer nuevamente.

“No podía dar crédito a lo que estaba ocurriendo, lo único que me motivó a no rendirme fue mi propio instinto de supervivencia, en el aire continuaba la aguerrida batalla para abrirse paso y sobrevivir. Apenas volteé un segundo pero alcancé a ver cuando una especie de brazo mecánico de esta gigantesca figura metálica se levantó y dejó caer sobre el USS Nueva Orleans, partiéndolo en dos sin que pudieran hacer más nada. La poca tripulación sobreviviente saltaba al mar tratando de escapar de aquel horror”.

“Para este instante parecía que lo que apuntaba a una victoria aliada podía convertirse en una inmensa derrota, dejando prácticamente libre el paso hacia Australia y sus reservas. De alguna manera, los almirantes comenzaron a coordinarse nuevamente y concentraron su fuego hacia un solo objetivo, formando una especie de triángulo las tres embarcaciones sobrevivientes, pero de momento parecía imbatible el colosal artefacto mecánico”.

“Pese a lo anterior y como consecuencia del combate aéreo, un zero dañado se impactó directamente contra uno de los hombros del titán, lo que hizo tambalear al mismo, visto esto, comenzaron a disparar todas las cargas a la zona alta del coloso, comenzando a replegarse. Un caza Douglas también se impactó contra el pecho del gigante, dejando inoperante toda esa sección, quedó completamente rígida toda esa zona”.

“A manera de contraataque, el monumental mecanismo dio una especie de patada al USS Minneapolis, mismo que no se hundió pero quedó inclinado y muy dañado. Por más que atacábamos al gigante, parecía que el perjuicio que sufría era mínimo, excepto el de la zona alta, que no era suficiente para neutralizarlo. En una rafagueada, pasé muy cerca del titán, perdí el ala izquierda, por lo que aterricé de emergencia en el mar, apenas pude salir a flote, pero sí vi cuando uno de los pilotos más jóvenes, John Fletcher, fue alcanzado por los enemigos, su avión tambaleaba, sin embargo, tomó impulso y se fue directo al pecho del coloso, que al ya no tener brazos operables no pudo impedir el impacto, creando una pequeña explosión a esa altura”.

“Por unos segundos todo pareció detenerse, los zeros se replegaron aún sorprendidos por lo que había ocurrido. De la nada, el gigante cayó de rodillas hacia el mar, sobreviniendo además una segunda explosión, aun mayor, despidiendo metal por doquier, algunos alcanzaron incluso al USS Lexington y al USS Chicago, quedando muy comprometidos en su estructura, junto con el USS Minneapolis, el cual debería ser remolcado”.

“Afortunadamente los zeros comenzaron a dispersarse, si hubieran decidido regresar a acribillar a los barcos, lo hubieran logrado, ya no tenían capacidad suficiente de defensa y nuestros cazas fueron menguados en buena cantidad… por fortuna, aquello no pasó, tal vez no estaría contando esto de ser así”.

Como recuperando el espíritu y la voluntad, ingirió lo último de su cerveza, sonrió y se levantó de su lugar, le miré por un momento y pregunté: “¿cuál es tu nombre?”, todavía sonriendo, respondió: “¿Acaso importa? Probablemente pienses que estoy loco o algo así”, retirándose de aquel lugar, sin que supiera nuevamente de él.

 

EPÍLOGO

Londres, Enero de 1946

Terminé la guerra siendo agente oficial de la Real Armada Inglesa, siendo uno de los comisionados para evaluar la situación y expectativas para Japón, tomando en cuenta lo de Hiroshima y Nagasaki, particularmente esta última ciudad y puerto fue la que atrajo mi atención.

Durante el análisis del expediente que me asignaron de los daños y situación de la ciudad de Nagasaki, el oficial que efectuó el recorrido citó indicando: “con las reservas que el caso merece” en una de las bodegas del puerto, encontró una magnífica estructura metálica que “daba la impresión” de ser un gigantesco brazo mecánico que terminaba en un accesorio parecido a un puño. No obstante lo anterior, concluía su reporte refiriendo que tal vez la propia explosión atómica del 09 de Agosto del año anterior había deformado lo que muy posiblemente era un barco a gran escala.

Después de meditarlo un rato, a la luz de un par de scotch’s, rememorando aquella historia que creí fantasía, he decidido etiquetar este expediente como “CLASIFICADO” hasta indagar más al respecto.

 

Miguel Ángel Borjas Polanco

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