Cena romántica – 2 de 2

IV

Amantes.

A Jorge le gustaba dominar en la cama, casi siempre buscaba chicas con poca experiencia para ser el macho alfa, pero a veces le surgían ganas de ser dominado, y nadie mejor que Maya para someter hasta al hombre más experimentado. Justamente aquel sábado 23 de agosto del 2014, día de su primer aniversario con María, nacieron de la nada esas tremendas ganas de estar entre las piernas de Maya, dentro de ella. Era su aniversario y sabía que no podía fallar con aquella cena que ya le había prometido a su novia.

─Pero Maya es Maya ─ se dijo mientras miraba una foto de su amante desnuda.

Decidió llamarla y la citó a las tres de la tarde en su casa. Se acostaría con ella un par de veces, al fin y al cabo la cena con María era hasta las 8 de la noche. Había tiempo de sobra.

Maya llegó más tarde de lo acordado a casa de Jorge, este en su desesperación se estaba masturbando cuando tocaron la puerta. Abrió y ahí estaba la sexy Maya esperando tener el miembro de Jorge dentro de ella.

Sin molestarse en pedir disculpas entró a la casa y llevó a Jorge hasta la habitación de sus padres. Inmediatamente desabrochó el cinturón de Jorge y le bajó el pantalón hasta las rodillas; chupó el miembro del joven como toda una experta y pasados unos minutos ya se encontraba sobre él moviendo de manera espectacular sus caderas.

Durante el acto experimentó pequeños dolores en la zona de la cabeza que se había golpeado con la escalera, dolores a los que no dio importancia. Justo en el clímax del acto sexual, a punto de experimentar uno de los mejores orgasmos de su vida, Maya aceleró el movimiento de sus caderas, la excitación aumentó y junto con este el dolor en la cabeza se hizo más fuerte. Jorge eyaculó dentro de la chica justo en el momento en el que esta se desplomó inconsciente sobre él. Al principio creyó que ella había hecho lo propio y había caído rendida por el cansancio, pero cuando se percató de que no respondía a sus llamados se la quitó de encima y miró su rostro inerte; Miró su pecho que ya no se levantaba con la respiración. ─Dios─ Maya estaba muerta.

─ ¡Maya! ─gritó y la golpeó levemente en la mejilla─ ¡Maya, despierta!
No hubo respuesta.
─No, no, no ─Jorge caminaba desesperado, con el cuerpo al desnudo, de un lado a otro de la cama─, ¡Maya!

Este último llamado lo acompañó con un puñetazo directo en la mandíbula, pero no recibió respuesta por parte de la chica. Con los nervios de punta, Jorge se vistió, salió del cuarto y se tumbó sobre el sofá en silencio mirando un punto ciego. Dios, ¿qué carajo voy a hacer ahora? Pensaba. Los ojos le habían empezado a lagrimear, era evidente que estaba asustado.

Durante una hora seguida, Jorge no se movió un solo milímetro de la posición original que adoptó cuando se sentó en el sofá; las lágrimas ya le resbalaban por las mejillas. Finalmente se levantó, se enjugó los ojos y cual robot programado para tal actividad, buscó por toda la casa bolsas de basura negras. No encontró ninguna, las únicas bolsas de basura eran color verde transparente; era obvio que esconder un cadáver ahí no era una buena idea.

─¡Puta madre, señora ¿por qué no compra bolsas negras?! ─maldijo pensando en su madre.

Dicho esto se dirigió al cuarto y comenzó a golpear a la chica como si esta fuera un costal de boxeo. Entre sus alaridos y el sonido de sus puños al impactar con el cuerpo de Maya., alcanzó a escuchar risas fuera de su casa. Dejó de maltratar a la chica y se dirigió a la ventana.

─¡Puta!

Fuera había sus vecinos estaban instalando una lona para fiestas. La posibilidad de sacar el cuerpo a escondidas y tirarlo en algún lugar alejado ya se había esfumado por completo.

De nuevo Jorge, aquel entrenador de boxeo que siempre se mostraba como un tipo rudo, estaba llorando sobre una de las esquinas de su cuarto. Nunca había estado cerca de un cadáver, había escuchado en distintas películas que después de cierto tiempo empezaban a apestar. Esto no estaba pasando, pero su desesperación lo hacía oler a podredumbre en cada rincón de la casa. Escuchaba también lo gemidos que la chica pegaba mientras la penetraba e incluso por algunos minutos creyó estar debajo de ella y comenzó a mover la cadera arriba y abajo.

Cuando por fin se pudo tranquilizar, Jorge recordó los planes que tenía con María; miró la piedra del sol que fungía como reloj que colgaba de la pared de su cuerpo: eran las 6:14 de la tarde. Faltaban menos de dos horas para que su novia llegara para cenar.

Definitivamente la suerte no estaba para nada a su favor. Volvió a maldecir unas cincuenta veces a Maya, a su madre, se maldijo a sí mismo y también lo hizo en contra de María que se encontraba en su casa mirando dos vestidos con mucha concentración; no sabía cuál debía ponerse para la ocasión.

Para ese punto, Jorge ya estaba desquiciado, no era capaz de pensar con claridad, además seguía escuchando los gemidos de Maya. Sacó a la chica de su cuarto y la dejó sobre la alfombra de la sala de estar, desnuda, bañada en sudor, mientras él se sentó en el sofá.

─Sacarte en una bolsa no es opción, los vecinos nos van a ver ─ le decía al cuerpo inerte de la chica ─. Otra opción es esconderte dentro del cuarto de mis padres hasta que María se vaya y mañana te iré a tirar al basurero. Sí creo que eso haré.

Besó los labios de Maya, pero en ese momento volvió a percibir el inexistente olor a descomposición.

─Apestas, hija de la chingada ─volvió a golpearla en la cara ─. María va a percibir este asqueroso olor, no puedo dejarte aquí.

Se levantó, fue hacía el viejo mueble donde su padre guardaba herramientas y tomó un hacha. Después colocó a Maya sobre tres bolsas de basura cortadas y extendidas y finalmente en un ataque de rabia cortó una y otra vez a Maya mientras la maldecía ─por ser una puta, por estar tan rica, por coger como una maldita diosa, por apestar a muerto, por estar muerta, por producirle tanta excitación.

Cuando ya hubo desahogado toda su rabia el cuerpo de la chica se había reducido a una asquerosa mezcolanza de  huesos, carne y sangre regados por todo el piso; por primera vez en el día la suerte se había puesto de su lado, ni una gota de sangre se derramó fuera del plástico. Recogió con cuidado las bolsas y se las llevó a la cocina; una vez ahí sacó del refrigerador carne molida y el resto de los ingredientes para su cena.

Pasó las siguientes dos horas (una vez más la suerte se puso de su lado, pues María llegó una hora tarde) preparando unas ricas albóndigas en chipotle, preparó el comedor con velas y un arreglo de rosas que había comprado temprano por la mañana, y aromatizó la casa. Al parecer ya no quedaba rastro de Maya ni de su pequeña aventura con ella.

Con toda la carne con la que contaba hasta le alcanzó para hacer una porción de albóndigas para la fiesta de sus vecinos, misma que dejó sigilosamente sobre una gran mesa que ya se encontraba en el patio y regresó a su casa sin ser visto.

V

Feliz aniversario.

María llegó a las nueve de la noche, una hora más tarde de lo acordado, pero esto no molestó para nada a Jorge, y recibió a su novia con muchos halagos y se comportó con una caballerosidad que nunca había usado con ella. María estaba fascinada.

La noche marchó tal cual lo había planeado Jorge: cenaron a la luz de las velas.

─Están deliciosas estas albóndigas ─había dicho María mientras comía gustosa lo que había preparado su novio.
─Sí, es una receta que me enseñó mi abuela hace como cuatro años ─respondió Jorge mientras masticaba. En sus ojos se notaba miedo, pues cada vez que María masticaba escuchaba los gemidos de Maya.

Además aún le llegaba el olor a pestilencia, pero al parecer María no lo percibía. Un alivio.

Después de la cena vieron una película romántica. Jorge leyó las cartas que María le dio, y juntos escucharon algunas canciones del CD que también había sido regalo de la chica. Pasada la media noche, ambos se fueron a la cama e hicieron el amor tres veces seguidas hasta caer rendidos y durmieron desnudos cuerpo contra cuerpo.

Esa noche Maya estuvo presente en todo momento en los sueños de Jorge; en el primero de tres, Jorge se encontraba cenando con Maya, una escena similar (exactamente igual) a la que había tenido con María hace algunas horas. Ambos estaban platicando acerca de una película que habían visto antes de la cena; cuando Jorge bajó la vista para ver el plato de comida se topó con la parte derecha de una cabeza humana que había sido cortada a la mitad, extrañamente la cabeza cabía a la perfección en el plato y aún dejaba espacio para una mezcolanza de caldo de chipotle a un lado de esta. La cabeza era de María. El segundo sueño fue el menos terrorífico de todos, y que Jorge olvidó justo cuando despertó; consistía en un trío sexual entre Jorge, María y Maya. Los tres se encontraban disfrutando del momento como si se conocieran de toda la vida.
Finalmente tuvo un sueño que hizo lo que los anteriores no, Jorge se despertó asustado y temblando; no gritó y gracias al cielo no despertó a María. En este sueño Jorge escuchó un crujido fuerte y espantoso, una joven frente a él, que tenía el cuerpo y la cabeza destrozada abrió las piernas, quedando su cintura por debajo del arco que describieron, y se sentó sobre él. Jorge sintió la cálida sensación de los fluidos al introducir su pene en la vagina de la chica. Un montón de bichos hervían entre ambos miembros cubiertos de sangre; la joven subía y bajaba una y otra vez aplastando algunas de las criaturas que se arrastraban es sus cuerpos. Al principio del sueño no logró reconocer a la chica, pero justo antes de conseguir un orgasmo bastante real, se dio cuenta de que la chica era Maya, pero en el cuerpo de María.

El fin de semana marchó a la perfección. Al medio día y también pasadas las cinco de la tarde del día siguiente de la cena, volvieron a comer las albóndigas que Jorge había preparado con carne molida del supermercado y restos del cuerpo de Maya que había destrozado con el hacha de su padre. Todo aquel domingo María y Jorge, esta hermosa pareja que irradiaba amor cuando caminaban de la calle tomados de la mano, se besaban en cada oportunidad que tenían y se repetían hasta el cansancio cuánto de amaban, se pasaron jugando videojuegos en la consola de Jorge; se tomaron docenas de fotos y cerraron la noche probando una posición que a Jorge le gustaba mucho hacer con Maya.

Jorge se mostró extremadamente amoroso con María, como nunca lo había hecho, hasta ella se sintió un poco extraña, aunque claro que lo disfrutó; pero en el fondo Jorge estaba lleno de pánico…

─Dios, nos acabamos de comer a Maya ─era lo único que se repetía desde la cena. Además, en ningún momento dejó de escuchar los gemidos de la chica.

Lunes por la mañana; María se fue de la casa de Jorge aproximadamente a las diez. Jorge se quedó a limpiar todo lo posible y borrar toda evidencia de haber estado el fin de semana con María… Y con Maya.

Una vez solo, sacó los restos de la chica que aún quedaban dentro de la alacena y los metió dentro de una pequeña bolsa que encontró bajo su cama. Aún en pijama (quería deshacerse de eso lo más rápido posible) salió directo a un terreno baldío que los vecinos usaban de basurero y ahí enterró la bolsa debajo de una pila de costales de cascajo.

─Claro que sí, amor ─besó la frente de la chica ─. Aquella cena que tuvimos fue de lo más hermoso que hasta ese momento me había pasado…

VI

Los restos.

Aquel episodio tan espantoso sirvió de escarmiento para Jorge, pues desde entonces no volvió a serle infiel a María, absolutamente con nadie. Terminó con todas sus relaciones de “amistad con derechos” y decidió entregarse totalmente a su novia. Al principio claro que le costó trabajo, pero con el tiempo se fue acostumbrando, y para el momento del cuarto aniversario de su noviazgo ya no quedaba nada de su anterior vida de “Don Juan”. Lo que nunca pudo de sacar de su cabeza, y recordaba cada que hacía el amor con María, era el hecho de haber cocinado la carne de Maya y habérsela dado de cenar a su novia; además desarrolló un horrible asco hacía las albóndigas y ocasionalmente volvía a tener aquel sueño donde penetraba el cuerpo destrozado de María, mientras veía la putrefacta cabeza de Maya.

La desaparición de Maya fue reportada a los tres días de no ser vista por ninguno de sus amigos y familiares. La autoridades la buscaron sin éxito por más o menos un mes, para entonces parte de sus restos ya habían sido digeridos por el estómago de cinco ratas y lo demás fue calcinado cuando un indigente, con intenciones de calentar su cuerpo, inició una fogata en ese lugar que se convirtió en un incendio que terminó con la vida del indigente.

Al principio de las investigaciones todas las autoridades se fueron encima del pobre joven que estaba en el motel con Maya antes de que esta se fuera con Jorge, pero para su fortuna el gerente del motel la vio salir del lugar y declaró que cuando fue a revisar la habitación el chico aún se encontraba en la cama durmiendo, y lo dejaron en paz.

El caso se cerró y lo dejaron como un simple feminicidio. Nadie supo qué fue lo que pasó con Maya; solo Jorge, claro.

 

Omar Torres

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