De Hiperespacio – Caleidoscopio

Los vagos en la escalinata compartían una botella y algunos de ellos tiraban migajas de pan a las aves. Era el atardecer y refulgía el sol en los ventanales de los edificios. El cielo calmo y rojo de aquél crepúsculo veraniego parecía hechizar a todos, haciéndoles seguir un compás suave.

El detective Félix, estudioso de la historia y experto en criminología virtual, estaba de pie aproximadamente al centro de la plaza. Ahí podía escuchar todas las voces y sonidos que reverberaban gracias a la cerrada disposición de los viejos palacios junto a los edificios modernos. Desde algunas semanas atrás, Félix había estado en el mismo lugar muchas veces, observando. Trabajaba por encargo doble: para el ministerio de justicia y para el de cultura. El alcalde había propuesto, acaso por sugerencia de algún ciudadano notable, aderezar las próximas celebraciones del aniversario de la ciudad con una prueba de ciencia forense del más alto nivel: resolver el peor crimen en la historia de la ciudad, perpetrado justo en aquella plaza unas décadas antes.

Observando el particular caleidoscopio humano de aquél lugar, Félix había encontrado una inspiración nueva para alimentar a su computadora. Esa tarde pudo anticipar de modo exacto la presencia de los vagos en la escalinata. Emocionado, regresó a su despacho decidido a pasar la noche en vela. Descubrió insospechadas banalidades del Siglo de Pericles y traiciones desconocidas durante la Batalla de la Angostura. Esperaba luego poder indagar más sobre los asuntos históricos que le apasionaban, pero el deber era lo primero.

Nada. La treintena de muertes inexplicables, la sangre en la plaza, sin culpables ni sospechosos. Félix regresó al día siguiente al lugar de los hechos para recabar los detalles que estaba seguro faltaban. La criminología virtual es una ciencia constructiva y la matanza en la plaza parecía depender de muchas sutilezas. Volvió a echar a andar su simulación por la noche. Otra vez nada en el primer experimento. Acaso había de ampliarse el horizonte temporal. Consideró unos años al pasado, luego otros tantos al futuro. Entonces llamó su atención un jugador que emergió de repente en el mundo virtual. Era un detective que investigaba el caso armado de una potente computadora y avanzados algoritmos de criminología. Ampliando más el horizonte futuro, en las cientos de veces que corrió el experimento, el detective virtual moría asesinado.

Félix comprendió entonces porqué el crimen en la plaza era tan nebuloso para él: se debía a que él mismo era una víctima de dicho crimen, a pesar de las décadas de distancia. Desesperado programó algunas variaciones y encontró una posibilidad futura que le pareció tolerable. Preparó su cámara. Apenas alcanzó a dejar todo listo cuando comenzaron a tocar violentamente a la puerta de su despacho. Un poco antes de que su cuerpo recibiese las balas, el único deseo de Félix era que el streaming funcionara bien.

Arturo Berrones.
Monterrey, N. L., octubre de 2012.

Comentario del autor: Cuento reconocido en el marco de las “Jornadas de detectives y astronautas 2012″.

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