Cena romántica – 1 de 2

I

Una historia de amor.

Exactamente cuatro años habían pasado desde aquel 23 de agosto del 2013 cuando los labios de Jorge y María se juntaron por primera vez. María nunca lo olvidó:

Jorge, cinco meses atrás, había conseguido un trabajo como entrenador de box en un gimnasio cerca de su casa (ciento noventa metros para ser exactos); Aunque en aquel entonces sólo contaba con dieciocho años y nunca había practicado la disciplina de manera profesional, no resultó muy complicado conseguir el empleo, pues desde los trece entrenó en ese mismo gimnasio hasta los dieciséis y aún demostraba tener la suficiente habilidad para entrenar a otros; un trato conveniente tanto para Jorge como para el dueño del gimnasio, pues las clases de box eran lo que más inscripciones generaban.

Cinco años de inactividad habían quitado condición física a Jorge, por lo que decidió que iniciaría entrenando a menores de trece años hasta que recuperarla.

─Dame chace de empezar con chavitos hasta que recupere mi condición ─había dicho a Martin, dueño de gimnasio, el mismo día de su contratación─. No tengo la fuerza suficiente para entrenar chavos más grandes que yo… ─esbozó una sonrisa y concluyó ─. Un madrazo de un bato de veintiún años y ¡pum! lesión en la muñeca segura.

Martín aceptó el trato mientras reía como loco.

Jorge recuperó y mejoró su condición física, trabajando muy duro, en cuatro meses y cumplió la promesa de no limitarse a entrenar sólo niños y subió el rango de edad; María fue una de las primeras personas en inscribirse y, como toda joven responsable, siempre era la primera en llegar al gimnasio, incluso antes que Jorge en algunas ocasiones.

Cautivada por el físico que Jorge fue desarrollando poco a poco y su gran carisma, María comenzó a ser también la última en irse, siempre procuraba quedarse a solas con el entrenador para charlar con él; casi siempre la plática se centraba en la vida de universitaria de María. Cuando comenzó el entrenamiento ella tenía un cuerpo rechoncho y descuidado pero con el tiempo fue ganado una figura física que atraía la mirada de los hombres, incluyendo a su entrenador que a partir de ese momento centró más atención en ella y dejó de molestarse con tener que platicar con ella después de cada sesión. La cortejaba todos los días y aprovechaba cualquier oportunidad para tocar sus senos y su trasero “accidentalmente”; entre salidas al cine y cenar románticas, Jorge intentó, sin éxito, llevársela a la cama en varias ocasiones.

Finalmente llegó el veintitrés de agosto cuando le pidió que fuera su novia, a lo que ella sin dudarlo un segundo aceptó arrojándose a sus brazos y besándolo con la torpeza de quien da su primer beso.

Todo esto sin embargo fue olvidado rápidamente por Jorge justo cuando, dos meses después de iniciada la relación, consiguió por fin acostarse con ella y tener el privilegio de tocar ese maravilloso cuerpo que le había dado el “bendito box”, decía. María se mantuvo siempre fiel a la relación; Jorge era todo lo contrario, pues con la excusa de  ir a la escuela, solía salir con distintas mujeres que terminaba llevándose a la cama sin remordimiento alguno.

II

Primer aniversario.

Jorge y María estaban abrazados sobre el sofá de la casa de los padres de María disfrutando la película “Rec 4: Apocalipsis”, una de las favoritas de Jorge. Sobre una mesa de centro frente a ellos descansaba el ramo de rosas que Jorge le regaló a María por su cuarto aniversario, junto a este, un hermoso Baby doll que consistía en una sostén negro de tela transparente, una falda bastante corta y una tanga del mismo color y un paquete de condones ultrasensibles comprados por María que usarían más tarde.

Con la cabeza recostada sobre el pecho de Jorge y su mano derecha estimulando el pene de su novio, María, con los ojos clavados en la pantalla sin mirarla de verdad, comenzó a recordar su primer aniversario, hace ya teres años.

Recordaba estar muy emocionada, irradiando felicidad por su primer aniversario con Jorge; no era capaz de creer que su primera relación llegara a tal punto, que en el primer intento encontrara al amor de su vida, a un hombre maravilloso como Jorge; lindo, romántico, caballeroso y sobre todo fiel. Estaba feliz en extremo, tanto que se le saltaba las lágrimas mientras preparaba el regalo que le daría: un perro de peluche que metió en un globo azul, mismo que llenó de confeti, junto con cinco cartas en las que agradecía tanto amor que le brindaba. Le preparó también un CD con las canciones que se habían dedicado y algunas escritas por ella que consiguió que uno de sus amigos cantara en su mini estudio de grabación personal. Toda una chica enamorada.

Un suspiro de Jorge la regresó a la realidad y se percató de que estaba llorando. Se sorbió la nariz y limpió sus ojos discretamente con el extremo del cobertor que los cubría del frío. Volteó a ver a su novio y preguntó: Amor… ¿Te acuerdas de nuestro primer aniversario?

Jorge bajó la mirada, un poco irritado porque sabía que aquella pregunta iba a interrumpir por completo la película que tanto le gustaba. Claro que lo recordaba, incluso con más detalle que María. Cómo olvidar aquel día. Jorge, a pesar de ser un hombre amante del sexo con diferentes mujeres, también tenía preparada una sorpresa para María. Un año de relación lo había hecho sentir cariño de verdad hacía la chica que le recordaba todos los días lo mucho que lo amaba, misma que siempre preguntaba si se encontraba bien, que le preguntaba cómo había ido su día, cuando se ponía enfermo lo visitaba y cuidaba de él. Se estaba enamorando, pero a pesar de esto no era capaz de dejar de verse con otras chicas. Su cuerpo se lo pedía a gritos.

Aprovechando que sus padres saldrían de viaje durante un fin de semana, la sorpresa que le tenía preparada consistía en una cena romántica que él mismo cocinaría, seguida de una sesión de películas y finalmente le haría el amor con la misma pasión y delicadeza que lo hizo la primera vez. Tenía planeado pasar con ella todo el fin de semana.  Para ambos todo indicaba que sería un fin de semana perfecto.

III

Maya.

Jorge tenía como regla no acostarse con la misma chica más de una vez, y aunque de vez en cuando rompía la regla, casi todas eran aventuras de una sola noche. Sin embargo había un joven de veintitrés años, bellísima de ojos color miel, tez blanca, una voz angelical que producía un susurro bastante excitante. El cuerpo era un verdadero deleite para los hombres, principalmente sus hermosos senos copa D capaces de arrancar el sueño a más de uno. Maya era toda una ninfómana en potencia con la experiencia suficiente para convertirse en toda una diosa a la hora del sexo. Irresistible para sus múltiples amantes, incluyendo a Jorge que por ella rompía su regla. Ya se había acostado con ella más de quince veces y no dejó de hacerlo durante su relación con  María.

El día veintitrés de agosto del 2014,  Maya estaba en el motel más barato que podía haber en la Ciudad de México con un tipo patético que pagó toda su quincena con tal de acostarse con ella; los más decepcionante de su vida, pues el pobre joven que recién había conseguido trabajo en un call center, eyaculó dentro de Maya al minuto y medio después de haber iniciado el acto. El tipo dio todo lo que tenía y terminó tan agotado que a los pocos minutos calló dormido junto a la chica. En ese momento, eran casi las dos de la tarde, recibió una llamada, era uno de sus amantes que la estaba citando en su casa para hacer lo que mejor sabía. Sin molestarse en despertar al chico salió del motel.

Camino a su cita Maya sufrió un accidente bajando las escaleras de la estación Morelos del Metro mientras transbordaba hacía la línea B. Su tacón se había roto y calló de culo; se golpeó muy duro la espalda y su nuca alcanzó a pecar con la orilla del escalón. Cinco centímetros más a la izquierda y un clavo oxidado se le hubiera ensartado en la nuca. Permaneció sentada durante más o menos diez minutos, estaba mareada por el golpe. Cuando se recuperó, se cambió lo zapatos por unos tenis que cargaba en su mochila y siguió su camino.

 

(Concluirá)

 

Omar Torres

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