De Hiperespacio – Silvestris

Una civilización extraterrestre envío a una tripulación a investigar las galaxias vecinas en búsqueda de vida. Se les había dicho que sólo podían interactuar si realmente era urgente, pero que no había historial de que otros exploradores se vieran en la necesidad de hacer tal cosa.

La tripulación viajó buscando sistemas planetarios con alta probabilidad de vida gracias a encontrarse en la zona habitable. Una zona habitable es el lugar donde está un planeta, con la distancia precisa para no estar ni frío ni caliente. Además de eso, que el planeta tenga la masa y la edad adecuada, que su eje de rotación esté inclinado adecuadamente y que la órbita sea excéntricamente aceptable.

Algunas formas de vida eran jóvenes y otras estaban extintas. Sólo habían quedado los remanentes de sus guerras. Algunos planetas contaban con buena tecnología y eran aptos para ser escaneados. Un escaneo constaba en analizar y copiar la tecnología existente registrando a nivel molecular toda estructura ensamblada. Era fascinante copiar algo rápidamente.

En los años 60’s en un pequeño planeta azulado y joven que se situaba en una galaxia llamada por ellos La Semilla Torcida, mejor conocida por nosotros como vía láctea, llegaron los tripulantes a nuestro planeta a indagar en búsqueda de algún tipo de tecnología para hurtar.

Encontraron cosas interesantes como el poliparafenileno tereftalamida que se usa para los chalecos antibalas y también el método para conseguir colores en las pantallas LCD, que es el reajuste de los tintes de dicroico en un cristal líquido homeotrópicamente orientado. Después de algunas vueltas y estar satisfechos, a cien metros de altura se dieron cuenta que alguien los observaba muy a lo lejos encima de una montaña.

Ellos observaron que era una especie animal pequeña la que los observaba muy pacientemente y sin voltear la mirada. Rápidamente impulsados por su nave, mutando el comportamiento de la aerodinámica a una forma similar a la de un torbellino, bajaron hasta donde estaba aquel animal.

Aquel animal, al ver inmensa nave situarse frente a ellos y sintiendo de golpe el aire, no pareció verse afectado, sino que bostezó y acomodó sus piernas traseras como si algún espectáculo de entretenimiento fuera a presentarse.

Rápidamente uno de los tripulantes sacó un aparato de escaneo biológico para detectar algún posible virus que pudiese afectarles por acercarse a aquella especie.

“Especie: Felis silvestris catus, comúnmente llamada Gato…Virus no encontrado”

— Me parece perfecto —dijo uno de los tripulantes—. Miren su estética.
—¿Desde cuándo nos has visto, Silvestris? —preguntó el líder.
—No creo que te entienda —comentó un tripulante diferente—. Nuestro lenguaje es complejo.
—Sí lo sé, lo solucionaré.

Tomó el aparato de escaneo y lo colocó en una pequeña ranura de su traje. El aparato cambió de color y exclamó “escaneo de lenguaje en proceso… Detectando tipo de comunicación de especie Felis Silvestris catus…. Lenguaje encontrado.”

Al momento de haber encontrado el lenguaje, el tamaño y forma de los ojos del tripulante cambiaron a la forma del gato, la cual era similar a la forma de la propia Galaxia Semilla. Él se sentó en el pasto y extendió su mano. El gato se enderezó y se acercó hacia el tripulante, acariciándose con su traje.

—Tiene hambre —exclamó el tripulante—, y espera que le dé algo.
—¿Y cómo sería eso posible, si lo acabamos de ver?
—No lo sé, pero eso es lo que me comunica.

Uno de los hombres alzó su mano y escaneó hacia el oeste, después de eso a los cinco segundos tres peces llegaron a él, como si se tratase de un imán el que los trajera.

—Toma, Silvestris, cómetelos.

Después de que el gato comiera comenzó a limpiarse, y mientras se limpiaba los veía con un ojo, ellos contemplaban tal hecho.

—Observa a este Felis Silvestris, es demasiado limpio, me pregunto si las demás especies son así. Si es así, me gustaría vivir aquí por un tiempo.
—Ahora que lo mencionas, tenemos que irnos ya —comentó el líder de los tripulantes.

El tripulante se levantó, observó a los demás y exclamó —¡Tenemos que llamarle Silvestris a esta galaxia! Oh, sí, se lo merece. Sus ojos son iguales.

De pronto, antes de subir, el gato se acercó a ellos y maulló. A lo que uno de ellos sin el más mínimo temor lo levantó y exclamó “tenemos que llevarnos este ser viviente”.

Desde entonces, se dice que, cuando un gato se extravía en las montañas, es porque se dirige con los tripulantes de otra galaxia para vivir una vida más digna que aquella que los orilló a estar en las calles.

Lucio David Rodarte Leyva

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