El Primogénito

“Y lo sentaron delante de él, el primogénito conforme a su progenitura,
y el más joven conforme a su juventud, y los hombres se
miraban unos a otros con asombro”.

Génesis 43:33

Todas las personas conocen como ley de la vida el que los padres mueran antes que los hijos. Sin embargo en el inicio de esta historia no es así. En una granja de un condado de Texas vivía una pequeña familia integrada por el granjero Malvin Stuart, la señora Dolly Stuart y el pequeño Rumpelstiltskin. Describiendo a la familia, podemos decir que el granjero Malvin Stuart era caucásico, de estatura promedio, delgado, cabello negro y lacio, ojos color avellana y muy bien parecido. La señora Dolly Stuart también era guapa, de ojos azules, estatura promedio, delgada y cabello castaño ondulado. Por último el pequeño Rumpel a quién todos llamaban así, era caucásico, más bajo de la estatura normal para un niño de diez años, ojos color avellana como su padre pero cabello ondulado como su madre. La familia Stuart se dedicaba a cultivar en su granja maíz y tomate entre otras cosas. El pequeño Rumpelstiltskin ayudaba en las labores a su padre por las mañanas ya que por las tardes acudía a la escuela.

En la escuela Rumpel tenía dos mejores amigos: Susy y Yorel, a quienes agradecía mucho por su amistad ya que al principi,o debido a las burlas por su estatura y el estar solitario, no se le hacía nada fácil asistir a la escuela. Fue hasta que Susy empezó a sentarse a su lado en clases, que todo cambió. Todos los días al terminar las clases, Rumpel y sus amigos iban a jugar al Viejo Molino, que ellos consideraban su guarida, lo llamaban “El fuerte Glasgow”.

Cierto día, haciendo planes como de costumbre en el fuerte Glasgow, vieron pasar carros y camionetas lujosas y modernas con un logo que decía “Adams Laboratory”. Rumpel, Susy y Yorel se quedaron asombrados y maravillados ya que no era común que en la granja hubiese autos tan modernos, y al mismo tiempo quedaron también desconcertados, se  preguntaban qué hacían los científicos en esa pequeña granja.

Al pasar los días todo parecía seguir su curso normal, Rumpel ayudaba a su padre, luego asistía a la escuela y se divertía con sus amigos, sin embargo, al llegar la noche, lo invadía la curiosidad sobre aquellos científicos y sus autos lujosos.

—Tengo que dejar de pensar en ello, quizá no tiene la menor importancia —se dijo Rumpel. Al día siguiente, al llegar a clases, sus compañeros parecían desconcertados, todos susurraban algo pero Rumpel no comprendía de qué se trataba.

—Susy, qué bueno que llegas ¿tú sabes qué sucede?
—¿No lo sabes? Desapareció Abel. Dicen que ayer no regresó a su casa de la escuela. Sus papás están sumamente angustiados.
—¡Jóvenes, guarden silencio por favor! Necesito que vayan pasando de uno en uno a una entrevista con la directora. ¡Edmund tú vas primero! —dijo la maestra Lupita.

Rumpel fue el último de la clase en pasar. La entrevista había girado en torno a la desaparición de Abel, ya que en la escuela tenían la esperanza de que sólo se tratará de una mala broma del niño hacia sus padres y estuviese en casa de alguno de sus compañeros, pero no era así.

Al siguiente día de la desaparición de Abel, nuevamente en la escuela se veían todos desconcertados, y a la vez, más angustiados que el día anterior.

—¡No puede ser! ¡Ahora Rosita ha desaparecido! —gritó un compañero de Rumpel.

Así fueron pasando días y en cada uno de ellos, un niño desaparecía, no sólo en la escuela, si no en todas partes, salieran a jugar, de compras… llegó a tal grado la situación que los padres ya no querían que sus hijos asomaran la cabeza a la calle. Una tarde, hubo una reunión de padres en la granja, así que Rumpel y sus pequeños amigos se escabulleron para reunirse en el fuerte Glasgow.

—¿Se han dado cuenta de que los niños desaparecidos son los primogénitos de cada familia? —espetó Yorel.
—¡No puede ser, Yorel, tienes razón! —dijo Rumpel.
—Gracias a Dios que nosotros tenemos hermanos mayores que ya son adultos… ¡esperen! Rumpel, tú no tienes hermanos ¡lo que te hace el primogénito de tu familia! ¡Estas en peligro! —gritó Susy asustada.
—No va a pasarme nada, Susy, no te preocupes.

Esa tarde de regresó a casa, Rumpel sintió que lo observaban y seguían, así que aceleró su paso. Luego sintió que detrás de él aceleraban el paso también, le daba miedo voltear a mirar. Salió corriendo a toda velocidad y al intentar girar por una calle lo interceptaron en una camioneta con el mismo logo que había visto antes: “Adams Laboratory”. Luego, dentro de la camioneta, observó a un hombre vestido de doctor, este sedó a Rumpel, por lo que quedó inconsciente.

Al recuperar la conciencia, Rumpel se encontraba en una gran habitación rodeado de otros niños, de los cuáles a la mayoría reconoció.
—¡Abel, eres tú! ¿Qué está pasando?
—Realmente no sé qué decirte, Rumpel, nos tienen aquí encerrados, nos tratan bien, nos alimentan, dan golosinas… aunque algunas veces nos sacan sangre.
—¿Sangre?… ¿Para qué?¿Qué es lo que quieren?
—Creo que ella quiere darle vida nuevamente a su hijo.
—¿Ella?¿Quién?

De repente se abrieron las enormes puertas de la habitación dando entrada a una mujer hermosa de cabello lacio, largo y dorado.
—¿Cómo están mis pequeños hijos? —dijo la mujer.
Nadie contestó, todo estaba en absoluto silencio.
—¿Esa es la forma en que tratan a su madre? —preguntó ella.
—¡Tú no eres mi madre! —le gritó el pequeño Rumpel.
—¡Vaya, Vaya! ¿Qué tenemos aquí? ¡Un enano!
Justo estaba por tomarlo del brazo cuando, el hombre que había sedado a Rumpel entró en la habitación.
—Mi señora, necesito hablar con usted —dijo él. En ese momento ambos salieron de la habitación.
—¿Quién es ella, Abel?
—Ella es Freya Adams, el otro sujeto es el Doctor Dimitri, su mano derecha… es quién viene a tomar nuestra sangre.
—¿Para qué querrán la sangre?
—No lo sé, Rumpel, lo que si sé es que ella es una bruja, literalmente una bruja. Hace días mientras intenté escapar, fui a dar a una habitación que está en la parte de atrás y la observe haciendo rituales.

Al llegar la noche Rumpel no podía dormir, estaba sumamente preocupado, pero más que por lo que le pudiera pasar a él, pensaba en sus padres, lo angustiados y tristes que debían estar. “Tengo que salir de aquí” pensó.
Rumpel esperó a que todos durmieran para intentar escapar, salió caminando de puntas e iba revisando cada puerta esperando encontrar la salida. Cuando abrió una de las puertas quedó anonadado. En esa habitación, conectado a un sin fin de tubos y cables estaba el cuerpo de un niño, parecía que estaba dormido, pero Rumpel recordó lo que le había dicho Abel y quedó más impresionado. Rumpel no lo pensó dos veces y comenzó a desconectar todos los cables del cuerpo, estaba por terminar, cuando Freya Adams entró en la habitación. Al ver lo que Rumpel estaba haciendo se volvió loca y se abalanzó contra él para detenerlo. Ambos forcejearon con los cables, Freya tomó una lámpara y golpeó a Rumpel en la cabeza. Rumpelstiltskin cayó desmayado. Cuando recobró conciencia no podía moverse, pues ahora era él quién estaba conectado a todos esos tubos y cables, a su lado había una silueta observándolo, forzó la miraba aun borrosa y poco a poco fue haciéndose más claro ese rostro, ¡no era posible! era su propia cara quién lo observaba fijamente.

—¿Por qué elegiste este cuerpo diminuto, habiendo tantos mejores para mí, madre?
—Tranquilo mi amor, ya te buscaré uno acorde a tus necesidades, me alegra tanto tenerte de nuevo, mi hermoso bebé.
El Doctor Dimitri entró en la habitación —Lamento interrumpir, mi señora, pero allá afuera hay una muchedumbre con tridentes y antorchas encendidas, creo que tratan de acusarme de brujería—dijo en tono burlesco.

Freya Adams sólo pudo sonreír, abrazar y besar con amor a su hijo.

 

Liz González

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