Declaración de un soñante

Algo extraño pasa
La luna ahoga mi grito
Mis plegarias no son más que delirios
Francisco Jaymes

Esa cosa que desgarra el cielo nocturno luce como una mancha de aceite en el agua de un estanque negro, los observadores más atentos pudieron verlo seis meses después de que los astrónomos aficionados lo descubrieran, estos fueron callados por los astrónomos de las agencias espaciales que tenían telescopios más poderosos a su disposición y que lo habían detectado un año antes, los gobiernos quisieron encubrir el horror que nos aguarda.

Un punto extraño, brillante, pero no parecía una estrella o un lucero o un cometa.

Esa cosa no sólo se hizo visible si no que se manifestó en los sueños de algunas personas que fueron llamadas “soñantes”. Una noche simplemente más de cinco millones de personas en el mundo tuvimos el mismo sueño.

Una habitación oscura, el sujeto soñante completamente desnudo, una luz parecida a un reflector rodea a la persona, entonces el suelo desaparece y la persona cae en un abismo. Dentro del sueño la persona tiene la certeza de que el abismo no tiene fin y una sensación de desesperanza la embarga, el sujeto llora y el sueño parece eterno. Aparece la noción del sueño, el soñante hace lo posible por despertar, sabe que no es real su situación, por fin se llega al fondo del abismo rompiendo un cristal y la persona toca un suelo frio, una luz verde deja ver… algo. Algo que parece una masa hirviente y repulsiva de color violeta reposando y burbujeando en una parte hundida del suelo frío; el soñante pronto se da cuenta que las burbujas que produce la masa son algo que nosotros, los seres humanos, entendemos como ojos, el descubrimiento de que lo que gorgotea tan violentamente en realidad es el parpadeo de una criatura resulta tan horroroso que el soñante trata de huir, pero el espacio es una habitación circular cerrada, ciclópea.

La cosa en el centro hundido de la habitación comienza a moverse y emerger como si fuera un pan horneándose, sus ojos parpadean sin un patrón reconocible y empieza a desbordarse, la materia de lo que está hecho inunda lentamente la habitación. El soñante recurre a medidas desesperadas que tienen que ver con el suicidio o generarse un daño tal que el dolor lo despierte.

Cuando yo tuve el sueño lo que hice fue golpear mi cabeza contra las paredes de la sala pero los golpes no surtían sensación de dolor alguna; sentía y escuchaba los huesos de mi cráneo romperse y justo en el momento podía sentir como mi cráneo volvía a unirse. Escuché de otras personas que trataban de morderse la lengua, la cual se sentía tan dura como el cuero, otros más trataron de sacarse los ojos. Al notar lo infructuoso de los intentos para despertar el soñante se sienta en una parte de la extraña habitación, pegándose lo más que puede a la pared y espera paralizado por el miedo que esa cosa que inunda la habitación con calma perversa lo alcance.

En el momento que la masa toca una mínima parte del cuerpo del sujeto, esta lo devora; la persona se ve sumida en la completa oscuridad por unos segundos antes de que la imagen de una habitación completamente blanca aparezca ante su mirada. Una figura humana más parecida a un maniquí sin rasgos emerge de la pared que está justo enfrente del soñante. Del centro de la cabeza de la figura se abre una hendidura que imita una boca, el soñante para este punto ya no siente miedo. La figura se sienta en el suelo en posición de loto e indica con su mano al sujeto que haga lo mismo, el soñante obedece y la figura enuncia: La gran mancha devora y desgarra la lenta tela de la realidad, nada se le opone, carece de voluntad o sapiencia, es una plaga sin razón que arrasa los mundos a su paso, la civilización que una vez insistió en llamarse grande por conquistar mundos y universos pereció ante la gran mancha, todo el conocimiento, toda su historia no bastaron para determinar de dónde vino, ni mucho menos para detener su voracidad. La única medida que la gran raza pudo tomar fue crearme para llevar su mensaje, advertir de su presencia, todos los habitantes de tu planeta deben huir, olvidarse del suelo efímero que pisan y alejarse de la mancha cósmica.

Tras decir esto los soñantes rompen en un llanto desesperado y gritan afligidos ante la presencia impasible del mensajero.

—No podemos —responden los soñantes—, no podemos salir de nuestro mundo.

La criatura se queda inmóvil un momento —Entonces perecerán—luce eterno mientras responde.

Los soñantes despiertan muy exaltados… yo salté de la cama en un grito, mi pareja trató de consolarme, de decirme que sólo fue un mal sueño. El resto de la noche pude dormir con una porción mínima de tranquilidad. Al día siguiente esa tranquilidad se fue en un momento cuando varias personas empezaron a reportar haber tenido ese sueño. En la noche la mancha era visible para todos, cercana. Se retorcía informe en el cielo, las estrellas se extinguían a su alrededor, el cálculo fue de un mes, en un mes la humanidad terminaría su existencia, su necia existencia como la de la gran raza que creo al mensajero.

Tecleo esto mientras el reloj avanza tranquilamente, mientras cada segundo nos acerca a un fin programado. Mientras, en la ventana abierta el viento tibio del verano mueve las cortinas, la mujer que me acompañó por tres años se desangra en la cama con el feto de mi primogénito yaciendo a su lado. Desconozco qué destino nos depara la mancha pero cualquier cosa es mejor que la incertidumbre de esperar su maldita llegada… puedo verla desde la ventana, se ve cada vez más grande, es como si rompiera el cielo, como sí.. mordiera la realidad, no lo soporto, ya no puedo, la ventana me dará el descanso.

 

Eduardo Pacheco

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