Versus – El Centinela

En la radio londinense aún sonaba la canción “If you ever fall in love again”, en la voz de Anne Shelton, y al compás de sus lánguidos acordes, aquella mañana de navidad de 1948, Arthur C. Clarke tecleaba apresuradamente un cuento corto para entrar al concurso de la BBC. El autor, con treinta y un años cumplidos, había tenido una vida bastante interesante: Técnico de la RAF durante la Segunda Guerra Mundial, especialista en radares; Amante de la astronomía desde niño, había publicado tres años atrás un artículo sobre el uso de satélites geoestacionarios en “Wired World” y vendido el cuento de ciencia ficción “Partida de rescate” a “Astounding” en 1946, así que se sentía con posibilidades para quedar seleccionado entre los ganadores del concurso, o al menos obtener una mención honorífica.

Narrado desde la perspectiva del geólogo Wilson (o selenólogo, si desean ser pedantes) el texto relataba una misión rutinaria de exploración a la luna en el remoto año de 1996. La tripulación se dirigía hacia las montañas del Mare Crisum cuando el protagonista se percató del claro reflejo de la luz solar en una superficie tan pulida, que le hizo pensar en una extraña curiosidad geológica. Tras escalar hasta la saliente, descubre una pirámide de tres metros de altura, que sin duda había sido construida por alguna forma de vida inteligente, ¿acaso alguna desarrollada en los remotos días en que la luna aun tenía océanos y plantas rudimentarias? Un examen más detallado le hizo notar que no había rastros del impacto de meteoros alrededor del monolito, como si un campo de fuerza invisible lo protegiera, y sin embargo, la formación geológica le hizo deducir que estaba ahí desde hacía eones, desde días muy anteriores a la aparición del hombre. Wilson imaginó a una raza sumamente avanzada, capaz de construir la pirámide, y dejarla protegida de tal modo. Finalmente, las fuerzas expedicionarias lunares lograron derribar el muro, destruir el monolito… y así fue como cayeron en cuenta que al dejar de transmitir, le habían hecho saber a sus constructores que la vida inteligente estaba desarrollada en la Tierra y había alcanzado la luna. La pregunta dejada por el cuento era, si esa raza antigua vendría para guiarnos, o sentiría celos de aquello en lo que nos habíamos convertido.
Y aunque sólo restaba esperar, la espera no sería larga.

Pero a los jueces del concurso, no les satisfizo y se lo devolvieron.

En primavera de 1951, aquella historia titulada “El Centinela”, fue publicada en el primer y único número de la revista “Diez historias de Fantasía”, editada por Donald A. Wollheim; Clarke compartió ese espacio con Lester del Rey, A. E. Van Vogt, Fritz Leiber, August Derleth y L. Sprague De Camp. Para ese entonces, ya tenía más de una década escribiendo y alrededor de treinta cuentos de buena manufactura, por lo que en retrospectiva, el no haber ganado, tampoco significaba gran cosa.

Un escritor paisano suyo, George Orwell, había bautizado el nuevo periodo histórico como “Guerra Fría” a finales de 1946, así que en plena década de los 50’s, Clarke pudo ser testigo del inicio de la carrera espacial y de la consolidación de su trayectoria como escritor: en 1952 recibiría el International Fantasy Award en la categoría de no-ficción por “La exploración del espacio”, se primer antología sería publicada en 1953 y observaría como en 1955 tanto Estados Unidos como la Unión Soviética anunciaban su deseo de lanzar al espacio satélites artificiales.
Al año siguiente, ganaría el Premio Hugo por el cuento corto “La Estrella”. Pasarían casi veinte años antes de volver a recibirlo, en la categoría de novela, y desde entonces, el radicaría en Sri Lanka.

En 1957, durante el “Año Geofísico Internacional”, el Sputnik-1 dio el primer paso exitoso en una carrera que tuvo como meta principal la luna. Después de los perros Laika, Belka y Strelka; y los simios Gordo, Able, Baker; fue el turno de Yuri Gagarin para abandonar por primera vez la atmósfera de la Tierra y volver con vida, en 1961. Para entonces Clarke, de 44 años, era uno de los autores más respetados del género, y leído por millones de personas.

En 1964 el cuento “El centinela” llegó a las manos de un fotógrafo y cineasta que estaba cosechando éxitos en Hollywood, llamado Stanley Kubrick. Él ya tenía en su currículum las exitosas películas “Senderos de gloria” y “Espartaco” con Kirk Douglas (1957 y 1960) así como “Lolita” (1962), y la recientemente estrenada “Dr. Strangelove” con Peter Sellers. Durante un almuerzo, Rober Caras (de Columbia Pictures) le preguntó cual sería su siguiente proyecto. “Te vas a reír” le dijo el cineasta, y continuó “Es algo con extraterrestres”, Caras le preguntó si estaba pensando en algún autor en particular, y Kubrick, como acostumbraba hacer, dijo que “Estaba leyendo lo que fuera, de quien fuera” a lo que Caras propuso que hiciera algo con el mejor de todos: Arthur C. Clarke. Pero Kubrick sólo sabía que era una especie de recluso que vivía en algún lugar de la India. Caras lo había conocido brevemente, y fue él quien los puso en contacto a través de un telegrama que decía “STANLEY KUBRICK – “DR. INSÓLITO”, “SENDEROS DE GLORIA”, ETC. INTERESADO EN HACER FILM SOBRE EXTRATERRESTRES. ¿TE INTERESA? CREYÓ QUE ERAS UN RECLUSO. Después, el escritor respondió “INTERESADO EN TRABAJAR CON EL ENFANT TERRIBLE. CONTACTA A MI AGENTE. ¿POR QUÉ KUBRICK PENSÓ QUE SOY UN RECLUSO?

Una vez que Caras dejó el proyecto en manos de Scott Meredith, fue él quien acercó a Kubrick con Clarke. El cineasta ya había expresado en una carta sus dos intereses principales acerca de la película: primero, explorar la razones para creer que existe vida extraterrestre; y segundo, el impacto (o la falta de este) en la Tierra en el futuro cercano al descubrirse.

Justo cuando el escritor estaba terminando de entregar el texto del libro “El hombre y el espacio” para la biblioteca científica de Time-Life (si, ese libro azul celeste que tiene un cohete espacial en la portada) y buscando entre sus viejas historias, fue cuando “El centinela” reapareció. Sobre este génesis, Clarke declaró: “Me siento continuamente irritado cuando la gente menciona que la película se basó en este cuento; tienen tanta relación entre sí, como una bellota la tiene respecto a un roble crecido; Considerablemente menos de hecho, considerando que ideas de otras historias también fueron incorporadas. Incluso los elementos que Stanley y yo incluimos, fueron modificados. Así la pirámide de la historias original se convirtió en el monolito, y la ubicación original, en el Mare Crisum, movida al mucho más espectacular cráter Tycho”

“2001: Una odisea espacial” se estrenó en abril de 1968.

Si bien el primer aparato en alcanzar la luna fue la sonda soviética Luna-1 en 1959, fueron los astronautas norteamericanos los primeros en poner pie en ella, en julio de 1969, poco más de un año después del estreno de la película, cautivando de igual modo la imaginación de la humanidad.

El penúltimo ser humano en estar en la luna, fue Harrison Schmitt, en diciembre de 1972.

Su oficio: geólogo, al igual que el protagonista de “El Centinela”

Abraham Martínez Azuara “Cuervoscuro”

 

Fuentes:
“Heavy Metal” Vol. 7 Num. 10 (Enero 1984)
“Sir Arthur C. Clarke: Odyssey of a Visionary: A Biography” (2013)

 

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