Maldita sea la luna

Hace tiempo que no veo la luna llena
pero no me atrevo regresar a mi hogar.
El odio y la confusión corren por mis venas,
por esta maldita bestia que no puedo controlar.

Sé que en el pueblo piensan que he fallecido,
pero me oculto en el bosque más profundo.
Aunque mi inocencia siempre fue la de un chiquillo,
hay noches en que me transformo en un segundo.

Cuando la luna resplandece en toda la oscuridad,
la bestia me controla y quiero saciar mi apetito.
En ese mismo momento ni mis pensamientos puedo controlar,
resulto ser un animal dominado por el instinto.

A veces vienen a mí varios vagos recuerdos,
atacando gente con la que yo mismo crecí.
Cuando la luna sale el valle se llena de silencio,
todos tienen miedo a la bestia que vive en mí.

He ocultado un llanto a gritos en mi alma,
cuando el ángel que amo lloraba mi supuesta muerte.
Y aunque extraño tanto besarla, abrazarla por la espalda,
el miedo en mí a lastimarla es más fuerte.

A veces me acerco cuando ella lava en el río
y se llenan mis ojos de lágrimas al verla.
Aunque las lágrimas ruedan, a lo lejos sonrío,
porque al final sigue siendo mi única estrella.

Maldita sea la luna que me convirtió en esto,
le reclamo cada noche sin recibir alguna contestación.
Miro mi reflejo y veo al monstruo que tanto detesto,
pero al final de cuentas sigo siendo yo.

Maldita sea la luna que me atormenta cuando duermo,
con visiones destruyendo lo que un día llamé hogar.
De observar el odio de las personas que quiero,
he sepultado toda esperanza de un día regresar.

 

Oliverio Cubbins

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