Abnegación

Margarita era una mujer de cuarenta años quien a pesar de ser madre de cinco hijos y de que nunca conoció la felicidad conyugal conservaba su belleza y cierto aire juvenil. Cuando era una jovencita de quince años fue “robada” de su rancho por su esposo, el cual al poco tiempo reveló ser violento, mujeriego y mal padre. Al crecer, sus hijos trataron de compensar todo lo que su madre había padecido, por fin podía decir que vivía una buena vida. Hasta que un día, tuvo que llevar al médico a Adán, el tercero de sus hijos, alarmada por sus actos de violencia injustificada, los cuales infundían temor en su familia y personas cercanas.

Los exámenes no mostraron ningún tipo de lesión neuronal, “tal vez es un episodio transitorio” le dijeron, lamentablemente no fue así…

Al incrementarse los actos sin sentido tuvo que amarrarlo, aceptar que nadie más toleraría vivir a su lado, soportar que nadie la visitara, ni su propia familia. Sin embargo, nunca perdió la fe, buscó la cura por todos los medios a su alcance. Después de ocho años y gracias a un nuevo medicamento su esperanza fue recompensada. Por un tiempo pareció recobrar la lucidez. Consideró un gran logro no tener que amarrarlo. Lo platicaba tan orgullosa, que conmovía, igual que un padre de los primeros pasos de su bebé.

Por eso fue tan triste leer la noticia de su fallecimiento en los diarios: Porque todos sabíamos que aquella madre no descansaría en paz.

 

Cecilia Adriana Espinoza Verdugo
http://adriazul-expresiones.blogspot.com

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