Oniros

Son los sueños el camino. Entre la noche y la niebla. Volver al momento exacto cuando la felicidad aceleró nuestro corazón. Esta es la leyenda que acompaña a la obra de maestro relojero suizo Aillard Marrok y que ocupa un rincón privilegiado en la tienda. Una obra maestra de bolsillo con mecanismo tourbillon que permite observar su interior con pulcritud. Es preciso y su segundero se acompasa con los latidos del corazón del portador. No es necesario darle cuerda. Sólo necesita permanecer cerca del corazón. De oro blanco es su cuerpo, su esfera muestra puntos de rubíes.

Marrok fue testigo de una tormenta eléctrica a mediados de junio de 1816. Su maestro Breguet, hacía algunos años que había comenzado a comercializar el mecanismo relojero del que era creador: el tourbillon que permitía regular el efecto de la gravedad sobre la marcha. Reyes y aristócratas admiraban el prodigio. Marrok se sentía orgulloso de su maestro y colaboraba en las mejoras que nunca parecían terminar. Esa noche, mientras Marrok permanecía en el taller, cayó desvanecido sobre la mesa de trabajo. El resplandor de un relámpago lo trajo de nuevo al mundo real y se dio cuenta de que algunas gotas de sangre habían caído en la rueda de escape y los engranajes del reloj que estaba armando. Desmontó todo y limpió cada pieza a fondo. No se explicaba cómo había ocurrido eso. La tormenta lo detuvo más de lo debido en el taller. Y un rayo provocó el incendio de la cabaña donde vivía Marrok. Su esposa y su pequeña hija murieron calcinadas.

El relojero pronto se transformó en un hombre hosco que se refugiaba en el taller obsesionado con el trabajo. Sin embargo, a espaldas de Breguet y echando mano de aquel reloj que estaba armando la noche de la fatídica tormenta, comenzó a crear su propio mecanismo. Algo que aliviase el dolor y sólo diera felicidad. Que con su mecanismo consiguiera revivir esos momentos que sólo se atesoraban en la mente. Marrok se dio cuenta de que las piezas que habían sido salpicadas de sangre trabajaban de un modo distinto.

Otra noche, cuando el recuerdo de su esposa y su hija le rasgaba el alma, tomó el reloj entre sus manos y lo puso encima de su pecho. Las lágrimas se negaban a brotar y él se mordió el labio. Una gota de sangre cayó en la rueda de escape del reloj y las agujas marcaron 4 y 6. Marrok cerró lo ojos y se hundió en un sueño profundo. Pronto se vio de nuevo en la plaza de su pueblo, un día de verano. Delante de él estaba el reloj de la iglesia marcando las cuatro y treinta de la tarde. Y Marrok besaba por primera vez a una chica risueña y pecosa que se convirtió en su mujer.

La creación fue llamada Oniros porque son los sueños el camino. Marrok abandonó el taller de Breguet y tomó nota de todas y cada una de las pruebas que hizo con ese mecanismo que lograba traer al presente la felicidad que habitaba el pasado. Sólo era necesario depositar una gota de sangre en interior del reloj y sujetarlo encima del corazón.

Pronto se perdió el rastro de Marrok. Sus apuntes y la caja de ébano donde guardaba su prodigio de relojería aparecieron entre las pertenencias de Mrs. Mary Shelley tras su muerte en 1851.

 

Macarena Muñoz Ramos

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